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«La historia de la lucha de Corea por su libertad”, por Nicolás Valenzuela

¿Cuál es la historia de Corea? ¿Qué es lo que está detrás de la furiosa animadversión que existe en contra de la República Popular Democrática de Corea -vulgarmente conocida como Corea del Norte-? ¿Es realmente un estado belicista que pone en riesgo el equilibrio de la paz en Asia y el mundo? ¿Son justas las sanciones impuestas por EEUU y el Consejo de Seguridad de la ONU? ¿Y qué hay de la República de Corea -Corea del Sur-? ¿Cuál es su relación con los EEUU? ¿Qué tiene que ver EEUU en todo esto? En definitiva ¿Qué sabemos sobre Corea que no provenga de fuentes estadounidenses o afines?

Este artículo, hecho en base al libro de Stephen Gowans “Patriotas, Traidores e Imperios: La historia de la lucha de Corea por su libertad”, publicado en 2018, pretende responder estas preguntas y algunas más. A desajustarse los cinturones ideológicos y los prejuicios culturales, a abrir los sentidos para una nueva perspectiva histórica, lo que se viene no es apto para los escépticos del imperialismo, ni para progresistas subordinados a la hegemonía occidental.

Mapa del este asiático 1949.

 

EL REINO ERMITAÑO Y SU VECINDARIO

Para entender lo que ocurre en Corea después de la segunda guerra mundial hay que ir atrás en el tiempo y entender la geopolítica de la región: la península ha estado rodeada, históricamente, de grandes potencias: China, Japón, Manchuria y últimamente de EEUU.

China, desde tiempos inmemoriales, ha sido la fuerza más grande de oriente. Con Corea, desde el siglo III, estableció una relación de vasallaje tributario, que no intervenía en su autonomía política. De esta manera, se construyó una relación diplomática, comercial y cultural en que la península mantenía control sobre su política interior y exterior, reconociendo la primacía de la China Imperial.

Con el advenimiento de la dinastía Joseon en el siglo XIV en Corea, el confucianismo, proveniente de sus vecinos occidentales, en desmedro del budismo, pasó a ser pilar central en su cosmovisión local, estrechando relaciones. Esta dinastía tuvo que luchar, en primer lugar, contra la invasión japonesa en el siglo XVI y luego contra las invasiones manchúes en el siglo XVII -que terminaron transformándose en los regentes del imperio Chino-. Éstos últimos prevalecieron y convirtieron a Corea en una nación tributaria de la dinastía Qing hasta el siglo XIX.

La influencia china empezó a decaer en directa proporción al aumento de poder del imperio británico en la zona, especialmente desde las guerras del opio (1839). Corea, como respuesta y temiendo sufrir las mismas humillaciones que veía padecer a sus vecinos, inició una política de aislamiento que le valió el apodo del reino ermitaño.

EEUU venía despuntando como potencia en el océano Pacífico e intentó conseguir de Corea un tratado similar al que los ingleses y otros países europeos consiguieron con China, a quien obligaron a abrir puertos para comerciar en condiciones desiguales. Trató con una expedición militar en 1871 y fracasó. La dinastía Joseon mantuvo, aunque por poco tiempo, su aislacionismo. 

Emperador Sunjong I de Corea. Último emperador de la dinatía Joseon. 1907-1910

Japón, que también había sufrido un tratado desigual por parte de EEUU en 1854, empezó, luego de la restauración Meiji (1864), un proceso de industrialización y expansionismo que tendría su punto cúlmine en el ataque a la base naval norteamericana en Pearl Harbour en 1941. Necesitada de acceso a materias primas, crecer económicamente y en conocimiento de la decadencia de sus pares chinos, Japón le impuso a Corea, militarmente, el tratado de Ganghwa (1876). Este “acuerdo”, dio por finalizada la relación tributaria de Corea con China, dio acceso a Japón a tres puertos coreanos, condiciones desiguales (favorables a los nipones) para el intercambio de mercancías y permitió a los naturales de Japón que habitaban Corea la aplicación de la ley japonesa. A su vez, permitió que en pocos años otras naciones extranjeras -como EEUU- accedieran a tratados igual de “beneficiosos”.

Las cláusulas de Ganghwa generaron rechazo y protestas, sin embargo, el expansionismo japonés recién estaba dando sus primeros pasos. Vino la primera guerra sino-japonesa de 1895 y la guerra ruso-japonesa de 1905, ambas favorables a los isleños, lo cual supuso un cambio en los equilibrios geopolíticos, erigiendo a Japón como la primera potencia en el continente.

Con la firma del tratado de Eulsa (1905) Corea pasó a ser, oficialmente, un protectorado nipón, dejando la administración de los asuntos externos en manos japonesas. En 1907, con el tratado Japón-Corea, los asuntos internos también pasaron a manos niponas y finalmente en 1910, Corea fue anexada a Japón haciendo de ella una colonia hasta 1945. La anexión de Corea a Japón contó con la anuencia de los EEUU. A través del acuerdo Taft-Katsura (1905) se pactó que los americanos, a cambio del reconocimiento de la anexión coreana, obtendrían el control sobre las Filipinas.

Eran los tiempos de máximo esplendor del imperialismo y la voracidad de los incumbentes llegaría a tope en 1914. Corea, como nación sin mayores aspiraciones, sufrió las consecuencias de estar rodeada por éstas.

Caricatura de la disputa por Corea entre Japón, China y Rusia.

 

LA OCUPACIÓN JAPONESA Y UN MUNDO REVOLUCIONADO

La ocupación japonesa constituye una de las épocas más ominosas de la historia coreana. El país fue saqueado en favor de la metrópolis. Se impuso la cultura de los invasores. Miles de coreanos que se manifestaron en favor de la independencia fueron censurados, perseguidos, encarcelados, llevados a campos de concentración, torturados y asesinados. En cifras, 30.000 fallecidos hasta 1919. Se estima que hasta medio millón de mujeres fueron violadas por el ejército japonés. Se realizaron experimentos biológicos, abortos y esterilizaciones forzadas. Otros miles de coreanos fueron trasladados forzosamente fuera del país para trabajar en el mismo Japón, Manchuria y otros destinos del imperio. 70.000 coreanos fallecieron por las bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki producto de estas localizaciones forzadas. 

