En su 73 natalicio: Manuel Guerrero Ceballos

Por Iván Ljubetic Vargas, historiador del Centro de Extensión e Investigación Luis Emilio Recabarren,  CEILER

Cuando se nombra a nuestro compañero Manuel Guerrero Ceballos se le asocia  de inmediato, y con toda razón,  con el feroz crimen cometido por los agentes de Pinochet en marzo de  1985, cuando él, junto con otros dos profesionales comunistas, fue degollado.

Pero la vida de este querido luchador tiene otros capítulos dignos de conocerse.

Nació el 25 de junio de 1948.  Muy joven se incorporó a las Juventudes Comunistas. Estudió en la Escuela Normal José Abelardo Núñez., de donde egresó en 1967. Trabajó como maestro en las comunas de San Miguel y Conchalí.

CONTRIBUYENDO A LA VICTORIA POPULAR

Participó en la campaña electoral del 70. Así lo recuerda Manuel Guerrero Ceballos:

“La lucha presidencial entraba en tierra derecha. Los partidos populares, conformados en Unidad Popular, ya tenían candidato único: Salvador Allende. La unidad alcanzada, el programa y el candidato común ya eran una importante conquista. A todas partes llegó la palabra de la Unidad Popular y la juventud fue un vehículo magnífico, que con mística y arrojo, incorporó a importantes sectores jóvenes al combate. Del aporte juvenil nacieron himnos y la nueva canción chilena, las brigadas murales, cuya representante más alta fue la Brigada Ramona Parra, los jueves proletarios para el trabajo en las industrias, los domingos insurgentes para la labor propagandística y de educación política casa por casa en los barrios. Los caminos de Chile fueron cubiertos por los rayados de las Brigadas Venceremos. Los jóvenes luchaban por sus reivindicaciones en todas partes. Las salidas al campo para el trabajo con los campesinos e incluso a las playas con veraneantes, contaban con la presencia entusiasta de lolos y lolas de cortos años.

¡Cuántos jóvenes hicieron su escuela política en estas acciones!

Las Juventudes Comunistas crecían en número y madurez. Eran una organización  conocida y admirada y querida por los jóvenes trabajadores, estudiantes, artistas y pobladores. Los colores amarantos de su camisa florecían y cada jota-jota, tronaba en las calles con sabor a futuro. A su presencia contribuyeron el aporte de tantos jóvenes, militantes y dirigentes, que llenaron todo un período político muy importante de la historia de Chile. Entre estos sobresale la figura, creatividad política y firmeza revolucionaria de Gladys Marín bajo cuya égida la Jota alcanzó dimensión de fuerza juvenil nacional.  Tampoco en esa ocasión era fácil ser comunista.

El odio de clase de los reaccionarios se sentía a toda hora y se jugaban por frustrar los anhelos del pueblo. En la campaña varios compañeros fueron asesinados, golpeados y detenidos. Las bandas de los pijes agredían a mansalva a nuestros compañeros y la enérgica repuesta dada en cada oportunidad impidió que prosperara su intento  de intimidarnos”.(Manuel Guerrero Ceballos: “Desde el Túnel”, p. 22)

DURANTE EL GOBIERNO DE SALVADOR ALLENDE

Relata Manuel Guerrero: “El triunfo de Salvador Allende en 1970 fue la coronación del sueño y la lucha de largos años de la clase obrera y del pueblo chileno.

Al conocerse el resultado la juventud se volcó a las calles manifestando su  voluntad de combate y disposición ante las nuevas tareas que surgían. Las Brigadas Ramona Parra así como escribieron el nombre de Allende en el mismo instante en que fue proclamado candidato único de la Unidad Popular, ahora rayaron la alegría del triunfo y los desafíos venideros”.

Durante el Gobierno Popular, Manuel Guerrero Ceballos  tuvo a su cargo la Organización Nacional de Trabajos Voluntarios.

Recuerda  sobre estos. “Grandes tareas eran respaldadas por millares de muchachas y jóvenes. El trabajo voluntario fue una de las características de su participación. Estuvimos en la pampa del tamarugal rompiendo con chuzo la pétrea costra desértica para hacer vivir una diminuta planta que diera alimentación a ovejas y lograra que esa gigantesca porción de tierra, compuesta de  arena y sal, sirviera al país. En la inmensidad de la pampa, bajo 40 grados de calor, con una insignificante hierba  verde en las manos, buscábamos la primavera para Chile.

