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«Más migrantes, mejor» por Miguel Silva 

Más migrantes, mejor. 

Por Miguel Silva 

  

¿No te recuerdas como era antes cuando se reían de los gays en la calle?  

No hace tanto tiempo los malditos llenos de odio atacaban a hombres «afeminados» y darle un beso a tu pareja gay en público, era ponerte en peligro. 

Por suerte no es así ahora. Por suerte las pololas y los pololos pueden tomarse las manos sin miedo. 

Por suerte que las cosas cambian. Las cosas sí han cambiado… sus papás o abuelos van a recordar aquellos años de los ‘60, cuando miles y miles de familias del campo llegaron a las ciudades grandes, sin encontrar dónde vivir. Ellos levantaron sus campamentos de carpas y las callampas florecieron, y no solamente después de las lluvias. Esos campamentos hoy se llaman Lo Espejo, Pedro Aguirre Cerda, La Victoria, Peñalolén. 

Por suerte esas familias llegaron a tener dónde vivir y su vida es mejor. Las cosas cambian. 

Pero algunas cosas no han cambiado. A pesar de la llegada de españoles, ingleses, croatas, alemanes, gringos, argentinos, palestinos, italianos, peruanos, bolivianos, colombianos, haitianos y venezolanos, todavía hay chilenos que piensan que son distintos a los demás. No importa si ellos mismos son nietos o bisnietos de inmigrantes, igual se sienten mejores que los recién llegados. 

¿Hay demasiado gente o demasiado pocas viviendas y trabajos? 

También llegaron miles y miles de hombres y mujeres del campo a las ciudades… ¿dónde encontraban trabajo para sobrevivir? En las fábricas textiles, en la construcción… Pero bueno, los nuevos trabajadores y trabajadoras no estaban de más. No sobraban. No eran un gasto para la economía. Estaban dentro de aquellos que creaban más en las fábricas, que creaban las telas y ropa que otros ocupaban. No estaban de más, sino que eran esenciales, parte del país, parte de la vida.   

 Los buenos y los malos. 

«Pero no estamos en contra de los migrantes, estamos en contra de los delincuentes», dicen en las marchas.  

Y algunos que gritan se sienten mal cuando se enteran que los niños venezolanos no salen a jugar con sus amigos y amigas en esos días cuando hay marchas. No salen a jugar por miedo, pero juegan felices en los campamentos, en las playas y las plazas y tomas de terreno antes de dormir o antes de levantar las carpas y vagabundear en las calles de las ciudades del norte. Igual que los niños de familias de campesinos jugaban en las tomas de las ciudades en los años pasados. 

«Pero no somos racistas, estamos en contra de los que nos roban y nos atacan en nuestras casas y calles», dicen. ¡Hay que echar los delincuentes!, dicen. 

«Pero no somos racistas, queremos ir a las playas como antes. Nuestros niños no pueden jugar en la playa y las plazas como antes porque están llenas de ilegales», dicen. 

Vamos por parte, como dicen los abogados. 

Hay carpas en las playas y en las plazas porque faltan viviendas. Y no solamente para los migrantes, sino también para muchas familias que desde hace tiempo viven en las ciudades del norte (y del sur). La construcción de unos cientos de miles de buenas casas va a dar donde vivir a la gente sin recursos. Y si nos dicen que no se puede porque cuesta mucho… no sean ingenuos… por supuesto hay plata en este país, pero está en las manos de algunos pocos. Entonces plata hay, pero no hay voluntad. 

Vamos por parte. Las carpas en las playas y en las plazas se van cuándo hay casas para todos. Los migrantes no tienen la culpa por la falta de viviendas y tampoco vienen acá para mendigar en las calles. Eso lo hacen cuando nos les queda otra, como cualquier papá o mamá que quiere proteger a sus niños. 

Los migrantes vienen buscando una vida mejor, vienen para trabajar. Profes y ingenieros laboran en la siembra y la cosecha. Médicos laboran en los Cesfam. (Punto aparte, en el Cesfam donde vas, ¿cuántos de los médicos y enfermeras son migrantes? En el mío, el médico es colombiano). 

