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«Disonancia cognitiva»,  por Pablo Monroy Marambio 

Disonancia cognitiva 

Por Pablo Monroy Marambio 

 

“Saber y no saber, hallarse consciente de lo que es realmente verdad 

mientras se dicen mentiras cuidadosamente elaboradas,  

sostener simultáneamente dos opiniones  

sabiendo que son contradictorias  

y creer sin embargo en ambas;  

emplear la lógica contra la lógica,  

repudiar la moralidad mientras se recurre a ella,  

creer que la democracia es imposible  

y que el Partido es el guardián de la democracia;  

olvidar cuanto fuera necesario olvidar y, no obstante,  

recurrir a ello, volverlo a traer a la memoria en cuanto se necesitare  

y luego olvidarlo de nuevo; y, sobre todo,  

aplicar el mismo proceso al procedimiento mismo”. 

 

George Orwell. 1984. 

 

El otro día conversaba con un vecino, y me dijo que votaría Kast. Más que sentir una afrenta, lo que sentí, o lo que quise intentar, fue la posibilidad de quizá incidir, de buena y razonable manera, en la intención de voto que un otro parece tener ciertamente resuelta. Le consulté entonces por sus razones para elegir así, y señaló que “el cabro es muy joven, a mí me gustaba Provoste, pero no salió, y jamás le daré mi voto a los comunistas”. Le pregunté por qué, y agregó que “son flojos, quieren todo gratis”. No pretendía la mayéutica, pero si por lo menos algún grado de examen de su propia perorata, de parte de mi interlocutor. Por lo que seguí inquiriendo. No tardó en salir a la luz el discurso aprendido, vale decir, vacío, sobre el comunismo y el sin número de amenazas que representa para toda nuestra civilización, forjada a base del trabajo honrado de “personas buenas” y que esos enajenados solo quieren destruir, porque están llenos de odio y ambición desquiciada.  

A pesar de todo aquello, insistí en mi intención, debo reconocer que más movido por la posibilidad de probarme a mí que podría lograr lo que me había propuesto, que por pura tolerancia frente al que “piensa” distinto. 

Traté de razonar con él y explicarle (sin imposición alguna, porque, insisto, la intención era convencer, no obligar) que, en verdad, no se puede probar mucho de lo que se dice y que era el eje de sus argumentos, y que, de hecho, si se revisa la historia reciente de nuestro país, es fácil encontrar mucha información y datos que demuestran que, justamente quienes acusan a los comunistas de todos los males, son generalmente quienes cometieron muchas de esas fechorías y embustes que tanto señalan, pero por los cuales hoy están donde están. 

Fallé indefectiblemente en mi propósito, pues ante los constantes cuestionamientos a sus postulados, que no lograban ser rebatidos para sostener dichos postulados, llegó un momento en que mi contraparte solo asentía, ya en silencio, y con el ademán de querer que la conversación acabara pronto. 

Es curioso (o quizá no) cómo para este tipo de personas, o discursos, el mayor desmembramiento de las capacidades de Estado, y el mayor despojo de las capacidades productivas de este país, las llevó a cabo y fue culpa del gobierno de la Unidad Popular, “hecho” que finalmente constituyente la mayor de las razones por las cuales temen tanto “volver” a un gobierno que pudiera conducirlos al “mismo” derrotero. 

Me pregunto aún, pasado ese episodio, si la programación neurolingüística, cuyas herramientas no domino, podría hacer mella en un sistema de ideas tan anquilosada como inconsistente, y aun así, perseverante a pesar de las irrefutables pruebas.  

La psicología, que tiende a oponerse a la neurología (“no se puede fisiologizar cuestiones que dependen puramente de la psiquis”, he escuchado decir más de una vez, a más de un profesional del área). Habla de disonancia cognitiva, cuando una persona tiene pensamientos, o sistemas de ideas claramente en conflicto, que sin embargo logran convivir sin mayor cuestionamiento, como por ejemplo, el tener por opción real a Provoste y por descarte a Kast.  