Las columnas de jóvenes, con sus mochilas al hombro, que cruzaban la extendida geografía chilena, participaban de la pujanza de un pueblo que era dueño de su destino.

La juventud construyó  represas, canales, casas, escuelas y caminos. Plantó árboles y extrajo cobre desde las profundidades de la mina. Sacó muelas y curó enfermedades. Canto. Hizo teatro, pintó y escribió poemas. Formó brigadas de vanguardia de la producción. Creó

Miles de comités de Apoyo al Rendimiento Estudiantil. Manejó tractores, camiones y cargó en sus hombros miles de toneladas. Aseguró el abastecimiento. Peleó contra los reaccionarios que saboteaban. Se educó y entregó su palabra de adhesión.”  (Manuel Guerrero  Ceballos: Obra citada, p. 24)

EN LA LUCHA CONTRA LA DICTADURA

Después del golpe fascista, participó   en el trabajo clandestino.

Escribe  Manuel Guerrero Ceballos: “La vida en la lucha clandestina es dura, áspera, sacrificada. Como nunca se debe actuar con resolución  y autonomía. Teniendo la orientación principal clara caminamos por caminos desconocidos. Cada aprendizaje cuesta, incluso vidas humanas… Las noticias de las detenciones y asesinatos nos golpeaban y herían, recordábamos a los compañeros con cariño y emoción. Muchas lágrimas derramadas en silencio, pero la exigencia de continuar combatiendo hacía más patético cada golpe.”

Relata: “Caminaba por Bellavista en dirección a Pío Nono. Serían las cuatro o cinco de la tarde. Bajo el brazo al medio de un diario doblado, llevaba una reciente declaración del Partido. Doblé por Pío Nono hacia Alameda y me encontré frente a una patrulla militar  que pedía identificación, revisaba papeles y bolsillos de los transeúntes.  La garganta se me apretó, el corazón dio un brinco y las manos transpiraron. Si retrocedo o cruzo igual me pararán y llamo más su atención, pensé. Con resolución avancé.

– Alto!

El grito me hizo estremecer.

Me detuve.

– Su identificación

Cambié el diario de mano, apretándolo con fuerza. Saqué el carnet y se lo extendí. Lo miró atentamente.

– Dónde trabaja.

–  En una escuela.

Me observó, dio vuelta el carnet y vio la dirección. Me la preguntó. Dudé varios segundos, me costaba recordarla, finalmente lo hice y se la dije.

– Separe los brazos.

Con el diario en la mano derecha levanté los brazos. Torpemente sus manos iban chequeando el cuerpo.

Me angustiaba sólo pensar que me quitara el diario y lo abriera, cuando expresó:

– Está bien, siga no más…”     (Manuel Guerrero Ceballos: “Desde el Túnel” pp. 29 y 30)

LA DETENCIÓN

Manuel Guerrero Ceballos relata como cayó en manos del siniestro Comando Conjunto en 1976:

“Eran cerca de las 10 de la mañana  del 14 de junio. Iba al trabajo  y mi compañera iría a buscar al hijo, que había estado sábado y domingo con los abuelos. Caminábamos  con despreocupación hacia el paradero del microbús….

“Llevaba en la mano izquierda el bolsón escolar de mi hijo que orgulloso daba los primeros pasos en la lectura. Verónica, mi compañera, decía algo referente a la guagua que vendría o a la débil salud de nuestro hijo…

“Escuchamos a nuestras espaldas un vehículo que avanzaba a gran velocidad. Sin saber me estremecí y presentí el peligro. El vehículo se detuvo al costado nuestro. Bajaron dos individuos jóvenes a la carrera. Grité a mi compañera: ¡cuidado!

“Ya recibía golpes de pies y manos, era agredido. Por reflejo opuse resistencia. Mi compañera irrumpió en gritos y fugazmente vi que blandía su cartera en el aire…

Todo era un torbellino. De pronto escuché un estrépito y sentí un fuerte impacto en el pecho. Parecía que un caballo me hubiese dado una coz de lleno. Caí doblado y sentí que en vilo era arrojado dentro del auto. Mi cabeza se estrelló  en la puerta lateral derecha violentamente. Un dolor desconocido horadaba mi estómago y tronco. Quemaba, consumía. Los oídos zumbaban y la cabeza  se  aprestaba a estallar.