Igual que los campesinos que llegaron a las ciudades, buscan trabajo y laboran para el bien de todos. Ahora bien, si no hay pega, tampoco hay pega para todas las familias que viven en las ciudades desde hace tiempo. No es que tenemos todo lo que necesitamos para vivir bien. Es que este maldito país está en las manos de algunos pocos que hacen un negocio del trabajo. Si no es un negocio, si no hay ganancias, no hay pega. Así funciona la cosa, todo mal. Tanto los migrantes como los trabajadores establecidos, pueden laborar en la construcción, en la producción, en la Salud, en la Educación, en los Supermercados, en el Turismo, todos laborando para el bien de todos. Los migrantes no tienen la culpa que no haya pega. 

Los delincuentes. 

Una consulta. ¿Quieres vivir en una ciudad rodeada de una muralla de cemento y alambre púa, como lo tienen en la frontera de México, o entre parte de Israel y los campamentos donde viven los palestinos? 

En Sudáfrica antes, durante el apartheid, las fuerzas de los blancos también rodeaban los campamentos de los negros con ese alambre filudo tan peligroso. 

¿Quieres vivir así, para protegerte de los migrantes? 

Imagino que no quieres vivir así. entonces ¿qué hacer con los delincuentes? 

¿Qué hacer con los carteles de narcos que controlan las plazas de las poblaciones de Santiago o de Iquique? 

En mi opinión, hay que formar una organización especial para eliminar los carteles que manejan millones de dólares, que usan asesinos, que secuestran y tratan mal a mucha gente.  

Una vez eliminados los carteles de narcos, construidas las viviendas y trabajando los que necesitan trabajar, veremos qué queda del odio contra los migrantes. 

  Los ilegales. 

Si tú quieres llegar a otro país y no sabes cómo entrar, preguntas o pides ayuda o pagas a otra persona que te puede ayudar. Así llegaron miles de chilenos a Europa. Ilegales, sin papeles. 

Así han llegado miles de migrantes a este país, igual que los chilenos en Europa. 

Una pregunta… ¿importa si los migrantes son miles o algunos pocos? 

Vas a decir que SÏ importa, porque no hay casas ni pega para todos, ni para todas las familias que ya viven acá. Cierto, pero a la vez son más manos, más médicos, más albañiles, más ingenieros, más profes, más vendedoras, más trabajadorxs en la cosecha, más de todo. Porque son las personas las que hacen girar este país y con más manos, más cosas podemos hacer.  

Claro, no funciona así, dices tú. Pero con ese argumento tuyo, no podemos subir los sueldos porque al país no lo va a alcanzar. Tampoco podemos mejorar la Salud, ni las pensiones, porque no alcanza. No va a cambiar nada nunca, y ya sabemos que SÍ las cosas cambian. 

Entonces, más migrantes son más médicos, más enfermeras, más profes, más maestros de la construcción, más mecánicos, más costureras, más músicos. más de todo. 

La migración es cosa buena. Pregunta a los bisnietos de los croatas, los palestinos, los italianos, los españoles, los bolivianos, los peruanos. Pregunta a los chilenos en Europa o en Australia. En fin, la migración es cosa buena. Migración del campo a las ciudades, o de un país a otro. 

Comentarios (14)

  • Hieloantartico

    Guille! Cumpa, a usted, al igual que al que escribió este articulo, tienen en lugar de un cerebro, les han puesto paja.

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    • Miguel Silva

      Estimado, dime, ¿tu piensas que no hay plata en este pais?
      Creo que hay, pero esta en las manos de unos pocos, entonces tenemos como construir las viviendas que necesitan los migrantes y también los chilenos ya establecidos.
      O quizas piensas que no podemos cambiar nada nunca. Supongo.

      reply
  • Guille

    Unidad de los trabajadores para echar abajo los estados de excepción en el Norte Grande y la Araucanía
    13/02/2022
    por Gustavo Burgos

    La declaración de un nuevo estado de excepción constitucional, Estado de Emergencia, en las tres regiones del norte del país, marcan un rasgo tendencial del régimen de hacer uso de las FFAA para el control del orden público. En efecto, el asesinato del camionero de 25 años Byron Castillo —cuya muerte se atribuye a un grupo de venezolanos— sirvió de pretexto para que la patronal Confederación Nacional del Transporte de Carga (CNTC) que agrupa a los dueños de camiones, impulsara acciones de protesta que hasta el momento de la reacción de esta nota seguían en curso no solo en el norte sino que en diversos puntos del país. Se trata de amplios cortes de carretera, suministro de combustible y paralización de aeropuertos. La demanda de este movimiento es la mano dura con la delincuencia y la inmediata deportación de los inmigrantes ilegales. Lo que se vive en el norte es el paradigma de la política fascista desde el pasado paro de camioneros en agosto del 2020 el cual logró instalar la idea de que el principal problema social en Chile es la delincuencia. Con esa misma excusa desde hace cuatro meses la Araucanía está sometida a un idéntico régimen de excepción constitucional. Lo que formalmente demanda este movimiento bajo la mascarada de la seguridad y el Estado de Derecho, es la instauración de una Dictadura.

