«El Huracán del capitalismo» por Eric Fretz, desde EE.UU.

Mientras el número de muertos alcanza los 65 (3 septiembre), Eric Fretz informa sobre el impacto del huracán Ida en la costa este de Estados Unidos y su relación con el sistema.(*)

Una y otra vez, bajo el capitalismo, hemos visto cómo las personas más pobres se ven desproporcionadamente afectadas por los efectos mortales de acontecimientos como ciclones y terremotos, ya que los desastres naturales ponen de manifiesto las desigualdades antinaturales existentes. Ya es evidente que no sólo los efectos, sino las causas de los fenómenos meteorológicos extremos provienen del capitalismo.

El reciente informe del IPCC demostró que el aumento de la temperatura del aire y del mar provocado por el calentamiento global ya ha provocado más huracanes, y seguirá haciéndolo. «En los últimos setenta años», señaló Bill McKibben, «Estados Unidos ha tenido un promedio de tres tormentas terrestres al año. Ida es la decimoséptima en los últimos dos años».

Pero el calentamiento también provoca una «rápida intensificación» de las tormentas. Ida se convirtió en huracán en sólo seis horas. Cuando Ida golpeó la costa de Luisiana, el domingo 29, como un huracán de categoría 4 con vientos de hasta 240 km/h, fue la segunda tormenta más potente que golpeó el estado en su historia registrada.

Devastación

Más de un millón de hogares y empresas de Luisiana y Misisipi están sin electricidad, incluida toda la ciudad de Nueva Orleans, lugares que pueden permanecer sin electricidad durante semanas. Las estaciones de bombeo de aguas servidas de Nueva Orleans, que no tienen energía de reserva, dejaron de funcionar dejando a 441.000 personas de 17 comunas sin agua potable y sin agua para los baños. Se avisó a otras 329.000 personas que tienen que hervir el agua, difícil hacer sin electricidad. A esta miseria se sumó un aviso de calor que se combinó con la humedad alcanzando  temperaturas reales de más de cien grados. Decenas de miles de residentes fueron abandonados a su suerte e incluso los que tenían auto no podían arrancar por las colas en las carreteras.

En un escalofriante recordatorio de los horrores del huracán Katrina, el Departamento de Policía de Nueva Orleans anunció que se establecerían «patrullas anti robo».  El alcalde en ese entonces utilizó las detenciones resultantes para justificar el toque de queda y llamar a la Guardia Nacional. No para rescatar a la gente o reconstruir sino para patrullar las calles.

En fin, al igual que en el Katrina, son los pobres y los negros los que corren más riesgo de perder sus casas, y sus vidas. Huracán Ida llegó un año después del huracán Laura, que provocó una destrucción generalizada en la zona industrial de Mossville, de mayoría negra, causando incendios químicos y convirtiendo el lago Charles en una sopa tóxica. Peor aún, el desplazamiento de su gente y la escasez de viviendas causados por Laura agravaron la propagación de Covid en la zona.

El desplazamiento causado por Ida en Nueva Orleans podría llegar a ser aún peor. Los hospitales de Luisiana ya están llenos con más de 2.400 pacientes con coronavirus. No había suficientes camas vacías en el estado para evacuar a los pacientes de los hospitales de Nueva Orleans. El personal de un hospital informó de que tuvo que bombear manualmente aire a los pulmones de los pacientes de Covid mientras los trasladaba a un piso con un generador en funcionamiento.

Las secuelas

Después de pasar por Nueva Orleans, Ida seguía siendo una tormenta importante y causó inundaciones mortales desde la costa de Luisiana hasta Tennessee y la costa este. Por el camino provocó tornados en tres estados y mató a cerca de 50 personas en el noreste. En la ciudad de Nueva York se decretó el estado de emergencia tras un nuevo récord de lluvias (aunque muchos trabajadores esenciales mal pagados aguantaron la tormenta). La mayoría de los muertos por la tormenta en la ciudad de Nueva York, muchos de ellos inmigrantes, se ahogaron en apartamentos alquilados ilegalmente en sótanos de edificios.

El informe del IPCC predijo que las lluvias torrenciales y las inundaciones aumentarán en el noreste durante años, mientras que el oeste de EE.UU. se enfrentará a un aumento en las sequías y los incendios.

El huracán Katrina nos advirtió no sólo del clima extremo, sino de la negligencia local y federal y de los efectos mortales del racismo. Después del Katrina, se mejoraron los diques de una Nueva Orleans en proceso de gentrificación y, afortunadamente, resistieron al huracán Ida. Pero, como señaló un médico de Nueva Orleans, «el sistema es menos ambicioso que el que los habitantes de Luisiana solicitaron tras el Katrina y la protección que ofrece se debilita cada día, a medida que los humedales que algo protegen la ciudad del Golfo de México, se humedecen». En general, la catástrofe del Katrina se utilizó para impulsar la privatización y el desplazamiento, no para mejorar la infraestructura social. La desigualdad económica siguió aumentando tanto como el nivel del mar. El racismo y las emisiones de combustibles fósiles siguieron creciendo.

El capitalismo está causando este caos climático, así como la desigualdad. Los negros y los pobres, que contribuyen menos al cambio climático, pagan el precio más alto.

La lucha que se avecina

El sindicato UNITE HERE (Unidos Ahora) publicó una declaración sobre el huracán Ida que concluía acertadamente: «La justicia climática es una cuestión de justicia económica y racial y como movimiento sindical sabemos cómo unir a la gente en momentos de crisis, y sabemos cómo construir un movimiento que pueda lograr cambios extraordinarios… juntos debemos actuar, no sólo para proporcionar ayuda, sino para abordar las causas subyacentes del cambio climático que ponen en mayor peligro a las personas en los márgenes económicos de todo el mundo». Debemos construir entre todos un movimiento climático amplio y militante e integrar a los sindicatos de manera que pongan en práctica estas palabras.

Debemos exigir que el gasto masivo en «infraestructuras» se destine no a ayudar a los beneficios de las empresas estadounidenses, sino a proteger a los más vulnerables de los efectos inevitables del cambio climático.

De manera crucial, también debemos luchar para detener más emisiones de carbono, que están empeorando estos efectos y llevándonos a la catástrofe y reconstruir de una manera justa y ecológicamente sostenible. Pero esto significa enfrentar todas las prioridades del capitalismo y luchar por un sistema diferente basado en las necesidades humanas y la solidaridad.

 

(*)  Este artículo apareció por primera vez en el sitio web de Marx 21 https://marx21us.org/2021/09/03/hurricane-capitalism/?fbclid=IwAR2Ajq4aREA_oOdRzCb9LkXGfO5zH39u_rKzpTqGY1pwn4HbAE1kTFYjeDY

 

Comentarios (1)

  • Natacha

    Exelente cpmentario gracias

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