Las manos me las esposaron a la espalda… La primera certeza de la situación la tuve al sonar, atrasadamente en mis oídos, el aullido angustiado de Verónica- ‘son de la DINA’- ‘se llevan a mi marido, son de la DINA’,- ‘son los asesinos de la DINA’.

-¡ Cagué! – pensé.”    (Manuel Guerrero Ceballos: obra citada, p. 13)

Respondiendo  a una pregunta del periodista y escritor José Miguel Varas, dijo:

“Yo, en ese momento, cuando iba en el vehículo, empecé a sentir sangre que me cubría  mi piel, y comencé a tener dificultades para respirar, por lo que presumí que la herida –y posteriormente se confirmó- había sido en el pecho. La bala me ingresó por el costado inferior de la tetilla derecha, para quedar alojada, sin salida, bajo la axila izquierda, es decir, me atravesó todo el pecho…”  (Entrevista realizado por José Miguel Varas, en Europa en marzo de 1977)

“Las últimas ideas fueron de muda despedida de la vida y de cómo encarar el    interrogatorio. No debía perjudicar a nadie con mis respuestas. El precio de la  vida no lo iba a pagar con la confesión o la traición. Pensé en mi hijo. Si vivía quería mirarlo de frente.

El viaje llegó a su fin. Mentiría si no dijese que un miedo glacial me acompañaba. No cantaba ante la muerte, templaba; pero estaba dispuesto a resistir.”  (Manuel Guerrero Ceballos:  “Desde el Túnel”, p.  14)

LOS  CHACALES  ACTÚAN.

Manuel Guerrero Ceballos escribe sobre las torturas a que fue  sometido

“Aguardé el golpe que podía venir de cualquier  lugar.

– Sáquenle la ropa.

Abrieron las esposas, me sobé las muñecas. Me empezaron a sacar la ropa. Seguí con la vista vendada.

Fui empujado hasta el borde de una tarima, camastro liso o mesa.

-‘Súbete’.

Con trabajo lo hice. Quedé tendido de espalda. Desnudo, con los ojos vendados, acostado sobre una cubierta fría y dura –como de latón o baldosas- terriblemente dolido. Mi angustia se desbordó. A pesar de mi oposición, las lágrimas rodaban por las mejillas. El cuerpo brincaba, me estremecía…

“Un golpe de puño, seco, recibí en la herida.

-‘Cuenta ahora, concha de tu madre’

Grité de dolor. Mordiendo las palabras contesté preguntado.

-‘¿Qué quieren les cuente?’

-‘Todo pu’s huevón’

-‘No tengo nada que contar’

Esperé otro golpe. Llegó y fue más violento. Del pelo a los pies me sobrecogió el dolor. La herida manaba más sangre.

La desnudez me hacía sentirme  desamparado, más estando con los ojos vendados y amarrado al mesón. A indefensión absoluta se unía la duda lacerante de ignorar que venía a continuación, de dónde venía y a donde iría el castigo siguiente.” (Obra citada, p. 18)

FUE UN DETENIDO DESAPARECIDO DURANTE UN MES

Lo continúan torturando. La gravedad de su estado obliga a los esbirros de la dictadura a conducirlo a un establecimiento, que según  él calcula  fue el Hospital de Carabineros de Santiago. Lo ingresaron con nombre falso. Lo atendieron para evitar que la hemorragia interna terminara con su vida antes de lograr que entregara las informaciones que requerían. Lo siguieron torturando en ese hospital.

Fue conducido a Cuatro Álamos. Allí seguía con los ojos vendados, continuaban con los ‘interrogatorios’, acompañados de golpes y uso de corriente eléctrica.

Después se le trasladó a  Tres Álamos, donde ya no tuvo incomunicado. Allí supo lo ocurrido con su compañera Verónica. No estaba detenida. Ello, como producto de  la conmoción pública que tanto la detención como el baleo generó en el sector y la cantidad de testigos que presenciaron esos hechos.

Eso impidió la detención de Verónica y le salvó la vida  a él. A pesar que el Ministerio del Interior negó su detención, ante un recurso de amparo presentado por su compañera, la dictadura no pudo seguir negando que estaba preso. Ya no era un desparecido.

