«Caminos divergentes: Petro y Boric ante la agresión de Estados Unidos a Venezuela» Por Nicolás Romero Reeves
«La diferencia no es menor. Petro intenta desmontar la arquitectura de dominación estadounidense heredada del Plan Colombia; Boric, en cambio, la reproduce bajo un nuevo lenguaje progresista. En el fondo, el presidente chileno ha optado por alinearse con la OTAN, con la Unión Europea y con la diplomacia del “orden liberal internacional” que hoy impulsa guerras por recursos en Medio Oriente, África y Eurasia.»
Por: Nicolás Romero Reeves
Desde que asumieron sus mandatos, tanto Gustavo Petro como Gabriel Boric se han posicionado de formas radicalmente distintas frente a la política de Estados Unidos hacia América Latina, y en particular frente a Venezuela. Mientras Petro ha buscado recuperar una agenda latinoamericanista, soberana y de integración regional, Boric se ha convertido en uno de los principales exponentes de una nueva socialdemocracia subordinada a los intereses de Washington y Bruselas.
Cuando en septiembre de 2024 Estados Unidos lanzó agresiones militares en el Caribe bajo el pretexto de “operaciones antinarcóticos” contra Venezuela, Gustavo Petro declaró:
“Colombia no puede acompañar aventuras militares que repiten los errores del pasado. La lucha contra las drogas no puede ser excusa para violar soberanías.”
El mandatario colombiano, que conoce de primera mano las consecuencias del Plan Colombia —una estrategia de militarización impulsada por Estados Unidos que sirvió para cotizar la guerra y controlar recursos estratégicos bajo el disfraz de la lucha antidrogas—, ha denunciado repetidamente que el verdadero problema radica en el narcotráfico estadounidense, que sostiene su propio aparato financiero a través del lavado de capitales y el control del comercio ilegal de armas y químicos.
Por el contrario, Gabriel Boric ha reiterado su adhesión al discurso de “securitización regional” promovido por Estados Unidos y las derechas latinoamericanas. En 2024, frente a las tensiones con Venezuela, declaró:
“Chile no puede mirar al costado ante el avance del crimen organizado transnacional, del Tren de Aragua y del Cártel de los Soles.”
Una afirmación que, además de carecer de sustento empírico, reproduce la narrativa geopolítica que busca justificar una intervención en el norte de Sudamérica. Tanto Colombia como Venezuela han desmentido la existencia real de estas organizaciones en los términos en que las presentan los servicios de inteligencia norteamericanos. Como han señalado ambos gobiernos, la droga no se produce ni transita por Venezuela, y el llamado “Cártel de los Soles” ha sido una herramienta propagandística del Departamento de Estado para mantener la presión sobre Caracas.
La diferencia no es menor. Petro intenta desmontar la arquitectura de dominación estadounidense heredada del Plan Colombia; Boric, en cambio, la reproduce bajo un nuevo lenguaje progresista. En el fondo, el presidente chileno ha optado por alinearse con la OTAN, con la Unión Europea y con la diplomacia del “orden liberal internacional” que hoy impulsa guerras por recursos en Medio Oriente, África y Eurasia.
Las posiciones de sectores del progresismo, como las de Gabriel Boric, terminan fortaleciendo los planes de intervención de Estados Unidos en América del Sur. En los últimos años, Washington ha avanzado en la instalación de tropas en Perú y Ecuador, mientras Milei ha entregado bases militares a Israel y a Estados Unidos en la Patagonia argentina, consolidando un corredor estratégico que apunta directamente a los recursos energéticos y de agua dulce del Atlántico Sur y la Patagonia chileno-argentina.
En este escenario, solo posiciones soberanistas y latinoamericanistas como las de Gustavo Petro —que entienden que la verdadera integración pasa por la independencia política y económica de la región— pueden impedir que Sudamérica se transforme en un nuevo tablero de guerra al servicio de las potencias extranjeras.