«Urge la abolición del rodeo» por Roberto Campos

Urge la abolición del rodeo

Roberto Campos, profe que saltó el torniquete

Estamos viviendo tiempos en que urge cuestionar y replantearse todo. Con esto no solo me refiero a las creencias y costumbres, también a cuestionar las mal llamadas “tradiciones” en nombre de la Historia. Así como en la década del 60 aprendimos que el rodeo es un “deporte nacional”, hoy podemos desaprenderlo y entenderlo como tortura animal, porque es una práctica desactualizada, sádica y sanguinaria que nos agravia colectivamente. De modo que para abolirla debemos trabajar colectivamente.

En concreto, el rodeo es una disputa de poder entre dos personas montadas a caballo en contra un animal más pequeño e indefenso, que realiza movimientos desesperados para  escapar, que siente pánico mientras dura esta actividad de la cual es una víctima que, al igual que los caballos, también sufre golpes, heridas y dolor.

Todo esto ocurre en espacios donde hay infancias observando, ¿qué les enseñamos a las infancias que normalizan estas conductas de abuso? Muchos disvalores, a saber, que es normal torturar animales por “deporte”, que el más fuerte se impone, domina y subyuga al más débil, que este último no puede defenderse y está a merced de los abusadores, sin escapatoria. Estamos generando un daño irreparable en las infancias, instalando ideas especistas sobre relaciones de poder en nuestra sociedad.

Desde hace varios años hay grupos de personas valientes que visibilizan la crueldad de estas  —y otras— prácticas con los animales. Como sociedad ya no podemos seguir avalando actos de tortura animal, el silencio cómplice perpetúa esta tradición infame, la indolencia ante seres sintientes que se conmueven de dolor y la indiferencia cómoda, arrellanada en el sillón de nuestra de nuestra zona de confort, nos sitúa del lado de los opresores.

Debemos abolir el rodeo, no hacerle modificaciones tibias, no sólo por razones éticas sino también políticas, de hecho un punto relevante para considerar su abolición es su financiamiento. El Estado desembolsa 300 mil millones de pesos anualmente* los cuales se entregan a través de la Ley de Deportes. Este dinero pésimamente invertido podría ir en beneficio directamente a la sociedad, cómo financiar verdaderos deportes, mejorar la salud pública o ayudar a instaurar la ansiada educación gratuita. Callar solo porque las voces poderosas de la élite profitan económicamente de esta actividad perversa no es opción, acatar pasivamente este y otros maltratos hacia animales, tampoco.

¿Qué sucedería en el futuro si no existiera el rodeo? Yo no tengo la respuesta, pero pienso que las nuevas mentes crearán, de manera colectiva y con respeto, otras instancias de actividades populares que regeneren un nuevo tejido social, no a costa de la explotación animal. De lo que sí tengo certeza, es que ninguna instancia de “diversión o deporte” puede generarse de costumbres tan crueles, que provienen de estructuras podridas que debemos abolir de manera urgente y somos nosotros los encargados de que esto ocurra. Finalizo con una reflexión de Schopenhauer:

«La conmiseración con los animales está íntimamente ligada con la bondad de carácter, de tal suerte que se puede afirmar seguro que quien es cruel con los animales, no puede ser buena persona. Una compasión por todos los seres vivos es la prueba más firme y segura de la conducta moral».

 

*Fuente: https://www.biobiochile.cl/especial/noticias/reportajes/reportajes-reportajes/2017/09/15/organismos-publicos-han-aportado-mas-de-3-mil-millones-al-rodeo-en-los-ultimos-dos-anos.shtml

 

 

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