«Cuba no es la URSS» por Marcel Roo

Por: Marcel Roo

Cuando cayó el muro de Berlín la derecha internacional armó tremenda algarabía porque se había acabado el comunismo. No recuerdo que hubiese noticia más difundida en los últimos 40 años. Se terminaba la “guerra fría” porque el odioso enemigo rojo había muerto y ahora el “mundo libre” tenía un único e intransferible dueño: el imperialismo.

Ahora cuando el domingo 11 del presente mes, un grupo de cubanos salió a las calles en demanda de mejores condiciones de vida, también el jolgorio y los festejos de la derecha y el imperialismo retumbaron las redes sociales anunciando el fin del “castro-comunismo”.

La respuesta del gobierno cubano fue muy sencilla: las calles son del pueblo, lo que generó que los patriotas salieran en masa -quien lo dude vea las imágenes no trucadas que circulan por las redes y las televisoras no dependientes del capital transnacional- y todos aquellos, muchos confundidos y manipulados y otros con real intención desestabilizadora, tuvieron que regresarse a sus casas completamente derrotados.

Pero ahondando un poco más, encontramos que la derecha además de manipular imágenes presenta su versión política desvirtuada de la realidad. 

Desde 1917 cuando triunfa la revolución rusa hasta 1989, fecha de la caída del famoso muro, el imperialismo y sus acólitos han regado la especie de que en la Unión Soviética había un régimen comunista. Entonces nos preguntamos: ¿era comunismo lo que había en la URSS? ¿Era socialismo?

En mi modesta opinión, ni lo uno ni lo otro. Si revisamos los conceptos fundamentales de quienes han teorizado y difundido sobre los procesos revolucionarios, Marx, Engels y Lenin -por ejemplo- el socialismo y el comunismo son fases del desarrollo de la lucha de clases que todavía no han llegado a su culminación.

Ahora,  ¿si bien cayó la URSS por qué no pasó lo mismo en Cuba?

Esa ilusión de que “llegó el momento del derrumbe comunista en la isla” solo reveló la gran falsedad de dicho argumento. En primer lugar, en Cuba -y esta es una opinión estrictamente personal- hay un proceso revolucionario que tiene como meta la construcción del socialismo pero esto todavía, por muchísimos factores, no se ha logrado.

En segundo lugar, Cuba no es la Unión Soviética. La revolución cubana desde 1959 ha estado profundamente arraigada en el pueblo. En la URSS, aquella euforia inicial que hubo al triunfo de la revolución sufrió un terrible golpe con la muerte de Lenin en 1924 y la consolidación en el poder de una visión burocrática y autoritaria para ejercer el mando.

Quien esto escribe tuvo la oportunidad, antes de 1989, de hablar con un funcionario soviético sobre lo que ya venía ocurriendo en la URSS y él, muy convencido, me dijo que la Konsolmol (la juventud comunista) tenía 200 mil afiliados en Moscú listos para defender al país. Sin embargo, cuando se produjo el quiebre ni un solo konsomol salió a las calles.

¿Qué significa esto? No hay que tapar el sol con un dedo. Tras el fallecimiento de Stalin, su gobierno autoritario dio paso a una jerarquía burocrática convertida en una nueva clase hegemónica y corrupta. Baste revisar sin prejuicio los gobiernos de Malenkov, Jruschov, Kosigin, Brezhnev, Andropov, Chernenko y Gorbachov.

¿Se puede decir lo mismo de Cuba?

La Juventud de la isla, afiliada o no al Partido Comunista, no es ni siquiera parecida a la Konsomol. Por eso a la primera orden de salir a las calles estuvieron allí llenándolas con el grito combatiente de amor a la Patria.

Por otra parte, algunos intelectuales de la derecha han afirmado que el problema en Cuba es el proyecto económico, señalando que la planificación socialista, al dejar en manos del Estado las responsabilidades fundamentales de la economía, ha convertido al pueblo en esclavo del gobierno, a la vez que ha cerrado las puertas a la producción interna privada. Para ellos, no es el bloqueo que desde hace 70 años le impide a Cuba comercializar con otros Estados y priva al país de ingentes ingresos que le permitan diversificar su economía, fortalecer su industria, entre otros elementos vitales que necesita cualquier estado en su proceso de desarrollo.

Lo que sucede es que estos economistas que hablan de los defectos de la planificación -los cuales seguramente existen- implícitamente están señalando que la alternativa es la llamada economía de libre mercado.

Pero aquí viene la interrogante: Si la economía de libre mercado es la panacea para el desarrollo, ¿por qué existe tanta desigualdad y miseria en los países que la aplican, empezando por los Estados Unidos?

No hay que ser muy  acucioso para conocer que en la matriz del imperialismo la riqueza se distribuye en 1 por ciento de la población, mientras que el 99% restante vive endeudado con sus tarjetas de crédito, las deudas inmobiliarias y tantas otras calamidades, a tal punto que la pobreza afecta a más de 40 millones de ciudadanos. Viéndolo así, pareciera que la economía de mercado no es la alternativa a la planificación socialista.

Y para culminar estas líneas, también nos preguntamos: si la planificación es la causa de todos los males en Cuba ¿Por qué no se le permite que la desarrolle a plenitud y por qué se le bloquea? La mejor manera de demostrar su incapacidad es dejarla actuar y entonces, si fracasa decir con pruebas palpables esto no sirve. Háganlo, eliminen el bloqueo y después hablamos.  

 

Músico, abogado y defrentista. Vive en Peñalolén, Santiago.

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