Boric 2022-2026: Un presidencialismo bajo amenaza

El pueblo ha hablado: Gabriel Boric será el próximo mandatario de Chile y la alianza que lo sustenta, compuesta por el Frente Amplio y el Partido Comunista, será gobierno.

El presidente dijo que ve la conformación del congreso con el que tendrá que convivir como una oportunidad y no un problema. Sin embargo, más allá de las palabras de buena crianza, lo cierto es que el parlamento y, en particular, el senado serán un gran escollo para llevar a cabo su programa.

Si uno mira los números, se da cuenta que para llegar al 50+1 en la cámara baja se necesita sumar, entre otros, íntegramente a la ex Concertación y a los Liberales. Ir más allá, implica parlamentarios de incierto domicilio político como lo son los del Partido de la Gente y el Centro Unido. En el senado la situación es desoladora: la coalición gobernante tiene 5 escaños de 50.  

La Democracia Cristiana ya ha dicho que no será parte del gobierno. Es decir, si, como es esperable, al gobierno de Apruebo Dignidad se une el Partido Socialista, el Partido Radical, el Partido por la Democracia y los Liberales, será un gobierno de minoría y estará bajo la amenaza constante de que el parlamento, si así lo decide la ex Concertación, puede declararse en rebeldía o, peor aún, pueda interponer una acusación constitucional con los votos asegurados. 

Mientras, en paralelo, las trasnacionales, la derecha y la oligarquía intentarán mover al gobierno, a través de la coyuntura y los grandes medios, a posiciones cada vez más moderadas.

La pregunta que penderá como una espada sobre el gobierno de Boric será ¿Es posible implementar el programa, o, tratar de dar solución a los problemas tributario, previsional y sanitario (por nombrar los tres más repetidos en su candidatura) con aliados que se niegan a reformar el modelo en este contexto?

El movimiento popular será, en este sentido, un actor fundamental. Si las grandes decisiones quedan en manos de un parlamento adverso políticamente, estamos condenados al continuismo. Las cosas no han cambiado lo suficiente aún, la institucionalidad nos sigue siendo estrecha. No habrá que esperar la buena voluntad del gobierno ni debemos sentirnos atados a él. Tendremos que abrirnos el camino, empujar los límites que nos quieran imponer y marcar las diferencias si en la moderación Boric decide alejarse de las necesidades del pueblo para complacer a los neoliberales, entendiendo, desde luego, que si buena parte del pueblo lo puso ahí es porque lo ve como el político más capacitado para lograr acuerdos. Por otra parte, también tendremos que saber defender sus posiciones cuando vayan en una dirección correcta, o defenderlo, derechamente, ante las diferentes variantes golpistas que hemos vivio en América Latina en los últimos años.

De igual forma, será clave el rol que asuma el gobierno. Lo primero será cumplir la promesa del “nunca más sin nosotros” a la hora de redactar las iniciativas legislativas y tramitarlas. Luego, tendrá que desentrañar qué transformaciones se pueden llevar a cabo con sus propias facultades. Y, lo más importante, será poner al pueblo, en general, y al movimiento popular, en particular, de su lado a la hora de buscar reformas y sacarlas de los pasillos del parlamento. Tiene que entender que, antes que un problema, seremos aliados si avanzamos para transformar. Será, en caso de que así lo decida, una especie de presidencialismo que deberá moverse en un delicado equilibrio bajo la amenaza constante de un boicot institucional por parte de la élite y quedar sin el sustento popular necesario para que sus propuestas sean efectivamente cambios y no el gatopardismo que tanto acusó en su época de dirigente estudiantil.

Tendrá que reunir una mezcla de coraje, firmeza en las ideas y, a la vez, templanza. Ante la amenaza de un boicot institucional, habrá que tener, desde ya, un plan de contingencia. Por más señales de tranquilidad que se quieran dar, en política, y considerando el prontuario de nuestra derecha, hay que prepararse para todo. Un plebiscito revocatorio en vez de una acusación constitucional, quizás.

Será difícil, pero es una oportunidad. Hay que aprovecharla.

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