#IdeasDeFrente// «Irán bajo asedio: agresiones desde múltiples frentes y los kurdos iraníes» por Pablo Jofré Leal
#Irán #Geopolítica #MedioOriente #EstadosUnidos #Israel #GuerraHíbrida
«Irán enfrenta una nueva fase de presión militar, política y mediática impulsada por Estados Unidos e Israel. La ofensiva combina guerra híbrida, apoyo a grupos armados y operaciones de inteligencia en las fronteras iraníes. En ese escenario, movimientos separatistas kurdos aparecen como piezas funcionales a la estrategia de desestabilización.»
Por: Pablo Jofré Leal
Irán, una de las civilizaciones más antiguas del planeta, vuelve a situarse en el centro de una ofensiva geopolítica que combina presión militar, operaciones encubiertas y guerra híbrida.
Durante los últimos quinientos años, el territorio iraní ha mantenido prácticamente las mismas fronteras. No existe una sola potencia hegemónica que, en algún momento de la historia moderna, no haya intentado dominar o intervenir en ese espacio estratégico.
La República Islámica ocupa una posición geográfica decisiva: es una verdadera bisagra entre Asia Central, el mundo árabe, el Cáucaso y el subcontinente indio. A ello se suma un elemento que, desde comienzos del siglo XX, se transformó en factor determinante de conflicto: sus enormes reservas energéticas.
Pero Irán no es solamente geopolítica o petróleo.
Se trata de una sociedad profundamente diversa, un mosaico étnico y cultural de gran complejidad histórica.
Aunque la mayoría persa —los fars— constituye el núcleo demográfico del país, en su interior conviven importantes comunidades azeríes de origen túrquico, kurdos, lurs, baluchis y árabes. Lenguas, tradiciones y culturas diferentes configuran un Estado multicultural cuya continuidad histórica ha sido una de sus principales fortalezas.
Paradójicamente, en la era contemporánea Irán no ha iniciado guerras de agresión contra otros países ni ha protagonizado invasiones militares abiertas. Sin embargo, el discurso dominante en Occidente insiste en presentarlo como una amenaza global.
¿Por qué ese belicismo permanente contra Teherán?
Las razones son múltiples. En primer lugar, su posición geoestratégica. En segundo lugar, el control de enormes reservas energéticas. Y en tercer lugar —quizás el elemento más decisivo— el hecho de que, desde 1979, Irán decidió construir un modelo político y económico independiente de la arquitectura de poder occidental.
El triunfo de la Revolución Islámica en 1979 alteró profundamente el equilibrio regional. Desde entonces, el intento de someter o debilitar al país se ha intensificado mediante sanciones económicas, embargos, operaciones encubiertas, atentados terroristas y apoyo a grupos extremistas en sus fronteras.
Hoy ese proceso adquiere una nueva dimensión.
Desde el 28 de febrero se desarrolla una fase más aguda de presión contra Irán impulsada por la alianza estratégica entre Estados Unidos y el régimen sionista israelí. No se trata únicamente de amenazas militares convencionales. La ofensiva incluye todos los elementos característicos de una guerra híbrida: operaciones mediáticas, sabotaje económico, presión tecnológica y activación de focos de violencia en zonas fronterizas.
Dos espacios territoriales concentran particularmente estas acciones: la frontera occidental con Irak y la frontera oriental del país.
En el frente oriental actúan organizaciones como el movimiento Mojahedin-e-Khalq (MKO), considerado por Teherán una organización terrorista responsable de la muerte de más de treinta mil ciudadanos iraníes desde 1979.
Esta organización mantiene estructuras políticas en Europa —particularmente en Francia— y campos de entrenamiento militar en Albania, donde opera bajo protección de estructuras vinculadas a la OTAN.
En el frente occidental, en cambio, la estrategia se centra en la utilización de movimientos kurdos radicados principalmente en Irak.
Aquí aparece uno de los fenómenos más contradictorios del actual escenario político internacional.
En sectores del progresismo occidental y de algunos movimientos feministas o libertarios se ha construido una imagen idealizada de experiencias como la llamada República de Rojava en Siria. Este modelo suele presentarse como una experiencia revolucionaria anticapitalista, antiautoritaria y profundamente democrática.
En ese imaginario se destacan las asambleas populares, la participación de mujeres en las estructuras militares y la creación de consejos comunales como expresión de un supuesto confederalismo democrático.
Sin embargo, esa visión omite una dimensión fundamental: gran parte de estos movimientos kurdos han terminado articulándose con la estrategia regional de Washington.
Diversas milicias kurdas desempeñaron un papel relevante en el proceso que condujo al derrocamiento del gobierno de Bashar al-Assad en Siria, contribuyendo indirectamente a la instalación de estructuras de poder profundamente fragmentadas en ese país.
Algo similar ocurre en el norte de Irak, donde el clan Barzani ha consolidado una estructura política y económica que controla amplias zonas del Kurdistán iraquí en estrecha relación con Estados Unidos.
Dentro de esta red de organizaciones destacan varios grupos que operan contra Irán desde territorio iraquí:
-Partido Democrático del Kurdistán de Irán
-Komala
-Partido de la Vida Libre de Kurdistán
-Partido de la Libertad de Kurdistán
Para Teherán, todos ellos constituyen organizaciones separatistas que operan como instrumentos de potencias extranjeras.
Diversos informes han señalado que la Central Intelligence Agency y el Mossad estarían proporcionando armas, financiamiento y apoyo logístico a estos grupos.
Incluso se han registrado contactos entre autoridades estadounidenses y líderes kurdos iraquíes como Massoud Barzani y Bafel Talabani para coordinar escenarios de cooperación en una eventual escalada militar contra Irán.
Frente a este escenario, las autoridades iraníes han advertido que cualquier operación terrorista proveniente desde territorio iraquí recibirá una respuesta directa.
El cuartel general Khatam al-Anbiya de la Guardia Revolucionaria anunció recientemente ataques con misiles contra posiciones de grupos armados en el Kurdistán iraquí.
Las guerras contemporáneas rara vez comienzan con invasiones directas. Antes se construyen mediante sanciones económicas, campañas mediáticas, desestabilización interna y utilización de actores locales.
Por eso resulta fundamental observar con cautela a aquellas organizaciones que se presentan como movimientos libertarios o emancipadores, pero que en la práctica terminan insertándose en estrategias geopolíticas de dominación.
Hoy, en la actual ofensiva contra Irán, esa realidad aparece con particular claridad.
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