«Responsabilidad afectiva» por Pablo Monroy Marambio

Responsabilidad afectiva
Por Pablo Monroy Marambio

Se podría decir, con mucha confianza y vasta certeza, que hay una pausa entre el segundo gobierno de Michelle Bachelet, y el gobierno que comenzaremos a decidir el próximo domingo 21. Por eso la ansiedad y la atención puesta en estas elecciones.
El país que asumirá quien sea que asuma, será un país prácticamente en ruinas, del cual, todas las estimaciones económicas hechas hasta el momento, anuncian muy pocas posibilidades de levantar la economía y acabar con la inflación, reduciendo el crecimiento anual hasta incluso la recesión, como indica BCI Estudios, que augura una posible “estanflación” (bajo crecimiento + alta inflación), que podría extenderse desde el último trimestre de 2022 hasta ya iniciado el 2023.

En tal escenario, y aunque a muchos nos pese, el programa económico con mayores posibilidades de concreción, por lo realista de sus indicadores, es del Sebastián Sichel (y cómo no, si dicho programa fue escrito en el segundo piso de La Moneda, con información sensible a la que seguramente ninguno de los demás candidatos tiene acceso).
Ya se ha estimado que este año la economía alcanzará un crecimiento de alrededor del 11%, no obstante, ni por lejos este número será posible de repetir el año entrante, pues todas las proyecciones apuntan, en el mejor de los escenarios, a un modesto 2%, como muy bien le aclaró en el debate, el candidato de derecha al candidato de ultraderecha. Y es más, instituciones como Santander no aspiran a más de un 1,5%, y el mismo BCI, no se aventura más allá de un 1,4%.
El Banco Central por su parte, ya en septiembre había publicado su último (hasta el momento) Informe de Política Monetaria, el que anticipaba que “la economía se desacelerará de forma significativa, para crecer entre 1,5 y 2,5% el 2022 y entre 1 y 2% el 2023”
El Banco Mundial en tanto, coincide en su proyección respecto de Chile, dejándolo bajo el promedio de crecimiento de toda la región, el que se ha estimado en 2,8% y 2,6%, para el próximo año y el subsiguiente, correspondientemente.

Por impopular que sea, la posibilidad de la aprobación de un cuarto retiro de fondos de pensiones, lo único que logrará, será agudizar aún más la situación. Los niveles de inflación actuales, sumados a la posibilidad de mucho circulante en nuestras manos, redundará únicamente en una mayor devaluación del mismo, cuestión que, inevitablemente, terminará afectándonos gravemente (a nosotros, nunca a ellos, directos responsables de estas debacles), aunque no seamos capaces de verlo en este momento.
La regulación de precios que proponen algunos candidatos, tampoco es una fórmula de por sí mágica, y, de hecho, debe hacerse de manera controlada, sobre todo en un país en donde la inversión extranjera tiene tan pocas restricciones para operar. Justamente eso es lo que hay que cambiar también, dirá usted. Sin ninguna duda, pero, lamentablemente y gracias al inepto manejo de este gobierno para contener primero la crisis social, y luego la crisis económica derivada de la pandemia, aquello no será posible por ahora. Además, dicha regulación está pasando de todos modos, pero en forma de alza de tasas crediticias, para con ello tratar de evitar el que la gente se siga endeudando, y que es lo que está haciendo el BC desde hace semanas.
Es una trampa, sin duda. El gobierno que venga deberá asumir el hoyo económico dejado por esta pésima administración, que no hizo uso de la amplia capacidad de endeudamiento que el país tenía para hacer frente a la pandemia, y anticiparse de tal modo a este momento, y aun sobre eso, siguió robando cuanto pudo del erario nacional.

Entonces, en rigor, nada de lo que ofrezcan las distintas alternativas presidenciables, será ciertamente posible de cumplir, no por simple y común demagogia de campaña, a la que estamos habituados, sino que, específicamente por este escenario, debido a esta triste realidad, en la que el presupuesto 2022 ya contempla amplios recortes en materia de inversión social. Apenas, y con mucha suerte, la próxima administración podrá considerarse exitosa, si logra mantener la situación económica del país en los niveles en que está hoy día.

