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«La columna que no escribí» por Pablo Monroy Marambio

Por: Pablo Monroy Marambio

Chile Vamos declinó su asistencia a la reunión convocada por el presidente Boric, con la finalidad de trazar la ruta hacia el nuevo proceso constituyente, dado los resultados del día de domingo. La razón tras la negativa de la colectividad, sería que necesitan un poco más de tiempo, para poder presentar un plan que les acomode y no faltar así al compromiso adquirido con la ciudadanía, de continuar lo contenido en el acuerdo del 15 de noviembre de 2019.

Algunos piensan que, poco productivos como son (o quizá porque ni ellos mismos esperaban del todo obtener los resultados que finalmente tuvieron), estarían recién escribiendo ese plan de acción que, según ellos, ya tenían listo desde la semana anterior. O reescribiendo algunas partes (si es que no es lo mismo), ahora que son los dueños de la pelota. Otros, pensamos que esa posibilidad, en realidad nunca ha sido su intención.

Pero, ¿tiene algún sentido ahora hacer estos revisionismos? ¿Decirle a alguien, al país, “te lo dije” a quién, Ñuke Mapu, se le cobra esta cuenta?

A la hora en que escribo las primeras de estas líneas, restan aun 3 mesas por escrutar, de las 38.757 que se constituyeron para la jornada del domingo. Ya se ha contado, entonces, el 99,99% de los votos emitidos. 13.021.063 de personas, el 85,81% de un total de 15.173.929 que conforman el actual padrón. Ya hemos revisado en más de una oportunidad los números relativos y los absolutos correspondientes a las últimas votaciones, y la forma en que dichos números se relacionaban con el comicio de mayor participación, hasta ahora, en la historia del país.

Así, podemos contar hoy que los dos grandes hitos participativos los componen el plebiscito de 1988, con un 97,72% de participación del padrón absoluto, y el reciente plebiscito de salida. Bastante más atrás ya quedan los números correspondientes a las demás elecciones, cuyo techo es el 55,65% de las últimas presidenciales, y de ahí hacia abajo.

Vaya si son números impresionantes, pero, sobre todo, vaya qué resultado inesperado.

Si tratásemos de establecer alguna relación o paralelo, de los actuales resultados con los obtenidos en la elección inmediatamente anterior, podríamos decir que, en rigor, apenas si fueron un par de cientos, quienes se sumaron a ese poco más de 4 millones y medio de chilenos que votamos por el actual presidente. Peor entones, caer de esta manera en cuenta, de la manera rotunda en que la otra opción fue la que finalmente si logró un aumento exponencial en cuanto a apoyo. Debemos mirar hacia el actual gobierno entonces para buscar culpables? Sin duda. Pero culparlos solo a ellos, sería otro error gigantesco.

No era un secreto para nadie, que la llegada a la moneda del actual mandatario y su equipo, sería a lo menos compleja, puesto que la administración anterior no tuvo ni la más mínima delicadeza, de hecho, en desmantelar todo lo que quedase de Estado antes de entregar el mandato,oficializando los documentos sobre los posibles efectos secundarios de la vacunación por Covid, el mismo día que el fue el cambio de mando! ¿Se acuerdan?

O la vergonzosa y turbia licitación por el litio?

Y esto es solo un par de ejemplos, sabemos que hay más. Pero, también por otro lado, y aquí no hay justificación que la propia miopía (o exacerbado egocentrismo, también puede ser), sabiendo que ese era el panorama al que había que hacer frente, pudieron haber demorado para un “segundo tiempo” el nombramiento de Izkia Siches como ministra de interior y seguridad pública, pero, era demasiado irresistible la tentación de figurar como los primeros en nombrar a una mujer en ese puesto, verdad? Cuánta visión, cuánto progresismo significó el hito.

Si ya tenías en el gobierno a gente como Mario Marcel, cuya mano derecha, Hernán Frigolett esta vinculado al caso SQM, o a Carlos Montes, quien ni tuvo ni la más mínima vergüenza en pedir “algún ministerio”, luego de amenazar “apoyo simbólicos” si es que los nombramientos eran igual de simbólicos, ¿qué problema había entonces en nombrar en interior a un perro viejo, un púgil a la altura y tan tramposo como los adversarios?

Porque estaba claro que las zancadillas y los codazos estarían a la orden del día y el gobierno ha recibido todos los golpes y, no pocas veces, da la impresión de que insisten en poner la otra mejilla. Han pisado todos los palitos (muchos de ellos ridículamente evidentes, como tanta falsa “polémica” instalada por los medios, relativas al walmapu, o tales dichos en un contexto que no siempre se esclarece) y han sucumbido a la tentación del populismo.

No quiero decir que sean malos gobernantes, quiero decir que son demasiado ingenuos, y pelean en un terreno en que no hay piedad ni nobleza alguna (el sector del rechazo invirtió parte de los muchos recursos que recibieron, para imprimir falsas nuevas constituciones con la finalidad de confundir a la población; si eso no es bajeza, no sé qué lo sería, por favor!).

Desde que eran parlamentarios hasta acá, la dupla Boric-Jackson ha pedido disculpas en más de una oportunidad, por distintos motivos que no viene al caso profundizar acá, y apelando siempre a la nobleza del gesto mismo de la disculpa pública. Y estoy de acuerdo, es de “caballeros” el proceder de esa manera, ¡pero por dios!

