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«Redescubriendo a Ludovico Silva» por Marcel Roo

Por: Marcel Roo

Recientemente mi estimado amigo Homero Español me hizo llegar el PDF de un libro que, según sus propias palabras, lo tiene fascinado. Con semejante recomendación lo abrí de inmediato y al comprobar que no había exageración alguna entré a devorar esa obra maravillosa de Ludovico Silva titulada El Combate por el Nuevo Mundo.

A medida que iba adentrándome en su contenido vino a la memoria una frase del argentino Jorge Luis Borges: de los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro, 

¿Y qué tiene de fascinante este trabajo de Ludovico? Seguramente  es la pregunta de muchos. Pues, la respuesta es muy sencilla. Nada más y nada menos, que con rigurosa disciplina el poeta y filósofo venezolano desentraña los nudos esenciales de dominación que ejercen el capitalismo y su brazo armado, el imperialismo contra los pueblos, a través de la ideología productora de valores de cambio para “engendrar nuevas necesidades en el psiquismo de la gente”

No hay que ser un especialista en la teoría económica para comprender que el valor de cambio es la piedra angular de la explotación imperialista, donde el dueño del producto (valor de uso) lo vende al capitalista quien lo transforma en mercancía.

En sentido lato y como lo dice Ludovico siguiendo a Marx el capitalismo genera una profunda deshumanización de las relaciones sociales, porque todas estas tienen como base el dinero y, por consiguiente, la plusvalía generada por el trabajador, la cual no es otra cosa que un valor de uso excedente de su fuerza de trabajo, robada descaradamente por el capitalista o dueño de los medios de producción.

Y para decirlo con las propias palabras del poeta las relaciones de producción capitalista “destruyen como hombre (o mujer decimos nosotros) al dueño de la fuerza de trabajo al convertir su principal fuerza, su energía humana, su fuerza de trabajo…en una mercancía”. (La Plusvalía Ideológica. P. 183)

Profundizando en el tema, Ludovico subraya que las relaciones de producción en realidad deben llamarse relaciones de destrucción por la sociedad capitalista avanzada que en su fase imperialista “fabrica un tipo de ser humano enfermo, reprimido, aplastado por el peso ideológico que desconoce, esclavizado por una turba de objetos que consume irracionalmente, vorazmente” (P. 194).

Acaso no es esto lo que ocurre en nuestras sociedades, incluso en la Venezuela asediada por el imperialismo y sus lacayos, donde cada día aparecen y abruman el mercado los llamados bodegones y supermercados que exhiben todo tipo de mercadería extravagante y lujosa para incitar al desmedido consumo irracional.

Ya Ludovico nos advertía de esta situación, incluso poco antes de su muerte en 1988, cuando produjo El Combate por el Nuevo Siglo. Allí nos dice textualmente: 

Los psicólogos y psiquiatras del sistema –los famosos “analistas motivacionales” que mezclan al conductismo con el análisis profundo de Freud— se encargan de averiguar, mediante el sistema de las entrevistas profundas –que van más allá de la conciencia y exploran todas las zonas psíquicas no conscientes— cuáles son las reales necesidades de la gente, no sólo para adaptar la producción mercantil a esas necesidades, si no para engendrar nuevas necesidades en el psiquismo de la gente. De modo, pues, que todo este trabajo santificado religiosamente no es sino un vulgar instrumento al servicio del capital, y los “trabajadores intelectuales” del sistema no hacen otra cosa que engendrar necesidades, no para satisfacer al hombre, sino para satisfacer al mercado, que es el verdadero dios de esa sociedad. (P.28)

Hoy cuando Rusia se embarca en una gesta sanitaria de liberar al mundo del peligro del neo nazismo y descubre en Ucrania laboratorios financiados por el imperialismo donde se estaban realizando pruebas y estudios sobre armas bacteriológicas, nos encontramos con la sentencia de Ludovico escrita hace más de 30 años:

Esos científicos que, en sus específicos laboratorios aparentemente “neutrales” elaboran los elementos para fabricar terribles armas de destrucción son, sin saberlo, unos ideólogos al servicio de la economía de guerra y de la destrucción de los seres humanos. Todos se suelen apoyar en la conocida doctrina de la “neutralidad axiológica” del científico, defendida por Max Weber, según la cual el científico debe abstenerse de emitir juicios de valor. Pero a esa tal neutralidad yo la llamo el complejo de Pilatos, que puede definirse como la necesidad compulsiva de lavarse las manos en cualquier complicación, (Págs. 29-30)

 

Ahí está Victoria Nulan, la subsecretaria de Estado del gobierno de Biden  con su   complejo de PIlatos, admitiendo el financiamiento de Estados Unidos a dichos laboratorios y lavándole  las manos a sus jefes,  pues según ella esa financiación no era para nada malo, sino para evitar que los rusos se apoderaran de esos estudios.   

No hay que ser muy suspicaz para entender la lógica siniestra del imperialismo que al verse descubierto, pretende echarle la culpa al descubridor. Pero volvamos a Ludovico y su claro pensamiento humanista. 

Los “trabajadores intelectuales” del sistema –subraya- no hacen otra cosa que engendrar necesidades, no para satisfacer al hombre, sino para satisfacer al mercado, que es el verdadero dios de esa sociedad. Y más adelante agrega que la sociedad capitalista expresa su alienación a través de una profunda deshumanización de las relaciones sociales, todas ellas basadas en el dinero.

Este es el verdadero motivo del accionar imperialista y sus peones de la Unión Europea, por eso ahora, cuando han pretendido ahogar económicamente a Rusia se han encontrado que sus sanciones también se les devuelven como un bumerang con la consiguiente afectación de sus economías.

Muchas de las claves sobre lo que acontece hoy en el mundo se encuentran en la visión profunda de intelectuales como Ludovico Silva. Por ellos damos infinitas gracias a Homero y al también poeta Gabriel Jiménez Emán, quien rescató de entre sus papeles los originales de El Combate, por permitirnos redescubrir a Ludovico a 34 años de su partida.

 

Comentarios (1)

  • Gabríel Zambrano

    «el científico no debe emitir juicio de valor ósea debe ser neutral» / en la UBV un profesor de pensamiento crítico me dijo lo mismo, qué el buen periodista no debe emitir juicio de valor.»

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