Movimiento 1 de marzo. Corea, 1919.

Cabe destacar que un rol importante en todos los hechos represivos durante este periodo lo llevaron a cabo los colaboradores coreanos, los cuales tendrán un rol clave luego de la IIGM. De hecho, durante la ocupación, el 40% de la dotación de la Policía Nacional de Corea, órgano represivo por excelencia del Imperio del sol naciente, era colaboracionista.

Desde el mismo año en que Corea pasó a ser un protectorado japonés, se inició un levantamiento popular en contra de la ocupación colonial. Las protestas llegaron a un punto de ebullición en 1919. El contexto global y local era propicio. Los bolcheviques, que acababan de triunfar en su proceso revolucionario, agitaban las banderas de la autodeterminación de los pueblos y se manifestaban abiertamente en contra de la colonización. Por otra parte, la lectura por parte de Woodrow Wilson, presidente de EEUU, de su declaración de 14 puntos al término de la Primera Guerra Mundial fue recibida por lo que después se denominaría el tercer mundo, como un llamado a obtener la independencia. Sin embargo, la convocatoria estadounidense era acotada: solo para los pueblos de las potencias perdedoras. Las colonias de los pueblos vencedores debían mantenerse bajo el yugo de sus respectivos “dueños”.

Sin importar las intenciones reales de las potencias vencedoras de la primera gran guerra, una oleada anticolonial removió buena parte del orbe y Corea en particular. Desde el 1 de marzo de 1919 cientos de miles de coreanos salieron a las calles en más de 1.500 manifestaciones que fueron reprimidas duramente por el gobierno títere. Las cifras conservadoras hablan de 7000 muertos, otras de 20.000. 

En tales circunstancias, las manifestaciones dieron paso a las guerrillas. Guerrillas que no tenían otro objetivo que poner fin a la colonización japonesa y hacer las reformas sociales y políticas que el pueblo demandaba. En ellas destacó por su genio militar y político Kim Il Sung, hijo de una familia campesina con historia en la lucha por la independencia coreana.

Tal como ocurrió con Ho Chi Minh en Vietnam y otros líderes y pueblos, el acercamiento de Kim Il Sung y Corea con los comunistas en general y los bolcheviques en particular fue natural, pues éstos eran los únicos, entre las grandes potencias e ideologías, que le reconocían un estatus de igualdad y el derecho a la autodeterminación, a diferencia de las potencias occidentales que, como bien conocimos en estas latitudes gracias a la doctrina Monroe, nos veían y nos ven como parte de su engranaje económico y político e incapaces de tomar nuestras propias decisiones. Sin embargo, esto no devino en copia y calco de experiencias ajenas. Kim Il Sung y el partido comunista de Corea propugnaban la doctrina Juche dentro de la cual la autarquía en tanto autonomía económica y política respecto de países extranjeros era uno de los pilares fundamentales.

Guerrilla coreana comunista pro independencia. Década de 1930.

 

COREA DIVIDIDA 

Con el inicio de la segunda guerra sino japonesa (1935) la actividad de las guerrillas se intensificó en Corea. Y a su vez se intensificó el interés de Japón por acabar definitivamente con ella. La ofensiva nipona tuvo resultados favorables por lo que Kim Il Sung y los suyos, luego varias acciones destacadas, tuvieron que retirarse a Manchuria y luego a la URSS. Sin embargo, el futuro de la guerra estaba decidido. Y así lo evidenció la Conferencia de Yalta, que a inicios de 1945 acordó que la URSS se uniría a la guerra contra Japón 3 meses después de la rendición de Alemania. 

La URSS, cumpliendo su promesa, entraría en guerra con Japón el 8 de agosto de 1945 atacando las posiciones japonesas en Manchuria, Corea y las islas aledañas. Hasta el término oficial de las hostilidades (20 de agosto) varias ciudades y pueblos de Corea fueron liberados por tropas soviéticas e incluso llegaron más allá del paralelo 38°. Sin embargo, dos días antes de la entrada en acción del ejército rojo en la península, y con el objeto de asegurar su preeminencia estratégica sobre Japón y el Pacífico, Estados Unidos soltó a Little Boy sobre Hiroshima (tres días después FatMan destruiría Nagasaki), precipitando el fin de la guerra de manera favorable a sus intereses a costa de la vida de más de 246.000 personas, la gran mayoría de ellas civiles.

EEUU propuso para Corea un sistema de tutelaje tripartito compartido con la URSS y Gran Bretaña. Afirmaban que los coreanos eran incapaces de gobernarse por sí mismos, lo que en realidad era una excusa, como quedará evidenciado más abajo, para mantener su posición privilegiada en la zona y mejorar la situación de Japón. Esta oferta fue repudiada por los coreanos y la URSS. Luego de varias negociaciones se llegó al siguiente acuerdo: los ejércitos de EEUU y la URSS ocuparían zonas separadas -por el paralelo 38°- en Corea por un periodo máximo de 5 años y al cabo de éstos se elegiría democráticamente un gobierno.

División de Corea diseñada por EEUU. 1945

 

EL INICIO DE LAS DOS COREAS

El fin de la guerra supuso un proceso revolucionario al interior de Corea. Inmediatamente empezaron a constituirse comités populares que levantaban las demandas de la independencia, la reforma agraria y eliminar todo vestigio de la colaboración con Japón como sus principales banderas. En Seúl se instituyó el gobierno provisional de la República Popular de Corea (1946).

La forma en que la URSS y EEUU tomaron la ocupación de Corea fue diametralmente opuesta. La URSS permitió el surgimiento de los comités populares, reconoció el gobierno provisional y retiró sus fuerzas militares de la península en 1948. EEUU, en cambio, reprimió los comités, le negó reconocimiento al gobierno provisional, mantiene hasta el día de hoy presencia militar en la península (30.000 efectivos) y primacía operativa en tiempos de guerra sobre el ejército de la República de Corea a través del Comando de Fuerzas Combinadas RC/EEUU, por su puesto siempre encabezado por un general americano. La prepotente actitud de los americanos la resume la proclamación n°1 del General del Ejército Douglas MacArthur, Yokohama, 7 de septiembre de 1945:

“Al Pueblo de Corea, como Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, Pacífico, por la presente proclamo lo siguiente:

Establezco control militar sobre Corea al sur de los 38 grados de latitud norte y sus habitantes.

