«El Monstruo» por Pablo Monroy Marambio

El Monstruo

Pablo Monroy Marambio

Ya hemos visto los primeros debates presidenciales de los bloques que tienen primarias internas. Hemos oído sus distintas propuestas, en tanto bloques, porque entre contrincantes, bastante pocas diferencias la verdad; y con ello, cada quien puede hacerse una idea hoy, de qué es lo que marcará en el voto el próximo 18 de julio.

Pero, nuevamente, es sobre esa posibilidad o imposibilidad de que la próxima papeleta tenga una raya de cada votante, es en lo que quiere insistir esta exposición. Mucha propuesta, pero poca respuesta en los debates respecto de qué hacer con la actual abstención, apenas si una tibia invitación a votar al final, por parte de los candidatos de izquierda. Por lo mismo, es que siento que debo insistir en lo mismo; lo considero urgente.

Ya abordaremos en su momento, lo relativo a la posible materialización de esta eterna identificación socialdemocrática nacional; identificación que debe entenderse, literalmente, en los mismos términos en que la planteó Marx en el 18 de brumario de Luis Bonaparte, y cuya encarnación estará a cargo de Yasna Provoste, ya que duda cabe. En fin.

 

¿Se acuerdan de El Monstruo?

Había una vez un Chile, anterior a pandemias y a estallidos sociales, que era pujante y ordenado, según esos que tanto lo echan de menos hoy por hoy. En ese Chile, una vez al año teníamos un voladero de luces de esos que parece que tanto nos gustan (y que compartía el mismo sentido “clásico” del espectáculo, vale decir manipulador, en estas tierras, con la mal llamada “fiesta de la solidaridad”). Hablamos de El Festival de la Canción de Viña del Mar, ni más ni menos; que, con los años, sumó el apelativo “Internacional” a su pomposo nombre. Famoso en su momento, como el Festival de San Remo o la OTI, nuestro ejemplar criollo fue también conocido por otro componente… El Monstruo.

Este Monstruo, no era ni más ni menos que el público asistente a las jornadas festivaleras, y que, dependiendo del espectáculo que se les presentaba, hacía total uso de su legítimo derecho a bien o mal calificar el mismo. Morbo mediante, esta expresión popular le empezó a interesar a los medios, tanto como los artistas que formaban parte de la parrilla, volviéndose una pregunta obligada a cada artista, de hecho, edición tras edición. Varias fueron las víctimas que se cobró este monstruo despiadado y perfecto, cuyo cuerpo y actuar dependía de la masa presente, es decir, de todos los presentes y de nadie particularmente.

Hoy ya no hay festival, verbigracia de la accidentada contingencia de un tiempo a esta parte, pero cuando había, se decía que el famoso monstruo había muerto hace tiempo, apelando con ello a que la otrora inexpugnable opinión del honorable público, en tanto fiscalizador de la calidad del número expuesto, se había reducido a un soso y televisivo aplauso complaciente.

Sin embargo, cada cierto tiempo, y a pesar de que le edificaron los cerros que antes hacía propios, justamente con la intención de acallar su voz, el monstruo volvía a rugir con toda furia, y engullía nuevamente a la pobre alma de turno a la que le tocaba la mala suerte (o que lo merecía del todo, si realmente no tenía mérito alguno).

Además de los primeros debates, la campaña televisiva de las elecciones respectivas, comienza el día 30 de este mes, extendiéndose hasta el día 15 del mes de julio, con una duración total de 15 minutos, divididos entre todos los candidatos, para que, tres días después, el día domingo 18, debamos asistir nuevamente a las urnas, a elegir al candidato que mejor represente nuestro sentir, dentro del mismo sector que se supone nos identifique, para luego, nuevamente, el día domingo 21 de noviembre de este año (comicio que también incluye a parlamentarios y a consejeros regionales), elijamos finalmente a quien dirigirá este país desde marzo de 2022. Así será, a menos que una escueta diferencia de votos nos obligue a una segunda vuelta, la que tendría lugar el día 19 de diciembre próximo.

Hasta aquí, todo esto no sería más que una revisión del calendario electoral, si no fuera por la irrupción de un nuevo Monstruo, uno que se ha hecho cada vez más patente, o a rugido con más fuerza, conforme se suceden los procesos eleccionarios; el comportamiento de los votantes.

