«Crónica de un fraude anunciado». Por Carlos Pérez Soto, sobre las Mega Elecciones de este fin de semana

Crónica de un fraude anunciado

La elección de la Asamblea Constitucional, en los términos en que se hará, y a la vista de sus resultados posibles, constituye la más profunda derrota para las izquierdas en Chile en los últimos treinta años. Una derrota solo comparable al gran fraude que significaron el plebiscito de 1988, las negociaciones consiguientes y el paso a una democracia de baja intensidad, que implementó y profundizó el sistema neoliberal en todos los órdenes de nuestras vidas.

Completamente a espaldas de la indignación masiva expresada en las calles desde el 18 de octubre de 2019, se realizarán unas elecciones que conducen a una Convención Constitucional que no es realmente democrática, que no es soberana, que le da poder de veto a la derecha con solo un tercio de los delegados, que tiene prohibido tratar de incidir en los tratados internacionales que amarran al país a la jurisdicción interesada de los órganos que representan al capital trasnacional, que no tiene normas claras de transparencia, ni de financiamiento, y que debe someter su autonomía a fallos eventuales de comisiones designadas por la Corte Suprema.

Desde el Foro por una Asamblea Constituyente insistimos desde hace más de una década en la necesidad de una Asamblea Constituyente real: soberana, democrática, participativa, transparente, efectivamente autónoma. Nada de esto está expresado ni en la ley que convoca a esta Convención, ni en el sistema electoral que la origina, ni en los desastrosos resultados que se obtendrán.

Como Foro, propusimos procedimientos claros, establecimos definiciones y políticas a seguir definidas, con toda clase de detalles y precautorias, considerando la profunda administración a la que es sometida la democracia por los sectores dominantes, enunciamos los principios y líneas de acción públicamente, mucho antes de que el estallido de la ira popular hiciera evidente a todos los que se habían negado a escucharla la necesidad de un cambio radical en el sistema económico y político que vive el país desde hace cuarenta y cinco años.

Asumiendo el sentir expresado en la protesta social masiva, alejados de todo vanguardismo y maximalismo, alejados sobre todo de la amplia auto complacencia con que las izquierdas que no previeron, no iniciaron, ni mantuvieron la radicalidad puesta en las calles han pretendido, sin embargo, administrarla y encuadrarla en sus discursos, sostuvimos una línea eminentemente pragmática, buscando en cada momento la vía radical, que pudiera convertir la protesta, de acuerdo a las condiciones imperantes, en una auténtica presión contra el régimen imperante.

Al calor del estallido inicial lo que propusimos fue que el movimiento organizado, agrupado en la Mesa de Unidad Social, negociara directamente con el gobierno la convocatoria de una Asamblea Constituyente soberana y democrática. Ninguno de los movimientos y partidos de la izquierda organizada acogió de manera real esta propuesta obvia, que era la consecuencia directa que la reflexión de izquierda debería haber obtenido de la violencia y radicalidad con que se desarrollaba la protesta masiva.

Por supuesto, el poder y la política institucional, profundamente impactados y atemorizados por la violencia en las calles, fueron capaces de muchísimo más pragmatismo y eficacia: después de un mes de violencia imparable lograron el llamado “Acuerdo por la Paz”, del 15 de noviembre.

Ante el espectáculo inverosímil de que todas las posturas de derecha [Concertación, Renovación Nacional, UDI] llegaran a un acuerdo vergonzoso y claudicante con los que hasta solo un mes antes se declaraban de izquierda [Frente Amplio], llamamos a rechazar ese acuerdo, a hacerlo insostenible e inviable manteniendo la protesta popular, e insistimos en la necesidad de una mesa de negociación directa del movimiento social con el gobierno. Ninguno de los movimientos y partidos de la izquierda organizada acogió de manera real este rechazo, ni siquiera aquellos que no firmaron el 15 de noviembre.

Lo que ocurrió de hecho es que, de manera pasiva, con retóricas vagas y declaraciones ambiguas, todo el espectro político simplemente asumió como un hecho el pacto firmado, incluso la negociación subsiguiente, que lo agravó, lo consagró, y lo convirtió en una milagrosa reforma constitucional a la que se habían negado durante treinta años. Por supuesto, el efecto más inmediato de esta aceptación general, fue la notoria baja en la intensidad de la protesta, gracias a la cual se había podido aspirar a algo mejor y más digno.

