«Segunda vuelta y la contención democratizante del malestar social» Por Enid Faúndez

Por: Enid Faúndez

 

Los resultados de las elecciones

Tras los resultados de la primera vuelta de las elecciones presidenciales el pasado 21 de noviembre; se nos presentan diversas posiciones políticas, algunas reaccionarias, otras sectarias, algunas de colaboración, otras de reorganización, etc. No obstante, desde un punto de vista clasista, la visión camino a la segunda vuelta este 19 de diciembre es compleja y no ausente de contradicciones; los resultados cuantitativos fueron contundentes, el candidato de ultraderecha José Antonio Kast con un 27,91% de votos, el candidato de Apruebo Dignidad Gabriel Boric con un 25,83% y una cifra récord de abstención de un 53% del padrón electoral; con respecto al sufragio parlamentario y senatorial, destaca la irrupción de 14 diputados del Frente Social Cristiano más un senador en la RM (Rojo Edwards) y 7 legisladores del Partido de La Gente (Franco Parisi); lo que se traduciría casi en un parlamento con empate técnico entre derecha e izquierda (Con 68 diputados en total que suma la derecha constituyendo el 44% de toda la Cámara), en general una situación favorable a la contención y mantenimiento del modelo capitalista; nos llevaría a presagiar que salga el presidente que salga, la gobernabilidad estaría comprometida y con ello peligrando los alcances logrados en materia de derechos fundamentales y libertades democráticas; por ende el eslogan “Unirse para Frenar el Fascismo” constituye casi una falacia argumentativa de encubrimiento, basada en una política de medios de terror bilateral frente a un panorama sociopolítico que en cierta medida ya está resuelto: “La derecha ya avanzó” y que el horizonte es continuar la lucha.

El devenir de los alzamientos populares y la crisis sistémica del capital

La situación mundial en últimos años se vio envuelta en el desarrollo de la crisis del capital agudizada por la pandemia de covid-19; frente a ello, las movilizaciones sociales dieron un respiro y obtuvieron algunos triunfos, no obstante con el pasar de los años fueron perdiendo relevancia frente a la contraofensiva del imperialismo –poder globalizado del capital-; por mencionar en medio oriente la “Primavera Árabe” (Túnez, 2010) que derroca al presidente Ben Ali y genera una secuencia en cadena de caída de líderes afianzados en el poder, no obstante el proceso deviene en una profunda crisis humanitaria –aun en curso-; a su vez, los movimientos “Indignados” de España, “Chalecos Amarillos” en Francia, las protestas estudiantiles en Hong Kong, las protestas independentistas en Cataluña, el desarrollo de la actual crisis China y su burbuja hipotecaría, etc.; han evolucionado al consenso –por las “buenas” o “mediante represión”- dando paso a corrientes políticas con líderes bonapartistas proclives a salidas neoliberales o keynesianas –o una combinación de ambas-; que se pueden resumir en rescates financieros al gran capital y un ataque mediante la precariedad como forma de control contra las masas. 

Por su parte Estados Unidos y su lucha en desarrollo contra China; genera tensiones y una reorganización global de la economía, matizado a su vez con las fluctuaciones del dólar producto de la volatilidad de precios mundiales de commodities como el gas natural y el petróleo; esparciendo inflación a nivel global. En general el escenario es de agotamiento de sus políticas económicas expansivas tras su última gran crisis económica (Crisis Subprime, 2008) y que desemboca en una creciente acumulación de malestar social producto de la caída de calidad de vida; donde la clase trabajadora es ahogada con una tasa interanual de inflación de un 6,2% -mayor tasa de los últimos 30 años-. A su vez, la FED en octubre se vio forzada a sacar al país del default de gasto público, con una expansión temporal del límite de deuda de 28,4 billones de USD, dando una pequeña oxigenación a una crisis de proporciones –expansión que sólo cubre hasta mediados de diciembre- y que podría desencadenar en una recesión global.

En Latinoamérica, la respuesta a la crisis sistémica fueron contundentes alzamientos sociales; de entre otros destacamos los ocurridos en Ecuador contra Lenin Moreno, Bolivia y Colombia con el Paro Nacional contra las reformas laborales de Iván Duque; si bien, se lograron acuerdos como la re-negociación de las reformas laborales en Colombia, la tendencia que siguen los líderes como Duque, Bolsonaro e incluso Pedro Castillo (Perú) es dar un giro del eje político a la “derechización”; exacerbando la militarización, la represión y los llamados “estados de excepción”, disipando el espejismo de la democracia y empujando hacia ese polo a toda América Latina; que a su vez enfrenta la peor parte de la crisis, según datos de la CEPAL al cierre de 2020, se observó un alza de la tasa de extrema pobreza en un 12,5% y de pobreza en un 33,7%; o sea, la cantidad de personas en pobreza ascendió a 209 millones a finales de 2020 -22 millones de personas más que el año anterior- y de ese total, 78 millones de personas se en situación de pobreza extrema, 8 millones más que en 2019. 

En Chile, ya es conocido el desenlace del estallido social del 18 octubre de 2019; donde un pacto amplio de paz puso fin al alzamiento popular y nos condujo a un proceso constituyente que descartó la soberanía popular, validando un inamovible quórum de 2/3 dando el golpe de gracia sobre el alcance refundacional de la “hoja en blanco” en la Convención Constitucional; dejándonos en un panorama de “Paz Social” con represión y militarización en el Wallmapu; todo atravesado por una relación clientelar entre algunos movimientos sociales y la clase política hegemónica compuesta por la derecha, el FA, PC, PS y partidos zombis de la ex concertación que nuevamente tienden a despolitizar la causa de fondo: “El sistema completo está mal”.

