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«Gran Parada Militar 2025. El espectáculo-ritual del orden» Por: Mónica Barrios Calleja

«La coreopolicía también organiza la vida cotidiana. Son los códigos culturales que nos dicen por dónde caminar, dónde detenernos o cómo hacer la fila en el banco. Es lo que permite que el tránsito en un mall no se vuelva un caos. Es lo que -de manera no consciente- nos mantiene en una coreografía-nación que no permite movimientos fuera de lugar.»

 

Por: Mónica Barrios Calleja

La primera Parada Militar se remonta al siglo XIX, pero fue en 1915 cuando el 19 de septiembre se oficializó como Día de las Glorias del Ejército. Desde entonces, cada año los titulares son los mismos: «impecable Parada Militar», «se lucieron», «brillante desempeño en la Elipse del Parque O’Higgins». Llevamos más de un siglo sintiéndonos seguros y alegres porque en quienes delegamos el poder del fuego y la fuerza, despliegan ante nuestra vista, una básica habilidad motora: el caminar al unísono.

Tras dictaduras y procesos constituyentes fallidos, -y sin desmerecer los evidentes esfuerzos de los tambores mayores-, ha llegado el momento de reconocer que en la puesta en escena, lo único verificable es que la FACH logra volar aviones, (suponemos que esta vez con pilotos chilenos), que el Ejército puede maniobrar un tanque  que desfila en línea recta sobre asfalto, y que las tropas pueden permanecer de pie sosteniendo sus fusiles durante interminables horas.

De todo lo demás, ni idea. El equipamiento bien podría ser de utilería, y los miles de contingentes podrían fallar en el emboque, en el juego de tirar al blanco de la fonda más cercana, o en la clásica carrera con el huevo en la cuchara sostenido en la boca, pues se les cae el huevo. Pero igualmente, sin lugar a dudas, aplaudiríamos la impecable Parada Militar de aquel año.

Como todo hoy está convulso y farandulizado, la Parada Militar atraviesa por un período de transición. Ya no basta sólo el orden, pues para brillar en TikTok o Instagram debe derivar hacia el espectáculo de varieté.

Entonces, junto al ya clásico paso de los contingentes femeninos y el desfile de perritos de Carabineros y del Ejército (viral asegurado), este año tuvimos paracaidistas que descendieron frente a la tribuna presidencial en un espacio de 50 x 80 metros, la emotiva jubilación del perrito Drako, redes sociales ardiendo con féminos comentarios picarones sobre las masculinidades militarizadas, y como plato fuerte, se sirvió a la mesa de las autoridades y del país, la presentación de los nuevos vehículos multipropósito de alta movilidad AM General M1151, equipados con blindaje y torrera de la Brigada de Operaciones Especiales (BOE) Lautaro. Sí, la brigada se llama Lautaro. Y adivine dónde tienen más posibilidad de usarse.

Nuestra Parada Militar es un espectáculo coreográfico que, a pesar de los rígidos márgenes  de su formalidad, se parece cada vez más a un desfile de carros alegóricos de Fiesta de la Primavera: ingenuo, naif, ornamentado. Porque la Parada Militar, es decir, la simbólica vara con que año a año medimos -y aprobamos- las capacidades de FFAA y Carabineros, no tiene los componentes de una guerra real.

La Guerra es caos no orden. Qué más lejos de la guerra que impecables uniformes. Qué más triste que una banda militar tocando al viento porque las tropas están en el frente (un recurso muy usado en películas). Lo difícil en una guerra no es aterrizar en un espacio de 50 x 80 metros, sino llegar vivo a tierra.

El teórico de la danza y la performance, André Lepecki, apoyándose en Foucault y su idea de disciplinamiento, acuñó el concepto de coreopolicía para sintetizar lo que acontece en la Parada Militar. Es un ritual del orden, del supuesto correcto y medido uso de la fuerza y su subordinación al poder civil. Un orden que inspira seguridad porque asegura que nada extraordinario está sucediendo.

La coreopolicía también organiza la vida cotidiana. Son los códigos culturales que nos dicen por dónde caminar, dónde detenernos o cómo hacer la fila en el banco. Es lo que permite que el tránsito en un mall no se vuelva un caos. Es lo que -de manera no consciente- nos mantiene en una coreografía-nación que no permite movimientos fuera de lugar.

Por ejemplo, cuando el metro colapsa un lunes post Fiestas Patrias desde las seis de la mañana, miles quedan sin transporte. Pero el espectáculo debe continuar: nadie debiera dar un paso en falso. Entonces, el descargo no se produce en el cuerpo movilizado, en el cuerpo-revuelta, sino que queda reducido a nivel ideacional. El cuerpo se detiene, mientras la idea de repudio circula en oleadas de hate tweets o posteos en WhatsApp, que al final solo engrosan las billeteras de Elon Musk y Mark Zuckerberg.

En el polo opuesto, Lepecki plantea la coreopolítica: prácticas en movimiento que reconfiguran el régimen del orden coreopolicíaco. En este chilito lindo tiki-tiki-tí, tenemos un ejemplo emblemático: La cueca sola. Donde sólo la imagen de una mujer, humildemente vestida con blusa blanca, falda negra y pañuelo, basta para contrarrestar todo el aparataje de las Paradas Militares de la Dictadura, de la «democracia», y sin lugar a dudas, de todas las que vendrán.

La imagen de la cueca sola vale más que mil tanques nuevos.

Que sea una buena semana. Nos vemos en la próxima impecable Parada Militar.

Comentarios (2)

  • Daniel

    Buenisima columna , buenas ironías. Sobre todo en donde se usará probablemente el equipamiento militar, la araucania!

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  • iSABEL

    Nada más cierto que aquello ,pero nuestro pueblo tiene memoria corta y van a aplaudir a los que están dispuestos a alzarse sobre ellos si se les diera la oportunidad

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