Nuevamente llevados a la vez por la radicalidad y el pragmatismo, sin retóricas principistas ni grandilocuencias vanguardistas, lo que sostuvimos es que, dado ese escenario, lo que había que hacer, a través de la protesta popular, era luchar por una reforma constitucional adicional, que estableciera normas de transparencia para la Asamblea, que convirtiera la regla de los dos tercios en la obligación de un plebiscito intermedio, vinculante, que permitiera dirimir por la vía directa los temas en que la Asamblea no llegara a acuerdo, que permitiera revertir las trabas a su soberanía efectiva.

Todas las izquierdas, sin embargo, concentraron su atención en las normas de paridad y en la participación de los pueblos originarios, dos temas que, siendo un gran avance democrático, no tocaban en absoluto el amarre que implicaba el sistema electoral acordado para elegir a los constituyentes, ni la regla de los dos tercios, ni el carácter sagrado de los tratados internacionales, cuestiones que, en la práctica, permiten anular lo que se pueda obtener en democratización con la paridad de género y la participación de los pueblos originarios.

Lo que se obtuvo es una nueva reforma constitucional, aprobada nuevamente con una mayoría milagrosa conformada por la derecha, el centro y las izquierdas, en que no se dio ninguna oportunidad real a los independientes, en que no se estableció nada sobre la transparencia, en que no se tocó absolutamente nada del núcleo del “Acuerdo por la Paz”. Y lo que ocurrió entonces es que nuevamente, sin la menor oposición real, y a pesar de que a esas alturas todas las izquierdas ya reivindicaban como propia la gesta iniciada en octubre del 2019, todos los movimientos y partidos de las izquierdas organizadas empezaron a sacar las cuentas y a moverse aceptando sin más y de hecho el marco establecido. Convirtiendo de hecho toda la ira movilizada solo en una vía institucional doblemente administrada por dos reformas constitucionales pensadas de manera ad hoc para dar todas las garantías posibles a la derecha más dura.

No somos partidarios del principismo ni del vanguardismo. Somos directamente enemigos de las desilusiones apresuradas, o del retiro testimonial, que salva la propia dignidad mientras el mundo permanece intacto. Creemos que es perfectamente posible formular políticas radicales manteniendo a la vez el ánimo pragmático, el examen realista de cada momento y sus circunstancias. Sabemos, además, que las políticas abstencionistas, en un marco histórico de democracia administrada, solo favorecen a los sectores gobernantes. Pensamos, nuevamente, que lo que había que hacer era preguntarse cuál es la política más avanzada, la que conduce mejor, aunque sea difícilmente, a los objetivos sustantivos que tenemos, dado un escenario que a esas alturas era ya bastante malo.

Lo que propusimos entonces es que había que perseguir dos objetivos inmediatos, y una política permanente, de mediano plazo. Primero, formar un gran pacto que reuniera a todas las izquierdas, ordenadas en sub pactos, para, dadas las características de la ley electoral impuesta, obtener como máximo los dos tercios de la Convención y, como mínimo, un tercio de delegados de izquierda dura, que pudiera bloquear las mociones constituyentes que confirmaran el modelo neoliberal y, de esa manera, aplazarlas para debatirlas luego, bajo una nueva Constitución, como materia de ley. Y, en segundo lugar, tratar de obtener una mayoría muy contundente en el plebiscito convocado para, ¡recién entonces!, reconocer legalmente la convocatoria de una instancia que ya no era ni Asamblea, ni Constituyente, pero que, dada la inercia de las izquierdas, era lo que más se parecía a lo que la indignación popular había exigido. Pensamos que, obtenida esa mayoría contundente, podríamos tener poder de negociación para algo más progresista.

Por otro lado, como política a mediano plazo, propusimos que había que mantener la lucha por una nueva reforma constitucional que permitiera modificar la regla de los dos tercios, recuperar la soberanía de la Convención, dotarla de transparencia y mecanismos participativos vinculantes. Y buscar la unidad de las izquierdas en torno a un programa constitucional sustantivo, radical, por el cual luchar en la Asamblea. Una lucha, por cierto, que solo se podía dar manteniendo la presencia en las calles, articulando el movimiento territorial que había surgido, buscando las instancias de coordinación de los movimientos de base con los movimientos y partidos organizados formalmente.

