«La Comuna de Paris y las AFP» por Felipe Tamayo Flores

                                                                     La Comuna de Paris y las AFP

Felipe Tamayo Flores

 La Comuna fue una breve pero profunda experiencia revolucionaria que ganó la ciudad de París desde el 18 de marzo al 28 de mayo de 1871. Fue el primer gobierno obrero de la historia: sin privilegios, con igualdad de derechos, separación entre Iglesia y Estado, universalización de la educación laica, libre y obligatoria para varones y mujeres, una verdadera democracia obrera. Tras resistir más de dos meses, la revolución fue brutalmente reprimida.

A casi un siglo de la revolución francesa y la ilusión del pueblo por un mundo mejor (una vez más!), los parisinos eran gobernados, esta vez no por un rey, sino por un Emperador (aún peor), nada menos que Napoleón III.  Este personaje nada de brillante ni estratega, cae en la trampa tendida por Otto Von Bismark, el canciller prusiano que estaba obsesionado con la unificación de Alemania y la supremacía de Prusia dentro de ella.

A Bismark, que no contaba con el apoyo de las ciudades sureñas de Alemania para concretar su sueño, se le ocurre, entonces, tenderle una trampa apelando al narcisismo de Napoleón III, a quien había conocido durante su permanencia en París en calidad de Embajador en 1861. Napoleón III respondió a las provocaciones de Bismark con una abierta declaración de guerra, guerra que antes de empezar ya estaba ganada por Bismark quien consiguió unir a Alemania  contra un enemigo común: Francia. El 1 de septiembre de 1870, la derrota de Napoleón III en la guerra franco-prusiana pone fin a la dictadura imperial y los acontecimientos precipitan la proclamación de la república de Francia, mientras el ejército prusiano marcha sobre París.

Los gobernantes de Prusia y Francia jugaban a la guerra, pero el pueblo de Francia, y de Paris en particular, pasaban hambre, sufrían los golpes y el salvajismo galopante del capitalismo triunfal de la revolución industrial. Los niños no tenían educación laica y universal, las enfermedades se curaban con componedores, las viviendas se hacían pocas, el hacinamiento y las enfermedades proliferaban. El Estado para los franceses y el resto del mundo era solo una entelequia que abusaba de ellos, mediante tributos y camisas de fuerzas tejidas con el poder empresarial burgués de la época.

La monarquía se resiste a seguir perdiendo privilegios y el descontento acumulado forja un pensamiento común entre los parisinos: «ya no tenemos nada que perder!». Fue así, como el 18 de marzo de 1871, y gracias al apoyo y compromiso de la guardia nacional, los comuneros de París deciden unirse y levantarse contra el Estado opresor.

Mientras tanto, la oligarquía francesa, parapetada en Versalles y bajo las sotanas del clero y la protección del todo poderoso Bismark, reúnen fuerzas para una arremetida que costará la vida de miles de franceses. Cifras oficiales hablan de más de 30.000 ejecutados por el ejército francés / prusiano contra comuneros casi desarmados…¡por semana!

A los que somos de este lado del planeta, se nos hace inevitable recordar capítulos de nuestra historia como la matanza de Escuela de Santa María de Iquique en mano del ejército chileno .

Sin lugar a dudas la Comuna de París dio importante impulso y sentido de realidad a Marx y Engels. Años más tarde, desde la lejana y feudal Rusia, donde los líderes del movimiento bolchevique seguían muy de cerca el fenómeno parisino, sería finalmente la primera toma oficial y permanente del poder por parte de la clase obrera, instaurando la tan añorada «Dictadura del proletariado».

 

Por otro lado, Otto Von Bismark, uno de los mayores enemigos históricos del socialismo, no sólo sería recordado hasta nuestros días por esa condición, sino también por ser el creador de la seguridad social o «Sozialversicherung».

¿Qué relación guarda la creación de la seguridad social con lo ocurrido en la Comuna de París en 1871?

Mucho o casi todo. Y no es necesario citar a ningún autor iluminado ni ratón de biblioteca, ya que la sabiduría que nos da el paso del tiempo, la secuencia de hechos y la intencionalidad política de este personaje, nos puede ayudar a explicar.

Otto Von Bismark no sólo sostuvo la guerra contra Francia y su posterior sometimiento, sino que también logró la unificación de Alemania, instauró el segundo Reich y fue observador político y gran estratega como embajador en San Petersburgo y Paris.

Bismark, siendo un reconocido vividor y bohemio, se debió empapar lo suficiente de la cultura y demandas sociales del proletariado de la época. Consciente que los «patipelaos» son capaces de unirse en un solo clamor, obtener el valor para levantar las armas que tienen a mano y sintonizarse todos en un objetivo común: la toma del poder por ellos mismos. Este hecho debió marcar al canciller prusiano como para comenzar a idear una forma de ahogar este fuego izquierdoso que acechaba en casi todos los países europeos, especialmente los más industrializados y por ende con la presencia de una masa trabajadora o proletaria suficiente como para emprender este tipo de  iniciativas emancipadoras.