Todos los poderes del Gobierno sobre el territorio de Corea al sur de los 38 grados de latitud norte y la gente del mismo se ejercerán por el presente bajo mi autoridad.

Todas las personas obedecerán con prontitud todas mis órdenes y las órdenes emitidas bajo mi autoridad. Los actos de resistencia a las fuerzas de ocupación o los actos que puedan perturbar la paz y la seguridad públicas serán castigados severamente.

Para todos los efectos durante el control militar, el inglés será el idioma oficial.”

General Douglas MacArthur durante la IIGM.

En la Corea ocupada por la URSS el gobierno provisional realizó una reforma agraria que cambió profundamente la distribución del poder en la sociedad, otra al sistema laboral introduciendo una jornada de 8 horas, vacaciones anuales, seguridad social y prohibición al trabajo infantil, la economía fue reorientada desde las necesidades ajenas a las necesidades nacionales, se veló por los derechos de las mujeres eliminando todo tipo de privilegio basado en el género, éstas alcanzaron la mitad de la fuerza laboral 1946 gracias a una serie de leyes sobre guarderías infantiles, licencias de maternidad pagada y alimentación, nacionalizó las grandes empresas e industrias japonesas y juzgó a los colaboradores de Japón, entre otras medidas.

La ola democratizadora que se vivía en la zona ocupada por la URSS tuvo un fuerte impacto en la zona dominada por los EEUU. El pueblo coreano era un solo y las necesidades eran las mismas. Sin embargo, las aspiraciones imperiales de los estadounidenses no estaban para permitirle la democracia a Corea.

Los norteamericanos reprimieron brutalmente los intentos de independencia coreana y a los simpatizantes comunistas y para ello idearon un plan de cuatro etapas: 1) Construir un ejército compuesto por oficiales que sirvieron a Japón para aislar al sur del norte; 2) La Policía Nacional de Corea, órgano ocupado por Japón para reprimir durante la colonización, sería re-establecida para fines análogos. 3) Fortalecer la alianza entre la ultraderecha, las élites locales y los colaboracionistas en el gobierno y 4) Reprimir, encarcelar e incluso ejecutar a opositores. Desde luego, esto resultó ser una afrenta a los miles de mártires del pueblo coreano que resistió desde un primer momento el dominio extranjero. A tal nivel llegó el reconocimiento de las fuerzas colaboracionistas en la Corea ocupada por EEUU que en Seúl se efectuó un desfile de 2.500 veteranos coreanos del ejército japonés.

En resumen, el estado creado por EEUU fue un estado colonial, militarizado y represivo que velaba por los intereses de la potencia extranjera y no de los coreanos. En 1947, ya habían sido encarceladas 21.000 personas acusadas de izquierdistas. En 1949 el número había alcanzado las 30.000. Se crearon campos de concentración por los que pasaron 70.000 coreanos. Durante la guerra de 1950-1953 se ejecutó la Masacre de la Liga Bodo en la que se estima que alrededor de 300.000 coreanos del sur fueron detenidos y ejecutados por la policía y el ejército de la República de Corea, bajo el conocimiento y anuencia de los EEUU.

Ejecución de civiles durante la Masacre de la Liga Bodo perpretada por la República de Corea.

El objetivo de los EEUU era construir un dique de contención para frenar la influencia comunista de China y la URSS a la vez que le aseguraba a Japón acceso al mercado coreano en términos similares a los que el imperio nipón pensó al momento de su expansión. El anticomunismo del MacArtismo era solo una excusa para asegurar el hegemón mundial. Para legitimar este proceso, y habiendo abandonado la idea de la unificación de Corea, promovió unas elecciones presidenciales que se llevarían a cabo solo en el sur de la península para regirla completamente (los analistas de la época concluyeron que de haber habido elecciones libres en toda Corea Kim Il Sung habría resultado victorioso).

Esta iniciativa tuvo reticencias, inclusive, al interior de los mismos partidarios del gobierno colonial, quienes veían en ella una propuesta para convertir ya no de manera provisional, sino en definitiva la división del país. Las elecciones fueron ampliamente rechazadas desde diversos sectores políticos y sus resultados percibidos como fraude electoral, lo cual no impidió la conformación de la República de Corea -comúnmente conocida como Corea del Sur- el 15 de agosto de 1948. Estados Unidos puso a la cabeza del gobierno de la República de Corea a Syngman Rhee, un burócrata anticomunista formado en el imperio norteamericano que no contaba con credenciales de colaboracionismo. Obviamente, EEUU seguía en control. Esto recrudeció la lucha al interior de la República de Corea por la liberación. La CIA estimó en 1949 que había entre 3.500 y 6.000 guerrilleros dentro de la parte sur de la península.

Habiéndose proclamado la República de Corea como estado títere de EEUU, al norte del país los coreanos reaccionaron anunciando, el 9 de septiembre de 1948, la formación de la República Popular Democrática de Corea (RPDC). Tras la solicitud del gobierno encabezado por Kim Il Sung, los soviéticos se retiraron de la península en diciembre de 1948. En teoría, ya no había motivos para que EEUU se mantuviera en la República de Corea, sin embargo, 70 años después, sigue ahí.

De esta manera -y por el interés de Washington- una nación dividida, en teoría provisoriamente, pasó a parir dos países que reclaman soberanía sobre la totalidad de la península y no reconocen el paralelo 38 como un límite fronterizo. 

A la izquierda Syngman Rhee, presidente de la República -títere- de Corea. A la derecha, Kim Il Sung, líder de la República Democrática Popular de Corea

 

LA GUERRA DE COREA Y LA MASACRE ESTADOUNIDENSE

El hecho en particular que provocó la guerra es objeto de controversia. Ya desde 1949 se venían sucediendo varios enfrentamientos y escaramuzas en la frontera que auguraban lo que finalmente terminó ocurriendo. Lo cierto es que al inicio de la misma, la RPDC avanzó sin mayores contratiempos hasta rodear Pusan (el límite sur oriental de la península). Liberó Seúl en 3 días y re estableció los comités populares.