Doblepensar se llama todo esto para George Orwell.  

 

No disculpo a mi vecino, ni a nadie cuya mención sirve de arquetipo, pero es indudable que tampoco puedo culparlo; ni a él ni a quienes piensen como él.  

Digo, los modelos comportamentales no son inventos espontáneos, sin referentes, que se nos ocurren solo porque tenemos tiempo o estamos aburridos. La socialización de los individuos requiere y depende de las diversas agencias socializadoras de la comunidad… familia, colegio, religión, trabajo. Todo lo cual cobra un particular cariz en momentos en que el “campus” y el “habitus” de Bordieu parecen explicar tan bien toda la situación. 

A saber, los patrones de comportamiento de la sociedad, suelen inscribirse en lo que dicha sociedad entiende como “lo que se hace bien”, y en sociedades occidentalmente neoliberalizadas como la nuestra, ese hacer bien se demuestra o confirma con resultados, materiales resultados. Así, los que tiene más riqueza o poder, es porque “hicieron bien las cosas”. Así son percibidos, y ellos, nada inocentes, fomentan la difusión de esas ideas, escondiendo tras de sí el hecho de que, sobre todo en países como este, el lugar en donde están y el poder que tienen, se debe a conductas y acciones nada más lejos de “hacer las cosas bien”. Robos, estafas, desfalcos y todo tipo de depredaciones (y alguna que otra vida, seguro), están a la orden del día en la historia secreta de las familias más “respetables” de estos suelos. 

 Justo hace dos días, vimos en vivo y en directo, el despliegue más concreto de todo cuanto aquí se expone. El personaje en cuestión, es prácticamente el epítome del doblepensar, programación neurolingüística y disonancia cognitiva. Su exposición se basó casi exclusivamente en atacar a su contrincante, y proponer nada. Pero, más preocupante incluso que aquello, es el hecho de que sus constantes acusaciones versaron sobre cuestiones de las cuales él mismo es precisamente culpable. 

La incesante cantidad de mentiras, afortunadamente desmentidas en el acto por el candidato de Apruebo Dignidad, es una cuestión que requiere toda censura, lo cual exige detenerse en el comportamiento de los medios frente a ello, pero ya llegaremos ahí. 

El problema con esas mentiras, bien lo sabía Joseph Goebbels (de algún modo antepasado del candidato de ultraderecha), es que, verbigracia de campus y habitus, quedan como remanente, asaz como huella mnémica, de los muchos connacionales con ímpetu aspiracional, que, testigos de dicho despliegue, y confiados de que no hay pecado aparente, pues la prensa vigilante no hizo nada frente al delito flagrante de difamación (solo por mencionar uno), entienden que obrar de esa manera, aun cuando se es descubierto, sigue siendo válido, y hasta simpático, para convertirse en alguien “de bien”. 

 

Ya hemos repasado aquí, en gran parte de las columnas anteriores, las diversas trampas que la derecha, que, insistimos en el llamado, seguramente se volverán a repetir este fin de semana. Cambios de sedes o mesas a última hora, menos transporte público que el se asegura, cierre repentino de los locales antes de la hora; en fin. Debemos estar muy atentos y vigilantes.  

Dentro de esas trampas, se puede considerar perfectamente la noticia, convenientemente difundida justo ayer, de la multa que el Seremi de salud le cursó al candidato Gabriel Boric, por incumplimiento de las normad sanitarias en un evento de campaña en octubre recién pasado. Sobre eso, el cuestionamiento a la pertinencia del test de drogas, que tanto le pidió su contrincante, puesto que el mismo se había practicado en momentos en que el candidato estaba confinado por cuarentena, alegando el gobierno que eso podría haber puesto en peligro al personal que hizo lo muestra, y a sus equipos, y a sus familias.  

Y al país, y a los pandas, y al mundo (lo que fue inmediatamente por la institución que tomó el test, que hizo los respectivos descargos alusivos a esa “insinuación” de que la misma no habría respetado los protocolos sanitarios de rigor. Nueva vergüenza para La Moneda).  

