«Porfiados» Pablo Monroy Marambio

Porfiados

Pablo Monroy Marambio

Los más optimistas señalan que en verdad no viene al caso lamentar nada, pues quienes sí deben lamentar algo es la derecha. Este postulado lo que afirma, es que lo concreto es que triunfó la izquierda, sin importar quien la represente.

Aplaudo, y no es mentira, ese espíritu bien pensado que rescata el “avance” más que cualquier otra cosa. Uno, lamentablemente, se queda justamente en esas otras “cualquier cosa”, que son las que finalmente terminarán definiendo el actual escenario. Además, no hay que olvidar que “el otro lado” también considera una victoria el porcentaje obtenido por su candidato, aun si tiene una cara distinta al que esperaba.

Todo cuanto está en el aire es válido respecto de ayer, pero consecuentemente con lo que vengo intentando problematizar desde las dos últimas elecciones anteriores, y porfiado como soy, se me hace nuevamente pertinente, antes de proyectar nada,  volver a revisar los números.

Ya hemos comentado en esta misma vitrina, que la participación en las últimas elecciones han dejado bastante que desear, y la verdad es que adelantar resultados o celebrar victorias o derrotas amparados en las estadística actuales, es cómo ganar el partido por “bocover” (que viene del inglés “walk over” y que era la término con el cual se nombraba al hecho que un equipo de fútbol ganaba el encuentro solo por el hecho de que el contrincante no se presentaba, cuestión que ya no se usa, por lo demás).

El 11 de febrero de este año, el Servel (a cuya fuente pertenecen todos los datos que siguen) publicó el padrón electoral definitivo, para todo este periodo eleccionario. El total de electores habilitados para votar, somos 14.900.189 personas, cuyo desagregado por género corresponde al 51% para mujeres, 7.642.440; y 49% para hombres, 7.257.749. En cuanto a pueblos originarios, el total de electores alcanzó a 1.232.454 personas, de las cuales el 53% corresponde a las mujeres, 652.693; y el 47% corresponde a los hombres, 579.761.

El plebiscito del año ’88 del siglo pasado, sigue siendo el único comicio que ha logrado convocar prácticamente a la totalidad del padrón existente en el momento, 97.53%. Usted dirá que la causa era más que meritoria y que, además, el voto era obligatorio; la explicación es correcta, pero no suficiente.

 

Posterior a octubre de 2020, se celebraba que las votaciones para cambiar la constitución hayan sido, aun hasta hoy, la convocatoria más multitudinaria de la historia de esta nación, contando un total de 7.562.173 personas que emitieron su voto, superando en un par de cientos de miles a los participantes totales del plebiscito del Sí y el No.

El detalle con eso, es que debe guardar relación con la proporcionalidad de crecimiento demográfico del país desde la dictadura hasta acá, que no puede simplemente obviarse para poder celebrar la “fiesta de la democracia”. A 1988 el padrón total era de total de 7.435.913 personas, de las cuales, 7.255.933 fueron las que votaron. Obviamente, el total de votos de 2020 supera al de 1988, sin embargo, la votación del Apruebo y el Rechazo comparada con su propio padrón, cuyo total era de 14.855.000 personas, deja bastante que desear y, por supuesto, no se compara en lo absoluto al escenario con que se dio paso al advenimiento de esa alegría que aun muchos esperamos.

Así y todo, 2020 significaba de todas formas la concreción de ese “despertar” que había comenzado a suscitarse en 2019. El Apruebo ganó con un 82,24%, mientras que el Rechazo perdió con un 17,76% del total de votos escrutados, significando 5.884.478 y 1.633.625 de personas, respectivamente. Poco duró ese despertar, no obstante, porque ya en mayo de este año, para la votación de Constituyentes, alcaldes, gobernadores y concejales, Chile parece haberse quedado nuevamente dormido, y los números ahí no alcanzaron a superar el 50% del padrón: 43%, 6,4 millones de personas (del total padrón de este año), y bajando. Ya en la segunda vuelta de gobernadores el resultado fue más triste: 19,61% del padrón habilitado para votar ahí (3 de las actuales 16 regiones del país no participaron), 2.556.898 personas, de un total de 13.040.819, para esta pasada. Aunque se hayan restado 3 regiones, la proporcionalidad no permite justificación porque la participación sigue bajando.

 

En 2020 se celebraba también el que esas elecciones hayan significado la mayor participación cívica desde que el voto se hizo voluntario, en 2012. Hoy, se encumbra con el mismo ánimo, el argumento que da cuenta del pequeño repunte en la participación que vimos ayer, en donde, del padrón total nacional de este año, 14.900.189 de personas, votaron 3.143.006; 21,09%.

Algunos festejan estos resultados señalando que, desde las primarias de Bachelet, ningún candidato había superado el millón de votos y Boric lo hizo. Y a lo mejor todo esto no es tan malo, como dicen quienes festejan, considerando que muchos ponderamos que el relajo en las medidas de confinamiento, justo en fin de semana largo, daría pie a resultado mucho más catastróficos que los que hoy día contamos.

Tal es la situación, veamos ahora qué viene.

