«Las sombras de Los Rulos; un termoeléctrica en pleno saqueo» por José Rojo Brito

Las sombras de Los Rulos; un termoeléctrica en pleno saqueo

José Rojo Brito; vocero de la agrupación Villa Alemana Sin Termoeléctricas

Introducción
En febrero de 2017, el proyecto de Central de Ciclo Combinado Los Rulos obtuvo su resolución de calificación ambiental (RCA), cuestión que generó el reclamo instantáneo de las organizaciones sociales y les habitantes del Valle del Marga Marga que ya venían organizándose desde el 2015 para frenar el avance de este proyecto con implicancias nefastas para la biodiversidad del territorio y la salud de las personas.
La termoeléctrica Los Rulos ha recibido rechazo debido a sus externalidades medioambientales como lo son la liberación de más de 100 toneladas de material particulado cada año y el uso diario de más de 300 mil litros de agua, todo esto declarado por el mismo estudio de impacto ambiental presentado por la entonces empresa dueña del proyecto IC Power.
Posterior a la entrega de la RCA, la empresa, a finales del 2017, vendió el proyecto y todas sus inversiones en Latinoamérica al holding I Squared Capital de capitales estadounidenses.
Actualmente, el proyecto se encuentra judicializado mediante reclamaciones al Comité de Ministros e invalidaciones en el Comité de Evaluación regional, las cuales posteriormente pasaron al Tribunal Ambiental y luego a la Corte Suprema, donde se decidió retrotraer la etapa nuevamente al Tribunal Ambiental.
En la termoeléctrica Los Rulos confluyen una serie de aristas. El proyecto está inserto en el modelo extractivista y neoliberal chileno, y por tanto, está sujeto a un patrón de acumulación que se repite no solamente en región de Valparaíso, sino que en todo el país. A continuación, se desarrollarán algunas de las aristas que hoy influyen en el contexto socioambiental que envuelve al proyecto de central termoeléctrica Los Rulos.

Descarbonización
La fuente de abastecimiento para la producción de energía es el gas natural. Actualmente, se encuentra en curso el plan de descarbonización, lo cual pretende cerrar termoeléctricas de manera paulatina que tengan como fuente de combustión el carbón. Este plan, si bien es un avance, ignora la producción de energía termoeléctrica que tenga como fuentes de combustión el petróleo o el gas natural, como es el caso de Los Rulos.
El problema radica en que visualizar la descarbonización como el paso final es un error. El cierre de todas las termoeléctricas y las formas de producción energética que tengan efectos contaminantes debiera ser el objetivo. La producción con gas natural es también contaminante, y así lo demuestran las más de 100 toneladas de material particulado que emanaría el proyecto. Un paso importante imperante para amortiguar y detener la crisis climática tiene que ser disminuir al máximo los efectos producidos por la especie humana en los ecosistemas y eso no es posible si se continúa generando energía mediante métodos contaminantes. El discurso de las autoridades de confiar ciegamente en los avances de la descarbonización es ingenuo o malicioso, se tiene que dar un paso más y acelerar el cierre programado de todo proyecto termoeléctrico.

Zona de sacrificio en la Región de Valparaíso
El proyecto termoeléctrico piensa instalarse en el Valle del Marga Marga, un territorio que forma parte de la Región de Valparaíso, la región más afectada por conflictos socioambientales del país, un espacio que cuenta con una zona de sacrificio en las comunas de Quintero y Puchuncaví, la refinería de la ENAP en Concón, un complejo termoeléctrico en Quillota, conflictos agrícolas en Petorca y otras comunas, que ha presentado un avance inmobiliario desatado. Ese es el territorio que piensa saturarse aún más con otra termoeléctrica como Los Rulos.
La Región de Valparaíso ha sido fuertemente golpeada por una serie de conflictos socioambientales. El extractivismo, lamentablemente, se ha asentado en la región, reproduciendo patrones de extracción, acumulación y devastación medioambiental que han empezado a configurar lo que pareciera ser una región dedicada a ser sacrificada y explotada. El modelo neoliberal extractivista ha privilegiado la acumulación olvidando los impactos medioambientales, sacrificando así los ecosistemas y los modos de vida de les habitantes del territorio, sacrificando la salud de la flora, la fauna y la vida humana.