    En efecto, el Gobierno y los Camioneros llegaron, en concreto, al siguiente acuerdo:

    1.- Se decreta estado de excepción en sectores fronterizos de la Provincia del Tamarugal, Arica, Parinacota y El Loa. Se suspenden en el norte derechos democráticos elementales y se pone a la zona bajo control militar. Publicándose el mismo día, el Reglamento de la Ley de Migraciones (21.325), que entre otras cosas facilita las expulsiones y reconducciones de extranjeros irregulares.

    2.- De acuerdo al decreto 265 se aumentará en un 30% la presencia militar en la frontera y se brindará apoyo de la Armada. Reforzando la represión policial en la macrozona (Arica, Iquique, Antofagasta) mediante una millonaria inyección de recursos y de dotación de uniformados, y un plan de intervención con operativos de control, allanamiento y detención en las poblaciones “conflictivas”. Se continuarán los decretos de expulsión de extranjeros que, por vía judicial o administrativa, se declaren que incumplen la ley. La próxima expulsión sería en marzo.

    3.- Una sanción administrativa a la Concesionaria Autopistas de Antofagasta por faltas de cumplimiento en el contrato respecto a la seguridad de la carretera, y la constitución de una mesa de trabajo entre esta, los gremios de dueños de camiones y el MOP.

    Las medidas adoptadas, en lo sustancial, se encuadran con la política represiva que ya ha anticipado Boric respecto de este problema: recuperar el control de las fronteras y terminar con la inmigración ilegal. De hecho Ni el Frente Amplio, ni el partido Comunista, ni el PS, ni ninguna de las fuerzas políticas con representación parlamentaria han cuestionado la declaración del estado de excepción que importa formalmente un flagrante atentado a las libertades democráticas, que como ya hemos indicado, se suma al prolongado estado de excepción en la Araucanía.

    En todo caso, que el Congreso y la Convención Constitucional guarden ominoso silencio sobre este grave asunto no debe llamarnos la atención. El elemento novedoso en realidad es que esta ofensiva patronal ha logrado provocar desconcierto y confusión inclusive en sectores de la vanguardia, espacio que ha sido aprovechado por la burocracia sindical la que se ha inclinado a apoyar este movimiento del régimen de claro signo fascista. A guisa de ejemplo, corresponde destacar la vergonzosa declaración de la Unión Portuaria del Norte, suscrita por su vocero Alejandro Lills y destacada en la página de la Unión Portuaria, en la que se pide al Gobierno asesino de Piñera «tomar carta en el asunto de la emigración ilegal (sic), la falta de regulación que ha traído a nuestras ciudades del norte del país gran delincuencia por parte de ciudadanos extranjeros, que han visto la oportunidad de hacer lo que quieran en estas ciudades abandonadas por el gobierno, que se ha mostrado centralista y egoísta».

    Dicho con claridad, para la Unión Portuaria la delincuencia es ocasionada por la inmigración ilegal y la solución de este problema pasa porque Piñera tome cartas en el asunto, un torpe eufemismo para ocultar que lo que se está pidiendo es represión, militares a la calle y expulsiones administrativas. Llama la atención que la Unión Portuaria —la misma que durante el levantamiento popular de Octubre del 19, fuese incapaz de realizar acciones serias de movilización en contra de Piñera— salga ahora pidiendo que éste aplique medidas represivas que es el único contenido que se puede desprender de la cobarde expresión «cartas en el asunto».

    []

    Nos parece necesario puntualizar que la idea de que la inmigración ilegal es foco delincuencia, es una falacia de los medios de comunicación patronales orientada a dar legitimidad a su ofensiva en contra de los trabajadores. Por lo mismo, frente a esta situación es imperioso retomar la vieja tradición clasista y de lucha del movimiento obrero.

