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«Dividir para Ganar, Lula y la derecha radical» por Miguel Silva

Por: Miguel Silva

De 1985 a 2002 los gobiernos a nivel municipal y estatal con participación del PT en Brasil, adoptaron los «presupuestos participativos» que ampliaron con éxito la participación de los movimientos populares en las decisiones del gobierno local.

Sin embargo, el PT tomó decisiones estratégicas a finales de la década de 1990 y principios de la de 2000, basadas en la creencia que podía tomar un atajo hacia la presidencia a través de una alianza con los partidos conservadores.
Esta forma de hacer política en Brasil, lo que los politólogos llaman «presidencialismo de coalición», tuvo que enfrentar la situación en 2003, que Lula gobernaba bajo la vigilancia de un Congreso con 513 diputados, mientras que el PT sólo contaba con 91 parlamentarios.
En 2014 la situación para Dilma era aún peor: 70 diputados en un Congreso de 513. Esta composición estructural del Congreso brasileño ayuda a explicar las sucesivas adaptaciones del PT a la política tradicional. Pero su política económica también ayuda a explicar aquellas adaptaciones.

Una vez en el gobierno, el PT intentó implementar una económía «desarrollista». Es decir, «un proceso estructural de utilización de todos los recursos domésticos disponibles con el fin de lograr la máxima tasa de acumulación de capital ambientalmente sostenible, basada en la incorporación de progreso técnico. El objetivo primario es el de alcanzar el pleno empleo de los recursos laborales disponibles” (1)
Con estas medidas, las naciones de desarrollo medio buscan alcanzar a los países desarrollados. Así planteaba el desarrollo el PT.

Al asumir su primer gobierno, Lula sostuvo que “Es absolutamente necesario que el país vuelva a crecer, generando empleos y distribuyendo renta (…) mi compromiso con la producción, con los brasileros y brasileras, que quieren trabajar y vivir dignamente del fruto de su trabajo (…) crear empleo será mi obsesión”
Y para avanzar en ese camino, el PT se inclinaba por la articulación con el mercado global, se inducía la inversión privada, democratizaba el acceso a crédito y promovía políticas de transferencia de renta. El Estado, en este sentido, buscaba el crecimiento económico y regulaba una economía abierta al mundo.
Lula en su primer discurso de asunción declaró que (2):
…»Por medio del comercio exterior, de la capacitación de tecnologías avanzadas y de la búsqueda de inversiones productivas, las relaciones externas de Brasil deberán contribuir para la mejora de las condiciones de vida de la mujer y del hombre brasileros, elevando los niveles de renta y generando empleos dignos (…) En relación al ALCA, en los acercamientos entre Mercosur y la Unión Europea, que en la Organización Mundial del Comercio, Brasil combatirá el proteccionismo, luchará por su eliminación y tratará de obtener reglas más justas y adecuadas a nuestra condición de país en desarrollo».

Y con el propósito de formar una coalición de gobierno basada a esta política económica, Lula proclamó que:
«Creo en el pacto social. Con ese mismo espíritu constituí mi Ministerio con algunos de los mejores líderes de cada segmento económico y social brasileño (…) vamos a adoptar un nuevo estilo de Gobierno con absoluta transparencia y permanente estímulo a la participación popular. El combate a la corrupción y la defensa de la ética en el trato de la cosa pública serán objetivos centrales y permanentes de mi Gobierno»
«…Vamos a incrementar también la agricultura familiar y el cooperativismo, las formas de economía solidaria. Ellas son perfectamente compatibles con nuestro vigoroso apoyo a la pecuaria y agricultura empresarial, a la agroindustria y el agronegocio (…) además del combate implacable a la inflación, precisamos exportar más, agregando valor a nuestros productos y actuando con energía y creatividad, en los suelos internacionales del comercio globalizado.»