En términos monetarios, la multa asciende a $3.700.000, y les aseguró que esa será la carta de presión para lo que resta hasta las elecciones, frente a lo cual, es oportuno volver a preguntar por las multas cursadas a los participantes de las fiestas de Cachagua, solo por mencionar un episodio, entre cuyos asistentes se encontraban hijos de personeros en ejercicio del gobierno, y de los cuales, ninguno ha sido pagada aún. 

Y la salida a comprar vino en el peor periodo de la pandemia?  

Y el abrir ataúdes de parientes cuando todos los protocolos lo prohibían (mientras ningún otro chileno podía despedir a sus muertos, además)? 

 

El empate es triste, es cierto, y hasta poco digno. Pero ahora que estamos revisando los mecanismos con que justifican sus constantes trampas, se hace oportuno para ejemplificar hasta qué punto, lo aquí expuesto encuentra asidero. Es más, el hecho de que en la misma semana en que se aprueba el matrimonio igualitario, se levante una falsa polémica, con beneplácito del mismo gobierno que aprobó lo anterior, y de la prensa, respecto de la igualmente falsa discriminación que un reconocido activista por la diversidad de género supuestamente hizo en contra de un homosexual que abiertamente manifestó su apoyo al candidato nazi. O que rasguen vestiduras acusando intervencionismos por la declaración de intención de voto de una ex presidenta, sin arrugarse siquiera por haberle prestado el palacio a los camioneros, para que difundieran su odiosa y falsa victimancia, además de que los propios ministros en ejercicio de esta presidencia, han señalado las virtudes de votar por un candidato y no por otro, no es otra cosa que una muestra más de esta disonancia cognitiva tan patente en ellos. 

El ser pro vidas, garantes de paz y justicia, y ni siquiera conocer uno de los casos más insignes de atropello de los derechos humanos por parte de la actual dirigencia, como el Rojo Edwards respecto del caso de la hoy senadora Fabiola Campillai. Inventar estafas o miedos de futuros desfalcos o repartos de cargos, improbidades, en circunstancias de que han sido precisamente ellos, en los diferentes estamentos en donde han circulado, quienes más daño han hecho, al erario, a la comunidad, a la naturaleza.  

Impresentable es que en el municipio de Maipú, de los más de 21 mil millones falseados, existan más de 6.600 de los que ni siquiera se han encontrado adulterados comprobantes, simplemente no están. Se presume que su paradero puede ser el bolillo directo de la ex alcaldesa, o de sus más cercanos. Lavín padre, que ya estuvo involucrado en escándalos similares, que salieron a la luz por voz de su propia hija, muy convenientemente se retiró de la política y del país. Ni las sospechas ni las presunciones sobran cuando se trata de esta indecente derecha que tenemos. 

Los municipios de las tres comunas, cuyos recientes desfalcos no han sido tan replicados por la prensa como el escándalo en San Ramón. No son tristes empates, es la prevalencia mediática de desviaciones de conducta, absolutamente condenables, frente a un innegable patrón de comportamiento de todo un sector, que nunca tiene el mismo eco. 

En fin. La gran falla que no para de acumular energía para el próximo gran terremoto, es justamente esta disonancia cognitiva que en este país es norma. 

Un grupo de periodistas levantó las alarmas, justamente frente a la pasividad de los medios frente al manantial de mentiras del candidato de ultraderecha, prácticamente naturalizándolo. Necesario y urgente ejercicio cuyo artículo está en el medio Interferencia, ojalá todos puedan leerlo. 

 Siguiendo con la mentira, y en el incombustible afán de seguir disfrazándose de lo que no son, el día 09 de este mes, el presidente anunció con gran algarabía el proyecto de ley de reforma de pensiones…(además de otros 26 proyectos que se despacharon con carátula de “urgente” al congreso, no se sabe con qué intención, pues el legislativo ya declaró en pleno, aun desde el oficialismo, que es imposible tramitar aquello antes de que termine este gobierno.  

