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«La derrota y la fantasma del maximalismo» por Miguel Silva

Por Miguel Silva.
Hay una fantasma que recorre el país, es la fantasma del maximalismo.

Desde las salas de pautas de los periodistas de la tele y la radio, hasta los dichos de Gabriel Bóric, recorre el sentido de «el maximalismo…nunca más». Nunca más el extremismo, el maximalismo, de esa palabrería ajena a los deseos de la mayoría. La gente no entiende esas cosas, entonces, además de ser un invento de los cabezas calientes, el maximalismo es antidemocrático. Esa es la nueva verdad.
Tan antidemocrático como encender un kiosco de diarios o un paradero cuando hay una marcha. Así es la nueva ideología – no tan nueva- que se instaló durante la campaña del Rechazo, y que fue confirmado el domingo. Es una ideología que dice no ser ideología, porque es la vida misma.
Mientras el maximalismo nace del odio, los acuerdos entre todos nacen del amor. Amor al prójimo y amor a uno mismo. Esa es la nueva verdad.

Ahora bien, los límites del maximalismo dependen de las negociaciones entre los políticos. ¿En un mes más sería extremismo decir, como dijo Bóric ayer, que en el país hay desigualdad y explotación?
¿En un mes más sería maximalista decir que los y las trabajadores deberían tener el derecho a negociar por rama?
¿O sería extremista y maximalista decir que la mujer tiene el derecho a terminar su embarazo cuando quiere?

El maximalismo desvinculado.
Esa palabra «maximalismo» tiene un significado histórico. Era parte de la dupla «programa mínimo» – «programa máximo». Es decir, de un lado las demandas mínimas que podemos ganar HOY con la lucha. Y, por otro lado, los grandes principios que son la base de una nueva sociedad, como el control sobre los medios de producción y la disolución de las fuerzas armadas capitalistas.
Siempre ha sido un tema de discusión el «cómo lograr» las demandas máximas mientras (o después de) luchamos por las demandas concretas.

Unos han insistido que el programa máximo se logra una vez que logramos instalar nuestro gobierno. Pero igual, sería consecuencia o siguiente etapa de la lucha por las demandas «mínimas». Sin embargo, próxima etapa o no, estaría íntimamente relacionado con la lucha de millones de personas por mejorar se forma de vivir.
Históricamente, unos luchadores han insistido que tiene sus límites el programa mínimo, entonces no tiene sentido dejar los cambios «grandes» para un futuro lejano, porque son parte natural de la lucha por los cambios mínimos. Por ejemplo, el derecho a la propiedad privada sobre el agua es parte de la lucha contra la sequía, por los privilegiados.
Y hay otros/otras que sienten que solamente las luchas por las demandas máximas sirven, porque es el sistema el que tenemos que botar y no debemos hablar solamente de mejoras en la salud o las pensiones. Sin embargo, estos maximalistas de hoy a menudo desvinculan la lucha por reformas «mínimas» de la lucha contra el sistema mismo.

Bueno, la nueva ideología – que insiste que no es ideología- claramente es ideológica.
Insiste que es parte de la vida ganar dinero si eres un proveedor de servicios en la educación, en la salud o en la previsión, mientras exigir el fin del lucro es extremista y maximalismo. Entender que el lucro es parte de la vida democrática y civilizada, según esta ideología no-ideológica, es indiscutible. Así es el sentido común que transmiten los políticos del Rechazo y que, en gran parte, se acepta como base del acuerdo «entre todos» que viene.

En lo que viene, se acaban las discusiones sobre la «refundación» del país, por ser maximalistas.

Se acaba la política de insistir en el control Estatal sobre la salud, la educación, la previsión o la vivienda. Tanto el Estado como los proveedores privados deben tener el derecho de ofrecer sus servicios (y sacar las ganancias que correspondan). Así es la nueva verdad.
Claro, se va a criticar a los proveedores grandes por manipular el mercado tan democrático, pero el hecho que son tan grandes y poderosos les da el poder de manipular las críticas y seguir igual como antes.
Y ésto en la educación, (donde es bien conocido que los y las DC controla muchos colegios subvencionados). En la salud (donde las Clínicas van a insistir en sus derechos a sus ganancias por haber invertido tanto). En la previsión (donde no se va a eliminar las cuentas individuales por maximalista y que las instituciones que controlan los «ahorros» van a ser estatales o privados)
Y en la vivienda, donde se va a repetir hasta el cansancio que la gente quiere tener el derecho a su propia casa, entonces, tienen derecho a comprar de un proveedor inmobiliario o de optar por una casa social.
Se acaba toda discusión sobre la nacionalización de los recursos naturales, tanto de la minería como del agua, por maximalista e imposible de implementar.
Se acaba toda discusión sobre el derecho de la mujer al aborto, por ser mujer, por ser maximalista, extremista e inhumana.
Se acaba toda discusión sobre el derecho de los pueblos originarios a ser nación, dentro de Chile, ¡Somo un solo país y punto, es la nueva verdad!
Ahora bien, esta nueva – no tan nueva- ideología es parte un acuerdo tácito de no hablar sobre «esos temas» y parte la consecuencia de decisiones formuladas entre los partidos, los ricos y los poderosos. Un acuerdo tácito y también bien discutido, sobre el base compartida del fracaso del octubre.