VOLVIENDO A LA VIDA

Relata el paso de Cuatro Álamos a Tres Álamos, el  paso de ser desaparecido a la vida.

Lo sacaron de la celda de incomunicación dos agentes de la DINA. Uno de ellos le dijo:

  • ‘Te vai de aquí, tení cueva, te salvaste del balazo primero y de ésta ahora’ …

No me dijo nada más. Me entregaron mi carnet de identidad, me revisaron completamente y me obligaron a  seguirlos.

Salimos caminando por el pasillo, cruzamos la siniestra puerta de fierro y caminamos por oscuros senderos de tierra. Me hicieron ingresar a una oficina y cuanta no sería mi sorpresa de ver en ella a carabineros con su característico uniforme. Hasta me alegré de verlos…

El funcionario de la DINA dijo:

-‘Nosotros ya hicimos el pase, es huevá de ustedes como se las arreglan, y sin más se dio media vuelta y se fue. Quedé entre los carabineros.”

Estos lo condujeron  y lo hicieron golpear en una casucha que estaba en patio. Entró. Había una cantidad de personas. Les dijo:

-“Soy un preso, vengo recién llegando de Cuatro Álamos”. Fue recibido con alegría y enorme solidaridad.

Cuenta: “Ese día los compañeros me cuidaron y atendieron como a un niño…”

Pasó el tiempo. “Llegó el esperado día de visita. Los amigos me prestaron un poncho blanco y un gorro pasa montaña. Esperé como colegial que me llamaran por la lista. Los presos iban saliendo de uno a uno, donde estaban sus familiares sentados en unas bancas…

Por fin me llamaron. Salí caminando lentamente, mirando todo con verdadera emoción e interés, buscando entre todos esos rostros anhelantes mis seres queridos. No los vi. Me empecé a desesperar. Miraba y miraba. Y entre la muchedumbre asomó el rostro lloroso de mi compañera con su guata, cual banderola en el aire, acompañada de mi padre, mi madre y mi suegro.

No me reconocieron hasta estar muy cerca. Nos fundimos en un todo de abrazos, lágrimas, suspiros y sobre todo, vida”.   (Obra citada, pp. 87 y 88)

Así termina su narración Manuel Guerrero Ceballos, cuando va saliendo “desde el túnel”.

Fue liberado el 19 de  noviembre de 1976.  Fue el único detenido por el Comando Conjunto que salvó  vivo de sus garras.

EN EL EXILIO

A fines de noviembre de 1976 viajó a Suecia. Permaneció seis años en  ese país. En el destierro  participó activamente en las labores de solidaridad con la lucha del pueblo chileno. Además, escribió su desgarrador testimonio  “Desde el Túnel”.

En sus “Palabras iniciales”  explica: ”La idea de hacer esta narración nació de la angustia. Me explico. Encontrándome como preso político desaparecido, secuestrado por la DINA (posteriormente se vino a conocer la existencia del siniestro Comando Conjunto) y tenido en un lugar ignorado, bajo nombre falso, en las interminables horas de vigilia, desesperanza, dolor, impotencia, confusión, ira,  y cuanta sensación se pueda sentir en tal estado, me surgió la idea que si sobrevivía tenía que contar todo lo que me había pasado… Lo he escrito en el exterior de Chile…

Me decidí a hacerlo por dos razones centrales. El tiempo pasa y la memoria es frágil. Es necesario que las nuevas generaciones conozcan  lo que ha hecho y, lamentablemente, aún hace el fascismo en nuestra Patria. Y una segunda razón es que hay muchos hechos ignorados, más allá de lo que todos creemos, por nuestra propia población chilena. Es más de lo imaginado lo que no se conoce de la represión y la barbarie de los fascistas, como del heroísmo de muchas gentes simples y modestas de nuestro pueblo, en especial de la lucha juvenil y el papel  relevante que han jugado en ella, las Juventudes Comunistas, conformadas por rostros y vidas concretas, muchas de las cuales no están físicamente con nosotros…  Que ninguno de ellos se nos olvide, recordemos sus vidas y  aportes. Ellos estarán presentes en los caminos por los que transitamos hoy, estarán presentes en la hora de la victoria.”  (Manuel Guerrero Ceballos: “Desde el Túnel”, p. 5)

RETORNO A LA PATRIA

Regresó a Chile en noviembre de 1982. De inmediato se incorporó a la lucha clandestina  y a las labores de su gremio, el Magisterio.

