«Capitalistas sin Capital» por Nicol A. Barria-Asenjo

Por: Nicol A. Barria-Asenjo

En las relaciones entre explotado y explotador, amo y esclavo, gobernante y gobernado, lo característico o lo que persiste es una clara asimetría radical presente en la totalidad del vinculo que se genera o que puede surgir. En este tipo de vinculación algunos significantes tales como violencia, sumisión, poder, abuso, vulneración, negligencia y otros más, son parte de una suerte de naturalidad de las relaciones, la carencia de cuestionamiento, critica y oposición a lo establecido por una de las partes solo es acatado por la otra. Si bien, se piensa que este tipo de eventos ha dejado de ser traumático debido a los cambios que los avances de la historia han propiciado, tristemente solo han aparecido algunos cambios en lo externo mas no así en el fondo. El amo ya no entrega latigazos al esclavo en un contexto laboral, por ejemplo, pero el intercambio ahora es un sueldo mediocre a cambio de la vida y libertades del explotado.
Esta es uno de las situaciones que se repite desde temprana data y, como no, es una de las razones por la cual los marxistas clásicos, militantes, posmarxistas, críticos culturales, sindicatos, agrupaciones y un amplio etcétera han movilizado y desgastado energías una y otra vez intentado cambiar la presencia innegable de este tipo de nexos de abuso de poder y usos negativos del poder en el mundo entero. Las luchas en este terreno no han logrado erradicar la desigualdad ni las extremas vulneraciones de derecho que siguen teniendo lugar en lo publico y lo privado.
Quizás, la coyuntura política actual doblegue la situación y produzca una ruptura en el orden y todo lo conocido hasta el momento, cada vez se vuelve menos tolerable cualquier mínima muestra de agresión contra un otro, y en casos donde es “tolerable” y poco cuestionable, basta que haya un teléfono celular que filme y habrá una pronta acción social. Estamos en tiempos donde la evidencia día a día, toma más y más fuerza. La derecha sabe bien que el mundo virtual es un terreno que deben conquistar pues es el terreno donde sus practicas habituales mediante la difusión y exposición se vuelven criticables, lo que genera como resultado una perdida del poder que pretenden tener en las sociedades.
Sin afán de extendernos e introducirnos en un lugar complejo de reducir, es evidente que la lógica que opera o subyace a la elite económica, política y socio-cultural es una falsa imagen de saber lo que hacen, desde ese “nosotros sabemos lo que hacemos” los dominados se han de someter.
Los movimientos sociales, revueltas populares e incluso la parte teórica ya sean textos, investigaciones, da cuenta de un descontento sistemática y transhistorico por parte de las clases sociales dominadas, los proletarios, las clases bajas y trabajadoras. Sin embargo, pese a las consecuencias deplorables que en el mundo entero pueden verse en el contexto laboral, económico, social, sanitario y en todas las esferas que ha contaminado el capital la balanza histórico, económica y política sigue siendo desigual.
La incongruencia en esto, es que la clase trabajadora es y siempre ha sido significativamente mayor a la elite económica, ese pequeño grupo que concentra la riqueza y que tiene el control de todo es apenas un 0,7% de la población mundial, aún asi tienen cerca del 50% de las riquezas.
He ahí quizás, una de las razones por las cuales los capitalistas intentan adormecer a la población y en la medida en que se comienza a ver un leve despertar social o político se aumentan las regalías, se cambian algunas características de la dominación o se transforma el modelo completamente para evitar cualquier movimiento significativo o despertar social que ponga en jaque a la misma clase económica y política ¿Que pasaría si ese 90% restante de la población mundial se sublevará contra el grupo que tiene el poder? La respuesta a esta pregunta es una respuesta que la elite económica no quiere saber.
Si algo sabemos y que ha sido parte de la repetición de la historia de la humanidad, es que el modelo capitalista se mueve a una rapidez inimaginable, con su ritmo sistemático es que ha avanzado sin ser atrapado. En esa voraz velocidad con que se mueve, pasa inevitablemente a arrasar con todo lo que se aproxime. Para lograr su objetivo, hacen uso de variadas estrategias y tácticas que incluso siendo obvias o fáciles de percibir producen efectos importantes en el mantenimiento de lo ya formado. En Chile, por ejemplo, la derecha y elite en situaciones de quiebre político, hacen uso de las fechas, los datos, las libertades, las palabras y cuando eso no ha sido suficiente encontramos el ejemplo de 1973 donde se llevo a un extremo y mediante un Golpe de Estado se evito un cambio o dirección diferente.

