«El Parlamento no es la única alternativa». Por Miguel Silva

Por Miguel Silva 

 

Nos dicen los políticos que la política parlamentaria es la única alternativa, es decir, que no hay democracia sin los partidos parlamentarios. Bueno, veremos si es cierto lo que dicen, cuando echemos un vistazo a parte de nuestra historia, los primeros años de la década  de los 30`’.

 

Los años de ‘1930

La crisis catastrófica de los años 30’ repercutió fuertemente en Chile. El número de trabajadores en la pampa bajó de 60.000 en 1928 a 8.000 en 1932, por ejemplo. Esta crisis dio luz a la caída del dictador Ibáñez en julio de 1931, al sublevamiento de la flota en septiembre del mismo año,   a la “República Socialista” en junio de 1932 y luego al nacimiento del Partido Socialista.

 

El día sábado 18 de julio de 1931, Pedro Blanquier, Ministro de Hacienda, dio cuenta al país del estado calamitoso de la hacienda Pública. René Frías, ya dirigente estudiantil en la “U” de Chile, recordó que:

“Hubo un Ministro de Economía del Gobierno de Ibáñez, de apellido Blanquier, que anunció que no había recursos económicos más que para ocho o diez días. Eso lo aprovechamos como bandera y los acontecimientos nos obligaron a tomarnos la Universidad. Tuvimos que abandonar la toma después de algunos días, pero la efervescencia que habíamos creado ya superaba las calles. Hubo un movimiento general en las calles y además, hubo un entierro de un estudiante  y después de un  profesor que mataron los carabineros en la puerta de la Escuela de Medicina en Independencia, cerca  al Cementerio. Ibáñez salió del país en una ambulancia y el poder quedó entregado a un vicepresidente, todo entre la línea de ellos, los ibañistas.”

 

El nuevo Gobierno que se instaló después de la caída de Ibáñez, muy luego se mostró incapaz de enfrentar la crisis ya que  no tenía como pagar los sueldos e intentó recortar sus gastos, provocando así la sublevación de la flota en Septiembre y su bombardeo por la flamante fuerza área en la bahía de Coquimbo.

 

Fue reprimida la sublevación de la armada, sin embargo, su represión no puso fin a los innumerables complots que la siguieron en 1932.

 

René Frías también contó la historia de esos acontecimientos, en estos términos:

“Con la salida del Gobierno de Ibáñez, subió a la presidencia un hombre de la derecha, Juan Esteban Montero, mientras en la “U”, se creaba el grupo “Avance”. Era un grupo de reflexión en que cabían todos los pensamientos, pero como no teníamos una claridad política ni social porque habíamos estado en todos esos años, como universitarios en la oscuridad, entonces el movimiento del grupo de Avance era heterogéneo, no tenía un sentido determinado. El grupo creó muchos líderes, para los distintos grupos, pero no quedó como grupo orientador.

Don Juan Esteban Montero hizo un Gobierno estático, no hizo absolutamente nada. Llevaba seis meses en el Gobierno y no pasaba nada en el país. A mí me tocó ser presidente de la Federación de estudiantes en ese momento y un día llegó a mi oficina Eugenio Matte Hurtado quien era un abogado muy importante y también era el máximo dirigente de la Masonería Chilena; yo no tenía la menor idea de eso porque vivíamos nosotros un poco románticamente. Llegó acompañado por un obrero tipógrafo llamado Carlos Alberto Martínez (el abuelo del dirigente de la DC,  Gutenberg Martínez) y con el Secretario de la Federación quien era amigo mío. Llegaron planteándome qué posición tendrían los estudiantes frente a un petitorio que podría hacerse al Presidente de la República para que se solucionaran algunos problemas.

En esa conversación, salió la idea de juntar a otras personalidades que pudieran suscribir un documento pidiéndole al Gobierno el cambio de actitud. Este grupo de cuatro o cinco acordó lo siguiente, que cada uno de nosotros trajera, que ingresara, a algunas personas que estimábamos  que podían ser viables para este objeto. Fue así que a Eugenio Matte se le encargó  traer algunos intelectuales, a Carlos Alberto Martínez le encargó  traer algunos dirigentes obreros…Nos reuníamos todos más o menos a menudo en la calle Phillips, en la casa de Eugenio Matte. Allí  acordamos  hacer el Manifiesto para llevar al Presidente.

 

Pero, paralelamente a este grupo, existían en ese momento otras organizaciones de oposición, una de ellas dirigida por Carlos Dávila, que había sido director del diario La Nación y embajador en los EE.UU. Él era pro-militarista. También existían grupos tipo socialista. En ese momento, mientras nuestro grupo estaba sin vinculación, se produjo un hecho en las FF.AA. contra don Marmaduque Grove, que era una especie de militar popular, muy hábil, muy llano. Él tuvo un problema y se fue a la escuela de Aviación. Entonces, estos grupos se juntaron y tácitamente acordaron apoyar a Grove, cayó Montero y subió el nuevo Gobierno.”

 

Como lo describió René Frías, los masones, dirigidos por Eugenio Matte, los pequeños grupos socialistas, los ibañistas  y algunos oficiales de las FF.AA. dirigidos por Marmaduque Grove, decidieron formar la “Primera República Socialista en América Latina”.

 

Aquí una parte de la Proclamación de la República Socialista:

“El nuevo régimen (de la República Socialista del 4 de Junio) al cual damos toda nuestra adhesión, poniéndonos al servicio de un irresistible anhelo popular, asegurará la organización de la Economía Nacional bajo el control del Estado, disciplinará las fuerzas productoras y hará surgir, mediante una acción enérgica, las riquezas chilenas, no para satisfacer la codicia egoísta de una oligarquía corrompida, sino para el bienestar y salud del pueblo.”

