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«A 52 años del golpe de Estado civil-militar en Chile» Declaración Comisión Chilena de Derechos Humanos

«Confiamos en la capacidad transformadora del pueblo chileno. Somos herederos de una tradición democrática golpeada, pero nunca destruida. Como Comisión Chilena de Derechos Humanos renovamos nuestro compromiso inquebrantable con la dignidad de cada persona y hacemos un llamado a la unidad de todos los sectores democráticos.»

 

Por: Revista De Frente

En el 52º aniversario del golpe de Estado civil-militar en Chile, la Comisión Chilena de Derechos Humanos (CCHDH) levantó su voz con un mensaje claro: la memoria no es negociable y los derechos humanos no pueden relativizarse. La organización recordó que el 11 de septiembre de 1973 no solo significó la interrupción de un gobierno democrático, sino también el inicio de un régimen de terror que dejó miles de víctimas y profundas heridas en la sociedad chilena.

La CCHDH advirtió que hoy, en medio de una nueva encrucijada electoral, resurgen discursos de extrema derecha que buscan banalizar el horror de la dictadura, relativizar las violaciones a los derechos humanos y presentar el golpe como un «mal necesario». En este contexto, denunció la contradicción de quienes exigen mano dura contra la delincuencia actual, mientras justifican la delincuencia institucionalizada del Estado en tiempos de dictadura.

Finalmente, la Comisión hizo un llamado urgente a la conciencia nacional, apelando a la unidad de todos los sectores democráticos para defender la dignidad humana y evitar que la desmemoria se imponga. “Por la paz social, no más impunidad, justicia y reparación ahora”, enfatizó el organismo, reafirmando su compromiso inquebrantable con la verdad, la justicia y la no repetición.


A 52 años del golpe de Estado civil-militar en Chile
Para que Nunca Más se repita el horror, ¡cultivemos esperanza!

En este 11 de septiembre de 2025, cuando se cumplen 52 años del golpe de Estado que quebró nuestra democracia y sumió a Chile en la más oscura noche de terror y dolor, la Comisión Chilena de Derechos Humanos alza su voz con la misma convicción que nos guía desde aquellos días aciagos de la dictadura: la defensa irrestricta de la dignidad humana y la construcción de una sociedad donde jamás vuelvan a repetirse las atrocidades que enlutaron a miles de familias chilenas.

Nos pronunciamos con especial preocupación porque los vientos de la historia parecen querer borrar lo acontecido, sin que aún sanen las cicatrices de un pasado que persiste en la impunidad de los colaboradores civiles de la dictadura. Ellos, no satisfechos con eludir responsabilidades, hoy osan relativizar el horror vivido, intentando instalar un relato que legitime el crimen y la barbarie.

Declaramos con firmeza que la memoria no es negociable y que los derechos humanos no son una opción política, sino el fundamento mismo de nuestra convivencia cívica. Son permanentes y universales, sin distinción de quién esté al frente, porque provienen de la dignidad inherente a cada persona.

El legado de dolor que no debe olvidarse

Aquel 11 de septiembre de 1973 no solo significó el quiebre de un gobierno elegido democráticamente ni la persecución brutal de los partidarios de la Unidad Popular. Fue el inicio de un experimento de crueldad sistemática que, mediante el sadismo, transformó la estructura social, jurídica y económica de Chile.

Las torturas que desgarraron cuerpos y almas, las violaciones que ultrajaron la dignidad más íntima, los asesinatos que segaron vidas llenas de esperanza, las detenciones sin juicio que convirtieron la justicia en un eco vacío, los exilios que destrozaron familias y las desapariciones que dejaron heridas aún abiertas, no son hechos del pasado: siguen presentes en nuestra historia viva.

No son cifras en estadísticas frías: fueron mujeres embarazadas torturadas hasta la muerte, niños separados de sus padres para siempre, campesinos asesinados por soñar con una tierra justa, profesionales ejecutados por pensar distinto, estudiantes desaparecidos por creer en un mundo mejor. Cada vida truncada tenía un nombre, una familia y un sueño. Ninguna puede ni debe olvidarse.

La herencia que aún nos lastima

El golpe no solo destruyó vidas: destruyó un proyecto de país. Arrasó con décadas de conquistas sociales construidas desde el Frente Popular hasta la Unidad Popular, instaurando una tiranía basada en el individualismo y en un modelo económico donde la vida humana se subordinó al lucro.

Hoy vivimos las consecuencias: una sociedad fracturada por la desigualdad obscena, donde conviven la opulencia de unos pocos con la pobreza multidimensional de millones; un país donde el endeudamiento asfixia a las familias, donde la educación, la salud y la vivienda digna son privilegios y no derechos, donde el miedo y la angustia erosionan los lazos comunitarios.

El peligro que acecha nuestra democracia

En medio de una nueva encrucijada electoral, advertimos con alarma el resurgimiento de discursos que banalizan el terror, relativizan las violaciones a los derechos humanos y presentan la dictadura como un “mal necesario”. Herederos ideológicos de quienes aplaudieron el golpe buscan hoy nuevamente el poder, con promesas que nos devuelven al autoritarismo y la división.

No podemos permitir que la desmemoria se imponga. No podemos tolerar que quienes justifican la violencia política lleguen a gobernar. No podemos aceptar que se normalice el discurso del odio, la xenofobia y la discriminación como herramientas electorales.

El compromiso inquebrantable con la justicia

Nuestra lucha es por la verdad, la justicia, la reparación integral y las garantías de no repetición. Cada víctima merece reconocimiento, justicia y medidas que aseguren que nunca más se repitan las atrocidades de la dictadura.

Preguntamos a la derecha política:

¿Cómo se puede condenar el crimen organizado actual mientras se justifica el crimen organizado del Estado en dictadura?

¿Qué valor tiene proclamar la defensa de la vida si se excusa su aniquilación cuando conviene políticamente?

¿Dónde queda la libertad cuando se silencia al disidente con disparos?

La contradicción es clara: sectores que hoy exigen mano dura contra la delincuencia fueron los que celebraron —y aún justifican— la delincuencia institucionalizada de la dictadura.

Llamado a la conciencia nacional

En este momento decisivo, hacemos un llamado a todas las chilenas y chilenos de buena voluntad, sin distinción de clase, credo o posición política:
¿Queremos un Chile donde el miedo reine, donde la diferencia de opinión sea perseguida y donde la dignidad humana sea pisoteada?
¿O queremos un Chile donde la diversidad sea celebrada, el diálogo prevalezca sobre la imposición, y la justicia social sea una realidad alcanzable?

La esperanza en el horizonte

Confiamos en la capacidad transformadora del pueblo chileno. Somos herederos de una tradición democrática golpeada, pero nunca destruida. Como Comisión Chilena de Derechos Humanos renovamos nuestro compromiso inquebrantable con la dignidad de cada persona y hacemos un llamado a la unidad de todos los sectores democráticos.

Recordemos que la paz social se construye sobre la justicia, y que solo alcanzando democracia económica podremos vivir una plena democracia política, donde nunca más el odio tenga cabida.

¡Por la paz social, no más impunidad!

¡Justicia y reparación ahora!

¡Por el bien de todos, primero los pobres!

¡Para que hombres y mujeres caminen libres por las grandes alamedas!

Comisión Chilena de Derechos Humanos (CCHDH)
11 de septiembre de 2025

Equipo editorial Revista De Frente

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