El Pacto Social sería popular…
«El pacto social será, igualmente decisivo para viabilizar las reformas que la sociedad brasileña reclama y que yo me comprometí a hacer: la reforma de la Previsión, reforma tributaria, reforma política y de la legislación laboral, además de la propia reforma agraria. Ese conjunto de reformas va a impulsar un nuevo ciclo de desarrollo nacional. Instrumento fundamental de ese pacto por el cambio será el Consejo Nacional del Desarrollo Económico y Social (…) reuniendo empresarios, trabajadores y líderes de los diferentes segmentos de la sociedad civil. …
En fin, los dos pilares centrales de la política del Gobierno del PT eran el «desarrollismo» económico y el «presidencialismo de coalición» basado en el apoyo a ese desarrollo.

La integración de fuguras conservadoras.
En la práctica, en el intento de avanzar con esa política, el PT inició un proceso de transformación en un partido muy similar a la media del panorama político brasileño, ofreciendo cargos ministeriales a cambio de apoyo político en el Congreso… y la creciente participación de las grandes empresas y sus objetivos.
Por ejemplo, el presidente del Banco Central (nombrado por Lula en 2003 y 2010), Henrique Meirelles, fue presidente del Banco de Boston, y luego ministro de finanzas del gobierno derechista de Temer. Para la cartera de Desarrollo, Industria y Comercio, se designó a Luiz Fernando Furlan, uno de los mayores empresarios de Brasil, titular del grupo agroalimentario Sadía y del influyente Grupo Brasil en Argentina, además de consejero de Telefónica en Brasil. Y, para completar el área económica, se anunció que el secretario del Tesoro fuera Joaquim Levy, ex economista jefe del Ministerio de Planificación con el Gobierno de Cardoso.
Estos arreglos políticos dieron como resultado un gobierno que, por un lado, presentó proyectos sociales como la Bolsa Familiar pero, por otro lado, dejó intacta la estructura del sistema financiero.
Hoy es el momento preciso de volver a estas discusiones estratégicas con toda la evidencia de sus trágicos resultados: la elección de Bolsonaro, el caso empate en las últimas elecciones presidenciales y la elección de conocidos derechistas «radicales» en el parlamento, el senado y en los gobernaciones en casi todo el país.

El peso de la historia.
Brasil tiene una larga historia de dictaduras. Entre 1930 y 1945, hubo una dictadura bajo el primer gobierno de Getúlio Vargas, con varias fases dentro de este período; y entre 1964 y 1985, una dictadura militar ocupó el poder. Sin un desarrollo económico rápido, el Estado ejercía la represión sobre una población sin futuro.
Al terminar la dictadura en 1985, casi todos los partidos políticos, con casi todo el espectro político de alternativas, estuvieron en algún momento al frente de los gobiernos nacionales brasileños. Sin embargo, la política electoral brasileña ha sido una cadena de fracasos, cada fracaso definiendo al presidente posterior.
Incluso, el PSDB socialdemócrata de Cardoso (1995-2003) asumió los programas económicos de la derecha. Y posteriormente, el PT asumió las políticas económicas de Cardoso.
¿Por qué ha sido así? ¿Por qué tan pocos cambios y tanto autoritarismo?

Porque el el largo estancamiento relativo de la economía brasileña y la desindustrialización relativa del país trajo el estancamiento político.
En otras palabras, el agotamiento de las alternativas de las diferentes posiciones políticas frente a la economía brasileña desde 1985, ha sido consecuencia del estancamiento económico.
Nuevas alternativas a «lo que hay» podrían ser una izquierda radical o una derecha radical. Bolsonario representa la derecha radical en su intento de romper ese estancamiento. El PT podría haber sido la nueva alternativa radical.

El estancamiento económico y Lula.
El período entre 1990 y 2020 se discute en la prensa como una serie de «décadas perdidas». Como dijo una vez el presidente del banco central de Brasil, si el crecimiento fuera del 5% o del 6% anual (en vez de un promedio de 2% entre 1987 y 2022), nadie hablaría de medidas de austeridad que ponen un límite constitucional al gasto público. Y la tasa de ganancias en Brasil aumentó en un 5% con la bonanza de las materias primas, pero en 2016 ya había caido debajo de su nivel a principios del siglo (3c).

