«Esperanza» por Pablo Monroy Marambio

Por: Pablo Monroy Marambio

En mayo de este mismo año, publiqué, en otra vitrina, un texto llamado “No es agosto”, que versaba sobre otro texto, escrito en agosto de 2020, cuyo nombre es “De paros y ansiedades”, en el que ya adelantábamos esta actualidad que tanto nos detenemos a analizar. En ese agosto de hace ya un año, específicamente el día 28, fue la primera vez que este autor deslizó la idea de que había que ponerle atención a Yasna Provoste, porque no fuera a ser que terminara, como efectivamente hoy es, de candidata a presidenta de la república de este país.

En el texto No es agosto, ya poníamos el énfasis en el cómo, ya desplegada la candidatura, toda su campaña se centraría, invariablemente, en dos cosas, el género del personaje en cuestión y su ascendencia originaria. Eso, además del muy efectivo “antiderechismo”, aunque sea solo cosmético. Vaya si hay recursos para buenos publicistas en el conglomerado, que han hecho oportuna (u oportunista) lectura de los códigos actuales.

Hace cinco columnas atrás, en esta misma vitrina, la intitulada “Campaña eterna”, versó sobre cómo la mentira siempre está en campaña en este país, cuando recordamos las airadísimas declaraciones de la hoy candidata, quienes señalaba, hace apenas poco más de un par de meses, que estaba absolutamente en contra de “acuerdos cupulares y de espaldas a la ciudadanía”… poco le duró la firme protesta que hizo entonces.

Y hace ya seis columnas atrás, en el texto “Porfiados”, este servidor dio cuenta de la forma “civilizada” que seguramente encontrarían, para sacar del camino a Narváez (y a Maldonado, ya que vino), sin que pareciera que el acuerdo estaba arreglado de antemano. Es fácil entender, de hecho, por qué en la recta final la ex candidata PS se mostró más ultrona que nunca en los debates que tuvieron, acusando la falta de resolución en los casos de los presos de la revuelta, y declarando intervenciones programáticas mucho más atrevidas que las que proponía Jadue (y por las que nadie hizo ruido, en este caso).

El anunció, que no sorprendió a nadie, obviamente, sobre la definitiva candidatura de Provoste, no gozó del impacto que se esperaba, y, para asegurar que el fin de la trama sucediera como se esperaba, le tocaba a la contrincante jugar el rol “desestabilizador”, para con ello reencaminar los votos hacia el personaje que ya había sido elegido para encarnar la continuidad de la misma política de siempre.

Fue en la columna “Centrocidad”, en donde analizamos este rasgo tan propio de la política nacional, de explotar la figura de la opción “menos mala”, que en su momento jugó Orrego en contra de Bachelet, luego Ossandón contra Piñera, y hoy, como ya vimos, Narváez contra Provoste (a pesar de que se “golpearon” con pétalos de rosa).

Volviendo a la columna Porfiados, adelantamos igualmente en ella, lo que no había que ser ningún genio para haber previsto, el que la participación ciudadana en las votaciones de este fin de semana recién pasado, serían absolutamente irrelevantes, como hoy los números efectivamente lo confirman, a pesar de que los medios tradicionales insistan en titular con palabras como “arrasar” y “aplastante”.

Solo para que quede el registro y por si usted no los conoce, le dejo aquí dichos números:

91.789 personas votaron por la candidata DC, Yasna Provoste, 40.161 por la PS Paula Narváez, y 18.931 por el Radical Carlos Maldonado. Todos, constituyen un total de 150.158 votantes, los que, expresados en porcentajes, representan el 60,84%, 26,62% y 12,55% de dicho total, para cada uno de los candidatos correspondientemente.

Cada uno de estos partidos, tiene, en el mismo orden en que están expuestos y según sus propios datos aportados al portal de transparencia, 33.954 de afiliados en el PDC, a junio de este año; 44.196 para el PS, también al mismo mes de este año, y 20.293 en el PR a marzo de este año. A la rápida, se puede inferir con toda facilidad que, en el caso de Provoste, votaron por ella no solo sus propios prosélitos, sino que también miembros del resto del conglomerado, indudablemente pertenecientes al PPD, PRO y ciudadanos, además de algún votante de centroderecha, claramente interesado en que este país “le” siga funcionando. Respecto del PS y el PR, ninguno de los dos supero siquiera la barrera de los propios afiliados que declaran tener. Sobre estos frugales números unos erigen triunfos y otros desestiman amenazas.