¿Como lograron a ganar?
Opino que los del Rechazo lograron ganar ocho y tanto millones de votos porque solamente cuatro millones y tantas de personas todavía se identificaban con lo que los amarrillos llaman el «octubrismo».
Vale la pena recordar cómo era el año después de la gran revuelta de octubre.
Algunas fechas… la marcha de millones del día 25 octubre de 2019, la «huelga general» el día 12 de noviembre seguido por el «acuerdo/traición del 15 noviembre.
Otra vez más el 15. Ese fin de semana, después de la gran marcha y la huelga no tan general y las marchas del 12, circulaban rumores de un golpe incipiente y se firmó el acuerdo. ¿Hubo alternativa… los millones en las calles estaban capacitados para enfrentar milicos con órdenes de matar? ¿O los rumores eran un ejercicio de propaganda y nada más, como el famoso tanquetazo era un ejercicio de ensayo para preparar las fuerzas armadas por lo que venía?
Bueno, no sabemos, pero es cierto que la decisión de firmar cabe dentro de la política posterior del gobierno de Bóric, de moderación, negociaciones y por ende, muy en contra del maximalismo.

En fin, comenzó la pandemia mundial el último día de ese año 2019 en China. Se reportó el primer contagiado en Chile el día 3 de marzo de 2020; el 21 marzo el primer fallecimiento y el día siguiente comenzó el toque de queda.
Se entregó el primer bono de emergencia Covid de 50 lucas en abril de 2020 y en julio el primer pago de 10% del AFP, luego de seis meses de crisis económica muy profunda.
Se acabaron las marchas y reuniones presenciales y bajo las condiciones de pandemia, se abrió paso a la política parlamentaria como «única solución posible» a la crisis de los treinta años. «Única solución» porque las organizaciones del octubre ya no funcionaban, en su gran mayoría.

Ahora bien, ¿qué queda, entonces, del impacto del octubre en la conciencia popular?
En otras palabras, ¿qué piensa la gente?…¿La gente ya no sirve, entonces hay que elegir otra ?

¿Es cierto que la gente votó en contra del Apruebo porque era una alternativa demasiado amarilla? Creo que no. Creo que votaron en contra porque los vientos positivos de octubre que sentían antes, perdieron la competencia frente al rechazo a la «violencia ciega» que se transmitía en los medios y que no se entendía.
Y «entender» es una palabra clave acá.
Porque ha sido fácil pintar la obra de los y las convencionales como «ajena», de mucha palabrería que «no tiene nada que ver con nosotros». Y ha sido tan fácil porque ya no existía la organización base para transmitir esas discusiones a millones y millones y millones. Por ende los y las convencionales quedaban colgados en el aire, por así decirlo, sin tener cómo hacer la otra mitad de su obra que era instalar su trabajo en las conciencias de millones.
En otras palabras, se había roto el tejido social del octubre y se abrieron las puertas para los chismeros y mal hablados.

La economía de 2020

Pero mientras nuestra gente olvidaba como era lo bueno  del octubre, sentían los primeros vientos de la crisis económica que nos viene encima. Primero, tomó vuelo el precio del aceite. Luego, la harina y el pan. Y la bencina, las materiales para la construcción, las verduras y la carne. Y mucha gente, frente a la casi inmovilidad del gobierno frente a las alzas, echó la culpa a Boric. A Boric y por ende a la nueva Constitución tan difícil de entender. Ocho millones por el Rechazo y cuatro por el Apruebo/Octubre. Un especie de voto contra «los políticos», esta vez contra las y los convencionales. Un «ni ahí» de 2022.

El futuro que viene.
Sin embargo hay esperanza, porque la transmisión y retransmisión, todos los días, de la nueva «verdad» nos abre las puertas para enseñar la alternativa. Frente a una economía que entra en recesión y precios que suben mientras sueldos bajan. Pero con paciencia.
¿Por qué el lucro es malo en la salud, la previsión, las pensiones y la vivienda?
¿Qué es la propiedad privada y cómo podemos hacer cosas para nuestro propio uso en vez de para ganar ganancias?
¿Por qué los inmigrantes son bienvenidos?
¿Por qué la mujer tiene derecho al aborto, por ser mujer?
¿Por qué las empresas son la causa de la desigualdad?

¿Como sería nuestro nuevo país?
En fin, crear una nueva generación de personas que tiene su propia ideología instalada y que puede crear una alternativa real, organizada, cuando se levante el próximo octubre.

 

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