«SIFRON y la huella invisible: ¿Chile recurre a tecnología israelí para resguardar sus fronteras?» Por: Nicolás Romero Reeves
«La ministra de Defensa, Adriana Delpiano, ha afirmado que «no es bueno que dependamos de un país, sea Israel, sea Francia, sea Inglaterra, sea Estados Unidos», reconociendo la importancia de diversificar los proveedores de defensa para evitar una dependencia excesiva de un solo país. Sin embargo, también ha señalado que los contratos vigentes con proveedores israelíes continuarán su curso, indicando que «todos los contratos que están vigentes se continúan exactamente igual» .
Por: Nicolás Romero Reeves
La implementación del Proyecto SIFRON, también conocido como Muralla Digital, ha sido presentada por el gobierno como el gran salto en la vigilancia de las fronteras del norte de Chile. Vehículos adaptados, cámaras de largo alcance y drones con sensores avanzados forman parte del equipamiento que, según el Ministerio de Defensa, permitirá un control sin precedentes sobre el territorio fronterizo. Sin embargo, detrás del despliegue tecnológico surge una pregunta inquietante: ¿este sistema incorpora tecnología de origen israelí, directa o indirectamente?
Los documentos públicos de licitación y órdenes de compra consultados en MercadoPublico muestran que la mayor parte de los contratos del SIFRON aparecen adjudicados a proveedores chilenos como GEOCOM S.A., Dron Chile SPA o ESENERGY SPA. Las compras incluyen drones comerciales como modelos DJI, capacitación para operaciones nocturnas y accesorios para vigilancia aérea. No se identifican adjudicaciones directas a empresas domiciliadas en Israel. No obstante, declaraciones oficiales del Ministerio de Defensa admiten que parte del equipamiento adquirido por intermediarios locales podría provenir de fabricantes extranjeros, lo que abre la posibilidad de que componentes israelíes estén presentes en la cadena de suministro.
La ministra de Defensa, Adriana Delpiano, ha afirmado que «no es bueno que dependamos de un país, sea Israel, sea Francia, sea Inglaterra, sea Estados Unidos», reconociendo la importancia de diversificar los proveedores de defensa para evitar una dependencia excesiva de un solo país. Sin embargo, también ha señalado que los contratos vigentes con proveedores israelíes continuarán su curso, indicando que «todos los contratos que están vigentes se continúan exactamente igual» .
La historia militar chilena refuerza esta hipótesis. Chile ha adquirido en el pasado UAVs de Elbit Systems (como los Hermes 450 y 900) y otros sistemas de vigilancia de origen israelí. Estas compras, combinadas con la estructura de intermediarios locales, permiten plantear que algunos sensores, cámaras o cargas útiles de los drones desplegados en SIFRON podrían tener procedencia israelí, aunque las OC no lo mencionen explícitamente. La experiencia internacional muestra que la industria israelí es especialista en soluciones de vigilancia fronteriza, lo que hace plausible que Chile haya recurrido a esa tecnología de forma indirecta.
El papel de los intermediarios chilenos es clave. Empresas como GEOCOM o ESENERGY actúan como integradores de equipos y distribuidores autorizados de marcas extranjeras. Si bien gran parte del material visible en las órdenes de compra son drones DJI (China), es técnicamente posible que ciertos componentes especializados —sensores EO/IR, software de vigilancia, estaciones de control— provengan de Israel. La ausencia de adjudicación directa no descarta la presencia de tecnología israelí en el proyecto.
Esto plantea interrogantes sobre soberanía tecnológica y dependencia estratégica. La vigilancia de las fronteras, un asunto de seguridad nacional, no puede depender exclusivamente de importaciones indirectas cuya procedencia exacta no se transparenta al público. Además, la militarización de las fronteras siguiendo modelos de control externos —en parte inspirados por la experiencia israelí— obliga a reflexionar sobre los límites entre eficiencia tecnológica y dependencia extranjera.
Quedan preguntas abiertas. ¿Qué grado de control real tiene Chile sobre los componentes y sistemas importados por intermediarios? ¿Existen cláusulas de confidencialidad que impiden transparentar los fabricantes y la procedencia de los sensores y drones? ¿Podría estar operando una “huella invisible” de Israel a través de proveedores locales, sin que ello se vea reflejado en los expedientes públicos?
En conclusión, los registros públicos muestran adjudicaciones a proveedores chilenos y drones comerciales, pero la combinación de antecedentes históricos, declaraciones oficiales y la naturaleza técnica del equipamiento hace plausible la presencia de componentes de origen israelí en el SIFRON. Esta situación evidencia la necesidad de mayor transparencia y de debate ciudadano sobre la seguridad fronteriza, la soberanía tecnológica y las relaciones internacionales detrás de estos proyectos.