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Colombia: Dos líderes del Pacto Histórico asesinados en una semana

Por Pablo Parry

No es el silencio de quien no tiene nada que decir. Es el de quienes, en los barrios y veredas de Colombia, vuelven a preguntarse si hacer política, defender una causa o militar en un movimiento los convierte en un blanco. En menos de siete días, dos militantes del Pacto Histórico han sido asesinados, reabriendo una herida profunda y un viejo temor en la izquierda colombiana: el miedo a ejercer el liderazgo mirando por encima del hombro.

Los hechos, ocurridos en Pereira y el Tolima, han sacudido a la colectividad. En el primer caso, fue asesinado César Augusto Serna Restrepo; el segundo, confirmado por el presidente Gustavo Petro a través de su cuenta en X, corresponde a un líder del Pacto en el Tolima. «Las amenazas hoy se cuentan por miles», alertó el mandatario, expresando su preocupación por el clima de confrontación política. Sin embargo, las autoridades aún no han establecido una motivación política oficial detrás de los crímenes, una hipótesis que continúa bajo profunda investigación.

Más allá de los expedientes judiciales, lo ocurrido reabrió un debate de fondo que trasciende los nombres. No es un hecho aislado; en distintas regiones persisten amenazas contra dirigentes sociales, defensores del territorio y representantes comunales. La preocupación ha llevado a sectores del Pacto Histórico a exigir mayores garantías para ejercer la oposición y el liderazgo en un contexto de alta polarización, donde los riesgos para quienes hacen política desde los territorios suelen trascender las campañas electorales.

En Colombia, especialmente en zonas atravesadas por conflictos armados y economías ilegales, la militancia política es una actividad de alto riesgo. Por eso, el asesinato de dos líderes en pocos días no solo enluta a una colectividad, sino que siembra incertidumbre entre quienes aún creen en la política como herramienta de transformación. La discusión de fondo es urgente y profunda: ¿existen hoy garantías suficientes para que la oposición y los líderes sociales puedan ejercer su labor sin miedo?

Mientras las investigaciones avanzan sin respuestas concluyentes, una cosa es evidente: cada asesinato de un líder o militante no solo apaga una vida. También siembra una pregunta incómoda en la sociedad colombiana y enfría la esperanza de quienes, desde los territorios, siguen creyendo en el cambio. La respuesta aún está por escribirse, pero el silencio que recorre los barrios es ya un grito que exige acciones concretas y garantías reales para la vida y el disenso.

Comunicador Social para Revista De Frente.

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