Estamos frente a traidores, desleales, apátridas que jamás dudan en izar la bandera mientras ponen todas sus riquezas en paraísos fiscales y no en arcas nacionales. No merecen caballerosidad en el trato! ¿Que triste, verdad?

Andar siempre pensando mal de quienes nos rodean, pero es más triste y estúpido no hacerlo cuando se esta inserto en el escenario político, sobre todo en consideración de la prácticamente infinita cantidad de hechos que nos muestran perfectamente la verdadera cara y los verdaderos intereses de la mayoría de aquellos que tanto hablan de respetos y “país para todos”. Ximena Rincón como el summum de lo que quiero decir.

¿Ahora bien, es solo al gobierno a quienes les corresponde pagar esta cuenta? Para nada.

Terminada la segunda vuelta presidencial en diciembre pasado, muchos señalaban que esos 3.650.662, el 44,13% del total de 8.364.481 de votos que fueron para el entonces líder republicano, eran el número de fascistas a quienes deberíamos tener en cuenta, no perder de vista, hacerles frente.

Siguiendo esa lógica, los actuales resultados significan entonces que quienes anhelamos un país más justo y solidario, fundado sobre un Estado de Derecho paritario, ecologista y plurinacional, somos apenas estos 4.860.093 de personas; ¿y que todo el resto, o al menos 7.882.958 son personas que están cómodos en sistemas autoritarios y paternalistas? Por supuesto que no. Ninguna de las afirmaciones es cierta, pero su difusión ha sido tal, que hoy padecemos la consecuencia del daño hecho por este tipo de presunciones y suposiciones.

¿Cómo explicar entonces este ahora?

Asumiendo que sin duda hay más de un factor que puede haber influido, yo al menos me inclino por, de nuevo, la forma en que han deformado o destruido el concepto de sociedad, el significado de lo que deberíamos entender como sociedad, en tanto el agregado humano del que somos parte y que, consecuentemente, nos importa y afecta todo cuanto en él suceda o deje de suceder.

Décadas de pésima educación, sistemáticamente cada vez más desprovista de herramientas formativas, sobre todo en lo que ha pensamiento crítico se refiere, arrojan como resultado un electorado “incívico”, vale decir, uno que sopesa un montón de factores, la mayoría de ellos materiales (tener que trabajar mañana “igual” o el temor a perder aquello de lo que en rigor no somos dueños) antes que el propio valor en sí mismo que tiene el rol que nos compete a cada uno como ciudadanas y ciudadanos.

¿Que si los resultados de ayer son de alguna forma un castigo porque ahora estamos “más inseguros que antes”?

O porque fue este gobierno el que no nos quiso dar el 5° retiro? (¿Dónde ha estado metida Pamela Jiles en toda esta actualidad, a todo esto? ¿Dejó simplemente abanados a sus “nietitos”, así, sin más? También ella ha operado en favor de los intereses que ha dicho querer socavar).

¿Son estos resultados la expresión de la molestia porque nos obligaron a ir a votar so amenaza de multarnos, como si no estuviésemos ya suficientemente empobrecidos? Puede que en un porcentaje muy menor, pero sin duda que más de alguno evaluó precisamente así su participación el domingo que acaba de pasar.

¿Curioso, no? Como ese clientelismo del que siempre estamos atento a que no sea cometido por la clase política, es lo que se ha tenido lugar en las urnas estos últimos años; para premiar o castigar al personaje de turno de acuerdo a su desempeño, y ya nunca más(?) para estimar la valía y legitimidad de uno u otro proyecto de país. Un país que necesita urgentemente mucho más que los aciertos o certezas de una presidencia en particular, porque tiene problemas que sobrepasan con mucho los cuatro años y heridas aun abiertas que cumplirán ya 50 años de aquí al próximo septiembre.

En fin, persiste una desesperación aquí por sacarse de adentro este sentimiento, que sigue doliendo en las tripas a pesar de todas las palabras ya invertidas. Si alguno quiere descansar en el triste y torpe consuelo que es la especulación, que intente enarbolar algún tipo de relación entre la cantidad de mesas escrutadas versus la cantidad de participación entre las ultimas y las actuales elecciones (46.087 mesas en la segunda vuelta de diciembre pasado, versus las 38.757 que se constituyeron ahora, para atender a una cantidad de público cuya diferencia es abismal respecto de uno y otro proceso). O la supuesta amenaza cibernética que habría sufrido el sitio de Servel.

¿Qué relación va a haber? ¡Ninguna! Y eso es lo más triste. No hay trampa alguna que, una vez develada, venga a hacernos más soportable este hoy; sí muchas explicaciones, probablemente todas ciertas.

La clase política, la única que nunca estuvo invitada a decidir respecto del proceso que comenzó en octubre de 2019, fue la que finalmente se robó el proceso sociopolítico, para llevarlo a su área de exclusión y deliberancia, como desde el principio quisieron hacerlo.

¡Una vez más, el “pueblo” tenemos solo derecho a la algarabía y la conmemoración, si el día de mañana hasta pueden ponernos un perro negro en el plinto en donde antes estaba Balmaceda!

Pero para deliberar, para disputar el poder a la misma altura y en las mismas condiciones de quienes tan recelosamente aún lo detentan, no, para eso no tenemos permiso, y nosotros, además, creemos que está bien así.

La columna que no escribí es esa, la que hablaría sobre cómo pondríamos en marcha el camino hace un nuevo Chile. Pero no lo es, y duele.

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