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«¿Y qué pasó al final con la gran rebelión de octubre 2019 entonces?» por Miguel Silva

Por: Miguel Silva

 

¿Y qué pasó al final con la gran rebelión de octubre 2019 entonces?

Algunos entienden que fue vendida en las negociaciones del 15 de noviembre, entre las “fuerzas políticas” del país. ¿Pero por qué lograron la venta del movimiento tan rápido y con tan poca oposición? 

 Otros, y me incluyo entre ellos/ellas, sostienen que la rebelión ya enfrentaba sus propios problemas antes de ese fin de semana de negociaciones del 15 de noviembre. 

Por ejemplo, la huelga del día 12 de noviembre fue una huelga que agarró fuerza mayoritariamente en el sector público, pero poco pasó en el sector privado. Y la coordinación entre las asambleas locales era débil y no tenían voz pública propia. Que las medidas que habría que tomar para ganar las demandas como pensiones y salud dignas, eran propias de un gobierno y la rebelión no se proponía formar su propio gobierno (pero sí después lo proponía el Frente Amplio de Gabriel Boric). 

La pandemia agrandó estas contradicciones internas y quedamos donde quedamos. 

Es decir, el movimiento de millones que salieron por primera vez – en muchos casos — a las calles, era la culminación de movilizaciones anteriores sobre la educación, el medio ambiente, los subcontratistas, contra la violencia a las mujeres. Sin embargo, a pesar de que la rebelión creció sobre las bases de movilizaciones anteriores, no desarrolló su propia teoría, su estrategia, no construyó una orgánica y medios de comunicación propias, ni ideología propia (más allá de un rechazo a los “políticos” y “los partidos”). 

 La próxima vez. 

La próxima vez, vamos a encontrar otra vez más, que las medidas “grandes”, nuestras, son obras de gobierno y no seremos el gobierno. 

Sin embargo, lo que SÍ podemos hacer, la próxima vez, es armar una estructura que dé a nuestras propias organizaciones la capacidad de discutir, organizar, crecer y reconocer qué somos. Una organización local y nacional. En otras palabras, crear, a gran escala, el tipo de asamblea nacional de delegados que construyeron los y las Pingüinos en 2006-8. Esa organización sería nuestro “gobierno”, por así decirlo. 

Algo logramos en los primeros meses después de octubre, pero faltaba.

Si ellos (y ellas), los y las pingüinos, pudieron construir esa organización hace tantos años, ¿por qué nosotros no podemos lograr algo similar? 

Con esa organización, por lo menos, estaríamos en condiciones de discutir el estado de las organizaciones locales, o debatir las grandes demandas que surgen en las luchas. Y, por supuesto, discutir cómo ganar las demandas sin ser gobierno (todavía). 

No logramos discutir en esa forma, con algunas excepciones, en 2019 y por eso (entre otras razones), era muy fácil plantear la necesidad de un gobierno que pudiera “hablar en nombre nuestro”, pero, de verdad, era “más de lo mismo” (según algunos). 

 Una coordinación y más que una coordinación. 

 Ahora bien, esa organización local y nacional puede tomar varias formas. 

Por ejemplo, compuesto por un representante (o dos) de cada organización local, elegido/a específicamente como delegado/a a la asamblea. O un representante (o dos) de cada organización local o nacional ya establecida, como la 8M, Modatima, No+AFP, etc. 

Yo creo que la primera forma es mejor, porque una idea central de esta orgánica sería hacer crecer las organizaciones nuevas de base. 

 ¿No es demasiado luego? 

Puedes decir que esta discusión es muy artificial, y es así. Pero esta vez, antes de la próxima rebelión, tenemos cómo aprender de la experiencia del gran octubre, con el propósito de saltar “más allá”. 

¿Qué piensan?… 

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