Como sabemos, todo esto se vio profundamente alterado por dos hechos esenciales: la desastrosa falta de vocación para la tolerancia y la unidad en torno a objetivos mayores mostrada por todas y cada una de las izquierdas, y los mecanismos de control ciudadano, sanitarios y políticos, que ha hecho posible la pandemia. El primer factor condujo a una desastrosa dispersión de pretensiones electorales que, notoriamente, dado el marco de hierro de una ley electoral pensada para favorecer los pactos grandes y a los partidos políticos institucionales, hace prever un desenlace electoral penoso para las izquierdas y curiosamente lleno de optimismo para la derecha. El segundo factor, desencadenado por la pandemia, pero azuzado y exigido por la propia izquierda [¡!], en un afán inmediatista y pequeño de socavar la base meramente electoral, meramente en las encuestas, del gobierno de turno, ha terminado por desbaratar casi completamente la movilización popular a lo largo de todo un año.

Estamos hoy, a dos días de las elecciones de constituyentes, en el peor de los escenarios posibles. Ninguna de las izquierdas está proponiendo un programa constitucional realmente sustantivo. Tampoco se tiene en la mira, por ningún lado, dar la pelea por democratizar y hacer realmente soberana a una Convención que se nos ofrece sin garantías de transparencia, ni mecanismos participativos, y con trabas sustantivas a las materias que puede discutir, incluso al tratar de formular su reglamento interno.

La perspectiva estrecha e inmediatista de elegir un concejal, un alcalde, un gobernador, de posicionar candidaturas al parlamento y a la presidencia, ha copado de manera completa y absorbente la “agenda” de las izquierdas organizadas en partidos y movimientos. La protesta social vivida y sufrida a costa de cientos de víctimas y de cientos de presos que aún permanecen en los regímenes “preventivos” posibilitados por la represión estatal, se ha diluido casi completamente en esperanzas electorales, o en programas inmediatistas que se mueven enteramente dentro de lo dado, del escenario establecido por un “Acuerdo” canallesco, sin recoger en absoluto el contenido esencial de la indignación expresada en las calles: terminar de manera real con la administración neoliberal de nuestras vidas.

Creemos que, en este escenario oscuro, lo que se puede intentar es convertir todo el proceso de la Convención Constitucional en una larga y profunda clase de educación política de la ciudadanía. Cada tema que se discuta en la Convención debe ser discutido en la base social, en los territorios, en los partidos y movimientos formales, o en los colectivos que se han reunido con este propósito y que deberían tener un largo y productivo porvenir. Cada canallada que se apruebe en la Convención, por muy edulcorada que esté con lenguajes inclusivos o proclamaciones altisonantes de derechos intangibles, debe ser resistida en la calle, frente a cada municipio, en protestas organizadas que sepan resistir la provocación tanto de la policía como del vanguardismo.

Un objetivo pequeño, muy inmediato y pragmático, pero prometedor, es intentar que las muchas listas de independientes obtengan muchos votos. Esto permitirá mostrar la enorme desproporción entre la votación sumada de los independientes a nivel país, y el número de delegados constituyentes que efectivamente obtendrán. Una muestra flagrante del carácter no democrático de esta convocatoria que se puede invocar y reclamar en las calles.

Es necesario repetirlo: no creemos en la desilusión fácil, en la abstención inútil, en el desánimo sistemático, con que suelen revestirse las izquierdas existenciales y meramente testimoniales. Estas batallas forman parte de una guerra que es muy larga, y que debe ser pensada no solo en sus expresiones inmediatas, contingentes, sino en términos de la perspectiva estratégica en que nos situamos. Queremos un mundo más justo, radicalmente diferente del mundo en que vivimos. Estamos dispuestos a luchar de manera permanente y porfiada, pragmática y realista, por lo que creemos que es justo.

El proceso constitucional en marcha, dada sus condiciones y límites, no permitirá revertir en ningún aspecto esencial la administración neoliberal del país. Peor aún, puede perfectamente convertirse en un blanqueo constitucional perfectamente análogo al arco iris que nos vendieron en 1989. Mucho alegría y arco iris en las declaraciones, neoliberalismo duro y profundizado en la realidad. Pero, al mismo tiempo, como lo han sido los gobiernos neoliberales de la Concertación, será fuente de nuevas violencias. La ceguera de las élites politiqueras, la ambición desmedida y depredadora de los capitalistas nacionales y trasnacionales que saquean este país, no les permite una política moderada, no les permite una administración medianamente benefactora. Solo están dispuestos a ganar, a saquearlo todo, sin ningún proyecto u horizonte estratégico que no sea el de la ganancia inmediata y abusiva. Están sembrando y sembrando vientos. Cosecharán tempestades.

Carlos Pérez Soto, Profesor,
Foro por la Asamblea Constituyente
Santiago de Chile, 12 de mayo de 2021.
A tres días de las elecciones para la Convención Constitucional

Fuente: Página web de Carlos Pérez Soto, «Proposiciones».