No vale la pena votar entonces? O da lo mismo a quien uno elija?
No en lo absoluto. Hay que votar y hay que hacerlo a conciencia. No da lo mismo por quien votar y el ejercicio mismo del sufragio es hoy más relevante que nunca. El llamado aquí, es hacerlo sin engolosinarse o engañarse con falsas expectativas. El próximo gobierno será de mera transición en muchos sentidos, no solo porque deberá hacer malabares con las chauchas, tal como nuestras madres en nuestras casas, antes o ahora; sino que también debe tener en consideración que la nueva Constitución bien podría cambiar las reglas del juego, y lo lógico, sería que el gobierno de turno se sometiera a dichas reglas.
Qué hace la diferencia entones? La manera en que elegiremos vivir esa transición.

Es un hecho que, con un gasto social ya reducido en el próximo presupuesto, la candidatura que mayor inversión prometa en este sentido, es una a la que deberíamos poner atención. No es todo, sin embargo. Dicha candidatura deberá de todas formas, ofrecer una alternativa aterrizada respecto de las reales posibilidades que el país tiene o no de hacer frente a las distintas necesidades de la población.
La propuesta de Sichel, en suma (y esto lo admito en contra de mi total voluntad), resulta ser la más acertada en lo económico, pero en lo social, su oferta se aleja de lo que estos tiempos exigen. La discusión valórica hoy día, no esta para soportar que la decisión de las mujeres sobre su propio cuerpo, este sujeto a condiciones; solo como ejemplo. La población cambió, pero el Estado aun no quiere cambiar, he ahí el conflicto a resolver; que es lo mejor que dijo Provoste en su despliegue en el último debate.
De las demás candidaturas, obviamente la de Boric parece ser la más indicada. El candidato, nunca lo he escondido, no es de mi preferencia, sin embargo, tampoco puede uno pretender que el demasiado simplón romanticismo del profe Artés, nos traerá las soluciones que se requieren como por arte de magia. Proponer la nacionalización de toda la industria estratégica y la expulsión de las multinacionales que depredan a cambio de nada, es un sueño que comparto, pero, así como no se puede hablar de enfrentamiento cuando se oponen piedras contra balas, tampoco se puede dar esa nacionalizadora pelea si el enemigo tiene toda la plata y nosotros ni un veinte.
Ya lo hemos dicho aquí en columnas anteriores; no puede darse el lujo el profe, sobre todo por el lugar desde el que se supone que se levanta su discurso, de prescindir tan livianamente del materialismo histórico. Él, más que nadie, debería entender al revés y al derecho el manejo económico del país, con todas sus cifras, para poder reutilizarlo a favor de su proyecto, y no solo para atacarlo por “desalmado”. Eso queda para la barra, los luditas; una candidatura que en verdad tenga pretensiones serias, no puede simplemente atacar a “la máquina”.
Respecto de Gabriel, por otro lado, nada nuevo que decir. Su sintonía con Provoste en el debate, que encontró eco en varios de los puntos expuestos, ya nos deja adivinar qué tonos tendrá su posible mandato, y quienes serán sus verdaderos allegados en la dirigencia, y no será precisamente Jadue como ministro del interior, que es lo que no se demoró en inquirir el candidato Kast.
Nos queda esa diferencia entre Concerta y Alianza por Chile–ChileVamos–Vamos por Chile–Podemos más, etc. de la que hablaba Jorge González en su minuto.

Elegir entre lo menos malo de nuevo? Nada de eso.
No estamos para seguir cometiendo el error que dice que “siempre es lo mismo”, con “los mismos de siempre” porque “la historia es circular”. No.
La historia es dialéctica, y si bien algunos programas políticos siguen tendiendo a viejas maneras de entender la dirigencia, es un hecho, como ya hemos dicho, que quienes han cambiado hemos sido nosotros, la sociedad, que esperamos más, porque lo merecemos. No es entonces “de nuevo lo mismo”, aun cuando sigamos viendo a varios de los mismos de siempre, aun cuando mantenemos ciertos mismos hábitos, malos y buenos.
Tener siempre clara esta sutil diferencia, es la que hará posibles los cambios, siempre urgentes, a la hora de exigir lo que nos corresponde. No cabe, no puede tener cabida en este Chile de hoy, una idea de Estado que no haya cambiado como lo hemos hecho nosotros en este último tiempo, y eso el propio tiempo lo reiterará, más allá de nuestro voto incluso.