EEUU, aprovechando la ausencia de la URSS del consejo de seguridad de las Naciones Unidas (protestando por el no reconocimiento de la China comunista) aprovechó para obtener una resolución (junto a sus genuflexos aliados) que permitía la intervención militar de la ONU en Corea. En realidad, era la intervención de EEUU en Corea. Desembarcó sus tropas en Inchon, cerca a la capital, en septiembre de 1950 y llegó hasta el río Yalú (frontera con China) el mismo año. Desde ese entonces, el gigante asiático se hizo parte del conflicto y en respuesta avanzó hasta más allá de Seúl y el paralelo 38°.

Previendo una derrota inminente, MacArthur -presidente de los EEUU- dejó caer sobre la RDPC más bombas que las lanzadas en todo el escenario del Pacífico en la IIGM (635.000 toneladas vs 503.000 toneladas). De una guerra en contra del ejército de la RPDC, EEUU pasó a una guerra contra el pueblo coreano. Las consecuencias fueron devastadoras. Según la RPDC fueron destruidas cerca de 9.000 fábricas, 5.000 escuelas, 1.000 hospitales y 600.000 hogares. Se calcula que murieron entre 3 y 4 millones de coreanos (civiles y militares) en la guerra, cifra que considerando la población de ese entonces solo puede ser comparada con el número de fallecidos en la URSS en la Gran Guerra Patria. Las ciudades fueron desoladas. Se obligó a las personas a trabajar en el campo de noche, a construir escuelas, hospitales y otras infraestructuras de importancia debajo de la tierra.

El general norteamericano Curtis Lemay, del comando estratégico de la guerra de Corea, afirma: «No hay civiles inocentes. Es su gobierno y estás luchando contra un pueblo, ya no estás tratando de luchar contra una fuerza armada. Así que no me molesta tanto estar matando a los llamados espectadores inocentes».

Ciudad de Hamhung, Repúbica Popular Democrática de Corea. Soldado norteamericano sobre las ruinas tras bombaredeo durante la guerra.

Desde 1951 en adelante se vivió una guerra de trincheras sin mayores avances. Las partes no han firmado un tratado de paz, solo un armisticio en 1953 que implica: que ambos países, en teoría, siguen en guerra; que hay un cese total de hostilidades en la búsqueda de alcanzar un acuerdo de paz (que aún no se consigue); y el establecimiento de un zona desmilitarizada.

La RPDC ha propuesto, en repetidas ocasiones, un acuerdo de paz que establece una nación, dos sistemas. No obstante, ha sido imposible llegar a un consenso debido a la negativa por parte de la República de Corea a aceptar la salida inmediata e incondicionada de los EEUU y todos sus aparatos civiles y militares de la península como condición mínima para que la unificación lleve de manera efectiva, y no aparente, a la autodeterminación de dicho pueblo.

La resistencia a esta guerra total contra el pueblo, la guerrilla contra la ocupación japonesa, y las reformas democratizadoras llevadas a cabo, o, en síntesis: el mantener inclaudicable la aspiración a la autodeterminación es lo que tiene en tan alta estima a Kim Il Sung en el pueblo de Corea del Norte.

SE CONSOLIDA EL ESTADO COLONIAL Y POLICIAL DE LA REPÚBLICA DE COREA

El término de la guerra y la institucionalización definitiva de la coexistencia de ambas Coreas no supuso un relajo para el estado colonial y policial de la República de Corea. Al contrario, las medidas represivas se consolidaron con la plena aplicación de la Ley de Seguridad Nacional (vigente hasta hoy).

Y, es que a diferencia de lo que promueven los medios de comunicación subordinados a la agenda internacional de los EEUU, la República de Corea es un país fuertemente controlado, donde cualquier idea por cercana que parezca a los postulados anticoloniales y anticapitalistas de la RPDC son perseguidas y encarceladas: poemas, películas, ensayos, grupos de estudio universitarios, tenencia de libros, incluso por el mero hecho de viajar a la RPDC han sido objeto de represión. Determinaciones completamente absurdas fueron firmemente llevadas a cabo: Las imágenes de Kim Il Sung fueron prohibidas en la República de Corea hasta 1973. Una marca de lápices llamada Picasso fue prohibida porque el artista español, que no tenía relación alguna con ella, denunció las masacres de la Liga Bodo.

Al gobierno de Syngman Rhee lo siguió una dictadura militar de 18 años (hasta 1979), encabezada por Park Chung-hee colaborador de Japón durante la ocupación. Este gobierno de facto estrechó lazos con EEUU y con la excusa del anticomunismo creó la Agencia Central de Inteligencia de Corea a la usanza de la CIA estadounidense (y la Gestapo), suspendió libertades individuales y la libertad de prensa. En el trabajo, se profundizaron las medidas de plusvalor absoluto en favor de las grandes empresas: inexistencia de salario mínimo, extensas jornadas laborales y la prohibición de constituir sindicatos. Se instauró la política de encarcelar a las personas sin hogar, que duró hasta 1986 y según cifras oficiales alcanzó a ser aplicada a 16.000 coreanos.

Dibujo sobre las torturas en el campo de concentración de Hyungje Bokjiwon en la República de Corea.

En esos mismos años se consolidó una de las iniciativas más propias de un dominio colonial: a cambio de subsidios económicos -que llegaron a alcanzar el 8% del PIB entre 1966 y 1969-, la República de Corea enviaría fuerzas militares a combatir las guerras de su amo: Vietnam (300.000 soldados), el Golfo, Irak (20.000 soldados) y la reciente guerra de Afganistán (5.000).

Al contrario de lo que se piensa, sin embargo, la República de Corea no fue un país que siguió al pie de la letra los postulados de la escuela de Chicago y el librecambismo. Park Chung-hee instauró un modelo de sustitución de importaciones bajo planes quinquenales, con toda la banca nacionalizada, un estado con una fuerte actividad económica y una estrictísima política sobre el cambio de divisas que incluía la pena de muerte como condena. Es decir, todo lo que EEUU rechazaba para la RPDC y para el resto de los países socialistas en el mundo -y supuestamente enfrentaba- no solo era permitido sino que alentado para la República de Corea, con el solo objetivo de derrotar a su adversario. Contada por EEUU y desde el presente, la historia del éxito de la economía de la República de Corea se debe a la adopción de políticas neoliberales.

