Entrevista a Jorge Velásquez, Fundación Las Raíces: «Entendemos la salud mental como un derecho, por lo que hemos manteniendo nuestro propósito de ser un espacio autónomo de atención terapéutica en salud mental»

Desde Padre Las Casas, Wallmapu

Fundación Las Raíces y la emergencia de la Salud Mental

Entrevista realizada a Jorge Velásquez Ayala, psicólogo y director de la Fundación Las Raíces. Puedes aportar a la Fundación en su página web www.fundacionlasraices.cl/donacion

Jorge, buen día, cuéntanos ¿Qué es la Fundación Las Raíces?

R: Buen día a todxs, la Fundación Las Raíces Centro de Atención Integral es una organización sin fines de lucro que surge a principios del año 2020, en un comienzo de forma autogestionada al margen de la institucionalidad, hoy constituidos formalmente como Fundación, creemos en la solidaridad, en la justicia social y entendemos la salud mental como un derecho, por lo que hemos manteniendo nuestro propósito de ser un espacio autónomo de atención terapéutica en salud mental, como respuesta a la ineficiencia del sistema público en esta materia y a los costos inalcanzables para la realidad popular en el sector privado, entregando un servicio accesible y de calidad para la comunidad. En un comienzo solo desde la psicología, integrándose en el último tiempo además compañerxs de terapia ocupacional y fonoaudiología.

Funcionamos en la comuna de Padre Las Casas, en Wallmapu- La Araucanía, territorio donde nos hemos desplegado tanto en la población en la que estamos insertos como también mediante nuestra participación en instancias de articulación como el Movimiento de Salud Para Todxs y más recientemente en la Coordinadora Ambiental Kai-Kai en la comuna.

¿Cómo podemos aportar a la Fundación?

R: Actualmente no contamos con una forma de financiamiento estable, siendo a través de la autogestión nuestra principal fuente de ingresos, desde el bajo costo que tenemos para la atención, lo que va directamente a las y los trabajadores del equipo, desde donde destinamos una cuota para los gastos colectivos, lo que complementamos con algunas donaciones particulares que han hecho personas que han creído en nuestro proyecto.

En noviembre comenzamos una campaña permanente de captación de fondos, #SaludMentalx2lucas que llama a la comunidad a aportar monetariamente a nuestro proyecto para que sea sostenible en el tiempo, se puede aportar desde 2 lucas, con el objetivo de reunir 2.000 personas que se suscriban a este tipo de donación de forma mensual, lo que nos garantizaría cierta estabilidad, la posibilidad de seguir creciendo y profundizar nuestras líneas de trabajo territorial, a lo que sumamos recientemente la emisión de un podcast para seguir promoviendo la salud mental.

Referías anteriormente a la ineficacia del sistema de salud respecto a la salud mental, ¿Que se puede decir del aumento en el presupuesto que anunció el gobierno de Piñera?

R: Inclusive visto desde un punto de vista liberal, en el que la Salud Mental está estrechamente relacionada a la productividad como fin último, mantener una salud mental deficiente en la población trae un costo para la economía equivalente a más de 4.2 puntos porcentuales del PIB de un país, los cuales son en parte evitables teniendo una inversión pública que contrarreste estas consecuencias. A pesar de esto, Chile hasta el año 2021 mantenía una inversión marginal en esta materia, rondando en un 2.2% el gasto público en Salud Mental, anunciándose con bombos y platillos a comienzos de año el aumento de un 310% del presupuesto, cifra engañosa, que no implica un aumento significativo en la realidad, ni si quiera llegando al 2.5%, bastante lejano a otros países OCDE que rondan entre el 8% y 11%, o a la misma meta establecida por el Plan Nacional de Salud Mental del MINSAL del año 2000 que establecía el gasto en un 5%.

Estos datos se consideran a partir de la cantidad de profesionales que están disponibles para atender las necesidades de la población, en el servicio público durante la pandemia hubo un aumento de un 70% en las consultas espontáneas, sin dar el ancho ni con los recursos económicos, ni con el equipo profesional disponible, ni con el tiempo por consultante para poder brindar una atención digna, existiendo además intervenciones muchas veces brindadas exclusivamente desde el modelo biomédico tradicional, siendo abordadas estas problemáticas desde la individualidad y la patologización. Ahí la importancia de organizaciones como la nuestra y la necesidad de plantear una intervención que supere la perspectiva individual y la estigmatización que puede surgir hacia lxs consultantes.

¿Qué tan importante es la salud mental?

R: Ya previo al COVID los problemas en Salud Mental eran por lo bajo, una epidemia, según la OMS una de cada dos personas ha sufrido un trastorno de salud mental en algún punto de su vida, mientras que una de cada cinco sufre actualmente alguna afección. Viviéndose un aumento considerable desde la llegada de la pandemia en trastornos ligados a la ansiedad y depresión, duplicándose en algunos países según datos de la OCDE.

La salud mental nos comprende desde la integralidad como seres biopsicosociales, lo que quiere decir que tiene que ver con nuestro bienestar desde lo emocional, psicológico y en cómo nos relacionamos con nuestro entorno, ahí su importancia y de donde podemos entender lo deteriorada que está en este sistema.

¿Cómo se ha visto afectada la salud mental en el contexto actual?

R: Vivimos en múltiples sistemas, desde la superestructura delimitada por la Formación Económica Social capitalista en su fase neoliberal, hasta sistemas menos complejos, pero más cercanos a nosotrxs como individuos; como la escuela, el trabajo, organizaciones en las que participamos y por supuesto la familia. Esto va dialogando estrechamente con nuestra salud mental y el grado de bienestar o malestar que podamos experimentar.