Pucha que le ha atinado al devenir de los distintos personajes este gallo, dirá usted. En lo absoluto, le responderé yo. Si este revisionismo algo deja en evidencia, es la constante tautología del acontecer sociopolítico criollo que se ha observado. Y es que, no han sido estos personajes el foco de mi atención; ellos son apenas piezas en el tablero de un ajedrez que juegan otros, que es sobre los que si hay que mantener la mirada fija, sin quitarles un ápice los ojos de encima.

Observar sus movimientos es saber cómo se moverá todo lo demás. Con que fije usted su atención en gente como Heraldo Muñoz o Guido Girardi (“El Padrino”, que, como tal, insistirá siempre en pasar lo más desapercibido posible), de la misma manera que en Larroulet, todos quienes hacen igual e incansable uso del clientelismo o de su derivado directo, el patronazgo. Patronazgo que es la razón por la cual resulta posible, en un país como este, que ocupen cargos relevantes personajes que no cuentan con el favor popular legítimo, e incluso, sin la preparación mínima necesaria para el cargo ni para ningún otro para que el que se precise al menos cuarto medio, podrá usted también hacer sus propios pronósticos, con aún margen de acierto bastante aceptable.

Si gusta y le agradezco, puede usted solicitarme los textos señalados al inicio, aquí mismo en la sección de comentarios, al pie de la presente columna.

En la vereda del frente, de esta angosta calle en la que hay muy poca distancia entre veredas, además de disminuir del todo lo acontecido el fin de semana (porque, en verdad, no constituye cambio alguno del escenario), ha habido reacomodos a nivel de gobierno, con la idea de fortalecer la candidatura de su candidato, y la hoy ex subsecretaria de prevención del delito, Katherine Martorell es la nueva vocera del candidato Sebastián Sichel.

Es relevante tener presente este hecho, pues a este sector, que casi en su totalidad le encanta el empatar hacia abajo y señalar constantemente los “defectos” de sus contrincantes, a la vez que no aportan nada útil a la discusión, tal como no se ha dejado de ver en la Convención Constituyente, algo deberá hacer para responder, por ejemplo, por la investigación aun en curso, en contra de Martorell, por no haber cumplido las bases de la licitación con la cual se dotó a carabineros de las nuevas cámaras corporales que hoy forman parte de la indumentaria obligatoria de la policía.

Algo inventarán, seguro, tan inútil como los cambios de nombre o de color en los que usualmente incurre nuestra clase política, para con ello aparentar que están cambiando. Unidad Constituyente se llama hoy la ex Nueva Mayoría, ex Concertación de Partidos por la Democracia; de la misma manera que hoy se llama Chile Podemos Más, ex Chile Vamos, ex Alianza por Chile, ex(?) dictadura.

En su ceremonia de bautizo, cabe señalar, el presidente de la UDI, Javier Macaya, no perdió oportunidad de seguir golpeando a la Convención, al acusarla de querer cambiarle el nombre al país.

Llegados a esta línea, puede sonar contraproducente, o a lo menos confuso el título que se la ha dado a esta columna, pero no, en lo absoluto. Es esperanza lo que hay aquí, en este día, en que es la fecha cúlmine para que se inscriban las candidaturas para las próximas elecciones.

Es muy probable que la próxima presidenta sea efectivamente Yasna Provoste, y con ello, todos los resabios centroderechistas podrán seguir abusando de los privilegios que hasta ahora siguen teniendo, aunque estén cada vez más en cuestión. Así y todo, hay que querer el proceso, porque eso es efectivamente, un proceso cuyos resultados son los que esta nación podía otorgar, porque esa nación somos nosotros mismos, ni más ni menos.