 


Ver nota relacionada anterior:

 

#EntrevistasDeFrente: «Revuelta y proceso constitucional» Carlos Pérez Soto

Equipo editorial Revista De Frente

Comentarios (7)

  • Marcelo

    Gran retórica del profesor Carlos Pérez. Eso es todo.

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  • Guillermo Canales

    Es un error pensar que la convención constituyente será el espacio de concreción de todas las demandas ciudadanas. En tanto politiquería y maniobra, los macucos de siglos nos sacan varios cuerpos de ventaja, en comparación al desastre orgánico de la izquierda, donde habrá una farra por la dispersión de votos fruto de la incapacidad para ponerse de acuerdo. Esto será patente en las alcaldías, no ya en los convencionales, donde el D’Hondt desplazará todo.

    Unidad Social no supuso representación de ninguna agrupación de trabajadores. Si ni ellos se organizan como dirigentes difícilmente serán vistos como interlocutores válidos de algo.

    El fracaso del proceso no depende de lo amañado que esté sino de participar, al mismo tiempo que se conjuga la protesta, la organización junto con deliberación ciudadana. Así como la revuelta le dobla la mano al poder, sólo ese ímpetu puede definir qué tanto es posible tensionar el ambiente con el cual se debata. Tampoco hay que desconocer que el proceso está mediado por una pandemia que impide encontrarnos mutuamente. Si las relaciones interpersonales están comprometidas y fragmentadas, la fragilidad de la orgánica que se estaba articulando se debilita aún más.

    Por otro lado, la convención no es ni remotamente una final de la copa del mundo. Aquello que no se logre ahí puede ser cristalizado en un eventual gobierno y congreso de izquierda, pero para ello es necesario un horizonte programático unánime, o al menos que acoja aquellas demandas ciudadanas que por el quorum favorito de Jaime Guzmán impida que sea parte del texto elaborado. Hay que caminar y masticar chicle.

    Discrepando con el profesor, el gran fracaso sería depositar todas las esperanzas en una asamblea semisoberana nacida de un acuerdo hostil y antidemocrático. Lo que no se logre o no tenga rango constitucional es provisional y se puede disputar luego. Que esta instancia sirva de alfabetización de una ciudadanía abandonada a su suerte, para que contribuyamos a que otro aprenda y se informe, nos escuchemos e interesemos por temas que no manejamos y desconocemos, y en definitiva obremos como emisores y receptores que se permeen de aprendizaje.

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  • María Elena Andonie Araque

    Completamente de acuerdo con mi colega Carlos Pérez Soto.ñ

    Desgraciadamente, es un dato duro, un hecho, cómo se vendieron lxs políticos de supuesta «oposición «, para salvar al DELINCUENTE y criminal de Piñera, ante el inminente derrocamiento como gobernante, dada la presión intensa que existía en las calles, clamando por Dignidad en todos y cada uno de los Derechos Humanos, que el Estado tiene como obligación cumplir y velar por ellos.

    Y en dirección totalmente contraria, se COCINÓ, entre cuatro paredes un «pacto social por La Paz y una nueva CONSTITUCIÓN »

    Un engaño brutal al Pueblo, que exigía una ASAMBLEA CONSTITUYENTE YA !!!
    Soberana, democrática, elaborada por el mismo Pueblo, sin ningún político y/o partido político , totalmente DESLEGITIMADOS por la ciudadanía.

    A cambio, presenciamos un escalofriante escenario, en que los y las primerxs que se presentaron como constituyentes, fueron lxs políticos, sin ningún escrúpulo ni vergüenza frente a un Pueblo que los rechaza y desconfía plenamente en cualquiera de ellxs.

    Para mayor abundamiento, y lo más trágico de todo, es la trampa o fraude de los 2/3 de quórum, permitiendo que si el tercio no está de acuerdo con el cambio del artículo o inciso de la Constitución, lo pueda VETAR y por lo tanto, no se producirá ese cambio.
    O sea, una Convención CONSTITUYENTE totalmente anti democrática, pues gana la posición de la MINORÍA.

    Aparte, lo que hace más grave aún, que gane el tercio, es la baja posibilidad de que existan lxs independientes de verdad, porque no van en la lista de los partidos, con un porcentaje mínimo de elección…

    Reglas completamente asimétricas, haciendo menos y menos posible el cambio radical que necesitamos con URGENCIA , del modelo capitalista NEOLIBERAL, fundamento y base causal de la violenta y escandalosa desigualdad, que tiene al 90% de la población sumidos en la miseria, ya sea porque ni siquiera tienen para comer, y/o por el sobre endeudamiento, por lo que sobreviven en la «cuerda floja «.