    Es necesario dejar en claro —como rubrica el Manifiesto Comunista— que los trabajadores no tenemos patria. Quienes ingresan al país —legal o ilegalmente— son trabajadores que huyen de la miseria capitalista de otras latitudes y buscan en en Chile nuevos horizontes. El uso de la categoría inmigrante, nunca ha formado parte de la tradición revolucionaria de la clase trabajadora. El uso de la expresión inmigrante tiene como única finalidad escindir, dividir a los trabajadores y tiene el mismo sentido patronal que diferenciar entre jóvenes y viejos, hombres y mujeres, chilenos o mapuche. Cuando los medios patronales esgrimen la cuestión de la inmigración descontrolada, ilegal y califican tal hecho como crisis, lo hacen con la finalidad de desentenderse de que la única fuente de miseria, hambre, violencia y delincuencia es la gran propiedad privada capitalista. Los crímenes que se cometen en el norte del país y en toda la extensión del territorio nacional, son la viva manifestación de la descomposición del orden social capitalista y si hay que expulsar a alguien es precisamente a la burguesía y del poder.

    Frente a esta ofensiva patronal —de inconfundibles rasgos fascistas— resulta imperioso organizar y unificar a los trabajadores. La grave situación social que atraviesa el norte chileno jamás será resuelta por la burguesía y mucho menos por Carabineros y las FFAA. Corresponde a las organizaciones de trabajadores, a las organizaciones de base de los sectores que viven esta crisis día a día, tomar la solución de estas cuestiones en sus propias manos mediante la movilización. No se trata de una simple cuestión humanitaria o de derechos individuales. La crisis de miseria y cesantía azota al conjunto de los trabajadores y es como clase que podrá abordarse, construyendo una sólida referencia clasista que enfrente los estados de excepción constitucional, al actual Gobierno asesino y al próximo Gobierno de Boric que ya ha anunciado que seguirá con el mismo predicamento. En este contexto la creación de albergues de acogida, disposición de medidas de apoyo sanitario, capacitación e inserción laboral, son cuestiones básicas que han de unirse al conjunto de los reclamos de los explotados.

    Actuar en un sentido distinto, esto es, hacerse eco de la campaña de terror de los medios patronales es abrir objetivamente las puertas al fascismo. Ni con los camioneros, ni con los milicos ni con ningún gobierno patronal. La solución a la crisis es la unidad y movilización obrera.

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  • Marcelo Peña

    Uds. son la generación de imbéciles mas grande, cuando Chile esté en el suelo que van a decir? No loh vimoh venir?

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    • Guille

      Respondo. Viví varios meses con migrantes colombianos, venexolanos y peruanos. Como toda convivencia, tiene sus problemas. Pero el mayor problema no era el que podía suponer este tipo de convivencia, sino las condiciones materiales a los que nos tenía sujeto el casero, un tipo de estudios universitarios que trabajó en altos puestos en la empresa privada, con una polola universitaria «revolucionaria» a la Gandhi más cuica que cualwuier otra. Este es el enemigo. No los compas con los cuales convivía. Apoyo completamente la segudna parte de lo escrito por Silva. Lo digo desde la experiencia.

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  • Soledad barraza

    Un bodrio discursivo. Ojalá cuando los inmigrantes estén fuera de tu casa tengas este mismo resentimiento contra los chilenos. Pusilánime.

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    • Guille

      Respondo. Viví varios meses con migrantes colombianos, venexolanos y peruanos. Como toda convivencia, tiene sus problemas. Pero el mayor problema no era el que podía suponer este tipo de convivencia, sino las condiciones materiales a los que nos tenía sujeto el casero, un tipo de estudios universitarios que trabajó en altos puestos en la empresa privada, con una polola universitaria «revolucionaria» a la Gandhi más cuica que cualwuier otra. Este es el enemigo. No los compas con los cuales convivía. Apoyo completamente la segudna parte de lo escrito por Silva. Lo digo desde la experiencia.

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  • Lúcido

    Lo siento compañero pero su discurso es pura mierda, trasnochado y sin un ápice de sentido común ni conexión con la realidad. Chile simplemente no puede recibir más migración ilegal, la estructura del estado no está preparada para recibirla, de hecho, no puede ni garantizarnos a nosotros como Chilenos un bienestar. Decir que entren más personas es un díscurso de dogma universitario, cínico e infantil, donde su único argumento es el pensamiento mágico del buenísimo.