Según Hadad Thier (2021) “Una definición muy básica de las clases tal como existen en el capitalismo comienza con esta premisa: los trabajadores están obligados a vender su fuerza de trabajo y los capitalistas la compran y la dirigen. Es imposible explicar las posiciones de clase del trabajador o del patrón sin entender que todo el sistema funciona con el objetivo de poner en marcha el trabajo para generar una ganancia en beneficio de otra persona”(1) En esta definición, hay varios puntos que son interesantes de comentar aunque sea mínimamente. Primero, la visión de clases, en el cual los trabajadores están obligados a vender su fuerza de trabajo, si bien parece ser algo general y repetido, por obvio se olvida que en un modelo capitalista, todo es intercambiable, absolutamente todo tiene un precio, todo talento y habilidad debe ser explotada para que así otro pueda incrementar sus riquezas extrayendo lo mejor de los de abajo.
En ese breve fragmento expuesto, también parece ser clara la dualidad existente, lo posible esta determinado por 2 opciones, no hay más, el trabajador y el capitalista. Es precisamente este punto el que se manipula una y otra vez. Por qué una real ruptura en esa dualidad significaría que las riquezas comenzaran a bajar, a distribuirse.
Una de las cuestiones sumamente novedosa y triste que se ha generado gracias a las transformaciones del modelo es la frecuencia creciente de lo que me gusta llamar los capitalistas sin capital o los falsos burgueses de la clase trabajadora, son aquellos trabajadores explotados que cuentan con acceso a una buena vivienda, algunos lujos y tarjetas de crédito. Falsos capitalistas sin capital, que se auto-engañan exponiendo una vida que no es suya, una vida repartida entre cuotas. El deseo de sentirse parte de algo que no se es, está a la base de esta falsa imagen. El modelo capitalista intenta que cada vez sean más, al igual que los competitivos, los escaladores, los emprendedores ansiosos de salir de la clase trabajadora y sueñan con ser parte de los capitalista con capital.
En Chile, la situación es cada vez más visible, en un país enormemente desigual como Chile, donde se repite la formula mundial consistente en que la riqueza se concentra entre los menos y las sobras se reparten entre los muchos, lo que se ve es como la falsa clase media mediante sus emprendimientos genera formas nuevas de violencia, de explotación y dominación, incluso más brutales que los super ricos.
Es complejo criticar estas formas de supervivencia en tiempos severamente duros, la cuestión es que el modelo sigue haciendo de las suyas y articulando nuevas estrategias para falsamente corregir dilemas, cuando en el fondo el objetivo es cambiar la atención de la problemática real.
Esta y otras mucha situaciones que operan de forma paralela, que hace que la riqueza persista acumulándose, no hay un cambio real en la distribución, sino, solamente hay una extensión y prolongación de la miseria.
El núcleo del meollo, nuevamente, es la existencia de los capitalistas sin capital, un grupo cada vez mas importante que además, ejerce violencia capitalista, dentro de sus relaciones de poder y control, aplican las mismas medidas extremas incluso cuando no son parte de la elite económica, pero tienen algo de poder, como un gerente o un dueño de un pequeño bazar, sin embargo, no poseen capital, lo cual agrava aun más la falta. Este punto lo explica Thier (2021) cuando señala que “la explicación marxista enfatiza que la posición que cada uno ocupa en la sociedad no se mide en términos cuantitativos, sino que está determinada por la relación que cada persona tiene con el trabajo, con los frutos del trabajo y con los medios de producción. Forma parte de la clase capitalista cualquiera que ejerza el poder político, tenga control económico en un lugar de trabajo, sea capaz de establecer las pautas de trabajo de los otros o posea capital susceptible de ser invertido en la producción. Por el contrario, forma parte de la clase trabajadora cualquiera que deba intercambiar su fuerza de trabajo por un salario y no tenga posibilidad de producir lo necesario para satisfacer sus propias necesidades vitales”.