Lo anterior, junto a su odio y desprecio por los partidos políticos y pensamiento de «izquierda» (socialistas, anarquistas, comunistas, etc.), lo llevó a dictar una serie de leyes «antisocialistas», otra muestra de que la historia sigue dando vueltas en un ciclo cósmico que deja ciertas cosas en una latencia que no se sabe a quién, cuándo y cómo le llegará esa carga. Las leyes antisocialistas de Bismark — oficialmente denominadas «Ley contra las aspiraciones socialdemócratas que suponen un peligro público» –, se instauraron a fines de 1878 y fueron ampliadas en varias ocasiones y por casi una década.

Pero Bismark no sólo atacaría al incipiente socialismo desde una trinchera «leguleya”, sino también creando una serie de políticas sociales, que según él, desnaturalizaría desde sus cimientos al pensamiento de izquierda. Es decir dándole al pueblo ciertas condiciones de vida en ámbitos relevantes como: pensiones, salud, educación, trabajo, etc. …para ahogar u oprimir aquella «pulsión» o fetiche del pueblo por buscar cerrar de manera rápida, abrupta y definitiva la creciente brecha económica y social generada por la revolución industrial.

Es así, como en 1879 podría decirse que se inicia una serie de políticas «social demócratas» que éstos defenderían desde aquella época hasta nuestros días. De hecho, se me hace inevitable traer esta situación a nuestro país y la paradoja del tiempo. En nuestro país la misma derecha, que seguramente  en su tierna juventud ha tenido a Bismark como ídolo, sin saberlo, ha destruido la seguridad social con la creación del decreto ley 3500 de 1981. Esto, curiosamente justo 100 años después de la primera pensión de jubilación pagada por el gobierno alemán mediante el formato o sistema de reparto solidario, tan aborrecida o desechado hoy por la derecha dura (Chile vamos) y ex Concertación (derecha blanda o nueva derecha).

A José Piñera Echeñique, inspirado en los iluminados Friedman, Von Hayek y otros, se le ocurrió privatizar este invento de Bismark, claro, con un pecado original muy claro y con intencionalidad política reaccionaria. El hermano de nuestro actual Presidente observa que los dineros cotizados por los trabajadores chilenos, pueden ser una buena fuente para revitalizar la alicaída economía chilena de los años 80. Actualmente, los trabajadores chilenos y sus cotizaciones obligatorias bordean casi los 6 mil millones de pesos al mes, siendo un importante motor para la economía, y por qué no decirlo, para la especulación financiera.

Los iluminados atrincherados en las aulas de la escuela de Chicago, desconociendo todo el trabajo, luchas y guerras que batalló su antecesor Bismark, deciden sin más ni más, destruir su obra, por esencia reaccionaria, la seguridad social. Esta venía a apagar esa sed de justicia del bajo pueblo y algunos pensadores del siglo 19 y 20, para emprender la batalla final por conquistar los medios de producción y la tan añorada «igualdad».

Finalmente, resulta además de curioso, paradójico, ver cómo la derecha reaccionaria actual en Chile rechaza la seguridad social tal como fue concebida en sus orígenes, es decir, con fuerte componente solidario, lo que a la larga y con el pasar de los años, provocó en los chilenos el mismo sentimiento que le provocaba a los comuneros parisinos cuando sufrían en manos de la clase dirigente Francesa.

Lo más positivo, es descubrir que el alma del pueblo en su esencia aún no se corrompe y sigue fiel y prístino hacia esa búsqueda innata por una sociedad más justa. Tengamos fe entonces que el proceso que se nos avecina como chilenos, nos debe dar más confianza que desconfianza, más fe que desesperanza y más gloria que derrotas para nuestro alicaído, pero noble pueblo chileno.

Para ver la Comuna “en vivo”, hay una película del cine francés sobre la Comuna es de Peter Watkins (2001). Hay una versión larga y otra más corta.

Felipe Tamayo Flores es papá de 2 hermosos hijos. Funcionario Público desde 2006 y  Docente Universitario.

Dirigente Sindical desde 2011, Pdte Anptuf (www.anptuf.cl) desde 2017

Secretario General del Comité de Defensa de DDHH y Sindicales Codehs.

Comentarios (1)

  • Juan Carlos Rojas Hernández

    Felicitaciones Felipe , muy buena escritura y retórica ,gran historia que refleja las desigualdades del sistema de seguridad social Chileno !’!! Felicitaciones abrazo fraterno !!!🤗👏👏👏👏👏👏👏👏👏

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