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«La guerra en Ucrania, el debate» por Miguel Silva

Por Miguel Silva

Las guerras tienen causas, causas que impulsan los poderes opuestos hacia un enfrentamiento.

Más que un enfrentamiento entre un poder malo (los EE.UU. y sus aliados) y un poder  relativamente civilizado (Rusia), la guerra en Ucrania es un conflicto entre poderes geopolíticos en competencia. Así son las guerras en la época del imperialismo.

Lo importante no es cuál lado disparó primero (lo que describe muy bien Ramiro Gómez en su articulo), sino las fuerzas económicas y políticas que impulsan a los dos lados hacia el enfrentamiento.

Publicamos hace poco un buen artículo sobre Rusia que se llama ¿Es Rusia una potencia imperialista? escrito por Stansfield Smith.  

En ese artículo, se compara la economía rusa con otras del mundo y se pregunta si sus monopolios, sus inversiones y sus bancos son de los más grandes o internacionales. De esa manera, se discute si Rusia es más, o menos, imperialista que otros poderes.      

En estas líneas, vamos a hablar de esta forma de entender una economía y un país, con el propósito de también responder de la mejor manera esa pregunta … ¿Es Rusia imperialista? 

Claro, ya sabemos que los EE.UU. es un poder imperialista.

Medir el imperialismo

¿Cuál era el objetivo de la teoría del imperialismo desarrollada por Lenin (y su compañero bolchevique Bukhrín) en 1915 y 1916? 

Era establecer que la Primera Guerra Mundial no fue un accidente, es decir, que fue consecuencia de las intrigas de los círculos reaccionarios de la corte o presiones de una parte menor de la clase dominante que fabricaba armas, sino que fluyó de la dinámica interna del conjunto de las clases dominantes integradas en ambos bandos bélicos.  

Por ende, Lenin centró su análisis en la internacionalización de la producción capitalista. 

Bukharín por su parte, se concentró en que el capital industrial también se vio abocado a las intervenciones militares. Pensó que ello se debe a que, aunque la propiedad de la industria era en general del ámbito nacional, la escala de sus operaciones sobrepasaba cada vez más las fronteras nacionales.  

Los dos bolcheviques encontraron que el capitalismo en su etapa imperialista se define por la internacionalización de la producción, la circulación y la inversión- y también por la interpenetración del capital privado y el Estado-nación. 

En otras palabras, si el capitalismo nacional quiere sobrevivir en la competencia internacional, tiene que buscar formas de organizar la producción sobre una base amplia. Para ello, a veces arrebata los recursos a otros capitalistas (grandes y pequeños) de otros Estados, sustituyendo periódicamente la competencia económica por el conflicto militar.  

En fin, se produce un choque entre la base «estatal nacional» de la propiedad industrial y el carácter internacional del sistema capitalista (y por tanto de la producción).  

  La formulación de Lenin

 Lenin formuló una descripción del sistema del capitalismo imperialista como el capitalismo en esa etapa de desarrollo en la que se establece el dominio de los monopolios y el capital financiero, en los que la exportación de capitales ha adquirido acentuada importancia, en que se ha iniciado la división del mundo entre los monopolios internacionales, en que se ha completado la división de todos los territorios del globo entre las mayores potencias capitalistas. 

En otras palabras, empresas que han crecido tanto que ya operan y envían su capital a otros países, como consecuencia, dividen el globo entre sí y por ende exigen y necesitan apoyo militar para abrir paso o proteger aquellas inversiones.   

Cuanto más interviene cada Estado para regular la economía nacional en interés de los monopolios, más se contradicen sus esfuerzos con la interacción más o menos desregulada de las diferentes economías nacionales en la economía mundial. Es una contradicción que los Estados nacionales sólo pueden tratar de superar pasando de las alianzas «pacíficas» a la guerra.  

En el artículo que ya publicamos en la revista, el autor mide el tamaño de las empresas rusas, con el propósito de determinar si tienen el alcance de necesitar la protección militar de su estado. Si las multinacionales rusas son relativamente pequeñas, la conclusión que se saca como consecuencia, es que Rusia es un país poco imperialista.  

Una nota: es un hecho conocido que muchas de las empresas multinacionales hoy, son entidades que producen, pero que también internamente actúan como bancos. Es decir, manejan sus propias fuentes de inversiones, en vez de dejarlas en manos de los bancos externos. Por esa razón, dejamos la relación entre empresas y entidades financieras fuera de la discusión. 

¿Cómo Rusia cabe dentro de este sistema imperialista? 

 Lenin quería explicar el capitalismo imperialista a través del crecimiento de los monopolios a nivel internacional y la necesidad que tienen de «protección» por parte de sus estados maternos. Veremos en detalle el estado de los monopolios rusos y sus inversiones. 

Como resumen del articulo ya publicado, repito unas de sus conclusiones sobre la economía rusa…  

En Rusia, ¿hay monopolios que juegan un papel decisivo en la vida económica dentro y fuera del país?  