Un año  antes, el 27 de noviembre de 1981, un grupo de 31 educadores de las Regiones Metropolitana, Quinta, Séptima y Octava, habían constituido la Asociación Gremial de Educadores de Chile, AGECH. Entre sus fundadores estaban  Julio González, Alfonso Bravo, Eduardo Hurtado, Alejandro Traverso, Samuel Lillo, Carlos Mena, Estanislao Montoya, Eduardo Osorio, Raúl Manríquez y Jorge Pavez. (Ver: Iván Ljubetic Vargas:  “Historia del Magisterio chileno”, p. 236)

Al llegar al país, Manuel Guerrero Ceballos  encontró al profesorado en lucha contra la dictadura, que no sólo reprimía a los maestros, sino que imponía la municipalización de la educación.

Pronto se distinguió por su claridad política, por su valentía y responsabilidad. Fue elegido Presidente del Consejo Metropolitano de la AGECH.  Estuvo a la cabeza de muchas luchas.

Una profesora que lo conoció personalmente en ese tiempo, lo recuerda como una persona muy jovial,  querida y respetada por sus colegas; elocuente y convincente en sus intervenciones; preocupado siempre por el lado humano de la gente, de gran consecuencia  entre su pensar,  lo que decía y lo que hacía.

Un dirigente del Magisterio, que trabajó junto a él, señala que, entre sus enormes cualidades,  estaba su profundo  respeto por los compañeros de otros partidos. En la AGECH –explica- participábamos colegas de diferentes fuerzas políticas e independientes  y Manuel actuó siempre con ejemplar modestia, jamás subestimó a los aliados, siempre los consultaba y tomaba en cuenta sus opiniones. Comprendía  muy bien que el cargo de Presidente del Consejo Metropolitano lo había obtenido con el apoyo de colegas de las más diferentes posiciones políticas e ideológicas. Esa actitud le granjeó el cariño y respeto de  profesores de todos los sectores.

DETENCIÓN Y MUERTE DE TRES COMBATIENTES    

EJEMPLARES

El 28 de marzo de 1985, Santiago Nattino, publicista de militancia comunista, fue secuestrado  en plena vía pública en el sector alto de la capital.

En la noche, agentes de la dictadura llevaron a cabo un operativo en la sede de la AGECH, ubicada en la calle Londres 75. Detuvieron a varios profesores, que fueron liberados  24 horas después. .

El 29 de marzo, a tempranas horas de la mañana, fue secuestrado, en momentos en que llevaba su hija al Colegio Latinoamericano de Integración, José Manuel Parada Maluenda, quien se desempeñaba como Jefe del Departamento de Análisis de la Vicaría de la Solidaridad. En esa misma oportunidad fue secuestrado Manuel Leonidas Guerrero Ceballos, profesor e inspector del mismo colegio y dirigente de la AGECH.

Familiares y compañeros de los detenidos se movilizaron. Interpusieron un recurso de amparo, donde incluso  indicaban el lugar en que podrían estar detenidos: el cuartel de  la Dirección de Comunicaciones de Carabineros, DICOMCAR, ubicada en calle Dieciocho (donde se comprobó posteriormente  habían estado). La justicia nada hizo.

El 30 de marzo de 1985 fueron encontrados los cuerpos  degollados de los tres militantes comunistas en el camino que une Quilicura con el Aeropuerto de Pudahuel.

Pinochet y sus secuaces intentaron negar su participación en  ese monstruoso crimen.

El Informe Rettig señaló: “De los antecedentes narrados y  los reunidos en la investigación judicial, la Comisión ha llegado a la convicción de que Manuel Guerrero, José Parada y Santiago Nattino fueron ejecutados por agentes estatales en razón de su militancia y las actividades que realizaban, en violación de sus derechos humanos”.

Manuel Guerrero Ceballos  es uno de esos heroicos combatientes del pueblo que, como él mismo escribió, “están presentes en los caminos por los que  transitamos hoy y estarán presentes en la hora de la victoria”.

Honor y gloria a los héroes y las heroínas que han luchado y han sido leales  hasta el último segundo de su existencia

Equipo editorial Revista De Frente

Comparte tu opinión o comentario