En suma, estamos frente a una viejo pero a la vez nuevo problema, en el cual la clase trabajadora se vende o regala a un capitalista inexistente, a un fantasma capitalista que no es real. La división de clases parece contener falsos intermedios, la clásica dualidad marginales versus los super-ricos, persiste, sin embargo, son los falsos e inexistentes intermedios los que hoy por hoy logran sostener la desigualdad.

Referencias

1. Véase: https://jacobinlat.com/2021/06/17/la-enorme-mayoria-de-la-poblacion-pertenece-a-la-clase-trabajadora/?fbclid=IwAR1oAQ4gTbOjATe_2yZPgMZWmzi1TPkthrbeVcNwyMWTKdQzEeVo6-pOgSw

 

Nicol A. Barria-Asenjo

Escritora y ensayista chilena. Autora del libro: “Construcción de una nueva normalidad: Notas sobre un Chile pandémico” (2021, Madrid, Psimática Editorial) y “Karl Marx y Antonio Gramsci en el siglo XXI: Apuntes para re-pensar el porvenir” (En prensa, 2021, Argentina, La Docta Ignorancia) es autora y co-autora de investigaciones científicas, ensayos y columnas.

Músico, abogado y defrentista. Vive en Peñalolén, Santiago.

Comentarios (1)

  • Juan Pablo Rodríguez

    La autora es una clásica marxista que en un artículo muy reductionists, las emprende contra las capas intermedias que van logrando bienestar en base a su esfuerzo y capacidad. Hay poca sustancia en sus planteamientos, así es que vamos directo con Marx.

    Marx fue un pensador social con miradas interesantes, pero equivocando demasiadas veces, quizás siempre, sus diagnósticos y predicciones sobre el cómo funciona la economía y cómo se crea bienestar y riqueza para todos.

    Parto por su creencia que toda utilidad resultante de la actividad económica es consecuencia de la explotación de la fuerza de trabajo por parte del capitalista. Es decir, en un mundo marxista no debería haber utilidad, siempre sería 0. Marx pierde todo el sentido común acá, quizás por la limitada ventana histórica en que vivió, y también por su naturaleza parasitaria (siempre vivió completamente de las rentas de sus progenitores), pues en su ámbito de mirada no existe el riesgo en la actividad empresarial (sí, se puede perder plata en la actividad económica que busca satisfacer una demanda) y tampoco comprende la creación de valor a través de captar la atención y preferencia del consumidor por múltiples y diversas razones: buen servicio, inventiva, mejor resolución de problemas, mejor adaptación tecnológica, invención tecnológica, rapidez en la respuesta, y miles de razones más.

    Es difícil definir cuál es la peor de las fallas de diagnóstico de Marx, pero elijo su teorización de que la concentración del capital lleva a menos competencia, y por ende Marx las emprende contra la ella y define que la concentración de la actividad económica debe estar en manos del Estado. Es torpe, miope e infantil la argumentación, pues la verdadera competencia con igualdad de oportunidades es la forma moralmente más eficiente y moralmente justa de crear bienestar y repartirlo. Es innecesario hacer las referencias a las empresas cubanas que pertenecen al PC o a las FFAA, todas fuente de corrupción, ineficiencia, multiplicación de la pobreza, injusticia y mediocridad. Ese es el verdadero resultado de la concentración de la propiedad en manos del Estado, algo tan perverso como los monopolios privados de épocas feudales.

    La competencia de mercado es la mejor defensa para una democracia. No existe el gobierno de inspiración marxista que: 1) no controle a su ciudadanía a punta de balas, 2) no construya muros para que no dejen el paraíso , 3) no se perpetúen en el poder y alteren las reglas de gobierno de acuerdo al gobernante de turno, ¿no les llama la atención que casi todos los líderes de gobiernos comunistas mueren estando en el poder?, 4) no impidan la libertad de expresión, de movimiento, de culto y de pensamiento, 5) supriman a la antigua aristocracia, hoy burguesía, por la nomenclatura del partido único.

    Son demasiados los muertos y la destrucción de los gobiernos de inspiración marxista como para seguir dándole piso a estas ideas en este 2021.

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