Como ejemplo de la situación económica, Lula destacó que, cuando inició su mandato (2002), el país casi carecía de reservas internacionales líquidas. Es decir, no podía pagar su deuda, unos 460.000 millones US$ entre la deuda externa e interna pública y la deuda externa de las empresas. Es importante no olvidar que el 70% de la deuda interna del Estado, alredededor de 250.000 millones de dólares está atada a la evolución del dólar o de los tipos de interés.
Bueno, en el año 2002, los pagos de amortizaciones e intereses de la deuda externa alcanzaron 26.700 millones de dólares y los de la deuda privada, alrededor de 28.000 millones. La economía de Brasil, entonces, tuvo que pagar más que cincuenta mil millones de dólares sin tener reservas.
Fue frente a esa situación económica-política que el PT aplicó su «presidencialismo de coalición» porque pensaba que sólo la asistencia externa y el apoyo del mercado para las refinanciaciones de los vencimientos internos permitiría a Lula superar la crisis de la deuda de Brasil.

Acto seguido, el gobierno de Lula trabajó en pro de un superávit comercial y en las buenas relaciones con el mundo financiero y empresarial interno e internacional. Y en el año 2002, la economía de Brasil creó un superávit comercial de 4,25%, incluso en exceso con la meta de 3,75% comprometido con el FMI.
Parece que funcionaba su política para el gobierno, y también para el Pacto Social y la población.

Las iniciativas populares de Lula y Dilma.
La estabilidad política alcanzada bajo el liderazgo de Lula en 2002 se derivó de las condiciones económicas que permitieron el aumento de la tasa de ganancias para sus aliados empresarios, el aumento en los sueldos reales y bonos para sus bases sociales y recursos para pagar la deuda pública y privada.
Cuando estas condiciones cambiaron con el fin de la bonanza de las materias primas en 2014, la alianza política se disolvió, lo que dio lugar a una reacción de los sectores capitalistas para recuperar la rentabilidad con la reanudación del pleno neoliberalismo de la derecha radical reorganizada por Bolsonaro.
Pero durante un periodo, al comienzo de los gobiernos del PT, los precios de las materias primas aumentaron un 135% entre 2002 y 2007 (FMI, 2016); el PIB real creció un 4% anual entre 2002 y 2010 y los sueldos reales aumentaron un 30% entre 2000 y 2014 (3b)

Entonces los gobiernos de Lula tenían cómo rescatar parte de la población de la pobreza en que sobrevivían. ¿Cuáles fueron las principales iniciativas adoptadas entre el primer gobierno de Lula en 2003 y la destitución de Dilma en 2016?.
Tres de estas iniciativas: Bolsa Familia, el aumento del salario mínimo y la ampliación de la educación superior, eran positivas.
El programa social Bolsa Familia recibió el apoyo y el aplauso mundial, de forma merecida. Contribuyó a reducir la pobreza extrema y a mejorar las condiciones económicas de las regiones más desfavorecidas de Brasil, especialmente la región noreste. región donde Lula ganó más votos en la última elección presidencial.
Fue un programa social relativamente barato (con un coste de un 0,5% del PIB), aportó fuerza electoral al PT, y un fuerte apoyo de los más desfavorecidos de Brasil. Fue un programa de asistencia social en el que participaron en 2016, 13 millones de familias o 50 millones de personas en Brasil. Las familias con una renta per cápita mensual inferior a 77,00 reales (16 mil pesos chilenos de hoy, por persona) tenían derecho a recibir un estipendio mensual de 70,00 reales.
Mientras que se implantaban los cambios sociales, la tasa de desempleo bajaba del 12,3% en 2003 al 6,7% en 2010 y se fortalecía del poder de negociación de los trabajadores debido a los cambios políticos e institucionales. Acto seguida, el número de huelgas en el sector privado se disparó a principios de 2010, pasando de 264 en 2009 a 1106 en 2013. Parece que terminaba el estancamiento económico y político y nacía un nuevo país.