“Pero seguimos donde mismo y los chilenos no han aprendido nada”, dirá usted. Déjeme decirle que ese discursito sigue apelando a la salida fácil del etéreo, de aquello sin cuerpo, culpable de todo, pero imposible de asirlo para hacerlo pagar; tal como esos terroristas imaginarios que el gobierno nos quiere vender allá en la Araucanía. Los chilenos somos nosotros, y aquí estamos, opinando sobre estas cosas, expectantes ante esta realidad, y esperanzados de que las posibilidades por una vez serán posibles.
No todas, hay que insistir en ser claros. Pero si varias, sobre todo aquellas que descansan sobre nuestras facultades y artesanías, sobre nuestro ingenio que lleva años sabiéndoselas arreglar sin grandes recursos.
En general, no hay un afán de descabezar al rey, ni de acabar con cierto sector de la elite ni con los propietarios. Hay, desde el principio, desde el mismo octubre de 2019, solo la peregrina intención de equiparar las condiciones, de poder tener acceso a algo de lo que tienen esos que siempre se lo han quedado todo, nada más, pero tampoco nada menos.
Ni se quiere acabar con las empresas ni se quiere asesinar a los patrones (por tentadora que suene la arenga), se quiere trabajos que no depreden nuestro tiempo, ni nuestros recursos, ni nuestras ganas; y salarios y accesos a servicios más parecidos a los que pueden aquellos que se enriquecen con nuestro trabajo.

No hay cambios radicales, y el más triste ejemplo son las 44 compañeras muertas que “van” en lo que llevamos de año, quienes dejaron de existir en manos de nosotros, los hombres; revolucionarios, como nos autodesignamos muchos de nosotros. 44 compañeras menos, y aun así es innegable que uno de los movimientos y demandas más relevantes de las últimas décadas, es precisamente la causa feminista, que, a la luz de los números, requiere aún mucha mayor incidencia e intervención, para terminar de erradicar esta horrible forma de “amor” que les prodigamos. Nosotros, el colectivo, somos la respuesta, no nuestras individualidades. Comprendido eso, deberíamos de manera natural también terminar con un régimen tan presidencialista, personalista, como el que aún tenemos. Mucha atención al candidato, poca a su programa.
Es parecido todo a como todo era, ni más ni menos, y es como podía ser. Seguimos siendo los mismos, pero también somos distintos. Nadie podría decir que todo lo acontecido, desde 2019 hasta hoy, le ha sido absolutamente indiferente. Nuestra propia autoconciencia como ciudadanos ha cambiado, ha resurgido, se ha hecho presente y nos cuestiona. Nos da ansiedad, nos mantiene expectantes.

Esa expectativa, como dijimos al principio, se debe o se acrecienta por esta sensación de estar en suspensión, en pausa, en un muy desagradable paréntesis que esperamos termine pronto, ojalá mañana, y que se lleve consigo todo cuanto nos costó, aun si no alcanzamos a cobrárselo. Y esta pausa no tiene otro nombre que el de Miguel Juan Sebastián Piñera Echeñique.
Usted dirá que es demasiado antojadizo todo esto. Yo le puedo responder que se desprende de lo que creo haber observado, de manera ciertamente lúcida, espero.
Fíjese usted también, en que las propias candidaturas han obviado todo lo que han podido, la mención del actual presidente, como si no importara, como si no existiera. En pocas oportunidades los candidatos han hecho mención de estos aspectos en los diversos debates que se han sucedido (y quienes lo han hecho, han sido obviamente los candidatos de más a la izquierda). Este proceder parece también haber hecho carne en todos nosotros, quienes ya no pensamos tampoco en todo lo que sigue pendiente, y ya queremos que termine y que pase el siguiente, o siguienta, ojalá mejor que el que se fue.
Nos reímos incluso, desde la misma izquierda, de la vehemencia con que Artés acusa los diversos delitos de la presidencia y propone necesarias revoluciones. Pareciera que le tememos mucho a la memoria, que andamos desesperados de mañana, de futuro, no importa cómo sea. Ser chileno, en este sentido, es un constante acto de evasión, al que es urgente ponerle termino. Debemos ser responsables, afectivamente responsables, para efectivamente, comenzar a hacernos cargo, de una buena vez, de todo cuanto nos sucede y afecta. “Nadie salva en verdad en las papeletas”, repetimos, dejando en total abandono, nuevamente, la posibilidad de salvarnos que nos compete a nosotros mismos, el colectivo, mientras siguen introyectándonos indiferencia, que hace mella en todos nosotros, los individuos.