Luego de la dictadura de Chung-hee siguieron otros 14 años de líderes militares a cargo del país hasta 1993. Durante ese periodo las fuerzas represivas del estado llegaron a tener 150.000 efectivos y el ejército tenía capacidad de veto en la política interna. En 1980 estudiantes de la ciudad de Gwangju protestaron en contra de la dictadura de Chun Doo-hwan. La represión dejó un saldo de 1.500 muertos. Chun volvió a la política de los campos de concentración por los cuales pasaron 37.000 coreanos acusados de ser izquierdistas.

Imágenes de la Masacre de Gwangju, 1980. Las protestas tenían por objeto la democratización de la República de Corea.

El destino de los tres dictadores da cuenta del carácter de esos gobiernos: Syngman Rhee terminó en el exilio, Park Chung-hee fue asesinado por el que era en ese momento el Director de la Agencia Central de Corea (del Sur) y Chun Doo-hwan fue condenado por la masacre de Gwangju.

LA CAÍDA DEL MURO Y EL NUEVO MILENIO

Con la caída del muro, la disolución de la URSS y los procesos de renovación o retirada al socialismo a lo ancho del mundo, las fuerzas comunistas entraron en un periodo de atrincheramiento. EEUU, en cambio, pasó a ser la única gran potencia mundial, sin ningún contrapeso. 

Como le pasó a Cuba con el periodo especial, con la caída de los soviéticos y el bloque socialista, Corea del Norte vivió la Ardua Marcha, época en la que producto de un aislamiento casi completo del mundo, las inundaciones de 1995-96 y la sequía de 1997 la capacidad productiva del país y la seguridad alimentaria se desplomaron. Kim Jong-il intentó hacer acuerdos con el FMI y el Banco Mundial para sacar a su pueblo del hambre, pero EEUU intercedió para impedirlos. Y operó, a través de la CIA, en la frontera con China, única espacio de comercio para los norcoreanos, para ahondar la crisis económica y social.

Este contexto le dio cierta apertura a la República de Corea. Terminaron las dictaduras y los gobiernos militares, sin embargo, se continuó aplicando la ley de Seguridad Nacional y la Agencia para Planificación de la Seguridad Nacional siguió funcionando con una planta que a inicios de este milenio alcanzaba la suma de 70.000 funcionarios, sin contar informantes y espías. Se le dio un barniz liberal democrático a un estado que en el fondo seguía y sigue siendo violentamente intolerante con la izquierda y subordinado a los intereses de EEUU. Por ejemplo: el control operativo del comando conjunto estaría en manos de Corea, pero solo en tiempos de paz. En tiempos de guerra, aún estaría en manos de EEUU.

En 2011 las autoridades de la República de Corea bloquearon más de 53.000 publicaciones en Internet por infracciones que incluían decir una palabra amable sobre el estado fundado por Kim Il-sung. En el mismo año, la República de Corea eliminó más de 67.000 publicaciones en la web que se consideraban favorables a la RPDC o que criticaban el gobierno de EEUU o la República de Corea. Más de 14.000 publicaciones fueron eliminadas en 2009.

En 2015 el Partido Progresista Unificado fue disuelto, sus parlamentarios removidos del congreso y su líder encarcelado por promover en sus aspiraciones “un socialismo de tipo norcoreano”. En concreto defendían: el fin de la presencia militar de EEUU en Corea, el fin de la subordinación al imperio norteamericano, críticas al sistema capitalista y la unificación de Corea. Todas demandas, a los ojos de la Corte Constitucional de la República de Corea, propias de la RPDC y, por ende, inaceptables.

Lee Seok-ki, ex-líder del Partido Progresista Unificado, fue condenado a 12 años de prisión en Corea del Sur por cuestionar el caracter colonial de la República de Corea y exigir el abandono de EEUU de la península

La continuidad de la alianza conservadora, colaboracionista, elitaria y pro EEUU en la República de Corea ha sido tan evidente que en 2013 fue electa como presidenta la hija del dictador Park Chung-hee, Park Geun-Hye, quien posteriormente fue destituida por casos de corrupción, que favorecían, entre otras empresas, a la trasnacional Samsung.

EL MITO BELICISTA 

En lo que aspecto militar respecta cabe destacar que desde hace décadas la República de Corea cuenta con un poderío altamente superior al de la RPDC y por ende la excusa de EEUU de permanecer en Corea para proteger a su aliado ha quedado al descubierto como lo que es. El presupuesto de los sureños para el año 2018 alcanzó los $38 billones USD, mientras en el norte la cifra no superó los $9.5 billones USD (menos que lo que el Estado de Nueva York gasta en su policía). 

En los últimos años es común ver a la República de Corea en los rankings de las fuerzas armadas más poderosas del mundo. La fuerza aérea de los surcoreanos, sin contar a sus aliados americanos, cuenta con un centenar de cazas F-16 y actualmente está introduciendo los F-35, cazas de quinta generación, mientras que los aviones de combate más modernos con los que cuenta la RPDC son una cuarentena de MiG-29 soviéticos introducidos a servicio en 1982. La Armada de la República de Corea cuenta con una veintena de submarinos, 12 destructores, 20 fragatas, 60 aviones de combate y otros tipos de naves todas cuya antigüedad en el peor de los casos se remonta a la década de los 90, mientras que la lista de la Armada de la RPDC carece de destructores o fragatas de alto tonelaje, concentrando su fuerza en submarinos y lanchas rápidas. Todo esto sin mencionar que la República de Corea cuenta con el respaldo militar de EEUU, la potencia militar y nuclear más grande del mundo.

El jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, el general Mark Milley y  el general Park Han-ki, jefe surcoreano durante una reunión en 2019 en la EEUU se comprometió al uso total de su capacidad militar en «defensa» de la República de Corea.