Mientras tanto, como parte de la política del «presidencialismo de coalición», el gobierno también gastaba recursos para pagar los intereses de la deuda. Los recursos destinados al Bolsa Familia eran solamente una pequeña parte del gasto público para pagar los intereses de la deuda pública que alcanzó a 5 por ciento del PIB brasileño en 2014 y 8,5 por ciento en 2015. Según el periódico Estado de São Paulo, el total de esos recursos asciende a diez veces los dedicados a Bolsa Familia. (4)
Y de verdad, en el presupuesto de 2014: 42,02% estuvieron comprometidos con el pago o desplazamiento de la deuda o intereses; 4,11% para salud; 3,49% para educación; 2,86% para asistencia social (donde está el Programa Bolsa Familia.) (4b)

No estaría demás en este punto hablar un poco también sobre las deudas de las empresas privadas y los gobiernos brasileños. En Brasil, la deuda privada de largo plazo se triplicó a principios del siglo, superando US$320.000 millones en 2014. Datos del Banco Central del Brasil muestran que la deuda multinacional-subsidiaria, es decir la deuda entre las empresas, conforma un 43% del total de la deuda privada.
Es decir, una subsidiaria pide prestado a la casa matriz multinacional unos millones de dólares, y el gobierno garantiza ese préstamo. Todo esto también durante los gobiernos del PT. El gobierno garantiza los préstamos porque interviene en los mercados de futuros del tipo de cambio, forzando a la baja el precio futuro del dólar para disminuir el costo de las deudas de las empresas. (4c)
¡Lindo negocio para las multinacionales… crédito a bajo costo! Pero todo parte de una coalición amplia.
En otras palabras, para seguir trabajando con su política de «presidencialismo de coalición», con su integración de los empresarios de la soya, del hierro, de la carne de chancho, los gobiernos del PT gastaron mucho más del presupuesto en el sistema financiero internacional que en las necesidades sociales directas de los pobres.

 

El comienzo del fin de la bonanza.
A finales de la década de 2000, parecía que Brasil había recuperado su dinámica de crecimiento perdida desde la década de 1980. Entre 2002 y 2010, la economía brasileña se expandió a un ritmo del cuatro por ciento anual. Pero en 2010, cuando Dilma Rousseff fue elegida la primera mujer presidenta brasileña, la tercera victoria consecutiva del Partido de los Trabajadores, la tasa de crecimiento del PIB se redujo al 2,4 por ciento anual entre 2010 y 2014. ¡Volvía el estancamiento tan conocido!
La causa del estancamiento entre 2010 y 2011 , fue por un lado, la caída de la demanda en los países desarrollados y en segundo lugar, el real se apreció aún más por la llegada de capitales especulativos en busca de altos tipos de interés. ¡Menos exportaciones y muchos intereses por pagar a las deudas!

Frente a este nuevo periodo de estancamiento, el gobierno promovíó aumentar las inversiones privadas. De hecho, desde entrar en su segundo gobierno, Lula ya señalaba la importancia que el país creciera con «responsabilidad fiscal», lo que se lograría combinando la inversión privada y pública con presencia del Estado: “Sé que la inversión pública, sola, no puede garantizar el crecimiento. Pero ella es decisiva para estimular, incluso ordenar la inversión privada. Estas dos columnas, articuladas, son capaces de dar gran impulso a cualquier proyecto de crecimiento” (5)
Según Augustin Filho, ex subsecretario del Ministerio de Hacienda entre 2007 y 2014, la base de la expansión de la inversión privada sería la modificación tanto de la tasa de interés como del tipo de cambio. Un tipo de cambio devaluado restablecería la competitividad manufacturera.
La condición para la depreciación fue la caída de los tipos de interés y la disminución de las entradas de capital extranjero. El Banco Central recortó la tasa de intereses referencial (Selic) del 12,5% anual en agosto de 2011 al 7,25% en octubre de 2012 (3b) . Además, los bancos públicos aumentaron su competencia con el sector privado, ampliando su cuota de mercado hasta el 40% de las operaciones de crédito a principios de la década de 2010.

Esta estrategia de crecimiento e inversiones impulsó la explotación de grandes reservas de petróleo en alta mar por parte de Petrobras y la política de contenido nacional en las actividades relacionadas con la producción de petróleo. Petrobras ya anunció el descubrimiento de las reservas de petróleo del presal en 2006 e inició la producción en estos campos en 2010.
¡Síííí! esa misma empresa tan importante para la estrategia económica del gobierno. ¡Esta misma empresa también era central en los casos de corrupción investigados por la operación «Lavado de autos»!

