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«Milei: La mirada de un economista» por Héctor Vega

«Esta visión nos lleva a que la división entre trabajo y propiedad desaparece en el horizonte de decisiones de un gobierno que se desentiende de conflictos relativos a la distribución entre factores y por tanto de problemas entre agentes de la producción. Porque los trabajadores son consumidores, y el Banco Central desaparece en su tarea de vigilar la oferta monetaria, según la ideología del presidente y del anarco-capitalismo de Lawrence White y Hans Sennholz, es la banca libre y competitiva la que resuelve los líos salariales de la empresa.»

Por: Héctor Vega

Desde la profesión de economista es una difícil tarea entender a Javier Milei, hoy, presidente de la República Argentina, ayer, profesor universitario y panelista de televisión. En la cátedra se declaraba adepto a la llamada Escuela Austriaca; en la política, libertario lo que hace presumir que para Milei libertarios y austriacos tienen algo en común.

En lo académico, sus más lejanos mentores, Menger, Böhm Bawerk, von Wiesser, Mises, Hayek, tienen algo en común con Walras, Jevons, Wiksell, porque todo ese grupo de pensamiento, incluidos en la cátedra como neoclásicos entre el siglo XIX y el siglo XX, considera como algo natural, e inamovible, que la oferta de factores de producción (capital, trabajo, recursos naturales, tecnología e innovación, empresariado en lenguaje más moderno…) está dada. Por tanto, cada productor propietario de su capital y cada trabajador, propietario y vendedor de su fuerza de trabajo (no del valor que crea), sin mayores cavilaciones, maximiza lo que tiene en su punto de partida.

En este plano no existen conflictos sociales. Cada cual en el proceso productivo atiende a su propio interés. Por tanto, el gobierno no tiene ningún papel en un proceso donde la ecuación de precios es neutral, quiero decir, interna a la actividad productiva donde el gobierno carece de injerencia. Por ello, el mercado, supremo distribuidor, en diferentes estadios de la sociedad, entre renta, ganancias y salarios refrenda lo decidido en la interna por la empresa.

Esta visión nos lleva a que la división entre trabajo y propiedad desaparece en el horizonte de decisiones de un gobierno que se desentiende de conflictos relativos a la distribución entre factores y por tanto de problemas entre agentes de la producción. Porque los trabajadores son consumidores, y el Banco Central desaparece en su tarea de vigilar la oferta monetaria, según la ideología del presidente y del anarco-capitalismo de Lawrence White y Hans Sennholz, es la banca libre y competitiva la que resuelve los líos salariales de la empresa.

El discurso televisivo de Luis Toto Caputo pone fin a la metafísica que iluminó el activismo de la campaña presidencial. Mantenerse en los límites del gasto público fijado por el FMI y pagar los vencimientos de la deuda con la institución significa mantenerse, hecho inevitable, en el convenio swap de monedas con China, firmado por Massa del gobierno anterior.

El convenio suma el Yuan a las reservas de libre disponibilidad del Banco Central, actúa por tanto como un préstamo contingente entre bancos centrales, y de esa manera, afronta los vencimientos con el FMI y sincera el cambio oficial que pasa de 400 pesos a 800 pesos. Además, mediante la intervención en el mercado de divisas permite acelerar el pago de las importaciones de las Pymes. La tasa de interés en este swap de monedas es más baja que la del FMI y otras instituciones internacionales como el BID, CAF y BM y que en promedio, anota una baja de 1,7 puntos.

Adicionalmente el sistema permite administrar las importaciones, mediante el llamado impuesto país que al aplicarse al retorno de las exportaciones no agropecuarias, justifica compensaciones del lado exportador al lado importador. Según un proyecto de ley que se enviará al Congreso habrá una retención de 15% a las exportaciones de todos los productos y de 30% a la soya. Quiero decir, que en último término el control sobre las Cuentas Externas busca disminuir las diferencias creadas entre el sector de la población que maneja las exportaciones y la masa de la población que consume local y sin fuentes externas de financiamiento. Eso exige medidas distributivas y sin duda, control de precios sobre los productos que consume la población. Sin embargo, el sinceramiento de precios requiere un control que no está en el programa de gobierno de Milei, factor que inevitablemente afecta al 40% más pobre de la población. Por eso Caputo prevé una inflación a fines de 2o23 de 180%, cálculo creíble si se tiene en cuenta que el gobierno anterior pasó un acuerdo con las empresas productoras de alimentos y productos de consumo con alza de precios entre un 20 y 25%.

Está el interrogante, quién llevará a cabo este programa, porque a todas luces no es un programa en que se reflexione sobre un objetivo de empleo, lo central es la contención del gasto fiscal según la metodología pura y dura del FMI. Se apuesta a que las empresas y la banca privada, como emanación del interés privado, lleven a cabo un crecimiento sostenido.

En la ciencia económica no existen evidencias que muestren programas de inversión social, que coincidan con lo que el mercado estima rentable y beneficioso para el interés privado, a menos que las externalidades sean asumidas por los sectores que las crean o el Estado, vía impuestos directos, restablezca el equilibrio social.

En un horizonte de libertarios, puros y duros, el equilibrio social, se resuelve en el libre mercado. El objetivo de desarrollo con empleo, no coincide necesariamente con la rentabilidad del empresario, lo que sitúa el problema a nivel del Estado y a pensar en el sistema de valores que nos rige. Es lo que se llama la ética social que en un momento cuando la bronca se acumula, dice: ¡Basta!

Contrariamente a lo que cree Milei y su grupo, la sociedad en algún momento cobra las externalidades negativas que conllevan las empresas en sus proyectos. En situaciones de crisis de la función pública – “que se vayan todos” – el problema no se resuelve ni al nivel de directorios, ni de gobiernos fallidos; el protagonismo se transfiere a la calle. Esto lo digo porque 40% de la población está en situación de pobreza y 5% son indigentes. Por eso, no puedes descartar que en algún momento, la misma calle que llevó a los libertarios a la Casa Rosada, pueda sacarlos del poder que hoy gozan.

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