    María Elena Andonie
    Periodista U.C.

    +569 9872 4524

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  • Martin

    El comentario recién copiado fue publicado el 13 de mayo de mayo y después borrado. Cómo se espera que se les crea lo de la AC democrática si se opera con censura macartista?

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  • Martin

    Es correcta esta posición, pero no es suficiente, hay que delimitarse de los cínicos y emboscados de última hora como Carlos Pérez Soto, quien hoy critica el «fraude constituyente»:

    http://revistadefrente.cl/cronica-de-un-fraude-anunciado-por-carlos-perez-soto-sobre-las-mega-elecciones-de-este-fin-de-semana/

    Hay que plantear la cuestión desde una perspectiva histórica, materialista y concreta. Carlos Pérez denuncia hoy el proceso de AC, pero:

    a) En noviembre de 2019 denunciaba el “Acuerdo” porque no había consultado con el empresariado grande, mediano y pequeño:

    «1. Es necesario rechazar este acuerdo, en primer lugar, porque ha surgido de una instancia completamente informal constituida a espaldas de todo canal de representatividad democrática. No es un acuerdo del Parlamento, como institución. No está firmado por todas las fuerzas políticas presentes en el Parlamento. Tampoco es un acuerdo formal entre un grupo de partidos políticos
    Sin embargo, todo esto es simplemente un conjunto de supuestos: ni los empresarios, ni los sectores moderados, ni siquiera los militantes de los propios partidos involucrados, han sido consultados.

    2. Es necesario rechazar este acuerdo, en segundo lugar, porque un grupo de parlamentarios, porque sí y ante sí, dicen representar los deseos de la ciudadanía sin consultarla en absoluto. No se ha considerado en ningún acápite la necesidad de contar con el acuerdo de las organizaciones sociales: las confederaciones y sindicatos de trabajadores, los colegios profesionales, las asociaciones de empresarios grandes y pequeños, las organizaciones de pobladores, las organizaciones de los pueblos originarios, de las mujeres, de los estudiantes»
    (Carlos Pérez Soto: ¿Por qué rechazar el acuerdo parlamentario? ¿Cómo avanzar más allá?, De Frente, 21 noviembre, 2019)
    http://revistadefrente.cl/carlos-perez-soto-por-que-rechazar-el-acuerdo-parlamentario-como-avanzar-mas-alla/

    b) En febrero de 2021 planteaba que fue correcto votar en el plebiscito del 25 de octubre de 2020, e incluso era necesario postular candidatos a esta “constituyente”:

    «“Preguntado entonces si acaso fue un error haber participado en el plebiscito de octubre de 2020, respondió negativamente. “Había que participar”. Sin embargo, acotó, “lo que era deseable es que esa participación fuera en movilización

    y claro, obvio que hay que tener candidatos a la constituyente, pero podemos perfectamente sacar más de dos tercios de la constitución y no saber qué constitución hacer”
    (Carlos Perez: Chile despertó, pero después se fue para la casa, elrodriguista 03/02/2021)
    https://www.elrodriguista.org/carlos-perez-chile-desperto-pero-despues-se-fue-para-la-casa/

    c) En febrero de 2021 declaraba que era necesario votar por Daniel Jadué como candidato a la presidencia:

    «Si hay que votar por alguien votaré por Jadue, pero mi opinión es que respecto de la perspectiva histórica no tiene la menor importancia”… En el momento de votar, habrá que votar. Y que él sea candidato, será un momento de aprendizaje, y está muy bien»
    (Carlos Perez: Chile despertó, pero después se fue para la casa, elrodriguista 03/02/2021)
    https://www.elrodriguista.org/carlos-perez-chile-desperto-pero-despues-se-fue-para-la-casa/

    d) Carlos Pérez dirige el foro por la asmablea Constituyente junt a Sergio Grez, el cual apoyó plenamente la propuesta constituyente de la organización que fue clave en legitimar el Acuerdo (Convergencia Social, Izquierda Autónoma) el 1 de octubre de 2020:

    http://revistadefrente.cl/asamblea-de-la-ciudadania-constituyente-por-el-apruebo-convoca-a-consulta-nacional-constituyente-este-2-y-3-de-octubre/

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  • Paty Rivas de Neira

    Qué tipo más pelotudo realmente falló en todo su análisis. ¿Este es el mismo saco de pelotas que dijo que el Metro lo quemaron los chinos?

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