La crisis de 2014-16
Pero bueno, luego, a pesar de las buenas relaciones entre Lula y los empresarios, pero bajo el impacto de los enfrentamientos sobre la tasa de interés SELIC, Brasil entró en una crisis económica muy profunda: en 2015 el PIB se contrajo un 3,8% y un 3,6% adicional en 2016, una crisis económica similar a la de 1929-31, cuando el PIB brasileño se contrajo un 8,1%.
La crisis en Brasil fue provocada por la caída global en los precios de las materias primas, tanto de metales como granos, aceites y carnes de los cuales Brasil exportaba principalmente soja, minerales de hierro, aceites de petróleo y azúcar de caña o de remolacha.
Acto seguido, el gobierno de Dilma y del PT fue dividido entre los que querían aplicar la austeridad frente a la crisis y los que iban a sufrir las consecuencias de aquellas medidas de austeridad. Los economistas (incluso Joaquim Levy, ex jefe del Ministerio de Planificación con el Gobierno de Cardoso y ministro de Finanzas del segundo gobierno de Dilma) y Dilma estaban en el lado de la austeridad. Y en el otro lado, algunos de los movimientos sociales que no querían pagar el precio de la crisis.

La presidenta sabía que necesitaba a los movimientos sociales para luchar en la calle contra la amenaza de destitución, los mismos que la ayudaron a ganar las ajustadas elecciones presidenciales. Pero también sabía que era cada vez más difícil pedir apoyo a los movimiento mientras el Gobierno aplicaba la austeridad en áreas como la vivienda, la educación, o realizaba cambios que afectan a los trabajadores.
En fin, los mismos movimientos sociales que salieron a la calle contra la destitución de Dilma, crearon el Frente Pueblo Sin Miedo para luchar contra los ajustes fiscales, aunque afirmaban que no estaban de acuerdo con la destitución de la presidenta.
Perder el apoyo de por los menos parte de los movimientos sociales fue un duro golpe para el PT, que intentaba atraer estos mismos movimientos al Frente Brasil Popular, creado por el partido unos días antes para organizar las movilizaciones contra la destitución.
En otras palabras, el PT cavó su propia tumba con su política de «presidencialismo de coalición», porque, para no perder el apoyo de sus aliados empresariales, implementaba más medidas que exigían ellos que medidas que exigían sus bases en los trabajadores y campesinos
Mejor no olvidar el hecho que la economía de Brasil está estrechamente ligada con la economía global, tema no menor cuando tomamos en cuenta que esa economía global está entrando a una recesión hoy.

Temer y el contraataque de los empresarios
En 2017, durante el gobierno derechista de Michel Temer, ex-vicepresidente de Dilma, no solamente se acusó a Lula de corrupción durante la Operación anticorrupción «Lavado de Autos», sino también a políticos de los dos principales partidos de centroderecha. De hecho, en la operación, se investigó a todos los partidos que estuvieron en el gobierno desde 1991.
Una encuesta de 2015 ya señalaba que el 67% de los brasileños creía que la corrupción era la principal razón de la crisis económica.
¡Más pruebas que no había cambiado nada en el país, para los políticos radicales nuevos de la derecha!
Claro, la destitución de Dilma y la encarcelación de Lula eran parte de la lucha política entre la derecha y la izquierda. Lula fue encarcelado el 7 de abril de 2018 y se le prohibió ser candidato presidencial en las próximas elecciones. El juez federal que encarceló a Lula, Sérgio Moro, se convirtió más tarde en ministro del gobierno de Bolsonaro.

Temer entró a gobernar para imponer la austeridad sin mayores discusiones… al día siguiente de suceder a Dilma tras su destitución el 31 de agosto de 2016, anuló la mayoría de las secretarías especiales vinculadas a los derechos y a la protección social que fueron creadas después de 2003 mediante una Medida Provisional enviada al Congreso.
Extinguió el Ministerio de Derechos Humanos, el Ministerio de Reforma Agraria, la Secretaría Especial de Derechos de la Mujer y la Secretaría Especial de Igualdad Racial.
Además, cambió la Constitución para congelar el gasto público real, durante 20 años. En abril de 2019, el gobierno también suspendió el funcionamiento de casi el 90 por ciento de los órganos «colegiados» vinculados al gobierno federal. Entre ellos se encontraban muchos de los consejos de políticas públicas y en consecuencia, las conferencias relacionadas. Estos consejos formaban parte de la infraestructura participativa creada durante los previos 30 años.

