«¿Hacia dónde se dirige el siglo XXI?» Por Nicol A.Barria

Por Nicol A. Barria-Asenjo

La coyuntura mundial del siglo XXI ha desplegado diversas producciones teóricas a propósito de las coordenadas desde las cuales los individuos se mueven y sobre todo respecto de lo porvenir. Se recurre, una y otra vez a las nociones de Michael Foucault[1] (1926-1961), Gilles Deleuze (1925-1995) Baruch Spinoza (1632-1677) Ernesto Laclau (1935-2014) e incluso de Jacques Lacan (1901-1981) para lograr articular una explicación o modelos con tintes integrales desde una óptica interpretativa que salga de lo habitual. Sin embargo, la complejidad subyacente al escenario de nuestra época emerge desde lo que es una suerte de oxímoron: la presencia del capitalismo en Estados con etiquetas de democráticos. Por lo cual, se vuelve necesario recurrir a las producciones del filosofo esloveno Slavoj Zizek[2] quien desde la filosofía y la triada Hegel, Marx, Lacan, ha logrado escudriñar en lo pre-ideológico, la ideología dominante y los procesos de ideologización que operan siempre en tiempo presente.

Respecto de la noción de ideología encontramos que Zizek (2003) afirma lo siguiente:

“La función de la ideología no es ofrecernos un punto de fuga de nuestra realidad, sino ofrecernos la realidad social misma como una huida de algún núcleo traumático, real (…) Una ideología «se apodera de nosotros» realmente sólo cuando no sentimos ninguna oposición entre ella y la realidad -a saber, cuando la ideología consigue determinar el modo de nuestra experiencia cotidiana de la realidad” (2003. P. 76-77).

He aquí una de las aproximaciones al devenir chileno en tanto escenario actual y la coyuntura política que viene enlazada a un marco temporal muy extenso. Tras el telón ideológico, y siguiendo al autor, no hay un punto de fuga a la realidad, sino que, se ofrece una realidad social trastocada por la ideología dominante. En este caso, el territorio chileno es un capitalismo voraz que ha coartado una y otra vez a lo largo de la historia del país las subjetividades y puesto en jaque cualquier debate respecto de la noción de libertad, manipulando todo a su paso.

Para continuar, y sin afán de exponer una reflexión descontextualizada, expondré con un breve resumen, algunos puntos importantes del devenir local de los últimos años, siendo a mi parecer un periodo temporal extremadamente breve pero marcado por distintos Acontecimientos desde la dictadura cívico-militar del General Augusto Pinochet contra el gobierno de Salvador Allende, hasta la revuelta popular del 18 de octubre, respondiendo a antagonismos del devenir de las fuerzas políticas. Claudio Aguayo (2021) rememora que, “durante la prueba de fuego de los años 90, los comunistas intentaron, de diversos modos, reconstituir una alianza de izquierda amplia al mismo tiempo que disputaban incesantemente las viejas estructuras de organización sindical y social de la clase obrera chilena y las capas profesionales precarizadas —centrales de trabajadores, colegios gremiales, juntas de vecinos y sindicatos— y los cargos de representación popular. Siempre comprometidos con una estrategia de confrontación radical con el neoliberalismo, condujeron la creación del primer «Podemos chileno», que puede considerarse el último intento cabal del comunismo criollo por estructurar una fuerza de izquierda alternativa, anticapitalista, con capacidad electoral y de movilización social antes de la insurrección popular de 2019”[3]

Ahora bien, un elemento importante de considerar en este recorrido es la pandemia mundial. El virus del Covid-19 comenzó a hacerse notar a finales del 2019 en la ciudad de Wuhan/China, la noticia, naturalmente se difundió prontamente por los diversos continentes. Este hecho se vio significativamente incrementado – me refiero a la difusión de la información- cuando la frecuencia de contagios se tornaba cada vez más creciente. Con este y otros hechos aislados propiciados por la llegada del virus, la ineficacia y desventaja de los modelos económicos quedaba cada vez más desnuda, de la mano de la globalización el virus llegó a los rincones más recónditos del globo: el planeta sentía la furia y consecuencias de los impactos que el capitalismo ejercía desde temprana data en la naturaleza.

Respecto de la confrontación que se sintió en nuestro territorio hemos de aclarar que latinoamericana, en general, contó con lo que podría considerarse como una especie de “ventaja” . Esta ventaja a la que hago alusión fue el tiempo en que el virus del SARS-Cov2 tardó en penetrar las tierras locales y habría que evaluar si la amplia gama de información que comenzó a circular fue otras de esas ventajas con las que contamos. Lamentablemente, estas aparentes ventajas, no sirvieron en absoluto pues la potencia del virus desbarato toda lógica y desnudo la extrema vulnerabilidad en la que la humanidad de se encontraba, además de fragmentar lo que conocíamos por normalidad o vidas cotidianas.

