TOP

«El nuevo Frente Popular enfrenta el racismo en Francia» por Miguel Silva

Por: Miguel Silva

Cientos de miles marcharon contra el fascismo en Francia. Una de las mayores marchas antifascistas de Francia tuvo lugar en París. La pancarta principal decía: «Ni fascistas en nuestras calles ni en nuestras urnas».

Cientos de miles de antirracistas marcharon el sábado por toda Francia, para frenar el ascenso de los fascistas y sus aliados. Según la central sindical CGT, participaron 640.000 personas, 250.000 en París. En la mayoría de las grandes ciudades y pueblos la gente salió a la calle para demostrar que no permitirán que triunfe el fascismo. Los sindicatos y otras organizaciones convocaron más de 200 manifestaciones.
Fue la primera respuesta al crecimiento de la Agrupación Nacional Nazi (RN) dirigida por Jordan Bardella y Marine Le Pen en las recientes elecciones europeas y lo que viene con las elecciones generales anticipadas fijadas para el 30 de junio y el 7 de julio.

Es mucho lo que está en juego. Un gran avance de los fascistas franceses significaría un infierno para los migrantes, los musulmanes y para toda la clase trabajadora. Daría fuerza a los racistas, hasta a los partidarios de Donald Trump en Estados Unidos y los Kastistas en Chile.

Las elecciones en Junio-Julio

El presidente neoliberal Emmanuel Macron convocó elecciones una hora después de que su partido obtuviera menos del 15 por ciento, mientras que el RN se ganó casi el 31,5 por ciento de la votación europea del pasado fin de semana.

«Necesitamos un ascenso democrático y social; si no, la extrema derecha tomará el poder», dijeron los sindicatos franceses en un comunicado. «Nuestra República y nuestra democracia están en peligro».
Y de verdad, Bardella ha prometido impulsar una ley de inmigración que permita la expulsión de «delincuentes e islamistas», si llega a primer ministro. Pero pueden detener la RN siguen con la unidad de acción y el entusiasmo de las protestas del sábado pasado.

La política francesa ha vivido unos días muy agitados… Marion Marechal, sobrina de Le Pen, por ejemplo, fue expulsada de un partido rival de extrema derecha por pedir el voto para RN. Y Eric Ciotti, dirigente de la corriente conservadora Les Republicains, anunció un pacto de votación con los fascistas. En unas 48 horas extraordinarias, fue echado dos veces de la dirección del partido y respondió atrincherándose en su oficina en la sede del partido. Acto seguido, interpuso una demanda judicial contra sus colegas y consiguió que se paralizara su destitución.
Bueno, mientras los conservadores se descomponen, los fascistas se alzan. Y en la izquierda, una alianza del Nuevo Frente Popular ha reunido a socialistas laboristas, verdes, comunistas y France Insoumise, el partido de Jean-Luc Melenchon. La presión a favor del acuerdo nació principalmente de abajo… jóvenes, migrantes y trabajadores exigieron a sus dirigentes que se unieran para luchar contra la RN.

Ese acuerdo llama a la oposición al racismo y a la RN, pero también dice que revocará los ataques brutales al subsidio de desempleo y revertirá el aumento de la edad de jubilación que provocó huelgas masivas el año pasado.

Sin embargo, el programa está dominado por la política del Partido Socialista. Por ejemplo, en contra de las posiciones de Melenchon, pide la defensa de «la soberanía y la libertad del pueblo ucraniano, así como la integridad de sus fronteras, mediante la entrega de las armas necesarias». Eso significa apoyar a la OTAN.

Y sobre Palestina, exige «la liberación de los rehenes retenidos desde las masacres terroristas de Hamás, cuyo proyecto teocrático rechaza el Nuevo Frente Popular».

Entre los candidatos del Frente Popular está el ex presidente socialista François Hollande, cuyos ataques a los trabajadores y sus leyes represivas prepararon el camino para Macron… y los fascistas. Y la desesperación causada por las políticas del mismo Macron también han acelerado el crecimiento fascista; su islamofobia y el repetido endurecimiento del aparato represivo del Estado dan credibilidad a las políticas fascistas.

