TOP

«El gran desafío en Francia» por Miguel Silva

Por: Miguel Silva

Con razón cientos de miles salieron a celebrar el fracaso de los racistas en las elecciones del domingo pasado, y el éxito del Nuevo Frente Popular.

Sin embargo, en cifras, los racistas de la Agrupación Nacional siguen una trayectoria meteórica. El partido, que en 2017 obtuvo ocho escaños (de un total de 577) en la Asamblea Nacional francesa, consiguió 89 hace dos años y el domingo pasado obtuvo 143 escaños, una cuarta parte del total.

En otras palabras, el ascenso de la Agrupación Nacional -un aumento del 60% en escaños legislativos en sólo dos años- es terrorífico.

Tiene una gran ventaje, en que es único entre los partidos importantes que nunca ha formado parte de una coalición de gobierno. Ello la libra de la culpa por el malestar económico crónico y esa serie de gobiernos de izquierda y derecha que nunca han cumplido.

Giorgia Meloni, la primera ministra de Italia, tampoco había formado parte de los gobiernos de  derecha/izquierda. Y  su partido,  Hermanos de Italia, al igual que la Agrupación Nacional de Le Pen, también tiene sus raíces en simpatizantes fascistas de la Segunda Guerra Mundial.

 

La Izquierda – el Nuevo Frente  Popular (NFP).

Por su parte, le izquierda  obtuvo 180 escaños, seguido por los de Macrón con 168. El partido de Le Pen y sus aliados quedaron en tercer lugar con 143 escaños (frente a los 89 diputados que tenían en la asamblea anterior). La corriente conservadora tradicional Les Republicains obtuvo 60 escaños.

Para ganar en la segunda ronda, los dela derecha y de la izquierda se acordaron para dejar solamente un candidato para enfrentar a Le Pen.

Las negociaciones incluyeron  el apoyo «de todos» al ministro del Interior, Gerald Darmanin, arquitecto de la represión racista, y  a la ex primera ministra, Elisabeth Borne, impulsora de los ataques a las pensiones. Darmanin y Borne ganaron.

Darmanin pidió inmediatamente un gobierno nacional sin «radicales». «Hoy, nadie puede decir que ha ganado estas elecciones legislativas. Y sobre todo el señor Melenchon, que hace unos momentos ha mostrado muchas pretensiones en televisión… Hay un deseo de cambio por parte de los electores. Constato que la derecha republicana sigue siendo muy fuerte. Quizá deberíamos abrirnos un poco más a esa derecha republicana».

Pero el nuevo Frente Popular integra figuras socialistas bien conocidas por las políticas racistas y represivas cuando eran parte de gobiernos. De hecho, El NPF ha resucitado el Partido Socialista que parecía muerto consecuencia de sus gobiernos de «izquierdas» con políticas de derecha. En el seno del PNV, el Partido Socialista obtuvo 59 escaños, no muy lejos de los 74 de Melenchón. Los Verdes obtuvieron 28 escaños y los Comunistas, nueve.

 

¿Qué hacer después de las elecciones?

Se están discutiendo dos alternativas muy distintas de acción.

Por un lado, que el nuevo Frente Popular tiene que formar un gobierno e instalar su «programa» que incluye un aumento inmediato del sueldo mínimo, congelar el precio de la luz e inversiones en la vivienda social.

Por el otro, otros y otras critican esa opción porque es poco realista. Lo que viene ahora es una negociación caótica para formar un gobierno que «todos aceptan», y la izquierda va a ceder para entrar en gobierno.

Es más, que ese tipo de gobierno no va a ser muy radical porque tienen que negociar para «entrar» a gobernar, y por ende va a dejar a la Agrupación Nacional con una gran ventaja… que otra vez más, «la izquierda y la derecha de Macrón son la sisma cosa».

Por ende, es mucho más importante organizar hoy esa gran fuerza, esos cientos de miles, que salieron a marchar contra los racistas en un movimiento base contra racismo.

Parece que la primera opción no es contradictoria a la segunda. Pero, en verdad, la primera es una opción parlamentaria que nos hace recordar de la esperanza que trajeron tantos gobiernos «de izquierda que gobernaron como izquierda» anteriores. La segunda depende de la organización real de base.

Como dijo Sergio Grez en un comentario el otro día: «Las reacciones por el resultado de las elecciones francesas me recuerdan el 10 de mayo  de 1981 en la Plaza de la Bastilla cuando ganó Mitterand. Estuve ahí. Las mismas canciones y alegría. Luego vendría le desilusión. ¿La tragedia y la comedia?»

Organización contra el racismo puede poner en marcha esos millones que podrían estar tan desilusionados frente a (otro) gobierno que no cumple

 

 

 

Los resultados auguran una

 

Comparte tu opinión o comentario