El Impuesto Rosa: La usura del patriarcado neoliberal contra la mujer

Andrea Quijón Godoy.

Lic. En Comunicación Social. Periodista. Lic. En Pedagogía, mención Comunicación y Lenguaje. Activista Feminista.

Se conoce como Impuesto Rosa al sobre precio de algunos productos cuyo público objetivo es la mujer, en especial cuando éstos son funcionalmente idénticos a sus equivalentes usados por hombres, por lo que la diferencia de precio no se puede adjudicar a un mayor costo en la producción. Este sobre precio se transforma así en la mayor discriminación económica basada en el género existente en el mundo tanto por su rango de afectación como por mantenerse en cómplice silencio del sistema económico y del empresariado. En este sentido, la segmentación de productos por género ha demostrado ser altamente lucrativa, pues basa sus características diferenciadoras en códigos de color, diseños, etiquetas, publicidad focalizada y presentación del producto, perpetuando de esta forma la histórica estigmatización sexo-color.

La consecuencia directa del Impuesto Rosa, se traduce en la inflación de los precios de los productos femeninos, lo que innegablemente compromete la autonomía económica y vulnera los derechos de las mujeres. Este tema, ya ha sido resuelto en muchos países europeos y en Latinoamérica, las voces feministas han hecho eco de este llamado a la igualdad, que parte también por homologar los precios en los productos equivalentes desterrando de esta forma la vergonzosa discriminación de género en el sistema económico que nos gobierna. Es así que las féminas de México, Colombia y Argentina han sido pioneras en poner este tema en la mesa y lograr grandes acuerdos que han ido en post de amortiguar y solucionar este sobre precio.

A pesar que en Chile, la Ley del Consumidor establece como un derecho básico de los consumidores el no ser discriminados arbitrariamente, lo que quiere decir que “las empresas no pueden hacer distinción sin fundamento entre los consumidores, tales como sexo, raza, condición social o aspecto físico al ofrecer prestaciones de servicios o al vender bienes o productos”, en mayo de 2019, Sernac (Servicio Nacional del Consumidor), publicó el estudio prospectivo “Impuesto Rosa: ¿Hay diferencias de precios en razón del género?”, en el cual concluye que el 24% de los productos observados registran diferencias de precio por género; de éstos, el 81,6% corresponden a productos orientados a las mujeres.

Las variaciones de precio encontradas en esta observación, realizada en dos levantamientos de información distanciados en seis meses aproximadamente, comprobaron que, dependiendo del artículo, las diferencias de precios varían ascendentemente en los productos orientados a las mujeres a partir de un discreto 18,2% en juguetes y accesorios “para niñitas” y un 157,5% en la categoría bolsos, mochilas y maletas, rubro en el cual los colores pasteles y, por supuesto, el rosa, son literalmente el doble más caros que un discreto negro o azul marino. En productos de cuidado personal, la diferencia detectada es de 21,4% de sobre precio en productos “femeninos”; en los artículos para bebé, la diferencia llega a un 19,1%; mientras que en la categoría muebles y artículos de dormitorio, es de un 29,2%.

El documento no pasó de ser motivo de un par de notas periodísticas para rellenar espacios y no despertó mayor curiosidad en ningún nivel. En ese momento, nadie recordó que la Cepal ese mismo año, 2019, dio a conocer que, en Latinoamérica, Chile no es la excepción, las mujeres ganamos entre 16,1 y 25% menos que los hombres desempeñando trabajos de iguales características. En la publicación, también se da cuenta que dos tercios del tiempo de las mujeres están dedicados (voluntariamente o no) a labores no remuneradas, generalmente de cuidados; por lo que solo tienen disponible un tercio de su tiempo para dedicarlo al trabajo pago.

En Chile, como en muchos lugares aún, las mujeres pagamos más, ganamos menos y tenemos menos tiempo disponible, costos que al parecer vienen de la mano de estar insertas en un sistema patriarcal neoliberal que fomenta y promueve la subordinación de género, del hombre sobre la mujer, comprometiendo la autonomía económica, vulnerando de forma silenciosa y persistente, nuestros derechos; sobre todo, a las más vulnerables.

El movimiento social iniciado por unos estudiantes que saltaron un torniquete, nos ha llevado como sociedad a enfrentar uno de los momentos más importante de la historia del país: la escritura de una nueva constitución. Para ello se debió pasar por mucho: detenidos que hoy se han transformado en presos políticos, abusos de poder, violencia sexual, mutilados y muertos, que configuran graves violaciones a los derechos humanos perpetrados por un gobierno que se resiste al cambio que tanto se ha pedido en las calles. Esta lucha también la hemos protagonizado las mujeres chilenas y los movimientos feministas al luchar por impulsar y lograr la obtención de la paridad de género en las elecciones como también en la conformación final de la Convención Constituyente. Este es, entonces, el momento idóneo en el cual se puede hacer historia, consagrando una nueva Carta Magna con perspectiva de género en la cual se analicen y planteen todas las brechas que a diario debemos sortear las mujeres que habitamos este territorio, consagrar la verdadera igualdad entre todos los ciudadanos lo cual también pasa por no cobrarnos demás por un mismo producto.

Por ahora, es importante difundir y dar a conocer la existencia del Impuesto Rosa desde la comunidad, desde la grupa, desde los territorios hasta la escala global, para de esta forma exigir políticas públicas que eliminen este sobre precio invisible para la mayoría, pero palpable para la economía de las mujeres. Para erradicar la usura hacia las mujeres es necesario DENUNCIAR para LEGISLAR, pues es ahora en que el Estado debe reconocer la importancia de aplicar perspectiva de género en las políticas públicas que garanticen transformaciones económicas efectivas y justas, al mismo tiempo de llamar a empresarios y productores a establecer productos sin precio de género de forma de evitar la segmentación de mercado, especialmente en productos de primera necesidad.

Denuncia ahora:

#ImpuestoRosa #Feminismos #NoMásImpuestoRosa #LaUtilidadNoTieneColor #SobrePrecio

#DiscriminaciónDeGénero #DiscriminaciónEconómica

 

Referencias:

Estudio prospectivo sobre Impuesto Rosa: ¿Hay diferencias de precios en razón del género? – SERNAC: Información de mercados y productos

https://www.cepal.org/sites/default/files/presentations/mesa_7_i_vaca_t.pdf

 

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