Pero igual, millones de personas votarán con entusiasmo para el Frente Popular. Sin embargo, la movilización más importante no está en las urnas, sino en la lucha contra el fascismo … gane quien gane en las elecciones. El último sondeo de opinión para el sitio web Le Point posiciona a la RN con el 29,5 por ciento de los votos y a la alianza de izquierdas con el 28,5 por ciento, dejando a la alianza de Macron en la tercera posición con el 18 por ciento.

Según otro sondeo, la RN podría obtener entre 195 y 245 escaños en la Asamblea Nacional, de 577, y el Nuevo Frente Popular entre 190 y 235. La alianza centrista de Macron quedaría con menos de 100 escaños.

 

El nuevo Frente Popular

Los trabajadores necesitan un amplio frente unido de acción contra el fascismo. Pero también tiene que haber un movimiento más amplio. Y, aunque es bueno ver a los sindicatos convocando protestas, tienen que enfrentarse abiertamente al racismo de RN. Actualmente casi toda su propaganda es sobre la política pro-patronal de RN.

Por su lado, el grupo antirracista Marche des Solidarites declaró el sábado:

«Necesitamos una respuesta que vaya más allá de las peticiones y los llamamientos a votar.
«Lo que necesitamos es unidad contra el racismo y el fascismo, unidad entre los antirracistas, los que luchan por Palestina y contra el colonialismo francés en Nueva Caledonia, entre los que se levantaron hace un año contra la violencia policial y los millones de trabajadores que lucharon contra el ataque a las pensiones.
«Para expulsar a los fascistas de nuestros barrios, no les dejemos prosperar en este caldo de cultivo de desesperación y atomización creado por los poderosos. Construyamos lo que bloquea el camino al fascismo, a Le Pen y a Bardella.

«El momento es ahora y la acción tiene que estar en la calle. Cerremos los centros de detención, ¡libertad para todos! Derogación de la ley antimigrantes, derechos para todos los sin papeles, ciudadanía para todos.»

La historia del primer Frente Popular en Francia

En Francia, los llamados a favor de un Frente Popular, es decir una alianza electoral de la izquierda para unirse al ascenso de los fascistas, se hacen eco consciente de la historia de los años treinta.

De 1934 a 1938 hubo huelgas masivas, ocupaciones de fábricas y autodefensa obrera contra el fascismo; también habían gobiernos de izquierda.
La política de la clase dominante estaba en caos, sin una mayoría estable de ningún partido o grupo de partidos en el Parlamento y rodeado de escándalos de corrupción. El 6 de febrero de 1934, varios miles de fascistas se manifestaron violentamente cerca de la Asamblea Nacional y obligaron al gobierno de centro izquierda a abandonar el poder y los diputados lo sustituyeron por un régimen más derechista.

Ese asalto fascista actuó como una descarga eléctrica que reactivó el movimiento. Los partidos políticos de trabajadores estaban muy divididos; los comunistas calificaban a las organizaciones de tipo laborista, como el Partido Socialista Francés, como el «ala izquierda del fascismo» y «gemelas» de los nazis. Mientras los dirigentes del Partido Socialista denunciaban a los comunistas como cabezas de pescado.

Pero en la base, los activistas de estos dos partidos, y los que no tenían afiliación política, empezaron a organizar una resistencia antifascista masiva.
Una huelga general «compartida» de protesta del 12 de febrero fue un éxito extraordinario, ya que más de 4 millones de huelguistas respondieron a la convocatoria de la central sindical CGT. En París, 30.000 de los 31.000 empleados de correos dejaron de trabajar. Las faenas estaban vacías. La fábrica de automóviles Citroën cerró. Los periódicos no aparecieron.

En total, unos 4,5 millones de trabajadores salieron en huelga y un millón se manifestaron. En París, los socialistas y los comunistas marcharon por separado hacia la plaza de la Nation. Según un observador, «tras un breve y silencioso momento de angustia, para asombro de los dirigentes del partido y de los sindicatos, este encuentro desencadenó un entusiasmo delirante, una explosión de gritos de júbilo. Aplausos, gritos de ‘Unidad, Unidad'».

El futuro primer ministro socialista, León Blum, que estaba en la marcha, recordaba: «Por una especie de marejada popular, la voluntad del pueblo había impuesto la unidad de acción a la clase obrera.»
En toda Francia surgieron comités locales antifascistas. En la mayoría participaban comunistas, socialistas y otros, independientemente de lo que querían sus dirigentes nacionales y eran mucho más importantes que los pactos burocráticamente negociados entre comunistas y socialistas.