    Lo más sorprendente es la extensa e incoherente miopía de los que se afanan en hacerle creer al resto que Chile que ese es el camino. Tienen una bomba sin seguro en las manos y no se dan cuenta, y lo más triste aún, es que no han aprendido nada de historia ni saben asumir ni digerir errores del pasado.

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    • Miguel sSilva ilva

      ¿cuales errores… la llegada de los croatas y palestinos?
      ¿Tu crees que no hay plata en este país para construirviviendas para todos?

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      • Lúcido

        Hágase ver. Ni la comunidad Croata ni la comunidad Palestina, a pesar de todos sus problemas, han llegado a Chile cometiendo delitos de sangre, ni importando pobreza, porque eso es lo que esta ola de migración»latinoamericana» ha traído a Chile, pobreza y delincuencia, las cosas por su nombre.

        El estado de Chile no ha sido capaz de dar solución definitiva al tema habitacional, educacional ni sanitario a sus propios ciudadanos, qué conjuro mágico le hace pensar a usted que ahora sí, y con miles, sino millones, de nuevas personas a quienes solucionarle el problema esto será distinto? Puro academicismo barato, dogmático e intransigente.

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        • Guille

          Respondo. Viví varios meses con migrantes colombianos, venexolanos y peruanos. Como toda convivencia, tiene sus problemas. Pero el mayor problema no era el que podía suponer este tipo de convivencia, sino las condiciones materiales a los que nos tenía sujeto el casero, un tipo de estudios universitarios que trabajó en altos puestos en la empresa privada, con una polola universitaria «revolucionaria» a la Gandhi más cuica que cualwuier otra. Este es el enemigo. No los compas con los cuales convivía. Apoyo completamente la segudna parte de lo escrito por Silva. Lo digo desde la experiencia.

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  • undertaker

    mongolico culiao

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  • cacaroto

    Enfermo conchetumare

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  • Guille

    «¿No te recuerdas como era antes cuando se reían de los gays en la calle?

    No hace tanto tiempo los malditos llenos de odio atacaban a hombres «afeminados» y darle un beso a tu pareja gay en público, era ponerte en peligro.

    Por suerte no es así ahora. Por suerte las pololas y los pololos pueden tomarse las manos sin miedo.

    Por suerte que las cosas cambian. Las cosas sí han cambiado… sus papás o abuelos van a recordar aquellos años de los ‘60, cuando miles y miles de familias del campo llegaron a las ciudades grandes, sin encontrar dónde vivir. Ellos levantaron sus campamentos de carpas y las callampas florecieron, y no solamente después de las lluvias. Esos campamentos hoy se llaman Lo Espejo, Pedro Aguirre Cerda, La Victoria, Peñalolén.

    Por suerte esas familias llegaron a tener dónde vivir y su vida es mejor. Las cosas cambian»

    Esa es la definición mejor definición que he leído de la concepción liberal de la historia: ésta como un progreso gradual, evolucionista, que supone la democratización progresiva de la sociedad.

    Marx y todos los marxistas que lucharon contra el reformismo tenían una concepción muy distinta. Su aplicación al problema que Silva toca en su primera frase, muestra que estos mejores modales ante la homosexualidad (que se aplican sin distinción de clase, por lo que no son en sí progresivos), no fueron sino a costa de la política de la identidad, que destruyó las organizaciones clasistas y de masas que existieron hasta los 1970s. Al punto que hoy los mayores enemigos de la clase obrera están representados por «presidentes negros» (Obama) y vicepresidentes mujeres de raza mixta activitistas por las minorías sexuales (Kamal Harris), todo lo cual encaja bien con la miseria que viven las masas negras y homosexuales en EEUU, dos grupos sociales donde la desigualdad de clase es mayor que entre los «blancos». En fin, los verdaderos marxistas sabemos que la revolución de octubre enfrentó estos problemas (cuestión sexual, femenina, de raza) desde una perspectiva de clase y sí les dió una solución progresiva mediante una revolución proletaria (unidad de clase frente a los patrones de todas las razas, sexos y opciones sexuales). Solo con la contrerrevolución stalinista las cosas comenzaron a cambiar: esto fue ya evidente cuando el Comintern adoptó el burdo feminismo burgués después del VII Congreso de 1935.

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