La termoeléctrica Los Rulos juega un papel interesante en la geopolítica regional, puesto que su plan es conectarse al también nefasto sistema de carretera eléctrica Cardones-Polpaico, el cual fue cuestionado fuertemente por las comunidades que habitan el territorio de la región de Valparaíso, pero también por quienes habitan en las regiones de Coquimbo y de Atacama, por las cuales también pasa la carretera eléctrica.
Inicialmente, se presentó dicha carretera como una oportunidad para abaratar el transporte de electricidad desde la zona norte del país a la zona centro, argumentando que como en la zona norte es donde se produce la mayor cantidad de energía renovable no convencional (ERNC), la carretera jugaría un importante rol en volver más sustentable el consumo de electricidad en el país. Este argumento es completamente falso, porque lo que hemos visto es que realmente el traspaso de electricidad ha seguido el sentido opuesto, a saber, ha transportado energía desde la zona centro hacia la zona norte, lo cual debe ir en línea con los intereses de las grandes mineras del país.
Teniendo lo anterior en cuenta, la central termoeléctrica Los Rulos no abastecería a nuestra región, sino que jugaría un rol en la generación de energía eléctrica para el norte minero, lo cual claramente continúa reproduciendo los patrones extractivistas y capitalistas, facilitando la explotación de los ecosistemas en las regiones del norte de nuestro país.

Cambio climático
Como ya se ha mencionado, la central Los Rulos es posible gracias al marco en el cual planea construirse, es decir, en la economía neoliberal y extractivista. Pero no es solamente la termoeléctrica Los Rulos el problema. El cuestionamiento central debe ser hacia todas las termoeléctricas y hacia todo proyecto contaminante que perpetúe las dinámicas neoliberales y extractivistas.
El modelo económico chileno prioriza claramente la acumulación y el enriquecimiento de los grandes empresarios por sobre los ecosistemas y la vida de humanes, flora y fauna. Esto es deleznable y aún más detestable cuando habitamos un contexto de cambio climático, donde el planeta Tierra ha cambiado sus ritmos geológicos no por cuestiones casuales o aleatorias, sino que por la actividad humana. Actividades como la combustión de carbón, petróleo o gas natural son las más dañinas y las que generan mayores emisiones de gases de efecto invernadero (junto a otras como las actividades ganaderas). Es impensable que hoy el cambio climático esté tan en boga y sigamos pensando que podemos instalar más centrales termoeléctricas, pero el foco puesto en la rentabilidad es lo que permite que proyectos como Los Rulos sean aceptados como viables por ciertas autoridades.
En síntesis, es la visión antropocéntrica del capitalismo la cual nos hace elevar nuestras necesidades humanas por sobre las necesidades de los ecosistemas, obviando que, en realidad, es también incluso por nuestro propio bien como especie. No solamente extinguiremos más y más especies si continuamos realizando actividades con altos impactos ambientales, sino que nos terminaremos extinguiendo a nosotres mismes al no tener un planea habitable para nuestra especie.

¿Necesitamos más energía?
Ahora bien, hagamos el ejercicio de pensar bajo las dinámicas antropocéntricas y economicistas del neoliberalismo y planteémonos la pregunta básica: ¿necesitamos más energía?
Por años se nos dijo que estábamos en déficit energético, que consumíamos más energía de la que producíamos en Chile, y eso nos llevaba a importar energía, lo cual es más costoso que producirla. Sin embargo, si esa fue la situación anteriormente, hoy vivimos una muy diferente. Según el Coordinador Eléctrico Nacional (CEN), las proyecciones de demanda nacional de energía para 2021 no sobrepasan los 45.000 GWh, y según la misma institución la producción nacional desde septiembre 2020 a septiembre 2021 fue de 60.800 GWh. Haciendo la diferencia, existen más de 15.000 GWh disponibles (suponiendo que la producción tomada sea similar a la de enero 2021 a diciembre 2021).
La respuesta es clarísima: no. Dentro de Chile se produce bastante más energía de la que se consume. Así que nos asalta la siguiente pregunta: ¿qué se hace con esa energía? No tenemos algún documento oficial que nos diga qué sucede con esta electricidad, pero bien es sabido que también se puede exportar, y, por tanto, puede que haya empresas que estén lucrando con el recurso eléctrico mediante su venta a otros países. Lo preocupante es que ese negocio satura y explota nuestros territorios, contaminando el aire y secando los suelos.
No puede ser que para una ganancia estrictamente privada como lo es la venta de energía no haya ningún control ni límite. Sabemos que existe el Servicio de Evaluación Ambiental (SEA), pero también conocemos que no suele cumplir con las expectativas de vida de las comunidades que no quieren ver sus territorios devastados ni menos que cumplen con la misión de impedir el cambio climático. Tampoco se hacen estudios serios sobre si realmente se necesita energía en el país. Una simple búsqueda en Google demostró que no se necesita más producción de energía a nivel nacional. Quizá hay sectores que necesitan más electricidad, pero son justamente los que están devastando otros ecosistemas.

Al final, destruimos un territorio para conseguir la energía para devastar otro, y esto no debiera ocurrir. No lo permitiremos.

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