¿Cuál camino habría que tomar?

Por un lado, Trotsky transmitió la política que «Por encima de todo, la tarea consiste en asegurar la acción unida de la propia clase obrera en las fábricas y en los barrios obreros de los centros industriales».

Pero el Partido Comunista, reflejando una nueva estrategia de Stalin, aceptó un acuerdo no sólo con partidos de tipo laborista, sino también con fuerzas liberales, radicales y capitalistas, como una alianza en defensa contra el fascismo.

La alianza electoral del Frente Popular por ende era muy moderada, pero los trabajadores fueron a votar en masa a las urnas. El Partido Socialista obtuvo 20 escaños más, los comunistas otros 60 y los radicales perdieron 46.
Sin embargo, el impacto del Frente Popular no fue lo que esperaban sus partidos.

En mayo de 1936, mientras Blum esperaba un mes para formar su gobierno, estallaron huelgas en Le Havre y luego en Toulouse. Los activistas de base no se limitaron a hacer piquetes, sino que ocuparon las fábricas.
Y durante junio de 1936, entre dos y tres millones de huelguistas ocuparon sus fábricas… «desde la enorme planta de Renault en Billancourt, con sus 32.000 trabajadores, hasta los pequeños talleres, desde las minas y los muelles, relativamente muy sindicalizados, hasta los empleados de los grandes almacenes sin sindicatos».

Una trabajadora habló del ambiente que reinaba en su lugar de trabajo tomado. Escribió «Pura alegría. Alegría sin límites. Alegría de entrar a la fábrica con la autorización sonriente de un trabajador que vigilaba la entrada. Alegría de pasar librement por los talleres donde todos se habían sentido tan solas en sus máquinas. Alegría de formar grupos, de charlar, de comer juntas. Alegría de escuchar, en lugar del ruido de las máquinas, la música, los cantos y las risas».

Los patrones hicieron concesiones, pero el Frente Popular, consecuente con su política de negociaciones compartidas, restableció la calma. Blum escribió más tarde que: «Teníamos que gestionar con honradez, con lealtad, a la sociedad puesta en nuestras manos, es nuestro deber como los encargados del poder.»
Acto seguido, los empresarios hicieron enormes concesiones en materia de salarios, vacaciones y derechos de los trabajadores para garantizar su sistema. Pero en lugar de utilizar esta oportunidad para construir una mejor y mayor organización y avanzar en la lucha para formar los consejos de trabajadores (cosa que durante un período, fue una posibilidad real), los dirigentes centrales de los sindicatos y los políticos decidieron a poner fin a la acción.

Por su parte, el dirigente máximo del Partido Comunista,Thorez, declaró: «¿Y ahora qué? … Entonces, debemos saber cómo poner fin a una huelga cuando se ha obtenido satisfacción. Incluso debemos saber aceptar un compromiso cuando aún no se han satisfecho todas las reivindicaciones pero se ha logrado la victoria en los puntos esenciales». Y continuó: «No todo es posible ahora».

Y Blum, en febrero de 1937, declaró una «pausa» en las reformas. Luego, ante la fuga de dinero, dimitió en junio de 1937 y renunció en favor del radical Camille Chautemps.
La derecha se mostró cada vez más confiada. Restablecieron la semana laboral de seis días y las sanciones por negarse a hacer horas extraordinarias en la producción militar. Cuando estallaron las huelgas, el gobierno las atacó con policías y fuerzas paramilitares. Los dirigentes sindicales llamaron a la acción, pero los trabajadores ya no tenían confianza.

«De todos los errores cometidos, el más nefasto fue hacer creer a los trabajadores que el gobierno del Frente Popular con dirección socialista y participación radical activa era de alguna manera su gobierno», escribió el revolucionario Daniel Guerin.

«Como dirigentes prestigiosos se habían instalado en varios cargos ministeriales, se extendió la ilusión de que este Estado ya no era un Estado de clase, sino un Estado de bienestar. Dijimos a las multitudes: ‘Esperad, tened paciencia, absteneos de molestar con reflejos inmoderados al gran camarada que va a hacer llover sobre vosotros sus bendiciones'».

