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«Como Kast hipotecó las finanzas de Chile al firmar incorporación al Escudo de las Américas» Por: Nicolás Romero Reeves

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El Presidente José Kast confirmó la adhesión de Chile como miembro pleno del «Escudo de las Américas», el bloque de seguridad liderado por Estados Unidos. Según las estimaciones fiscales, seguir el estándar de gasto que promueve ese marco —5% del PIB en defensa y seguridad— obligaría a Chile a conseguir $12,9 billones adicionales cada año, equivalente al 76% del presupuesto de Salud o a unos 50 hospitales del tamaño del nuevo Hospital de La Serena. La pregunta que el Gobierno no responde: ¿Quién paga la cuenta?

 

 

 

 

 

 

Por: Nicolás Romero Reeves

El Presidente de Chile José Kast confirmó este 22 de septiembre la adhesión de Chile como miembro pleno del «Escudo de las Américas», el marco de coordinación en seguridad liderado por Estados Unidos. Según las estimaciones fiscales disponibles, si Chile siguiera el estándar de gasto que ese bloque promueve —5% del PIB en defensa y seguridad—, tendría que conseguir $12,9 billones adicionales cada año. Eso equivale al 76% de todo el presupuesto anual de Salud o, en equivalencia, a unos 50 hospitales del tamaño del nuevo Hospital de La Serena. El apretón de manos en Nueva York lo paga el contribuyente chileno.

La retórica de la «soberanía» y la cuenta que no aparece

La Cancillería chilena emitió un comunicado oficial confirmando que Chile pasa de observador a miembro pleno del «Escudo de las Américas», en el marco de la Asamblea General de la ONU. El texto lo describe como un «marco de coordinación voluntaria entre gobiernos americanos» para combatir el crimen organizado transnacional.

Kast defendió la decisión señalando que «cada país tiene su legislación y su soberanía. Esto no interviene la soberanía de los países, sino que es una coordinación horizontal para enfrentar un flagelo nuevo que muchos países no están preparados para enfrentar».

Pero la declaración de «no intervención» esquiva la pregunta más básica: ¿Quién paga?

El «Escudo de las Américas» no es una plataforma meramente técnica de intercambio de información. La orientación de fondo la ha expresado públicamente Elbridge Colby, subsecretario de Defensa de EE.UU. para Política: los aliados y socios deben asumir una mayor carga de su propia defensa. En julio de 2026, Washington impulsó en una conferencia regional de defensa un aumento significativo del gasto militar latinoamericano, donde la mayoría de los países destina apenas entre 1,2% y 1,3% del PIB a defensa.

La OTAN adoptó la meta de 5% del PIB para 2035 (3,5% en gasto militar + 1,5% en infraestructura y capacidades relacionadas). Chile no pertenece a la OTAN. Pero si esa lógica se traslada como «referencia política», el resultado es extraordinario.

«Escudo de las Américas: ¿Cúanto deberá pagar Chile?» Por: Nicolás Romero Reeves

$12,9 billones: o el 76% de Salud

El Presupuesto chileno de 2026 contempla aproximadamente $2,24 billones** para el Ministerio de Defensa. Sumando el gasto del nuevo Ministerio de Seguridad Pública, Defensa y Seguridad juntas representan alrededor de **$4,7 billones.

Con un PIB nominal cercano a los $353 billones**, alcanzar el 5% significaría movilizar **$17,7 billones anuales.

El salto necesario: $12,9 billones adicionales cada año**. Cerca de **US$13.700 millones, según el tipo de cambio utilizado.

Esa cifra equivale a:

-76% del presupuesto anual de Salud (que en 2026 alcanza aproximadamente $17,03 billones).

-50 hospitales de la magnitud del nuevo Hospital de La Serena (inversión de US$271 millones, 668 camas).

-47 redes hospitalarias del tamaño de la red Los Ríos-Los Lagos (4 hospitales, US$288 millones, 490 camas).

Kast insiste en que esto «no interviene la soberanía». Pero soberanía no significa solo no ser ocupado militarmente. Soberanía significa, primero y ante todo, que un país decide sus propias prioridades y paga por ellas.

Cuando el gasto de Defensa y Seguridad se empuja desde el 1,3% hacia el 5% del PIB, lo que se interviene no es el territorio: es la soberanía presupuestaria, la capacidad de los chilenos de decidir democráticamente cómo se reparten los recursos.

Estados Unidos acaba de superar los US$40 billones de deuda pública. Los intereses de esa deuda ya superan su propio gasto de defensa. Washington no tiene ni la intención ni la capacidad de financiar la arquitectura de seguridad latinoamericana. Colby y los suyos lo dicen sin rodeos: la plata la ponen los socios. Si Chile lleva Defensa y Seguridad al 5%, solo hay unos pocos caminos: subir impuestos, recortar otros gastos, endeudarse, o combinar las tres. Y «otros gastos» se llaman Salud, Educación, Vivienda, Infraestructura.

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La oposición ya expresó su preocupación: esto es visto como «subordinar los intereses permanentes de Chile a los de Estados Unidos», y señalan que hubo presión estadounidense en el proceso de adhesión. El senador Ossandón advirtió que si la cooperación implica que las Fuerzas Armadas chilenas operen en el extranjero, la Constitución exige aprobación del Senado. Pero la «salida» presupuestaria —el traslado de recursos desde sectores sociales hacia la coordinación militar— no requiere voto del Senado. Solo requiere un comunicado de Cancillería.

Chile enfrenta amenazas reales: crimen organizado, narcotráfico, tráfico de armas, control fronterizo, infraestructura crítica, ciberseguridad, seguridad marítima. Fortalecer esas capacidades es legítimo.

Pero fortalecer capacidades específicas y aceptar un estándar de gasto militar fijado desde una capital extranjera son dos cosas completamente distintas.

Kast dijo en Nueva York sentirse «orgulloso» porque Chile impulsó el «Compromiso de Santiago» y el «Escudo de las Américas» va en la misma dirección. Pero el «Compromiso de Santiago» fue una coordinación regional liderada por Chile. El «Escudo de las Américas» fue lanzado por Trump en Florida, y el propio Trump lo llamó «la alianza de seguridad más grande en la historia del Hemisferio Occidental». Coordinar proactivamente y adherir pasivamente son dos posturas geopolíticas diferentes.

La pregunta real no es si Chile debe combatir el crimen. La respuesta es sí.

La pregunta real es: ¿quién define los niveles de amenaza de Chile? ¿Quién decide el precio que se paga por ellos? Y cuando Washington considera que América Latina «aporta poco», ¿por qué la cuenta se descuenta del presupuesto de Salud chileno?

Chileno, padre. Abogado de la Universidad de Chile, Magíster en Sociología de la misma casa de estudio y Director de Revista De Frente.

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