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«La revuelta campesina en Francia… hacia dónde va? por Miguel Silva

Por: Miguel Silva *
En toda Francia los agricultores se han levantado en algunas de las protestas más coordinadas y militantes desde hace años.
En Francia, Alemania, Polonia, Bélgica, España, Países Bajos, Rumanía, Italia y Grecia, agricultores protestan con tácticas como el bloqueo de carreteras con sus tractores. Pero también han botado estiércol cerca de edificios públicos, han echado excremento líquido sobre comisarías de policía, han llevado sus ovejas para cerrar ciudades… y mucho más.

En algunos países predominan las consignas de la extrema derecha en las manifestaciones, pero en otros la situación es mucho más heterogéneo.

En Alemania, el partido de extrema derecha AfD es fuerte dentro de las movilizaciones, pero algunos agricultores también se han unido a las protestas masivas contra el AfD.
Los agricultores de todo el mundo dicen estar agobiados por las deudas, presionados por supermercados poderosos y empresas agroquímicas, azotados por condiciones climáticas extremas, perjudicados por las importaciones y obligados a depender de un sistema de subvenciones que favorecen a las grandes empresas.

En Francia, decenas de miles de agricultores han bloqueado las autopistas durante varios días.

A fines de enero, más de 70.000 agricultores, con 41.000 tractores, protestaron en 85 de los 101 departamentos franceses, según el gremio FNSEA. Realizaron 60 bloqueos de carreteras principales, sobre todo en zonas muy agrícolas, e interrumpieron el tráfico durante periodos más o menos largos en seis autopistas.
En Narbona (sur), los agricultores quemaron un edificio de la oficina de prestaciones rurales y incendiaron peajes cerca de Montpellier y una aduana en Nimes.
Además, detuvieron camiones que transportaban productos que llegaban desde otros países y los destruyeron o los entregaron a los Restos du Cœur, que es una organización que distribuye paquetes de alimentos y comidas calientes a personas con dificultades.

El gobierno temía denunciar el movimiento inmensamente popular, o enviar las fuerzas especiales que generalmente  utilizan contra huelguistas o manifestantes. En lugar de ello, el presidente Emmanuel Macron ha intentado, con éxito, a dividir a los agricultores, haciendo concesiones a los grandes productores. Los agricultores más ricos, que controlan los principales gremios, anunciaron la «suspensión de las protestas» el jueves pasado.
Sin embargo, la Confederación Campesina, el sindicato de agricultores más a la izquierda, pidió que continuaran las protestas. Dijo: «No hay nada concreto sobre nuestros ingresos, esa es la tragedia de estos anuncios ante la gran movilización».

La pobreza es real para muchos pequeños agricultores, presionados por los grandes productores, el gobierno y los supermercados. Como dice un agricultor: «Nuestros costos aumentan, como los de todo el mundo: gasóleo, energía, productos fitosanitarios. Pero no podemos vender lo que producimos porque el coste de la vida de los demás también sube».

«Por un kilo de manzanas, yo recibo 35 céntimos, el intermediario 80 céntimos, y el supermercado las vende a tres euros. Queremos que se repartan los beneficios para poder vivir dignamente de nuestro trabajo».

Entre las reivindicaciones de los agricultores figuran una reducción del impuesto sobre el combustible que utilizan, menos trámites para solicitar ayudas públicas y pagos más justos por parte de distribuidores y supermercados. Y quieren menos normativas medioambientales de la Unión Europea y restricciones a las «mercancías extranjeras».

Algunos agricultores se identifican con orgullo con activistas de otras protestas, viéndose a sí mismos como parte de un sentimiento nacional de lucha contra la desigualdad y la dominación de las élites. Otros, como dijo uno, dicen: «No somos como ellos, no tenemos beneficios, defendemos nuestra profesión.»

Como todos los pequeños propietarios, podrían sentirse atraídos por la idea de una revuelta progresista y colectiva junto a los trabajadores. Pero podrían alinearse detrás de reivindicaciones racistas, xenófobas de la derecha radicalizada.

Existen al menos cinco gremios de agricultores. El mayor, FNSEA, está dominado políticamente por los grandes grupos agrícolas. Desde hace 50 años es, junto con el Estado, el cogestor del sistema agrícola francés. Su presidente es Arnaud Rousseau, que trabajaba como comerciante de productos agrícolas en los mercados financieros. Después se hizo cargo de una granja de 700 hectáreas, diez veces más grande que la media de las granjas francesas.

Y Christiane Lambert, antigua presidenta de la FNSEA, forma parte ahora del consejo de administración del Crédit Agricole, banco con el que muchos agricultores se han endeudado.
Otro sindicato, Coordinación Rural, se inclina hacia la extrema derecha, aunque no todos sus miembros apoyan a los fascistas de Marine Le Pen. Ha protagonizado algunas de las protestas más combativas, pero sus miembros también hacen algunos de los comentarios más reaccionarios. La Confederación Campesina (CP) y el Movimiento de Defensa de la Agricultura Familiar son más de izquierda.

Esta revuelta se produce después de las huelgas y protestas masivas por las pensiones de hace un año, y después de los levantamientos urbanos tras el asesinato policial de Nahel M.
Los fascistas esperan sacar provecho de ella, pero también podría desembocar en el sentido de lucha que ha visto protestas masivas contra las leyes racistas ultimamente.

* Muchas gracias por la publicación de mucha información en el artículo del sitio del socialismo revolucionario inglés: https://socialistworker.co.uk/features/french-farmers-revolt-1/

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