Desde la columna anterior que venimos problematizando el fenómeno de la abstención, con la intención de entenderlo y no de criticarlo (como usualmente solemos hacer frente a este desinterés por la participación cívica, quienes aún seguimos creyendo en el mecanismo). Por lo mismo, me parece absolutamente relevante insistir en este ejercicio, como adelantaba al principio, pues, más allá de lo que prometan o no los distintos candidatos presidenciales, el gran imponderable sigue siendo ese, la participación ciudadana en las elecciones.

Y hay que problematizar el asunto cuantas veces sea necesario, sobre todo ahora que estamos frente a la grandísima posibilidad de que el voto vuelva a ser obligatorio. (Actualmente el proyecto volvió al Senado para terminar de definir sus particulares, como asegurar transporte público y locales de sufragio cercano a la vivienda, nada relativo a la formación cívica de la población).

Cuestión que, en mi humilde opinión, puede compararse perfectamente con lo que fue la reconstrucción de la Quinta Vergara el año 2002, cuyo mayor impacto fue la delimitación de esa tribuna natural que tenía el pueblo, a la que éste llegaba a través de los cerros y no por las entradas oficiales, y desde la cual ejercía su rol de Monstruo sin que pudiese ser controlado de manera alguna por la producción ni por los conductores del festival.

Una reconstrucción que, en la práctica, fue más un castigo de esa expresión popular, del carácter provinciano, vale decir, genuino, que el certamen tenía, que una apuesta arquitectónica cuyo único fin fuera potenciar la puesta en escena.

 

A pesar de ese cercenamiento, de todas formas hemos podido ver como el monstruo ha vuelto a rugir alguna vez, y en el último tiempo, han sido los bufones de palacio (la alusión no es en absoluto antojadiza, tiene toda intención) quienes han debido ofrendar su “vida” para la entretención de los asistentes al Coliseo.

De igual manera, este monstruo “indomable” de la participación política que hoy analizamos, se sigue comportando a sus anchas, sin que podamos predecir si los bocados que hoy se le ofrendan, le serán lo suficientemente atractivos para volver a rugir y decidir algún destino.

Parecía, de hecho, que había vuelto a rugir en octubre de 2020, cuando el padrón electoral logró porcentajes de participación no vistos en años. Pero ya vemos como esa esperanza de un nuevo Chile, en tanto sujeto político activo, que se encendió en muchos de nosotros, no fue más que eso, un chispazo inicial que no alcanzo a encender ninguna antorcha.

 

¿Estamos acaso ante un show que, aunque tibio, no es aun lo suficientemente malo para motivar el rugido despreciativo (traducible en su voto) del Monstruo de la participación electoral?

¿Es esta posibilidad, de la reposición de la obligatoriedad del voto, una nueva reconstrucción de la Concha Acústica que quiere, igual que esa, justamente controlar el comportamiento del Monstruo?

 

Responder estas preguntas, me evoca inevitablemente, los trabajos de la antropóloga Sonia Montecino o de la historiadora María Angélica Illanes, en tanto son quienes, a mi parecer, más se han concentrado en tratar de entender y definir el origen de nuestro carácter social, de nuestro “ethos”, ambivalente más que en apariencia, y cuya raíz podría rastrearse en la pugna doméstica de poder que planteaba el trabajo de las “nanas”, o la acción de las Gotas de Leche; o la persecución y contención de la expresión popular legítima, en fiestas como la de La Chimba, por ejemplo.

Según veo, mucho de ese carácter nos subsiste, y habría cierta coherencia entonces, en que la actual renuencia a votar, se condice de algún modo con el hecho de que en las manifestaciones de 2019 nunca se pidió una salida institucional como la que hoy está en curso. La expresión popular indómita se sigue haciendo notar, como quien dice, a pesar de que la queramos meter dentro de una urna. En ese punto específico estaríamos entonces. Por un lado, ante una nueva intentona de “corregirlo”; por fuerza, como siempre ha sido, y por otro, la “natural” resistencia popular a cualquier cosa a la que se le quiera someter.

 

Lo más probable es que el voto obligatorio vuelva, y ello pone sobre la mesa la discusión relativa al comportamiento que tendremos como votantes, pues ya está visto que la pura obligatoriedad, sin formación alguna que lo acompañe, no es garantía de nada.

A saber, muy obligatorio podrá ser el voto, pero si nos regimos por un mínimo de lógica en tanto sociedad, este nuevo escenario no debería cambiar en absoluto los resultados actuales de las elecciones, y la mayor cantidad de votantes, solo se traducirá en una impresionante cantidad de votos nulos o blancos, cuyos porcentajes deberían corresponderse con lo que hoy se registra como abstención. Ya veremos.