 

Hasta el 23 de agosto de este año, tienen plazo para inscribir su candidatura a presidente quienes pretendan estar en la papeleta en noviembre próximo. Uno de ellos es Diego Ancalao Gavilán, candidato Mapuche que representa al Movimiento por el Buen Vivir de Chile, la que el mismo candidato ha definido como “una candidatura independiente y autogestionada, no financiada por partido, empresa o grupo de interés alguno”. Su proyecto de gobierno obviamente apela a la plurinacionalidad y entre quienes lo han apoyado, se encuentran los constituyentes Benito Baranda y Rodrigo “Pelao” Rojas Vade. Necesita reunir 33 mil patrocinios y si a usted le interesa, pueda darle el suyo en el sitio de Servel, usando su clave única.

De igual modo, ya se ha confirmado la inminente la candidatura de Eduardo Artés, candidato de Acción Patriótica en cuyo seno en encuentra el MIR y el PC Acción Proletaria y, como en noviembre también se deberá votar por los miembros del congreso, este conglomerado presentó a sus candidatos a senadores, Fresia Quilodrán (MIR) y Alejandro Aravena (PC-AP). Que las FFAA sean parte de los procesos productivos del país, es una de sus propuestas.

Según ha señalado La Tercera, entre el 14 y el 21 de agosto próximo, tendrá lugar la Junta nacional de la DC, en la cual deberían definir a su candidato para la primera magistratura, la cual, ya nadie puede negarlo, sería Yasna Provoste. De confirmarse, y según yo lo veo, lo que se consagra es el advenimiento de una nueva Concertación cuyos beneficiarios serán los que ya lo han sido durante las últimas décadas, y que, además, en una segunda vuelta a la que no llegaría Boric, le arrebataría con toda facilidad los votos a Sichel.

Es fácil proyectar un escenario como este, con lo que actualmente es la tendencia en cuanto a participación. Por supuesto, podría suceder que dichos porcentajes cambien y se susciten sorpresas, pero por lo menos, considerando los números que hoy se tienen, no sería así. De igual modo, la posible aprobación de la obligatoriedad del voto, no sucedería hasta confirmado un nuevo presidente, para no arriesgar con ello los hasta ahora auspiciosos resultados para el Partido del Orden.

 

En cuanto a los demás candidatos, Paula Narváez iría a “primarias ciudadanas” solo para que su candidatura sea bajada con algo de dignidad; una eventual candidatura del Republicano JAK, no vendría más que a desperdigar votos, igual que la de Artés. Maldonado, si aún insiste, debería correr la misma suerte que Narváez.

Llegados hasta aquí, me parece que la tendencia sigue siendo clara y esa no es otra que la total invalidación de un sistema como el que actualmente tenemos. La institucionalidad sigue estando en tela de juicio y la desconfianza generalizada en ella no ha descendido un ápice, y estas elecciones que hoy día comentamos, siguen siendo parte de esa misma institucionalidad.

 

¿Qué hacer entonces? Como se preguntara hace ya tantos años Don Vladimir. Pues bien, esa sigue siendo exactamente la pregunta que aun nadie puede responder. La tesis de que las últimas elecciones han significado un “voto castigo” a los partidos clásicos (sobre todo considerando el escándalo aun no enfrentado que significan los refichajes ilegítimos de todos los partidos políticos del país, que tuvo lugar inmediatamente después de todo el episodio del financiamiento irregular de la política; Cascadas, Caval, SQM). Eventualmente podría significar alguna interesante sorpresa, si es que la Lista del Pueblo logra inscribir alguna candidatura, entre cuyos nombres se estaría barajando el del actual alcalde de Valparaíso, Jorge Sharp. Esto, si es que se mantiene lo que la misma tesis sostiene, relativo a que la innegable preferencia por independientes en lo que fue la elección de Constituyentes, logra tener continuidad en noviembre. Aquí, el desempeño de la Convención en los próximos meses, será capital. Ya veremos.

 

El chileno es porfiado, dicen, pues bien, las calles nunca quisieron una salida a la crisis social de 2019 a través de las urnas. Eso lo acordaron y lo dispusieron como solución, en noviembre de ese año los mismos partidos que la mayoría parece ya no querer. Se quería asamblea constituyente, y no el remedo que actualmente tenemos de aquello.

Esa constante sordera frente a lo que se está pidiendo, es la que da lugar a esta actualidad, que no es más que el resultado de un abandono institucional mal intencionado, que, por el constante afán de pensar en la ganancia inmediata, no considera nunca las consecuencias a mediano y largo plazo que esas “soluciones” conllevan.

La política actual y su triste atractivo, no es más que el futuro de ese exitismo cortoplacista que se explotó de los ’90 hasta ahora. El revertirlo será igual de lento, porque implica la reeducación de toda la población, la internación de un proyecto país que se pueda sentir como propio, para defenderlo o demostrarlo y no para simplemente ignorarlo porque siente que los discursos nunca lo nombran, por más que su nombre, “Pueblo”, sea desgastado por tanto candidato.

 

Los números no mienten y debemos hacernos cargo, todos nosotros. Tampoco lo anterior debe dar pie para insistir en la muy facilista respuesta que apunta a ese etéreo que es “la gente” (todos nosotros, y por eso, ninguno), diciendo que es de “tal” o “cual” manera, como si no se tratara de nosotros mismos, para con ello intentar responder por qué ganó uno y perdió el otro.

Si la porfía se mantiene, en tanto obstinación para conseguir una meta, me sumo. Si insiste en ser esta pataleta que actualmente estamos viendo, nos faltan aun un buen par más de “estallidos”, para terminar de entender que las cosas que dejamos a medio hacer, solo benefician a quienes siempre han trabajado poco para terminarlas y aprovechar sus resultados.

Comparte tu opinión o comentario