Bajo el impacto de estos cambios, la desigualdad comenzó a crecer (8): entre el cuarto trimestre de 2014 y el segundo trimestre de 2019, el índice de Gini (una medida de la desigualdad) pasó de 60 a 63. La pobreza aumentó: desde finales de 2014 hasta finales de 2017, el porcentaje de la población en situación de pobreza creció del 8,38 al 11,8 por ciento.
Y hubo un aumento del desempleo entre 2014, cuando la tasa de desempleo se situaba en torno al 7 por ciento, a una tasa más cercana al 12 por ciento en el último trimestre de 2018 (estas cifras no incluyen a los trabajadores informales). Hoy, la tasa de cesantía es alrededor de 9%.
Además, durante este período se produjo un aumento del desempleo de larga duración (personas desempleadas durante al menos dos años), pasando del 17,5 por ciento de los desempleados en el primer trimestre de 2015 al 24,8 por ciento en el primer trimestre de 2019.
Las medidas de austeridad aplicadas durante la crisis también han afectado al sistema sanitario brasileño. Según un artículo de la revista médica The Lancet, estas «exacerbarán la infrafinanciación crónica del SUS [Sistema Único de Salud, el sistema sanitario financiado con fondos públicos], dejando un sistema sanitario que atiende a las poblaciones más pobres con una atención de baja calidad, con un empeoramiento de los resultados sanitarios, la protección financiera y las desigualdades» (7).
¡Todo listo para la catástrofe de la Pandemia

La economía de estancamiento, el capitalismo agresivo y Bolsonaro
El estancamiento económico relativo a largo plazo de Brasil, y en particular su crisis después de 2014, han abierto las puertas para una nueva y más radical «política».
Aquella política de la derecha refleja los cambios en la economía. Por ejemplo, la participación del sector manufacturero en el PIB de Brasil alcanzó su máximo nivel en 1982, pero desde ese entonces está en un descenso. En 2000, las exportaciones mineras y agrícolas eran más de cinco veces inferiores a las exportaciones del sector manufacturero. Pero en 2021, solamente 20 años después, las exportaciones mineras y agrícolas ya habían alcanzado los niveles de la manufactura.
Por lo tanto, se ha impulsado la deforestación, la privatización de tierras públicas y la invasión de áreas protegidas para los pueblos indígenas. Las empresas y organizaciones que representan este capitalismo agresivo se reunieron con Bolsonaro al inicio de su campaña electoral en 2018 y después de las elecciones, tuvieron un representante directo en el gobierno, lo que explica el deterioro ambiental que ha tenido lugar bajo el gobierno de Bolsonaro.
Es más, Bolsonaro ha organizado un nuevo capitalismo que integra la varias formas de opresión para avanzar con su explotación. Ha organizado el racismo, el sexismo, el odio conservador contra los movimientos por los derechos humanos y por la ecología. Bolsonaro es una tribuna para el odio, con el propósito de dar energía a un capitalismo nuevamente «vigoroso».

Ha reformulado el subempleo, la desregulación y la coerción económica  como muestras de la libertad personal. Ha convencido a millones que los avances sociales son más bien avances individuales. Que, si uno está sometido a condiciones de vida y de trabajo cada vez peores, éstas deberían imponerse a todos – menos a los «ganadores».
De ahí Bolsonaro es símbolo de la disciplina y permisividad donde ganar es dejar de estar sometido a las mismas reglas que controlan los demás. ¡Dividir es ganar!

En fin, Bolsonaro quería echar al basurero cuarenta años de politiquería, lo que en su opinión, ha sido una de las causas del estancamiento del país. Y ganó su apoyo sobre esa base política.

Lula, el legado de Bolsonaro y el futuro.