Una vez dicho esto, en lo que tiene que ver con salud mental la pandemia golpeo fuertemente, a mi parecer respecto a la incertidumbre, propia del momento extraordinario que se abre a partir de la emergencia sanitaria y lo incierto del escenario, el miedo natural ante algo desconocido y potencialmente mortal si no se tomaban las medidas necesarias, las cuales aún no estaban del todo claras en un comienzo. Pero también la incertidumbre propia de una sociedad desprotegida en materia social, sobre todo en un país con condiciones laborales paupérrimas a causa de la hiperflexibilización del trabajo propia del neoliberalismo extremo que vivimos, sin condiciones mínimas que asegurasen la supervivencia de las y los trabajadores y sus familias, con un gobierno que incluso en una situación de emergencia ampara al empresariado con la recordada ley de protección al empleo que termina por traspasar el costo de la crisis a lxs trabajadores con su propio seguro de cesantía, la política respecto a los retiros de los fondos de las AFP otra expresión de ello ante la ausencia del Estado, siendo el IFE el muñequeo final que termina por parchar parte de este problema más de fondo, sin obviamente dar una total solución.

Develándose la fragilidad del sistema en lo que tiene que ver con la situación contractual de una gran parte de las y los trabajadores y los seguros mínimos asociados a estas condiciones, los cuales no están garantizados, altísimos índices de trabajo por cuenta propia que se ve  paralizado a partir de las cuarentenas, el cual a su vez es bastante precarizado pero se idealiza a través del relato del “emprendimiento” entre otras cuestiones mínimas que te garanticen seguridad de poder seguir reproduciendo tu vida en un contexto que pone en riesgo tu integridad, sin mencionar la falta de acceso eficiente a la salud en un contexto como este, o en general a otros derechos sociales como la educación y lo que todas y todos conocemos.

Lo anterior imposibilita un bienestar psicológico al estar al debe estas condiciones mínimas que el Estado o la vida en comunidad debiesen garantizar. En relación a esto mismo, lo comunitario, otro aspecto golpeado duramente en este contexto en que la norma era o es mantener la distancia “social”, desarticulando en parte lo avanzado en el período que se abre tras la revuelta, pero que de todas maneras de forma autogestionada en las poblaciones da respuesta a la necesidad que se vivía a través de ollas comunes, redes de distribución, entrega de canastas y distintas expresiones de solidaridad que emergen en el punto más álgido que alcanzó la crisis el año pasado.

Acentuándose además todas las contradicciones propias del sistema, en materia de género, solo en el primer trimestre de 2020 ya se registraba según una encuesta del INE un retroceso en 10 años de inserción de la mujer en el mundo laboral, lo que puede asociarse a la carga que implicó las tareas de cuidado en este periodo, siendo ellas quienes terminan por asumir esta carga, en materia de violencia contra la mujer en 2020 entre enero y septiembre las llamadas de auxilio según cifras del Instituto Milenio tuvieron un aumento del 43,8% y una baja de 9,6% en lo que respecta a las denuncias formales, lo que puede atribuirse al encierro y convivencia con los mismos abusadores, siendo una realidad que aterra y que sin organización o redes deja sin alternativa a las víctimas.

Desde otra arista, no se puede dejar de mencionar la violencia colonial que golpea sobre todo a las comunidades en resistencia, la que se ha visto en alza en lo que respecta a  la intensidad del asedio de parte del Estado, aprovechándose el momento para dar un contragolpe al avance de los sectores autonomistas del pueblo mapuche a través de la represión y el despliegue militar por parte de las fuerzas armadas, llevándose al punto en el que nos encontramos hoy día, con el actual Estado de Excepción en Wallmapu, lo que a mi parecer no hubiese sido posible sin el año y medio previo de ensayo, cabe recordar que tuvimos uno de los periodos más extensos de toque de queda, si no el más extenso del mundo en el contexto de la pandemia, llevando a una normalización de la presencia de militares en las calles, lo que sí, ya venía desde hace mucho antes con la policía militarizada en las comunidades. Aspectos que obviamente tienen su repercusión sobre todo en las infancias que ven vulnerados sus derechos.

¿De qué otras formas se puede abordar la salud mental?

R: Además de la obvia deuda que existe de parte del Estado en relación a la atención individual y la escasa capacidad de respuesta existente, entender que la Salud Mental no pasa solo por ahí, siendo como mencionábamos anteriormente un problema muchas veces estructural el que termina por permear la salud de las personas, por lo que la reconstitución del tejido social, la generación de redes es fundamental para atender de forma colectiva, un problema que por esencia el sistema ha particularizado.

Una forma concreta de abordar la salud mental y la salud en general, desde esta perspectiva, puede ser mediante la intervención mediante acciones de prevención y promoción desde lo comunitario, lo que termina por sacar la responsabilidad individual respecto al propio bienestar. Lo que hasta cierto punto debiese ser tarea de los CESFAM, pero a causa de la baja de recursos esta tarea termina por ser relegada o realizándose de manera marginal.

Siendo en perspectiva espacios de organización que permitan dar respuesta de forma organizada a estas problemáticas comunes que puedan vivir las distintas comunidades. Por lo que se hace relevante la pertinencia de las intervenciones acorde a la realidad territorial y el constante diálogo que pueda existir desde los conocimientos técnicos que puedan manejar los profesionales, sin pretender reemplazar o imponer soluciones desde un rol paternalista, fomentando el verdadero empoderamiento popular.

Muchas gracias por tus respuestas Jorge, espero les vaya bien con la campaña

R: Gracias a ti y al equipo por la difusión, espero sea de ayuda el compartir parte de la experiencia de lo que hacemos y la visión respecto al momento en que nos encontramos. Recuerden que pueden donar en nuestra página web o difundir el material que elaboramos, lo que también nos ayuda bastante, saludos y ¡arriba lxs que luchan!

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