Mientras todo este acontecer, el gobierno se ha limitado, muy oportunistamente, a dejar de gobernar y traspasar la culpa por cuestiones que son su responsabilidad, a personajes que aún no detentan puesto alguno siquiera. Claro ejemplo de esto es el descarado intervencionismo electoral de Rubilar o Galli, y hasta de Larroulet, que difundió el documental titulado “Violencia y mentiras”, compartido además por el candidato de ultraderecha. El gobierno espera hacer tiempo para llegar al término del periodo, a la vez que azuzar el llenado de portadas y titulares con temas distintos a los diversos delitos por los cuales el presidente es investigado.
Este es, en definitiva, el verdadero riesgo que no podemos permitirnos correr ni dejar de tener en cuenta, y que constituye justamente el provecho que el ejecutivo parece estar sacándole a todo esto.

En fin, está en discusión la acusación constitucional en contra de Piñera, que mi mayor anhelo, como el de muchos, es que prospere, y la segunda vuelta será entre Boric y Sichel, qué duda cabe. Es igualmente importante el cómo se resuelva aquello, que la perentoria necesidad de que el candidato de Apruebo Dignidad presente una oferta económica realista y contundente. No solo por asegurar su victoria sobre el oponente, sino que, más importante, para dejar de vendernos humo entre nosotros, con quienes se identifica, y desde donde dice venir el joven de árbol.

El próximo domingo hay elecciones. Vote usted por la alternativa que más lo represente, pero tenga clara conciencia de que esa misma sola representatividad, es algo de lo que también hay que cambiar. Vote por quién y cómo mejor le parezca, pero vote convencido. Asumo ya que hay dos candidatos que acapararán mínimas preferencias; uno, el que trastabilló en el debate; el otro, ni siquiera nombrado, ni siquiera presente, y así mismo es la atención que merece.
Se vota también el domingo por un nuevo parlamento, pero en el caso de los senadores, estos serán votados solo en las regiones de Antofagasta, Coquimbo, O’Higgins, Ñuble, Biobío, Los Ríos, Los Lagos, Magallanes y Metropolitana. Los diputados, en tanto, serán votados a lo largo de todo el territorio.
Asimismo, se elige a nuevos consejeros regionales, y varios son los nombres presentes.
No daremos aquí, por supuesto, orientaciones respecto a qué candidato en específico es mejor que otro, pero, si me pide un consejo, al menos yo, descartaría de inmediato, en las papeletas de diputados y Cores, a las opciones que se encuentras bajo las letras AA (Chile Podemos +), AB (Partido de la Gente), AD (Cores Chile Vamos), AI (Cores Chile Vamos), AJ (Cores DC), AP (Frente Social Cristiano), AQ (Cores Chile Vamos), AU (Cores RN), AW (Centro Unido) y BD (Cores Partido Republicano) (información toda, que puede consultar en www.servel.cl).
En cuanto a los senadores, mi voto al menos, será para Fabiola Campillay, por la justicia que le y nos falta. La ausencia de manejo o la manipulación que algunos le critican, es algo de lo que todos nosotros deberemos hacernos cargo; sin crítica, con acompañamiento, afectivamente responsables.

Nos vemos el domingo.

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