 

Pero la República Socialista no fue un gobierno parlamentario, sino un “gabinete” o algo así, sin diputados ni senadores, pero legislaba igual.

 

El día 6 de junio se realizó en los bancos de las principales ciudades una gran corrida de fondos para provocar la catástrofe económica mediante el pánico. Acto seguido, el Consejo de Estado decretó de inmediato un feriado bancario de tres días y ordenó limitar los giros a una cifra proporcional al dinero depositado. El Decreto dictado el día 8, transformó el Banco Central en Banco del Estado, el que se encargaba de regular el crédito.

Si fuera poco, el día 12 de junio el Gobierno decretó la reapertura de todas las oficinas salitreras que habían sido cerradas por estimarse que su producción no era rentable y como complemento a esta medida se resolvió la inmediata liquidación de la COSACH, que había entregado la explotación y la comercialización del salitre a los intereses del capitalismo internacional.

También fueron alzados los tributos para las rentas más elevadas y se decretó un impuesto a las grandes fortunas.

Se estableció un Plan de Obras Públicas tendiente a mejorar las comunicaciones, los servicios y, en general, la infraestructura del país. Para poder controlar el abastecimiento y la comercialización de mercaderías, especialmente de consumo inmediato, el Gobierno resolvió la creación de una Empresa Comercial del Estado anexa a los Ferrocarriles del Estado.

 

Sin embargo, la República Socialista había rechazado la opción de armar a los trabajadores para protegerse de los ricos y poderosos y  quedó imposibilitada de defenderse contra la ofensiva de los militares de derecha cuando sus tropas del Regimiento Buin, de la Escuela de Infantería y otras unidades rodearon el Ministerio de Defensa y la Moneda y tomaron control del país el día 16 de junio, doce días después del nacimiento de la República Socialista.

 

En fin, la República Socialista nació como consecuencia de la efervescencia social que botó el dictador Ibañez. No fue un ejemplo más de la política parlamentaria, pero tampoco integraba los mismos movimientos sociales. Ganó su apoyo, eso sí, pero no fue su obra.

 

Después de tan pocos días, entonces, murió el “gobierno sin políticos parlamentarios” de la República Socialista, pero los militantes de los grupos socialistas,  los masones y los oficiales “progresistas”  habían saboreado el poder que trajo, y trae, puestos en el aparato estatal. Fue una experiencia muy importante para la formación del Partido Socialista pocos meses después y la instalación de la política parlamentaria como eje central para movimientos sociales desde ese entonces.

 

René Frías recordó que:

“A la creación del PS, se unieron varias fuentes; el grupo de Eugenio Matte con todos nosotros, el grupo de socialistas y una serie de anarquistas “renovados”, pero se empezaron a desmembrar. Ocurrieron tres o cuatro divisiones una vez nacido el partido, la primera de Gregorio Guerra, que exigió que el partido se declarara  inmediatamente marxista; no asumió su posición porque el PS quería un socialismo más “democrático”.  Nosotros no teníamos una idea totalmente clara, pero no queríamos que saliera un partido socialdemócrata del estilo del partido radical, ni queríamos un partido que partiera siendo inmediatamente marxista, aunque muchos de nosotros manteníamos las ideas del marxismo. Habíamos leído poco, pero creímos que por allí quedaba  la ruta, pero no queríamos imprimirlo al partido socialista, porque nos dábamos cuenta que habían venido fuentes de distintas partes; los líderes de esas fuentes se fueron, pero se quedó la base y no se podía obligar que el partido tuviera una sola bandera.”

 

Bueno, el PS adoptó un tipo de “Socialismo del Estado” centrado en el poder electoral y por varias razones:

 

Primero, la debilidad de la clase trabajadora durante esos años creó la impresión que no era capaz de socializar, sola,  las fuerzas productivas con sus propias fuerzas.

 

Segundo, la historia de la mayoría de sus dirigentes, por ejemplo, Marmaduque Grove (alto oficial de la Fuerza Área) y Eugenio Matte (abogado, gran jefe de la masonería) indicaba que otras capas y clases de personas podían poner en marcha la socialización en nombre del pueblo trabajador.

Los socialistas y masones que dirigieron la República Socialista no formaron un Gobierno “parlamentario” ni pasaron por el largo y difícil proceso de la construcción de un movimiento ligado con las organizaciones bases del pueblo. En fin, sus dirigentes ejercieron el poder estatal sin llegar a esa posición después de un proceso electoral.

 

Y tercero, y quizás lo más importante en el caso de los dirigentes que renunciaron al PC o que eran dirigentes anarco-sindicalistas, los movimientos sociales de la década de los ’20 no aclararon la relación entre sus bases, los políticos y un país controlado directamente por las organizaciones sociales. Recabarren, por ejemplo, tenía claro que el Congreso era una Tribuna útil para aclarar las ideas socialistas de la clase trabajadora, sin embargo, no dejó en claro cómo hacer la revolución.

 

¿Qué podemos aprender de aquellos años?

Que la política parlamentaria no es la única forma en que los movimientos sociales pueden tener voz. Y que para cambiar el país para siempre, los trabajadores y sus aliados sociales deben tener su propia gente en el poder.

¿SÍ o NO?

Comentarios (1)

  • Luis Moraga Martinez

    Me parece muy bueno el material, le falto nombrar las causas del porque li costaba al pueblo, seguir gobernando para todos.

    reply

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