El Frente Popular en Francia y en Chile

Es un hecho conocido que los planes de tal o cual gobierno a veces traen consecuencias muy distintas a lo esperado. Y así fue con el Frente Popular en Francia. Un acuerdo parlamentario trajo León Blum al poder, pero ese mismo éxito levantó el ánimo y confianza de la clase trabajadora.

Los y las trabajadores ya se había organizado en comités antifascistas antes de las elecciones. También habían encontrado esa unidad de base tan distinta al sectarismo «oficial» de sus partidos; su confianza y niveles de organización ya había crecido a través de una gran huelga mancomunada.

Mientras tanto, se formó el Frente Popular que ganó las elecciones sobre la base de un acuerdo entre todos los «anti-fascistas». Sin embargo, para garantizar la viabilidad de ese acuerdo, el gobierno insistía que la paz social era indispensable. Sin embargo, el éxito mismo del Frente Popular en las elecciones dio más confianza a los y las trabajadores, que comenzaron a salir en huelga y tomarse sus lugares de trabajo.

El gobierno respondió, según su política de acuerdos, a negociar los términos de un acuerdo (muy favorable para los trabajadores) con las empresas, los patrones aceptaron el acuerdo pero después volvieron a recuperar la iniciativa y a través de su control de la economía, botaron el gobierno.

Lo más importante, creo, de este período de la primera ola de Frentes Populares, era que, en Francia, el éxito de un gobierno «moderado» en las elecciones fue la chispa que cambió el ánimo de millones de trabajadores. Ellos y ellas, por cuenta propia, comenzaron a luchar en forma independiente del acuerdo base de «su» gobierno.

Y durante un tiempo, existían dos alternativas reales, dos políticas distintas, para enfrentar y vencer a los fascistas.

La primera alternativa fue un gobierno moderado que integraba todos los partidos que no eran aliados con los fascistas, en un acuerdo de gobernabilidad moderado. Con esa unidad, iban a vencer el fascismo.

Y la segunda alternativa fue un movimiento multitudinario de trabajadores en lucha, luchando por mejorar sus condiciones de trabajo y de vida, capaz de convencer a todo el país que su movimiento era capaz de mejorar la vida de todos, y también a enfrentar a los fascistas.

Sin embargo, mientras los trabajadores movilizados de base avanzaban, sus dirigentes burocráticos sindicales y políticos planificaban su desmovilización.

El Frente Popular en Chile, de Pedro Aguirre Cerda y gobiernos posteriores, también se construyó sobre la base de acuerdos compartidos entre socialistas, comunistas, radicales y algunos liberales. Se construyó la base de la industria nacional a través de la Corfo, se integraron los dirigentes parlamentarios de los partidos populares al aparato estatal, pero durante el último de sus gobiernos (el gobierno de de Gabriel González Videla), por un lado la clase trabajadora se movilizaba en forma más independiente del gobierno (aunque sus partidos eran parte de ese mismo gobierno), y por el otra, el gobierno norteamericano presionaba a González Videla de integrarse en su política de la guerra fría.

La consecuencia fue una serie de huelgas masivas, la división de los socialistas en fracciones, la ilegalización del partido comunista por parte del gobierno, y a mediano plazo, la elección de ex-dictador Ibáñez en 1952 que dijo que iba a «barrer con los políticos» y la creación de una nueva política popular sindical que creció durante la formación de la CUT en 1953.

En fin, los Frentes Populares en Francia y en Chile gatillaron movimientos que no cabían dentro de su política de acuerdos.

Ese mensaje es importante, creo, para lo que pasa en Francia hoy. Un nuevo Frente Popular puede gatillar movimientos anti-fascistas, anti-racistas y también dar ánimo a los trabajadores que ya han mostrado su capacidad de lucha en la lucha contra los cambios en las pensiones.
Veremos si los activistas tienen que independizarse de la orgánica del Frente Popular para ser más efectivos.

La clave, creo, es la actividad de las organizaciones base de las maniobras de la burocracia sindical/parlamentaria, y la unidad anti-sectaria basada en la lucha mancomunada tanto como racismo y fascismo, como la lucha por los derechos laborales.

Comparte tu opinión o comentario