A lo anterior hay que sumar el constante hostigamiento que sufre la RPDC por los masivos ejercicios militares que desarrollan conjuntamente la República de Corea y EEUU a escasos kilómetros de la frontera y que para éstos suponen un gasto mínimo, mientras que para sus compatriotas del norte, prepararse para estos ejercicios supone un gasto vital.

La amenaza de EEUU es una amenaza nuclear, pues desde la guerra fría su política es que pueden responder en estos términos aún si el ataque recibido se realiza a un aliado y no tiene envergadura nuclear. En efecto, mantuvo misiles nucleares desplegados en la República de Corea hasta 1991. Después de 2001, George Bush hijo señaló expresamente que la RPDC era parte del eje del mal (y por ende en eventual objetivo nuclear) por lo que en Corea del Norte debe actuar con suma cautela ante las constantes provocaciones yankis, que han incluído lanzamientos de proyectiles sin carga. 

El militarismo y belicismo con que al imperio norteamericano le gusta aparejar a la RPDC, responde simplemente a su estrategia comunicacional, pues han sido las fuerzas armadas de la República de Corea las únicas que han sido parte de acciones de agresión a otras naciones y de realizar una guerra contra su propio pueblo. El ejército de la RPDC, en cambio, nunca ha ido más allá de sus propias fronteras, nunca ha combatido en guerras ajenas y nunca ha estado al servicio de potencias extranjeras. Ya vimos, además, que el ejército de la RPDC no constituye una amenaza real para la República de Corea y menos para EEUU. 

Tropas de la República de Corea durante la guerra de Vietnam.

Mantener una alta imbricación de las fuerzas armadas con el pueblo constituye, una de las garantías de la RPDC, tal como lo fue en Vietnam y lo es para Cuba, para mantener a raya las ambiciones imperiales y salvar la brecha tecnológica y militar existente. Aún así, en comparación a las fuerzas de la República de Corea, el número combinado de fuerzas activas y reservistas no llegan ni a la mitad (1.800.000 versus 4.800.000). 

La misma función cumplen los misiles balísticos con capacidad nuclear: ante el bloqueo y el hostigamiento es una forma eficiente de disuadir a sus enemigos. Luego de las destempladas declaraciones de George Bush hijo sobre el eje del mal, la RPDC decidió salir del Tratado de No Proliferación Nuclear y lo señaló en los siguientes términos: 

“Habiendo sido testigos de lo que sucedió en Afganistán e Irak, nos dimos cuenta de que no podíamos detener la amenaza de los EE. UU. solo con armas convencionales. Entonces nos dimos cuenta de que necesitábamos nuestras propias armas nucleares para defender a la RPDC y a su gente.” 

La posterior caída de Gadafi en Libia, tras defenestrar su política de armas nucleares en pos de un acercamiento con Europa y EEUU, vino a confirmar las conjeturas de los generales y dirigentes de la RPDC.

Imagen de Bengasi, segunda ciudad Libia. Destruida tras la guerra de 2011.

En definitiva, las fuerzas armadas de la RPDC son puramente defensivas y carecen de una capacidad real para invadir o preocupar a la República de Corea. Pensar lo contrario sería suicida, pues los mandatarios norteamericanos y surcoreanos se ufanan de que cualquier agresión del norte sería contestada con una “destrucción de las fuerzas de la RPDC” “más allá de toda recuperación posible” (presidente Moon Jae-in, 2017). Los coreanos del norte de la península, además, no olvidan el masivo y destructivo bombardeo que EEUU perpetró bajo las banderas de la ONU durante la “Guerra de Corea”.

EL HÁBITO DE LA MENTIRA Y LA DESINFORMACIÓN

Cada cierto tiempo, con el objeto de contribuir al aisalamiento de la RPDC, la «agencia de noticias internacional» de turno se encarga de alimentarnos con mentiras y desinformación sobre lo que pasa al norte de la península coreana. La idea es, paso a paso, ir construyendo la convicción de que el «régimen» -palabra utilizada para dirigirse a cualquier enemigo de EEUU- dirigido por Kim Jong-un es una cruel e irracional dictadura.

Entre las más comunes patrañas esparcidas entre los «medios de comunicación» se encuentran: la existencia de un partido único (existen 3); la prohibición de practicar una religión (permitido constitucionalmente); prohibición de acceso a internet (a pesar de las sanciones, desde el año 2000 existe un sistema público de internet y las entidades educacionales tiene acceso a la World Wide Web); usar jeans o maquillaje, ver películas extranjeras o escuchar música extranjera y cortes de pelos obligatorios (?); la ausencia de automóviles (la importación está prácticamente impedida por el bloqueo, sin embargo la RPDC está construyendo sus propios vehículos y ya es posible ver los primeros «tacos» de vehículos) y teléfonos celulares (el 85% de la población tiene acceso a éstos últimos); y la prohibición de abandonar el país (la ONU prohibe a los países miembros contratar norcoreanos). En realidad, la difusión de este tipo de noticias dicen mucho más de la adscripción de estos medios a la agenda norteamericana que a lo que ocurre en la RPDC.

Las redes sociales como Facebook, Instagram sus logaritmos y políticas de censura se suman a la campaña de desinformación y boicot comunicacional.

Playa de Wonsan, 2017. Las vacaciones pagadas por el estado son un derecho para todos los habitantes de la RPDC.

Otra cuota en la desinformación la producen las ONG, organizaciones pro DDHH, contra la corrupción, como Human Rights Watch, Amnistía Internacional, Transparencia Internacional, etc. que constantemente ponen a la RPDC entre los países menos democráticos, con mayor corrupción o más abusos a los DDHH. La táctica de deslegitimar adversarios y enemigos políticos desde instituciones «neutrales» cuya única preocupación es el bienestar de la humanidad no sorprende a nadie con un mínimo conocimiento de las relaciones internacionales.

Otro grano de arena lo ponen las universidades, la academia y los centros de investigación, que prefieren mantener una «sana» distancia con la verdad, omitirse o bien replicar solapadamente las calumnias que existen sobre Corea del Norte, para no poner en riesgo su financiamiento o prestigio. Para qué involucrarse en un tema que puede traer tantos costos y tan pocos beneficios. También hacen lo suyo sectores políticos progresistas que, para evitar a hablar del tema en profundidad, se acomodan a «condenar las violaciones a los DDHH en la RPDC».