Se quieren los cambios, pero estamos tan golpeados (a propósito, por supuesto), que nadie quiere los mismos cambios que tanto se quieren, se susciten de la manera radical en que deberían darse. Aún hay miedo. Si de algo sirvió la candidatura de Jadue (que, a pesar de todo, sí sumó nuevos votos, a diferencia de la de Boric), fue para medir el estado actual del “anticomunismo” nacional, y, según se vio, era el momento de bajar una marcha y seguir “acumulando fuerza”. Con esa estrategia que no sé cuándo esperarán que finalmente les de resultado, pero vaticino que en un par de periodos más, con personas como Camila Vallejo, por ejemplo (sobre todo por su gesto para el futuro, estoy seguro, de decidir no volver a postularse en el congreso), si podría llegar a constituir una alternativa realmente competitiva desde una “izquierda real”. Aun seguirán dando que hablar, además, los diversos independientes y la Lista del Pueblo.

Hay que conservar la esperanza, de hecho, abandonar la desesperación pequeño burguesa de cuyo riesgo ya nos advirtió don Carlos. Hay que pensar en los procesos futuros porque tienen buen aspecto. De todo el acontecer aquí comentado, me quedo con el hecho de que Fabiola Campillai logró inscribir su candidatura para senadora de esta república, por la Lista del Pueblo, y no caben acá los señalamientos de los odiosos de siempre, que querrán poner en cuestión su aporte al congreso y al país, dada su nula participación y experticia política anterior. Mismo con el caso del profesor Roberto Campos, injustamente privado de libertad durante 56 días, y hoy es uno de los candidatos a diputado de la nación.

Es una hermosura extraña, dolorosa, un anhelo que no se quiere cumplir pero que no se deja de buscar, este de seguir apelando a nuestra estructura política clásica para que los nunca pudieron accedan al poder, tenga al menos la chance de finalmente hacerlo. Tampoco caben acá quienes insisten en criticar a quienes condescienden a hacerse parte de este sistema partidista.

“Es solo un rostro afable que luego será utilizado para los fines que se proponga la aún muy errática Lista que la patrocina”, estoy seguro que se apresurará a señalar más de alguno. Y que lo sea. Si logra el puesto, deberá discutir y resolver sobre temas pertinentes a las fuerzas armadas y carabineros, los mismos que la cegaron. Y deberá llegar a acuerdos y constituir pactos con la misma clase política que es cómplice, también, de lo sufrido por ella y por todas las demás víctimas del estallido, y con ellos compartirá el hemiciclo y se enfrentará en las discusiones, con esa clase, entre cuyos miembros hay quienes recién se enteraron de su caso, y aun así han insistido sin pausa en su discurso de criminalización de la protesta.

Tal como hoy y como siempre, esta misma clase política seguirá haciendo como que pasan cosas que no se pueden permitir, haciendo bulla, por ejemplo, con el hecho de que el profesor Campos están bajo investigación y que, de hecho, la fiscalía está pidiendo 8 años de cárcel efectiva por el “crimen” que cometió, mientras verdaderos delincuentes, que han firmado leyes ecocidas o han raspado ollas, se encuentran en el más sano de los ejercicio… ah, pero no, no hay un uso político del sistema judicial y carcelario en este país, dicen las voces oficiales. Por esto es tan relevante el dato de la vocería recién asumida por Martorell y el proceso aún vigente en su contra. Si vamos a jugar sucio, juguemos todos.

Extraña, angustiante y dolorosa, como ya dije, es la forma en que esta patria termina haciendo la justicia que nosotros, sus habitantes, no somos aun capaces de llevar a la buena práctica. Confío en que Campillai ocupará finalmente el escaño que merece; esa es mi esperanza. Porque en ese hecho espero el inicio de la refundación de un nuevo Chile, al que aún le faltan un par de revolcones y dolores antes de despercudirse del todo de tanto neoliberalismo; tanto individualismo, quiero decir.

Y vaya que hay que ser valiente para ir a enfrentarse con esos que la condenan aun sin conocerla, y la apoyaré siempre aun cuando cometa, en su ejercicio, todos los errores que los cómodos agoreros de escritorio señalan con preocupación que cometerá, porque ella hará justicia desde acá, desde abajo, sin norte, a tientas como la dejaron, porque así, sin poder ver ya hacia a donde va, de todas formas ha seguido avanzando.

Fabiola, debe ser, la mejor metáfora de nuestras posibilidades.

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