Bolsonaro, entonces, ha logrado lanzar una nueva derecha radicalizada, como alternativa de la tradicional y muy odiada política brasileña. Pero Los gobiernos del PT NO lograron crear una nueva izquierda radical… no era su meta. Y pagaron el precio con la destitución de Dilma y la elección de Bolsonaro.
Para ver si el PT podía haber creado una izquierda radical, nueva, no estaría de más repasar algunos de los hechos que enfrenta Lula hace veinte años y que todavía están vigentes hoy…

Que la economía de Brasil está estrechamente ligada a la demanda por materias primas en la economía global y esa demanda depende del estado de las economías centrales del mundo, las cuales estan entrando a una recesión actualmente.
Que la economía está muy endeudada. Hoy la deuda pública alcanza un 77% del PIB y la deuda privada un 70%.
Que los «políticos» de siempre tienen muy mala fama y también sus soluciones de siempre. Por eso, el fuerte impacto de las soluciones radicales antifeministas, anti-ONG, anti-ecologistas, porque esas políticas radicales se lanzan en contra del bla-bla-bla de los 4 gobiernos del PT que no tienen buena fama debido a la crisis económica y de corrupción en que terminaron los gobiernos de Dilma.
Que el capitalismo agresivo reorganizado por Bolsonaro integra la opresión como elemento central a la explotación capitalista del país,para subir la profitabilidad del capitalismo nuevo radical, agresivo, que es relativamente baja. (3c)

Así es el sistema capitalista que enfrenta Lula. Bolsonaro perdió las elecciones, a pesar de su política radical. Sin embargo, gente que comparte su política ganó 2/3 de los escaños en el parlamento y también el el Senado.
Por ende, va a ser muy difícil para Lula crear una versión 2.0 del «presidencialismo de coalición», porque la atracción de la nueva derecha radical es muy fuerte, mucho más fuerte que en 2002, antes de su primer gobierno. ¿Con quiénes formar aquella coalición hoy?

Bolsonaro perdió la elección, pero su gente todavía está ganando «la batalla de ideas» y son un obstáculo en el camino de Lula.
La alternativa radical de Izquierda.
Creo que queda claro que la política parlamentaria del PT, integradav con su política económica, no ha sido capaz de romper la cadena tradicional de política en Brasil.
¿Es posible romper esa cadena con una política de «presidencialismo de coalición»?
No lo es.
¿Es posible hacer crecer el país, bajar la desigualdad y mejorar el estandar de vida de la población, cuando el gobierno respeta el pago de la deuda pública y privada y el estancamiento económico internacional actual?
No lo es.
¿Es posiible sacar los millones de pobladores y trabajadores de las garras de la derecha radical, racista, machista, anti-ecológica, con una política de coaliciones?
No lo es.
Creo yo que lo que la izquierda en Brasil tiene que armar, por lo tanto, es una política sobre el cómo reconstruir la lucha de base. La base que SÍ se creó durante los años de lucha de los 80′, cuando nació el PT.

 

Referencias
(1) Fundação Getulio Vargas – Centro de Estudos do Novo Desenvolvimento, 2010: pág. 1.
(2) Da Silva, 2003 citado Fundação Alexandre de Gusmão (2008). Discursos Selecionados do Presidente Luiz Inácio Lula Da Silva. Brasilia: Ministério das Relações Exteriores.
(3) https://cincodias.elpais.com/cincodias/2002/12/31/economia/1041317787_850215.html
(3b) Profitability and Distribution: The Origin of the Brazilian Economic and Political Crisis en Latin American Perspectives · December 2019
(3c) Profitability and Distribution: Figura 2
(4) http://tinyurl.com/zwxdk3d
(4b) Auditoría Ciudadana de la Deuda, acceso en julio de 201
(4c) https://www.bbc.com/mundo/noticias/2016/01/160113_america_latina_deuda_privada_dgm
(5) Da Silva, Luiz I. (2007). Discurso presidencial. Extraído de http://www1.folha.uol.com.br/folha/brasil/ult96u88185.shtml
(6) http://isj.org.uk/political-economy-bolsonarism/ 2022
(7) http://isj.org.uk/the-core-of-bolsonaros-government/ 2019
(8) http://isj.org.uk/a-historic-turning-point-in-brazil/ 2016

 

Comentarios (1)

  • Natacha

    Me encantó la información la difundire al maximo

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