En marzo del 2020 el virus ya se encontraba presente en el organismo de algunos de los habitantes regionales causando más de un estrago y, como era de esperar desató olas de pánico en la población. A mediados de abril países de nuestro lado del hemisferio ya lideraban las listas mundiales con más infectados y muertes a causa del Covid-19 por país.

En Chile, esta situación se vio profundamente agravada principalmente por los movimientos sociales que ya tenían al laboratorio neoliberal sumergido en una crisis, por lo cual, la complejidad del escenario local llego a trastocar la realidad del pueblo chileno,  no solo por el impacto que el mismo Covid-19 podría hacer de forma independiente, junto con esto, las medidas ineficientes tomadas una y otra vez, no hicieron más que incrementar los desastres, crisis y pérdidas que la pandemia advertía y producía. Respecto de las prioridades nacionales, lo único que seguía siendo resguardado tanto por los líderes de Estado y la elite económica eran las consecuencias económicas y la acumulación el capital.

Momentos importantes, son sin lugar a duda el 18 de octubre del 2019, el 25 de octubre del 2020 con la victoria del Apruebo en un plebiscito histórico en el cual se aseguró la construcción de una nueva Constitución Política, y en lo que va del 2021 el terreno se torna álgido y confuso por la victoria del pueblo en la elección de constituyentes.

El mensaje es claro y fuerte, solo un grupo pequeño se niega a escucharlo, empero, pese a lo necio de su actuar, todo esto nos lleva a pensar en la dirección que Chile ha tomado, en el transcurso de 40 años de historia se han desencadenado momentos históricos altamente complejos. Situación que también es extrapolable a buena parte del Cono Sur Americano, recordemos que países como Perú, Colombia, Bolivia, México también ha adoptado giros radicales en cuanto a procesos de despertar social y elecciones que han cambiado escenarios que parecían ser estables.

El siglo XXI, parecía ser un siglo en el cual nada nuevo podría llegar, la historia de la humanidad ya había incorporado a las páginas de su libro demasiados procesos, eventos y hechos de todo tipo, sin embargo, hemos de ser testigos de una construcción diferente. Hoy la historia se construye en tiempo presente.

Para concluir, he de traer las palabras de Mark Fisher (2013) quien señala: Mientras que la cultura experimental del siglo XX estuvo dominada por un delirio recombinatorio que nos hizo sentir que la novedad estaría disponible infinitamente, el siglo XXI se ve oprimido por una aplastante sensación de finitud y agotamiento. No se siente como el futuro. O, alternativamente, no se siente como si el propio siglo XXI hubiera comenzado. Permanecemos atrapados en el siglo XX” (p.32).

La cuestión es clara, ¿Cómo podremos dejar la permanencia en un punto muerto de la historia que logre trastocar las condiciones de nuestro porvenir? ¿Si la novedad ya no es algo “normal” para las sociedades contemporáneas y lo que domina el mundo afectivo de los sujetos es la finitud y el agotamiento es posible pensar en formas de emancipación de las consecuencias que el modelo genera? ¿Cómo poder articular nuevos proyectos políticos e ideológicos sin caer en viejas repeticiones?

Nicol A. Barria-Asenjo. Escritora y ensayista chilena. Autora del libro “Construcción de una nueva normalidad: Notas de un Chile pandémico” (Madrid, Psimática Editorial, 2021) y del libro “Karl Marx y Antonio Gramsci en el siglo XXI: Apuntes para re-pensar el porvenir” (Argentina, La docta  Ignorancia, en prensa, 2021)

REFERENCIAS.

Mark Fisher (2013) LOS FANTASMAS DE MI VIDA. Escritos sobre depresión, hauntología y futuros perdidos. Caja negra editora.

[1] Las nociones de Foucault tales como “Biopolítica”; “Poder”; “Normalidad” entre otras, han sido retomadas para lograr explicar dilemas propios del neoliberalismo.

[2] Véase Žižek, S (1989 ) El sublime objeto de la Ideología. Siglo XXI Editores.

[3] Aguayo, C (2021) Los comunistas en el centro de la política chilena. recuperado de:

Los comunistas en el centro de la política chilena

Sociólogo, Doctorando en Ciencias Sociales. Universidad de Chile

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