El auge del reformismo contra la crisis, la sociedad líquida y el panorama electoral

Podemos concluir algo en común en el devenir de los alzamientos sociales globales y es el protagonismo del andamiaje reformista –ya sea de izquierda o derecha- que intenta “surfear” la crisis; pero, sin tocar el cuadro crítico previo y persistente de crisis estructural del capital; donde, la retoma institucional nos “invita a trabajar juntos”; pero, manteniendo las condiciones de desigualdad en niveles inhumanos; frente a ello, la burguesía global en unos lados toma el camino autoritario y reaccionario –llámese fascista- o evitando la agudización de las diferencias de clase, impulsando a reconstruir una unidad amplia –frente popular- para empujar hacia el “centro”; en ambos casos, el capital financiero gana tiempo para re-acomodarse y urdir nuevas estrategias de coloniaje y sometimiento de masas; con fines a intentar un nuevo ciclo que acumulación de capital, mediante un proceso constante de “favorecimiento del avance de la precariedad” hacia países dependientes del capital; creando así una nueva estructura de integración monopólica sustentada en la pobreza, la precariedad de la vida, la desindustrialización y el extractivismo neocolonialista -pero, sabemos que bajo las condiciones actuales, un nuevo ciclo de acumulación es casi imposible-.

La “sociedad líquida” como un fenómeno actual, tiene su raíz en la mercantilización profunda de la vida y los avances tecnológicos; la “liquidez” dificulta la capacidad política para dar respuesta a demandas sociales y limita la proyección estratégica de organización en torno a la lucha de clases; haciendo de la política una “respuesta contingente” sin tocar el trasfondo y empujando a que las formas de protesta y acción colectiva sean fugaces, dispersas y con centralidad “ciudadanista”; este fenómeno se evidencia en la articulación des-clasista del proceso constituyente, que en vez de ser una expresión de la lucha de clases, queda reducido a una negociación colectiva entre “iguales”; simultáneamente, la fugacidad tiende a “normalizar la protesta” y hacer de ésta un mecanismo de ampliación de la democracia en vez de evidenciar la necesidad de cambio estructural del sistema.

Con respecto al panorama electoral; Boric para llegar a más votantes de centro izquierda se aleja de su discurso inicial, toma distancia con el PC y con otros se acerca para des-radicalizar su programa de cara al balotaje; mostrando una postura diferente con respecto a la Ley de Indulto General y centrando su discurso en la tesis que el problema económico-social deriva de la mal distribución de la riqueza -obviando que el problema de raíz es el método de acumulación, apropiación de plusvalor y producción propio del modelo capitalista-. 

En este momento previo a las elecciones; la situación es que no existe otra alternativa que votar contra Kast como una posición meramente técnica y que no necesariamente implica validar el plan de gobierno de Apruebo Dignidad; en contraposición a la idea de no votar, que resultaría en un empeoramiento -aún más- de las condiciones de vida para la clase; por lo tanto, lo más sensato es votar y mantener una línea crítica. 

No obstante, ante un eventual triunfo del candidato de Apruebo Dignidad; se ha llamado a su vez a apoyar al Congreso frente al empate técnico con la derecha, situación que podría significar una colaboración de clase en defensa que derechos fundamentales previamente ganados o por ganar; de ocurrir esto, en lo ideal debiese desarrollarse de manera independiente y/o paralela a la organización de la clase trabajadora y que no implique un total desvío de las fuerzas, dado que la hegemonía aún está en manos del capitalismo y que las luchas seguirán siendo en gran medida defensivas y requerirán toda la fuerza organizativa de la clase; con respecto a este modo de lucha mayormente “defensiva”, hay que considerar que el inicio de toda lucha ofensiva siempre es una lucha defensiva. 

Podemos concluir que independientemente a las coyunturas sociopolíticas, las tareas de construcción del poder deberían emerger de manera constante a pesar de los flujos y reflujos de la lucha de clases; con una hoja de ruta clara y no reaccionaria frente a los eventos sociales; sino adaptable estratégicamente y con una clara misión de alternativa de poder; por ende un voto contra Kast no debiese implicar un desvío con respecto a las tareas de la clase en su propia emancipación. Las tareas que implica llegar al socialismo tales como la expropiación de la propiedad de la tierra, el establecimiento de impuestos progresivos, la abolición de la propiedad privada de los medios de producción, la centralización del crédito por el Estado bajo el control de los trabajadores, la sociabilización del pleno empleo, el alcance de todas las libertades democráticas y reivindicaciones sociales, etc. en conjunto son elementos de un programa que es poco probable materializar mediante un proceso de colaboración de clases; más bien, sólo factible de alcanzar con la clase trabajadora en el poder; poder que a su vez no implica el triunfo, porque el proletariado no puede crear un régimen social propio -sólo puede iniciar y culminar un proceso de transición-; llegando al fin máximo que es incluso la autoliquidación del proletariado en pos de un mundo sin clases sociales.

Para que la clase obrera viva, ¡el capitalismo debe morir!

Músico, abogado y defrentista. Vive en Peñalolén, Santiago.

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