 

El primer Festival de la Canción de Viña del Mar, se llevó a cabo en febrero de 1960. Dos años antes, en 1958, el compañero presidente, Salvador Allende, iba por su segundo intento como candidato a máximo mandatario, y no son pocos quienes señalan que hoy, de hecho, estamos ante un escenario similar para las actuales intenciones de la izquierda.

Esta idea se enmarca dentro de lo que políticamente hablando se entiende como acumulación de fuerzas, necesarias para que el advenimiento de una verdadera izquierda revolucionaria tenga tras de sí todo el apoyo suficiente, es decir, la legitimidad suficiente para poder. De ese modo, emprender los cambios estructurales absolutamente imprescindibles, frente al actual sistema neoliberal de administración del país y sus recursos.

Pero entonces, esta propuesta de la acumulación de fuerzas, lo que está diciendo sin decirlo del todo, es que faltarían a lo menos dos periodos presidenciales más (ya que lo que se quiere equiparar son épocas distintas) para lograr que esas fuerzas logren un potencial necesario y suficiente para lograr llevar a cabo las transformaciones que se ha propuesto.

Podría ser, pero ante ello, insistiré en mi lectura de que, las disconformidades que dieron lugar al estallido social de 2019, son ante todo económicas, no ideológicas, vale decir, que acepto en esta lectura, que el riesgo es que el “botín” del “apoyo social” se lo podría quedar quien primero aparezca con la billetera, lo suficientemente grande para solucionar los problemas que terminaron resumiendo el origen del estallido (educación, salud, pensiones y sueldos dignos).

Esa ausencia absoluta de ideologías se estaría haciendo práctica ahora, de hecho, en momentos en que muchos se siguen preguntando qué es lo que sucede, que todo el empuje “revolucionario” de esas movilizaciones no ha podido traducirse en participación electoral institucionalizada.

Pues bien, volvemos aquí a mi diagnóstico anterior, al parecer, las respuestas que se quieren no están en los discursos, está en la capacidad de solución concreta de los problemas ya señalados. Esta falta de concreción, es la que se paga así, con esta indiferencia actual de parte de los votantes.

¿Para qué hacer obligatorio el voto entonces, si la derecha parece estar conforme con su pequeño cautivo? También me lo pregunto, y, como eventual respuesta, se me ocurre que el provecho que les podría traer esta indicación, sería el uso que se haga de la misma al preciso momento en que el proyecto se convierta en ley. Quiero decir que, el circo que circunda la “incertidumbre” Provoste (continuadora segura de la ex concertación y asociados) y la constante e histórica campaña de terror anticomunista, le pueden dar una idea de cual sería ese provecho que aquí le señalamos.

 

Tal es el espectáculo, y ante él, es interesante que el rugido continúe insistiendo en su rechazo al sistema electoral actual, el que, si cumple con esta previsión de hacer coincidir abstención con anulación, pone en absoluto entredicho la legitimidad de las herramientas de participación que seguimos usando, y ante ello, no podemos seguir haciéndonos los sordos; hay que oír la voz del pueblo, dijo el Puma Rodríguez.

¿Qué dice el público entonces, Gaviota?

Comentarios (4)

  • Rafael Vassallo Alfaro-Fernandois

    Me gusto el analisis..** podria ser un poquito mas ideologico .., cualquiera..you know *! Y para que los oyentes vayan teniendo mas contenido y asi poder tener + herramientas contra la satisfacccin de las necwsidades basicas » » …!! Buena colummna ..ah no me nombre porfavor al puma rodriguez que es una vercuenza como peesona..homofobico..anti todo lo que sea progresismo es gilpista de chave en miami..es facista con tutti..abrazos

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    • Pablo Monroy

      Nombrar al cantante fu solo un recurso retórico, para potenciar la idea del texto, dada la frase que quedo para siempre en nuestra memoria nacional.
      En cuanto a lo demás, por supuesto, todo lo aquí expuesto, quiere ser un humilde aporte a la necesaria dotación de herramientas críticas, para la sociedad responsable de si misma, que esperamos que surja en algún momento.

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  • Pau

    Que vuelva a rugir ese monstruo!!!

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    • Pablo Monroy

      Todos lo esperamos, pero no solo para corregir el espectáculo, sino que para cambiar sus condiciones.
      Muchas gracias por pasar.

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