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¿Como la política económica de Milei puede terminar acelerando la inflación?

Por Pablo Parry

#DeFrente

Las recientes declaraciones del presidente electo de Argentina, Javier Milei, han venido a ratificar los lineamientos de su futuro gobierno en cuanto a iniciar una ola de recortes fiscales y privatizaciones de empresas estratégicas, esto en pos de disminuir el gasto público y acabar con la inflación. ¿Pero realmente estas medidas podrían tener el efecto que buscan?

A simple vista, la lógica económica pareciera ser bastante sencilla: Si se disminuye el gasto público, el Estado no tendría que recurrir a la deuda o a financiarse a través del Banco Central para cubrir sus gastos, con lo que habría menos dinero circulando en la economía y, por lo tanto, menos inflación en el largo plazo. Tampoco habría mayor necesidad de seguir emitiendo las famosas LELIQS (Letras de Liquidez – Instrumento de deuda que tiene el BCRA con las entidades financieras para contener los incrementos inflacionarios), ya que el ritmo de gasto debería ser menor. Fácil la ecuación, ¿cierto?

Sin embargo, muchas veces el famoso adagio que todo economista aprende en sus primeros años de carrera, el Ceteris Paribus («Manteniéndose todo igual») no necesariamente se cumple. Y en una economía del nivel de volatilidad como la argentina, la probabilidad de que un ajuste tan brusco del gasto público (Alrededor del 15% como ha planteado el propio Milei), pueda terminar llevando a problemas económicos aún más brutales.

El lado negativo del recorte del gasto fiscal es el efecto contractivo que puede tener sobre la economía del país (que ya se encuentra en un estado de desaceleración y de hiper inflación), dañando el empleo, los salarios y la productividad nacional. Si se toma en cuenta que el nivel de gasto fiscal es equivalente al 38,3% del PIB según la OCDE, considerando todo el conjunto de subsidios, gastos sociales, inversiones en obras públicas y empresas del Estado, uno ya puede ir imaginándose las eventuales consecuencias a las que esto podría llevar a la población argentina.

Del efecto contractivo, puede sobrevenir una disminución de la recaudación fiscal vía impuestos, lo que tendría como efecto no solo más déficit fiscal sino un aumento de lo que se denomina como «prima de riesgo» (El costo que tienen los países para endeudarse con el sistema financiero), lo que hace más costoso el pedir prestado y además lleva consigo el aumento del riesgo país, lo que puede llevar a una situación que ningún gobierno quiere tener que enfrentar: La fuga de capitales.

Un escenario como tal, en donde los capitales empiecen a salir producto de la situación económica (Elemento que ya se agrega a los más de 85.000 millones de dólares que han salido del país en los últimos años) puede poner más presión sobre el mercado cambiario ya afectado por la falta de dólares, llevando como consecuencia a un incremento sostenido de la inflación.

Ejemplos de lo anterior sobran en la literatura económica disponible sobre los efectos negativos de las políticas de austeridad: Como botón de muestra por excelencia podemos tener el caso de Rusia durante la década de los 90 bajo Yeltsin, en donde la aplicación de un fuerte recorte fiscal derivo en una de las inflaciones más altas de la historia mundial (Cerca del 2.000% de inflación solo en 1992), en parte por la eliminación de subsidios y controles de precios y en parte por los efectos de la fuga de capitales que incidieron en el incremento de las presiones inflacionarias. 

Por otro lado, no se avizora de parte del nuevo gobierno un plan claro respecto a que hacer con las LELIQS, considerando que la deuda que estas han generado con el sistema financiero (Alrededor de 40.000 millones de dólares) supera con creces las propias reservas internacionales del banco central (Cerca de 21.000 millones de dólares). Los únicos anuncios que se han hecho en estas materias por parte del presidente electo es que se respetaran los compromisos con la banca y que el financiamiento de las LELIQS provendrá del menor gasto fiscal que, se espera, lleve a un «déficit fiscal cero» para el 2024. Ni Carlos Menem fue tan ambicioso…

Tampoco hay claridades respecto de la dolarización de la economía, más considerando que ello debe primero pasar por la autorización explicita del Congreso de los EEUU para la autorización de emisión de la moneda. Ahora, viendo que el dólar ha ido perdiendo peso en la escena geopolítica mundial, considerando el surgimiento de divisas como el PetroYuan o el Rublo, la decisión de adoptar la moneda estadounidense no parece ser una decisión muy astuta.

A pocas semanas de la investidura del candidato de La Libertad Avanza, todo parece indicar que muy pronto se verá la viabilidad efectiva del programa económico, en un país afectado por crecientes niveles de pobreza y precarización de las condiciones de vida de la sociedad argentina.

 

Imagen extraída de diariolasamericas.com

Comunicador Social para Revista De Frente. Sociólogo e Investigador. Diplomado en Intervención Comunitaria por la Universidad de Chile. Abogado en formación por la Universidad Alberto Hurtado.

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