De esta manera se genera una especie de barrera cognitiva o epistemológica que desalienta la búsqueda de los hechos sobre lo que ocurre en Corea. La RPDC aparece en el debate público como un tema clasurado, que no merece argumentación. Pretender discutirlo es atentar contra la libertad y los DDHH, es totalitarismo, estalinismo, quedarse en el pasado, etc. Es una victoria ideológica sin la necesidad de conflicto. Es un discurso hegemónico reproduciéndose desde de los mismos sectores subalternos.

Hoy en día, a pesar de las privaciones que tiene, la RPDC tiene una política de pleno empleo, educación y salud gratuita, jornadas laborales de 8 horas, mismo trabajo mismo salario, no hay impuestos y los servicios estatales son gratuitos, derecho a la vivienda, sala cuna y jardines infantiles.

LA GUERRA ECONÓMICA

El asedio militar junto a un bloqueo económico que es tan antiguo como la RPDC misma, son parte de la estrategia imperialista que busca llevar a la RPDC a la bancarrota. 

En concreto el país debe optar entre destinar sus escasos recursos al gasto militar o gastos sociales, lo cual resulta un camino sin salida y ha forzado a la RPDC a la adopción del Songun (la primacía de la legítima defensa en la asignación de recursos) para mantener un número elevado de fuerzas militares activas. Actualmente la RPDC gasta entre un 15 y 25% de su PIB en defensa. El promedio en el mundo es de un 2.2%. EEUU gasta un 3,3% pero durante la IIGM llegó a gastar el 38% del PIB.

El bloqueo económico es una arma de guerra criminal dirigida directamente en contra de los pueblos, con un bajo costo para las grandes potencias y consecuencias catastróficas para los países embargados y que ha sido utilizada por EEUU de manera indiscriminada desde su ascenso como hegemón mundial, generando en muchos de los casos más muertes y destrucción que los que podía ocasionar una guerra convencional. Dejemos que, a propósito de la situación cubana, el subsecretario de Estado adjunto Lester Mallory nos ilustre al respecto (1960): 

“El único medio previsible para conseguir apoyo interno es a través del desencanto y la desafección basada en la insatisfacción y las dificultades económicas”. Mallory recomendó que “se emprendan cuanto antes todos los medios posibles para debilitar la vida económica de Cuba, . . . [negar] dinero y suministros a Cuba, disminuir los salarios monetarios y reales, provocar el hambre, la desesperación y [el] derrocamiento del gobierno”.

Harry Truman, presidente de EEUU, responsable de los bombardeos genocidas en Corea y del inicio de la guerra económica en contra de la RPDC.

La lógica del bloqueo y el embargo hace que sea el gobierno que sufre estas tácticas imperialistas el que se vea como el responsable del desastre económico y social que éstas producen. En efecto, el informe de DDHH sobre la RPDC hecho el año 2010 por Amnistía Internacional hace referencias a las precarias condiciones de salud en este país, pero en ningún momento menciona el bloqueo económico impuesto por EEUU como causa de las privaciones que allí se viven.

Esta guerra económica cuenta con la hipócrita complicidad del Consejo de Seguridad de la ONU y en su interior de todos los “aliados” de EEUU. Aunque parezca increíble, la RPDC, en vez de EEUU, es considerada como una amenaza para la paz del mundo por éste organismo. En este último tiempo, y luego de su desarrollo nuclear EEUU ha intensificado su campaña para ahogar la economía de Corea del Norte, buscando imponer todo tipo de sanciones y restricciones.

Actualmente la guerra económica dirigida en contra de la RPDC consiste en:

-Limitar la exportación de bienes y servicios

-Prohibición de la mayoría de las ayudas extranjeras y ventas agrícolas

-Prohibición de la financiación del Banco de Importación y Exportación

-Negación de términos comerciales favorables

-Prohibición de importaciones de Corea del Norte

-Bloqueo de cualquier préstamo o financiación a través de instituciones financieras internacionales instituciones

-Límites a las licencias de exportación de alimentos y medicamentos para la exportación a Corea del Norte

-Prohibición de la financiación gubernamental de las exportaciones de alimentos y medicinas a Corea del Norte

-Prohibición de transacciones de importación y exportación relacionadas con transporte

-Prohibición de las exportaciones de doble uso (es decir, bienes civiles que podrían adaptado a fines militares)

-Prohibición de ciertas transacciones bancarias comerciales, bloqueando el acceso al sistema SWIFT a los bancos que traten con la RPDC

-Prohibición de que cualquier Estado miembro de la ONU provea autorizaciones de trabajo a nacionales de la RPDC.

El ex presidente George W Bush señaló en su momento que estaba “determinado a estrujar” a la RPDC “con toda sanción financiera posible” hasta hacer colapsar su economía. Bajo la etiqueta del uso doble (susceptibles de uso civil o militar), Naciones Unidas ha restringido la exportación a la RPDC de prácticamente todo tipo de bienes, incluyendo suministros importantes para el área de la salud y la educación como cloro, jeringas, equipo de rayos X, isótopos médicos, bolsas de transfusión de sangre, incluso grafito para lápices.

George W Bush, presidente de EEUU, reunido con su par Roh Moo-hyun, 2003. La RPDC adoptó la política Byungjin luego de la decisión de Bush de colocarla dentro del «eje del mal».

¿Cuál es el objetivo actual de la política de EEUU en Corea? John Bolton y Richard N. Haas responden: “poner fin a la existencia de Corea del Norte como entidad independiente y reunificar la península de Corea”. Unificarla, les faltó decir, bajo la República de Corea y la hegemonía norteamericana para cumplir sus objetivos respecto de Asia y su competencia con China. 

A pesar de todo esto, la RPDC sigue en pie. Y en buena medida la ha ayudado la reciente aplicación de Byungjin (desarrollo paralelo), política que a través del desarrollo de misiles nucleares como elemento disuasivo le ha permitido una mejor asignación de recursos y alcanzar un crecimiento del PIB, según datos de 2016, a casi un 4%.