PGU se llama el nuevo invento; Pensión Garantizada Universal, que según se anunció, se espera que esté aprobada para enero de 2022. Están rematando. Todo lo que no se hizo a lo largo del periodo, se hace ahora a la rápida, sin posibilidades reales de que se apruebe, sin importar la casi quiebra en que nos encontramos (y sus obvias consecuencias en caso de implementarse), y sin la necesaria evaluación de impacto, porque obviamente, en este anuncio importa menos la efectividad de la cobertura, que la pompa con que se anuncia, también con beneplácito de los medios.  

Y hay que tener en consideración, ya que tocamos el punto, que todos esos factores por los cuales ese proyecto difícilmente pasará del anuncio, son justamente los que le discuten al candidato de oposición, para señalar con ello que su propuesta es inviable. 

 

Antes de cerrar, y en vista del importantísimo trance histórico en que nos encontramos, conviene revisar un aspecto poco comentado, en los diversos análisis que al menos este expositor ha visto, sobre lo que fue el último debate presidencial. 

El leitmotiv del candidato nazi, fue el de culpar a la oposición de todo lo que hoy está mal. Lo que no podía achacarle a Boric, se lo achacaba a la Concertación. Gran parte de los males de hoy, efectivamente son consecuencia de los manejos políticos de las últimas décadas, pero hay una gran distancia entre eso, y el omitir deliberadamente, cuando se hace ese examen, a la parte que le toca a quien en este preciso momento sigue en la presidencia.  

La cantidad de muertos en pandemia, el desfalco de las arcas fiscales, pagando residencias sanitarias que nunca se usaron, o mintiendo su número de pacientes en ellas (como antes las listas de espera de los consultorios), la tardía compra de ventiladores malos, la invitación a inmigrantes para los que no se dispone infraestructura, para más encima echarlos después culpándolos de los males, las víctimas de la represión de Estado y la impunidad de sus responsables, directos y políticos, la incesante depredación de nuestros recursos naturales, la condena a morir de sed, la persecución y muerte de dirigentes sociales y activistas medioambientales, los desempleos, la inflación, los campamentos, el negacionismo.  

Son todas cuestiones que se han agudizado, precisamente en este gobierno, bajo este mandato. No otro, este. Que aun rige, aunque en la práctica ya decidió dejar de hacerlo hace por lo menos dos meses, para concentrarse específicamente en lo mismo que hace el candidato con el que pretenden darle continuidad a todo lo nefasto que ellos significan, culpar de toda la actualidad a los gobiernos pasados, inventando mentira tras mentira, reforzadas con trampa tras trampa. 

 

Por supuesto, nuestro candidato, el número uno, no podrá solucionar tampoco lo mucho que es urgente y hace falta, pero debemos entender, queridas amigas y amigos, que en esta oportunidad no se trata de ellos, ni del bueno ni del malo.  

Hay una nueva constitución en ciernes, y eso es lo que hay que defender. Las minucias del día, el votar por Boric a regañadientes, la repetición del mantra “mal menor”, la sospecha del arribo de una nueva Concerta, quedaran menos en los libros, que el hito innegable, de que una nueva Constitución se gestó en democracia, con paridad de género y con representación de nuestros pueblos originarios (aun cuando sabemos todo lo que costó esa pelea).  

Que las diversidades sexuales pueden tener un espacio de discusión y defensa de ideas, que el medioambiente cobró una relevancia central en los debates, que las compañeras, que tristemente aun no dejan de sumar víctimas en nuestras imbéciles manos, algún día dejen ya de morir. 

En eso hay que pensar, eso es lo que hay que defender, sin mezquindades, porque es algo que los más de 460 ojos que nos faltan, necesitan escuchar, de nosotros, de nuestra voz, la de todas y todos, y debemos retener todo detalle, para que de todas formas vean lo que otros quisieron que ya nunca más vieran. 

Ese será nuestro triunfo. 

 

Nos vemos el domingo. 

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