Aunque es cierto que, de las 100 empresas principales de las 2000 corporaciones más importantes del mundo según la lista Forbes, Rusia tiene solo 4, clasificados 43, 47, 73 y 98 ( Gazprom gas; Sberbank, bancos; Rosneft, petróleo; Lukoil, petróleo) y 29 en el top 2000, cuyas ventas suman US$ 568 mil millones, solo el 1.45% del total. Los monopolios rusos, entonces, son pocos y no lo más grandes a nivel mundial.  

¿Las inversiones internacionales de los monopolios rusos son grandes?  

El volumen de capital ruso invertido fuera del país no es de lo más enorme; ninguna corporación rusa figura en la lista principal de 100 corporaciones en función de sus inversiones en el extranjero. 

Sin embargo, lo que es importante para los ricos y poderosos rusos es el peso que llevan sus monopolios internacionales en su economía. En ese sentido, para ellos es de primera importancia que las 10 principales multinacionales rusas no financieras poseen $ 188,3 mil millones en activos extranjeros totales, lo que representa un tercio del total ruso.  

Diez empresas son dueñas de un tercio de todo el capital ruso invertido en el extranjero. Por ende, tienen un peso norme en los cálculos económicos de la clase dominante rusa. 

Contar con los recursos de esas empresas multinacionales hoy y en el futuro es aún más importante tomando en cuenta que los 10 principales artículos exportados e importados de Rusia en 2017 muestran que los bienes de maquinaria ascendieron a $ 12,8 mil millones en exportaciones en comparación con $ 106,2 mil millones en importaciones. Las importaciones de esos bienes serían mucho más difíciles sin contar con los recursos de las multinacionales rusas. 

Es más, porque más del 82 % de las exportaciones de Rusia son materias primas (el petróleo y el gas representan el 58 %). Y otro sector importante de la economía, la producción de armas, tiene un peso específico muy grande. Rusia es uno de los principales exportadores de armas del mundo. Los EE. UU. representa el 34% de las ventas militares mundiales y Rusia el 22%. De las 100 principales empresas productoras de armas del mundo, 42 son corporaciones estadounidenses, mientras que 10 son rusas. 

Rusia tiene, por lo tanto, una economía muy concentrada y centralizada en la explotación y exportación de materias primas y de armas.  La economía depende del éxito de las multinacionales del gas y petróleo, a pesar del hecho que aquellas empresas son pocas y menos grandes que sus competencias que tienen sus raíces en otros países.  

Lo que es importante para Rusia es el peso específico de esas empresas como parte de su economía. En ese sentido, es bien cierto que se produce un choque entre la base «estatal nacional» de la propiedad industrial y el carácter internacional del sistema capitalista y por tanto de la producción.  

El sector multinacional de la economía rusa es «de ámbito nacional, pero la escala de sus operaciones sobrepasa cada vez más las fronteras nacionales». Para controlar esas operaciones, el estado ruso ejerce diplomacia y también fuerza. Y sus ventas de armas son muy útiles en ese sentido.  

Las reservas de gas y petróleo, la garantía de un acceso tranquilo y permanente, y la logística del transporte de esas reservas nacionales y de otros países a los mercados internacionales, han sido factores importantes en las intervenciones militares rusas en Afganistán, Siria y ahora Ucrania.  

La política rusa, por lo tanto, es consecuencia de la concentración de su economía en algunas pocas empresas muy grandes, que centralizan la exportación de su capital y por ende son indispensables para sus dueños y para el Estado y sus fuerzas militares. Es una política imperialista porque protege la base «estatal nacional» de la propiedad industrial frente al carácter internacional del sistema capitalista y por tanto de la producción.  

Es cierto que sus empresas multinacionales NO SON las más grandes del mundo, pero SI son muy importantes para su economía en general y por ende son indispensables y exigen protección. Esa política de apoyar empresas nacionales que operan fuera del estado-nación, se llama imperialismo, y Rusia, por ende, actúa como un país imperialista. 

 

Comentarios (1)

  • Ivan

    De acuerdo a su razonamiento cualquier estado q respalde a empresas de su origen es imperialista. Cuando el concepto imperialista se aplicaba a la URSS, Fidel Castro preguntó en la Cumbre de Países no Alineados de Argel en 1973, dónde estaban las empresas soviéticas que explotaban recursos o mano de obra del tercer mundo. La respuesta era no. Quizás la conducta de la Rusia parezca a la usansa imperialista y claro viene de la herencia de un imperio, pero Rusia tiene su principal inversión en seguridad y los motivos son obvios. La izquierda ha perdido toda referencia y en el limbo busca respuestas en medio del dominio ideológico de occidente y su guerra también cultural por preservar su dominio. Putin es conservador y nacionalista, quizás se parezca mucho a Sun Yang Sen, quien coqueteo con la misma Urss y se transformó en un acérrimo anticomunista, pero su interés era China por sobre todo ante un Japón y un occidente que siempre trató de convertirlos en un subordinado, con guerra del opio incluida.

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