EL PRESENTE Y LA PROMESA DE KIM IL SUNG

Pareciera ser que vivimos en el mundo al revés. En que EEUU no es un imperio que domina el mundo, sino que simplemente “lo lidera”. Y su liderazgo no es impuesto, es algo deseable que todos necesitamos. Aún más, su conducción no se debe a su poderío militar o económico, sino a que promueven la democracia y defienden los derechos humanos en todo el mundo. Y quienes no lo desean, son enemigos del bien; En que un pequeño país que lucha por su soberanía resulta ser una amenaza para el mundo; En que las relaciones de dominación son presentadas como relaciones de benevolencia en favor de países subdesarrollados que realmente no saben lo que hacen; En que los derechos humanos son utilizados -a conveniencia- para justificar “intervenciones humanitarias” -invasiones- promovidas por la “comunidad internacional” -la OTAN y uno que otro aliado norteamericano- para mantener el status quo. Al final del día, EEUU interviene política, militar y económicamente más allá de sus fronteras por el bien de todos.

Lo más irritante de todo es que este tipo de “argumentos” ni siquiera son una novedad. En otro tiempo y contexto, son la continuidad de la misma línea de ideas que potencias coloniales y antiguos imperios utilizaron para someter a otros pueblos.

Barack Obama, presidente de EEUU reunida con su símil -enjuicida por corrupción- Park Geun-hye, hija del dictador Park Chung-hee, 2014. Obama recrudeció las sanciones contra la RPDC en 2015.

Lamentablemente, este no es solo el discurso de los agentes -EEUU, la OTAN, las grandes trasnacionales, el sionismo- y los cómplices de la barbarie -grandes medios de comunicación, centros de pensamientos y ONG’s-. Como un número importante de socialdemócratas en la IGM estaban a favor de la guerra y de la mantención de las colonias, hoy un número no menor de dirigentes progresistas o inclusive de izquierda que se hacen parte, activa o pasiva, de la política exterior de los EEUU. Política que nos lleva a dar vuelta causas y efectos, a hacer víctimas a los agresores y viceversa.

La infinita hipocresía del imperio y sus adláteres, hace que volvamos, cada cierto tiempo, nuestros ojos sobre Corea del Norte para hacer mofa de su pueblo, sus precariedades, de la locura del régimen, de su belicismo y de la inevitabilidad de su derrota. Quieren, a punta de mentiras y exageraciones, resetear nuestras mentes y con ello cambiar la historia de un pueblo heroico que resiste los embates imperialistas hace más de 70 años. 

Nada dicen del estado colonial y policial de la República de Corea. De sus masacres en contra del pueblo. De sus dictaduras. De su militarismo. De su intolerancia. De su represión. De sus abusos laborales. De su censura. De su educación en la ignorancia. De su ley de Seguridad Nacional. De su anticomunismo. De ser un estado construido por los colaboradores de la oprobiosa ocupación japonesa. De la injustificada presencia militar de EEUU en la zona. De sus verdaderos objetivos hegemónicos. Y de que para ellos paz no es una opción. De ahí la importancia del pensamiento crítico y los medios alternativos, de nuestra autoeducación depende la integridad de nuestra memoria y con ello la posibilidad de enfrentar el futuro con más aciertos que errores.

Joe Biden (EEUU) y Moon Jae-in (República de Corea) reunidos en 2021. Washington reafirmó nuevamente su compromiso militar con Seúl y su objetivo de desarmar a la RPDC.

Desde que la RPDC adoptó el uso de misiles balísticos con capacidad nuclear para disuadir la amenaza estadounidese, Obama, Trump y ahora Biden están obstinados en desarmarla. No obstante, sea cuales sean las ofertas americanas, es demasiado tarde. No hay espacio para la ingenuidad en la RPDC, quien ha adoptado, de la mano de Kim Jong-un, un estilo diplomático más abierto ante la opinión pública, manteniendo su voluntad de reunificar Corea. Cuestión que ha dejado en evidencia que la piedra de tope para un acuerdo en la región es EEUU, sus intereses geopolíticos y su lucha con China.

El pueblo coreano, históricamente rodeado de grandes potencias, no renuncia en su lucha por alcanzar su completa soberanía. La República Popular Democrática de Corea, y algunas personas y agrupaciones en la República de Corea, son fieles a este objetivo. A pesar del bombardeo genocida en la guerra de 1950-1953. A pesar de la guerra económica, el hostigamiento militar y la indiferencia de la “comunidad internacional”. Por eso, y a pesar de poder ser percibida como ingenua a la luz de los hechos, la RPDC no ha dejado de buscar la paz y la unificación de Corea. 

El escenario completamente adverso en el que vive la ha llevado a adoptar decisiones que de otra manera no hubiese tomado, como lo son la doctrina Juche, el principio Songun y la política Byungjin. A protegerse de la propaganda imperialista y colonial. A cuidar con extremo celo su seguridad. Declarados tan explícitamente los nefastos objetivos de EEUU en la zona, renunciar a aquellos, es renunciar a la soberanía, a la independencia, al recuerdo de su historia y a sus mártires.

Resulta difícil pensar en que el pueblo de Corea del Norte resista mucho tiempo más, pero nada hacía pensar que resistiría tanto. EEUU, como lo ha hecho con Cuba, ha fechado la caducidad la RPDC en repetidas ocasiones y ha fallado en todas ellas. Y es que doblegar el espíritu de una comunidad resuelta a ser libre no es una tarea sencilla. No lo ha sido, ni lo será. Como lo dijo Kim Il Sung: 

“India ganó su independencia de Inglaterra después de 200 años de esclavitud colonial. Filipinas e Indonesia obtuvieron su independencia después de 300 años. Argelia después de 130 años. Sri Lanka después de 150 años y Vietnam después de casi 100 años. Puede tomar 200 años, tal vez 300, pero los coreanos algún día seremos libres.” RDF

 

Manifestación del pueblo norcoreano, 2019.

 

Esta publicación fue realizada con la colaboración de APVP

Comentarios (2)

  • Tomas

    Esto tiene que ser una broma

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    • Cristián

      Por qué?

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